/ jueves 22 de abril de 2021

Disruptores | Yana: La tecnología a favor del bienestar emocional

Una plataforma para ayudar a las personas o llevarlas por buen camino en la resolución de problemas mentales



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No hay una depresión igual a otra, platica la emprendedora Andrea Campos, quien la ha padecido desde pequeña.

En algunas puedes levantarte de la cama y desayunar algo, en otras la tristeza es tan profunda que la voluntad no alcanza ni para eso.

Es así que la complejidad de las enfermedades mentales, explica Andrea, es una de las razones por las cuales la tecnología apenas ha rozado la superficie de lo que puede hacer para ayudar a las personas.

Yana, la empresa que Andrea ha creado, es un paso más en este camino; una herramienta tecnológica para ayudar a las personas a encontrar algo de consuelo o dirigirlas en la dirección correcta en la resolución de sus problemas mentales.

Yana es un chatbot que desarrolla una conversación sobre el estado de ánimo de los usuarios así como su origen mediante el uso de técnicas cognitivo-conductuales

Al ingresar los usuarios son cuestionados sobre las razones por las que busca conversar, como abuso sexual o físico, adicciones, ansiedad, ataques de pánico, duelo, depresión, o incluso problemas laborales, de pareja, en la escuela o estrés por Covid-19, entre otros.

Mediante una charla, que en la práctica funciona como un curso sobre las técnicas cognitivo-conductuales, la plataforma busca brindar a las personas de herramientas para discernir entre los hechos, los pensamientos y las emociones.

Esto busca que los usuarios sean capaces de poner en duda su propia perspectiva sobre los hechos ocurriendo a su alrededor, y el impacto que las ideas que los usuarios desarrollan sobre estos están teniendo en su estado de ánimo.

"Lo que nos dice esta terapia en muy pocas palabras es que no son los hechos en sí lo que nos afectan, sino la forma en la que nosotros los percibimos. Entonces, si nosotros trabajamos en nuestra percepción y en esos pensamientos, por ende van a cambiar nuestras emociones también", explica Andrea.

Foto: Roberto Hernández

La plataforma también brinda a los usuarios la posibilidad de realizarse cada dos semanas un monitoreo mental, el cual tiene como propósito encontrar posibles síntomas de depresión y ansiedad, conocido internacionalmente como el Cuestionario PHQ-4.

Con base en él, los usuarios desarrollan una lista de actividades diarias enfocada en crear rutinas que ayuden en la salud mental, la creación de un diario de estado de ánimo o un "baúl de agradecimiento".

Asimismo los usuarios cuentan con una "caja de herramientas" donde se les aportan consejos para lidiar con problemas como la alimentación, el amor o el autoestima.

"La gente nos busca mucho para desahogo. El caso típico es esta persona que son las tres de la madrugada y quiere hablar con alguien mientras todos están dormidos, que no saben a quién recurrir y que no puede dormir por la cantidad de pensamientos que trae".

Aunque el uso del chatbot es completamente gratuito para los usuarios, el modelo de negocio de la plataforma se basa en planes premium en los que se añaden funcionalidades a la plataforma, como bitácoras donde se guardan las conversaciones previas o recomendaciones ampliadas y más detalladas de las rutinas diarias.

Así, el objetivo principal de la plataforma es brindarle a los usuarios la experiencia de alguien que los escuche sobre sus problemas sin importar su tamaño y a todas horas, así como tener un archivo virtual sobre su salud mental con el fin de desarrollar habilidades para la mejora en estas áreas, se esté enfermo o no.

"Estamos para todas las personas que no necesariamente tienen un problema de depresión o ansiedad, pero que quieren trabajar en su bienestar emocional, en sus problemas del día a día, y quieren aprender manejarlo sin managers y ese tipo de cosas.

"Todos los días que trabajas en tu salud emocional puedes prevenir estados más graves como ansiedad o depresión, burnout, estrés, etcétera".

En los casos que se requiere la plataforma busca que los usuarios se acerquen a profesionales de la salud mental para atenderse.

En este sentido Andrea se detiene en apuntar que Yana no viene a reemplazar a la terapia con un profesional de la salud mental, como tampoco está capacitada para atender situaciones de crisis emocional.

"Nuestra meta es ser un primer punto de contacto para las personas que no saben dónde o como pedir ayuda. Queremos ser como este espacio en donde se rompa esa conversación y a partir de ella puedas buscar el tipo de ayuda que necesites".

