/ martes 31 de marzo de 2020

El modelo neoliberal se mantiene vivo: De la Cruz

El Estado no ha asumido el compromiso de fortalecer el crecimiento económico, dice el economista

El rezago económico, comercial e industrial del país, con su consecuente gran desigualdad, no es un asunto que se haya gestado en uno o dos sexenios, es producto de que el Estado mexicano se constituyó desde hace cuando menos nueve décadas en un Estado corporativo que nada más ha buscado perpetuar en el poder al grupo gobernante en cada época, sin preocuparse por construir una política económica de largo plazo, asegura en entrevista con El Sol de México, José Luis de la Cruz, doctor en Economía.

“México no logró generar un nuevo proyecto en el país acorde con las nuevas demandas mundiales. Al agotarse el desarrollo estabilizador, en lugar de transitar hacia una democracia, hacia un nuevo modelo económico, lo que se hizo fue ir hacia una apertura, pero con el objetivo esencial de funcionalizar la estancia en el poder de un pequeño grupo y acabó siendo algo híbrido, que al final fue capturado por intereses. Modelo que después de 30 años, ya se agotó”.

De la Cruz ve en ese mismo Estado corporativo a quien condenó a la educación a un gran rezago por componendas político electorales, de tal manera que hoy no contamos con los recursos humanos capacitados en matemáticas, ingenierías y ciencia que nos ayudarían a generar un cambio desde adentro en el país.

Al presentar su libro México frente a su crisis: el reto de la Cuarta Transformación, De la Cruz no percibe que el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador esté derumbando el régimen neoliberal que discursivamente dice rechazar.

“Me parece que el Estado corporativo no ha muerto. El modelo neoliberal sigue vigente porque este gobierno sigue viendo al libre comercio internacional como uno de los mecanismos de desarrollo. Todavía no hay un Estado que funcionalice el fortalecimiento del sector privado. Es decir, en la parte social y política sí hay una clara diferencia con respecto al manejo que se les había dado en los últimos 30 años, pero en la parte económica me parece que las inercias son muy fuertes y haber incrementado el gasto social no significa el fin del neoliberalismo. Su fin sería tener un nuevo modelo económico en donde el Estado asuma compromisos por fortalecer el crecimiento económico, algo que precisamente ha sido vulnerado en el primer año y medio de esta administración”.

Estima que eso pudiera cambiar dependiendo de la profundidad de la crisis provocada por la pandemia de coronavirus, que lo obligará a emprender una política económica de crisis, menos dependiente de los flujos de comercio internacionales o del petróleo, y más orientada a lo que las propias empresas mexicanas puedan producir.

SOLUCIÓN A LA MEXICANA

El también director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) piensa que después del agotamiento del viejo régimen económico, es posible buscar una solución a la mexicana, que no tenga que apegarse a ninguna ideología o dogma, sino encontrar un camino propio, tal y como lo han hecho países como Corea del Sur o China, que hace 50 años pasaban hambre y que apostaron a la educación y al crecimiento tecnológico propio, independientemente de que el paradigma dominante en el mundo fuera otro. Apoyaron, sobre todo, a su sector industrial nacional.

Ese apoyo al sector industrial mexicano le parece vital para salir de la crisis de una manera original y propia.

Asegura que los industriales han sido permanentemente olvidados por el Estado corporativo, que convirtió al país en una gran maquiladora de trasnacionales, con bajo valor agregado, sin innovación ni tecnología nacional. De tal manera que hoy sólo una minoría de empresas mexicanas puede competir en el mundo, y el resto de la economía (95 por ciento) se sostiene de la actividad informal y de ofrecer servicios de bajo valor agregado con sueldos precarios.

Dice no proponer estímulos fiscales y dinero fácil para los industriales, ni regresar al erróneo proteccionismo de los años 70, sino facilidades entre gobierno y sector privado para meter a cada vez más empresas nacionales a los grandes circuitos de valor agregado del mundo.

“¿Qué es lo que tiene que operarse en el corto plazo? Se tienen que detectar empresas, regiones y sectores estratégicos que estén en capacidad de integrarse a las cadenas de valor y distinguir que algunas necesitarán financiamiento, pero otras un marco legal propicio para crecer, o algunas más agilización de los registros de patentes, por ejemplo.”

Un paso adicional muy importante le parece que sería que el Estado realizara un gasto muy fuerte en infraestructura, desde la básica hasta una más moderna, hecha con insumos nacionales, con más empresas mexicanas. Se tienen que hacer, opina, carreteras, agua, drenaje y escuelas, hechos por mexicanos que destinen ese dinero para investigación y desarrollo.