DE PACIENTE A EMPRESARIA

Antes de fundar Yana Andrea confiesa que se encontraba "perdida" sobre qué hacer con su vida. Habiendo sido desde chica diagnosticada con depresión, durante mucho tiempo había batallado para encontrar un rumbo fijo.

Luego de varios trabajos que no le satisfacían, Andrea decidió por cuenta propia aprender a programar con el fin de eventualmente ganarse un puesto en alguna empresa tecnológica aunque sin un objetivo específico.

Fue durante un episodio de depresión particularmente grave que se le ocurrió juntar sus conocimientos en código con los que había desarrollado aprendiendo sobre terapia cognitiva-conductual.

"Era una solución que inicialmente era sólo para mí. Sabía que eventualmente me iba a llegar a otro episodio de depresión y dije 'cuando suceda, quiero tener una herramienta que me pueda ayudar a manejar eso'.

"Lo estuve platicando y presentando en un par de lugares y me di cuenta de que había mucha gente que necesitaba lo mismo que yo. En ese momento me planteó hacerlo como un proyecto formal", relata.

Durante los años de incubación de Yana, Andrea y el equipo que poco a poco fue formando se dieron a la tarea de planear la plataforma, sus funcionalidades y principalmente de obtener el visto bueno de la Cofepris, que no lograba ubicar a la plataforma en algún marco legal existente.

"Teníamos que asegurarnos de no estar infringiendo ningún tipo de ley pero cuando nos acercamos a ellos no sabían qué hacer con nuestro proyecto porque no cabía en las categorías que ellos tienen. ¿Es una aplicación pero diagnóstica o no diagnóstica? ¿Esto reemplazo no reemplaza a la terapia? ¿Qué soluciona? ¿Puede meter publicidad o no?

También hubo mucho trabajo de la mano con psicólogos y psiquiatras para asegurarnos de que la plataforma fuera segura para las personas que van a utilizar. Habían muchas interrogantes y no podíamos lanzar hasta que no tuviéramos todo esto resuelto".

Finalmente Yana empezó como una beta en Facebook Messenger en 2018 y para marzo del 2020 finalmente fue lanzada como una app independiente, la cual logró levantar una ronda de capital por 315 mil dólares en la que participó la reconocida incubadora tecnológica 500 Startups.

Se estima que en México una persona con problemas emocionales tarda en acudir a un terapeuta hasta 14 años desde que aparecen los primeros síntomas.

Foto: Roberto Hernández

Las principales razones de esta dilación es el desconocimiento sobre la sintomatología de las enfermedades mentales así como sus causas. Los estigmas alrededor de estos males también aporta para que las personas no busquen ayuda, así como la carga que se piensa un enfermo mental representa para las familias.

Por ejemplo apenas el 25% de los usuarios de la plataforma son hombres, lo que revela lo difícil que es para los hombres identificar que tienen problemas y buscar ayuda.

Yana busca reducir este periodo a menos de un mes, aportando una solución tecnológica a este problema.

Al ser un chatbot, paradójicamente, Yana aporta la confianza para que las personas se desahoguen en la intimidad y empiecen a identificar de manera gratuita lo que les causa malestar, a diferencia de terapias presenciales.

De esta manera pueden hablar de problemas socialmente no tan aceptados, como la depresión pos-parto, la ansiedad o la homosexualidad.

Al momento la tecnología ligada al tratamiento de la salud mental mediante plataformas digitales se ha limitado a marketplaces de terapeutas, videoconsultas o chatbots, como Yana.

De acuerdo con Andrea, Yana busca aportar valor a la plataforma al estar asesorada en su concepción y ejecución por profesionales de la salud, con un cuidado especial en el lenguaje pata que emita sentimientos de empatía y humanidad.

"Todos los que estamos en el equipo son personas que han tenido un problema de depresión o de ansiedad, ya sea en carne propia o con alguien muy cercano. Cuidamos mucho la forma en la se expresa el chatbot (...) y creo que eso hace que la personalidad Yana no se sienta como algo frío. Creo que puedo resumir el principal valor agregado de Yana es que está hecho de humanos para humanos".

LAS DOS PANDEMIAS

Según explica Andrea, poco a poco el venture capital se está abriendo para la inversión de startups relacionadas a la salud como Yana, cosa que no había sucedido debido al papeleo implícito y la incertidumbre sobre su escalabilidad.

Sin embargo la pandemia ha resultado un punto de despegue para este tipo de soluciones tecnológicas.

Por ejemplo al momento Yana contabiliza 2.6 millones de usuarios activos en toda Latinoamérica a poco más de un año de haber comenzado operaciones formales. Esto, cuando las previsiones pre-pandemia eran terminar el 2020 con apenas 100 mil usuarios.

El encierro, el duelo y el estrés ocasionado por la pandemia han disparado los problemas de salud mental en todo el mundo; al tiempo, que los sistemas de salud mental se han paralizado para centrarse en la atención del Covid-19.

Según la OMS, la pandemia ha provocado una crisis de salud mental a una escala nunca antes vista, por lo que ésta debe constituir un componente central dentro de los planes de respuesta y recuperación de los sistemas de salud y los gobiernos nacionales; cosa de la cual han tomado nota los inversionistas.

"Yana ha venido como como anillo al dedo en la pandemia porque la gente ha notado sus problemas más que nunca y no puede salir de la casa. Creo que trajo la conciencia de un problema que ya estaba ahí y fue dolorosamente evidente que había mucha gente que necesitaba ayuda.

Foto: Roberto Hernández

"Es complicada la posición en la que estamos. No me alegra que hayan personas que lo estén pasando tan mal, pero sí me alegra haber llegado en el momento indicado y que mucha gente está encontrando un espacio de desahogo y de paz en la solución".

Andrea adelanta que con este impulso tras de sí Yana buscará ampliar su abanico de especialidades hacia otras áreas médicas y de la salud mental con el fin de aportar mayor valor y opciones en la plataforma. La posibilidad de brindar ellos mismos videoconsultas también está sobre la mesa.

Sin embargo para Andrea la principal meta de Yana es ser un punto de articulación para discutir la necesidad de una mayor cultura de la prevención y la atención médica oportuna para los males mentales.

"El 2020 fue un año de muchísimo aprendizaje, de reforzar muchas teorías que teníamos y de lo importante que era atacar este problema. En Latinoamérica no hay cultura de prevención, me acerco al médico cuando ya no aguanto más o al psicólogo cuando tengo ideas suicidas.

"Lo que tenemos que hacer durante este año es empezar a cambiar la conversación, la gente está viendo en general a la salud nada más como medicina y no como vitamina. La meta es convertir a Yana en esta vitamina diaria".

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No hay una depresión igual a otra, platica la emprendedora Andrea Campos, quien la ha padecido desde pequeña.

En algunas puedes levantarte de la cama y desayunar algo, en otras la tristeza es tan profunda que la voluntad no alcanza ni para eso.

Es así que la complejidad de las enfermedades mentales, explica Andrea, es una de las razones por las cuales la tecnología apenas ha rozado la superficie de lo que puede hacer para ayudar a las personas.

Yana, la empresa que Andrea ha creado, es un paso más en este camino; una herramienta tecnológica para ayudar a las personas a encontrar algo de consuelo o dirigirlas en la dirección correcta en la resolución de sus problemas mentales.

Yana es un chatbot que desarrolla una conversación sobre el estado de ánimo de los usuarios así como su origen mediante el uso de técnicas cognitivo-conductuales

Al ingresar los usuarios son cuestionados sobre las razones por las que busca conversar, como abuso sexual o físico, adicciones, ansiedad, ataques de pánico, duelo, depresión, o incluso problemas laborales, de pareja, en la escuela o estrés por Covid-19, entre otros.

Mediante una charla, que en la práctica funciona como un curso sobre las técnicas cognitivo-conductuales, la plataforma busca brindar a las personas de herramientas para discernir entre los hechos, los pensamientos y las emociones.

Esto busca que los usuarios sean capaces de poner en duda su propia perspectiva sobre los hechos ocurriendo a su alrededor, y el impacto que las ideas que los usuarios desarrollan sobre estos están teniendo en su estado de ánimo.

"Lo que nos dice esta terapia en muy pocas palabras es que no son los hechos en sí lo que nos afectan, sino la forma en la que nosotros los percibimos. Entonces, si nosotros trabajamos en nuestra percepción y en esos pensamientos, por ende van a cambiar nuestras emociones también", explica Andrea.

Foto: Roberto Hernández

La plataforma también brinda a los usuarios la posibilidad de realizarse cada dos semanas un monitoreo mental, el cual tiene como propósito encontrar posibles síntomas de depresión y ansiedad, conocido internacionalmente como el Cuestionario PHQ-4.