“Necesitamos dotar de flujos económicos al sector productivo nacional, para que se desarrolle como lo hicieron en otras naciones. Ahí es donde veo probablemente el mayor desafío del actual gobierno, porque esto implica que el Estado reconozca que tiene que ayudar a través de este tipo de estrategias a las empresas privadas”, concluye José Luis de la Cruz.

El rezago económico, comercial e industrial del país, con su consecuente gran desigualdad, no es un asunto que se haya gestado en uno o dos sexenios, es producto de que el Estado mexicano se constituyó desde hace cuando menos nueve décadas en un Estado corporativo que nada más ha buscado perpetuar en el poder al grupo gobernante en cada época, sin preocuparse por construir una política económica de largo plazo, asegura en entrevista con El Sol de México, José Luis de la Cruz, doctor en Economía.

“México no logró generar un nuevo proyecto en el país acorde con las nuevas demandas mundiales. Al agotarse el desarrollo estabilizador, en lugar de transitar hacia una democracia, hacia un nuevo modelo económico, lo que se hizo fue ir hacia una apertura, pero con el objetivo esencial de funcionalizar la estancia en el poder de un pequeño grupo y acabó siendo algo híbrido, que al final fue capturado por intereses. Modelo que después de 30 años, ya se agotó”.

De la Cruz ve en ese mismo Estado corporativo a quien condenó a la educación a un gran rezago por componendas político electorales, de tal manera que hoy no contamos con los recursos humanos capacitados en matemáticas, ingenierías y ciencia que nos ayudarían a generar un cambio desde adentro en el país.

Al presentar su libro México frente a su crisis: el reto de la Cuarta Transformación, De la Cruz no percibe que el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador esté derumbando el régimen neoliberal que discursivamente dice rechazar.

“Me parece que el Estado corporativo no ha muerto. El modelo neoliberal sigue vigente porque este gobierno sigue viendo al libre comercio internacional como uno de los mecanismos de desarrollo. Todavía no hay un Estado que funcionalice el fortalecimiento del sector privado. Es decir, en la parte social y política sí hay una clara diferencia con respecto al manejo que se les había dado en los últimos 30 años, pero en la parte económica me parece que las inercias son muy fuertes y haber incrementado el gasto social no significa el fin del neoliberalismo. Su fin sería tener un nuevo modelo económico en donde el Estado asuma compromisos por fortalecer el crecimiento económico, algo que precisamente ha sido vulnerado en el primer año y medio de esta administración”.

Estima que eso pudiera cambiar dependiendo de la profundidad de la crisis provocada por la pandemia de coronavirus, que lo obligará a emprender una política económica de crisis, menos dependiente de los flujos de comercio internacionales o del petróleo, y más orientada a lo que las propias empresas mexicanas puedan producir.

SOLUCIÓN A LA MEXICANA

El también director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) piensa que después del agotamiento del viejo régimen económico, es posible buscar una solución a la mexicana, que no tenga que apegarse a ninguna ideología o dogma, sino encontrar un camino propio, tal y como lo han hecho países como Corea del Sur o China, que hace 50 años pasaban hambre y que apostaron a la educación y al crecimiento tecnológico propio, independientemente de que el paradigma dominante en el mundo fuera otro. Apoyaron, sobre todo, a su sector industrial nacional.

Ese apoyo al sector industrial mexicano le parece vital para salir de la crisis de una manera original y propia.

Asegura que los industriales han sido permanentemente olvidados por el Estado corporativo, que convirtió al país en una gran maquiladora de trasnacionales, con bajo valor agregado, sin innovación ni tecnología nacional. De tal manera que hoy sólo una minoría de empresas mexicanas puede competir en el mundo, y el resto de la economía (95 por ciento) se sostiene de la actividad informal y de ofrecer servicios de bajo valor agregado con sueldos precarios.

Dice no proponer estímulos fiscales y dinero fácil para los industriales, ni regresar al erróneo proteccionismo de los años 70, sino facilidades entre gobierno y sector privado para meter a cada vez más empresas nacionales a los grandes circuitos de valor agregado del mundo.

“¿Qué es lo que tiene que operarse en el corto plazo? Se tienen que detectar empresas, regiones y sectores estratégicos que estén en capacidad de integrarse a las cadenas de valor y distinguir que algunas necesitarán financiamiento, pero otras un marco legal propicio para crecer, o algunas más agilización de los registros de patentes, por ejemplo.”

Un paso adicional muy importante le parece que sería que el Estado realizara un gasto muy fuerte en infraestructura, desde la básica hasta una más moderna, hecha con insumos nacionales, con más empresas mexicanas. Se tienen que hacer, opina, carreteras, agua, drenaje y escuelas, hechos por mexicanos que destinen ese dinero para investigación y desarrollo.

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