Con base en él, los usuarios desarrollan una lista de actividades diarias enfocada en crear rutinas que ayuden en la salud mental, la creación de un diario de estado de ánimo o un "baúl de agradecimiento".

Asimismo los usuarios cuentan con una "caja de herramientas" donde se les aportan consejos para lidiar con problemas como la alimentación, el amor o el autoestima.

"La gente nos busca mucho para desahogo. El caso típico es esta persona que son las tres de la madrugada y quiere hablar con alguien mientras todos están dormidos, que no saben a quién recurrir y que no puede dormir por la cantidad de pensamientos que trae".

Aunque el uso del chatbot es completamente gratuito para los usuarios, el modelo de negocio de la plataforma se basa en planes premium en los que se añaden funcionalidades a la plataforma, como bitácoras donde se guardan las conversaciones previas o recomendaciones ampliadas y más detalladas de las rutinas diarias.

Así, el objetivo principal de la plataforma es brindarle a los usuarios la experiencia de alguien que los escuche sobre sus problemas sin importar su tamaño y a todas horas, así como tener un archivo virtual sobre su salud mental con el fin de desarrollar habilidades para la mejora en estas áreas, se esté enfermo o no.

"Estamos para todas las personas que no necesariamente tienen un problema de depresión o ansiedad, pero que quieren trabajar en su bienestar emocional, en sus problemas del día a día, y quieren aprender manejarlo sin managers y ese tipo de cosas.

"Todos los días que trabajas en tu salud emocional puedes prevenir estados más graves como ansiedad o depresión, burnout, estrés, etcétera".

En los casos que se requiere la plataforma busca que los usuarios se acerquen a profesionales de la salud mental para atenderse.

En este sentido Andrea se detiene en apuntar que Yana no viene a reemplazar a la terapia con un profesional de la salud mental, como tampoco está capacitada para atender situaciones de crisis emocional.

"Nuestra meta es ser un primer punto de contacto para las personas que no saben dónde o como pedir ayuda. Queremos ser como este espacio en donde se rompa esa conversación y a partir de ella puedas buscar el tipo de ayuda que necesites".

DE PACIENTE A EMPRESARIA

Antes de fundar Yana Andrea confiesa que se encontraba "perdida" sobre qué hacer con su vida. Habiendo sido desde chica diagnosticada con depresión, durante mucho tiempo había batallado para encontrar un rumbo fijo.

Luego de varios trabajos que no le satisfacían, Andrea decidió por cuenta propia aprender a programar con el fin de eventualmente ganarse un puesto en alguna empresa tecnológica aunque sin un objetivo específico.

Fue durante un episodio de depresión particularmente grave que se le ocurrió juntar sus conocimientos en código con los que había desarrollado aprendiendo sobre terapia cognitiva-conductual.

"Era una solución que inicialmente era sólo para mí. Sabía que eventualmente me iba a llegar a otro episodio de depresión y dije 'cuando suceda, quiero tener una herramienta que me pueda ayudar a manejar eso'.

"Lo estuve platicando y presentando en un par de lugares y me di cuenta de que había mucha gente que necesitaba lo mismo que yo. En ese momento me planteó hacerlo como un proyecto formal", relata.

Durante los años de incubación de Yana, Andrea y el equipo que poco a poco fue formando se dieron a la tarea de planear la plataforma, sus funcionalidades y principalmente de obtener el visto bueno de la Cofepris, que no lograba ubicar a la plataforma en algún marco legal existente.

"Teníamos que asegurarnos de no estar infringiendo ningún tipo de ley pero cuando nos acercamos a ellos no sabían qué hacer con nuestro proyecto porque no cabía en las categorías que ellos tienen. ¿Es una aplicación pero diagnóstica o no diagnóstica? ¿Esto reemplazo no reemplaza a la terapia? ¿Qué soluciona? ¿Puede meter publicidad o no?

También hubo mucho trabajo de la mano con psicólogos y psiquiatras para asegurarnos de que la plataforma fuera segura para las personas que van a utilizar. Habían muchas interrogantes y no podíamos lanzar hasta que no tuviéramos todo esto resuelto".

Finalmente Yana empezó como una beta en Facebook Messenger en 2018 y para marzo del 2020 finalmente fue lanzada como una app independiente, la cual logró levantar una ronda de capital por 315 mil dólares en la que participó la reconocida incubadora tecnológica 500 Startups.

Se estima que en México una persona con problemas emocionales tarda en acudir a un terapeuta hasta 14 años desde que aparecen los primeros síntomas.

Foto: Roberto Hernández

Las principales razones de esta dilación es el desconocimiento sobre la sintomatología de las enfermedades mentales así como sus causas. Los estigmas alrededor de estos males también aporta para que las personas no busquen ayuda, así como la carga que se piensa un enfermo mental representa para las familias.

Por ejemplo apenas el 25% de los usuarios de la plataforma son hombres, lo que revela lo difícil que es para los hombres identificar que tienen problemas y buscar ayuda.

Yana busca reducir este periodo a menos de un mes, aportando una solución tecnológica a este problema.

Al ser un chatbot, paradójicamente, Yana aporta la confianza para que las personas se desahoguen en la intimidad y empiecen a identificar de manera gratuita lo que les causa malestar, a diferencia de terapias presenciales.

De esta manera pueden hablar de problemas socialmente no tan aceptados, como la depresión pos-parto, la ansiedad o la homosexualidad.

Al momento la tecnología ligada al tratamiento de la salud mental mediante plataformas digitales se ha limitado a marketplaces de terapeutas, videoconsultas o chatbots, como Yana.

De acuerdo con Andrea, Yana busca aportar valor a la plataforma al estar asesorada en su concepción y ejecución por profesionales de la salud, con un cuidado especial en el lenguaje pata que emita sentimientos de empatía y humanidad.

"Todos los que estamos en el equipo son personas que han tenido un problema de depresión o de ansiedad, ya sea en carne propia o con alguien muy cercano. Cuidamos mucho la forma en la se expresa el chatbot (...) y creo que eso hace que la personalidad Yana no se sienta como algo frío. Creo que puedo resumir el principal valor agregado de Yana es que está hecho de humanos para humanos".

LAS DOS PANDEMIAS

Según explica Andrea, poco a poco el venture capital se está abriendo para la inversión de startups relacionadas a la salud como Yana, cosa que no había sucedido debido al papeleo implícito y la incertidumbre sobre su escalabilidad.

Sin embargo la pandemia ha resultado un punto de despegue para este tipo de soluciones tecnológicas.

Por ejemplo al momento Yana contabiliza 2.6 millones de usuarios activos en toda Latinoamérica a poco más de un año de haber comenzado operaciones formales. Esto, cuando las previsiones pre-pandemia eran terminar el 2020 con apenas 100 mil usuarios.

El encierro, el duelo y el estrés ocasionado por la pandemia han disparado los problemas de salud mental en todo el mundo; al tiempo, que los sistemas de salud mental se han paralizado para centrarse en la atención del Covid-19.

Según la OMS, la pandemia ha provocado una crisis de salud mental a una escala nunca antes vista, por lo que ésta debe constituir un componente central dentro de los planes de respuesta y recuperación de los sistemas de salud y los gobiernos nacionales; cosa de la cual han tomado nota los inversionistas.

"Yana ha venido como como anillo al dedo en la pandemia porque la gente ha notado sus problemas más que nunca y no puede salir de la casa. Creo que trajo la conciencia de un problema que ya estaba ahí y fue dolorosamente evidente que había mucha gente que necesitaba ayuda.

Foto: Roberto Hernández

"Es complicada la posición en la que estamos. No me alegra que hayan personas que lo estén pasando tan mal, pero sí me alegra haber llegado en el momento indicado y que mucha gente está encontrando un espacio de desahogo y de paz en la solución".

Andrea adelanta que con este impulso tras de sí Yana buscará ampliar su abanico de especialidades hacia otras áreas médicas y de la salud mental con el fin de aportar mayor valor y opciones en la plataforma. La posibilidad de brindar ellos mismos videoconsultas también está sobre la mesa.

Sin embargo para Andrea la principal meta de Yana es ser un punto de articulación para discutir la necesidad de una mayor cultura de la prevención y la atención médica oportuna para los males mentales.

"El 2020 fue un año de muchísimo aprendizaje, de reforzar muchas teorías que teníamos y de lo importante que era atacar este problema. En Latinoamérica no hay cultura de prevención, me acerco al médico cuando ya no aguanto más o al psicólogo cuando tengo ideas suicidas.

"Lo que tenemos que hacer durante este año es empezar a cambiar la conversación, la gente está viendo en general a la salud nada más como medicina y no como vitamina. La meta es convertir a Yana en esta vitamina diaria".

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