/ lunes 31 de enero de 2022

Missink: Los tatuajes ya no son para siempre

Una de las primeras clínicas de eliminación de tatuajes en establecerse en México, lleva más de una década borrando todo tipo de diseños que la gente ya no quiere llevar en la piel

Ya no aplica aquella frase de la madre preocupada de "¿por qué te tatuaste?, ¿no sabes que es para siempre?".

La ex-modelo y hoy empresaria de la eliminación del tatuaje Samantha Guevara lleva más de una década demostrando lo contrario.

Desde 2010 ha borrado incontables tribales pasados de moda, Santas Muertes y nombres de ex-novios de las pieles de jovencitas, ex-presidiarios y amas de casa.

Missink es una de las primeras clínicas de eliminación de tatuajes en establecerse en México, normalizando el procedimiento y llevándolo a un público más amplio.

Eran principios del 2000. Con 1.8 metros de altura y una carrera de modelo en su futuro, Samantha había decidido tatuarse una gran geisha en la cadera cuando aún era mal visto en grandes capas de la sociedad el marcarse la piel de por vida con tinta.

"Era tabú todavía, la gente llevaba los tatuajes escondidos. Me afectaba muchísimo para trabajar, era modelo y en cuanto empecé a hacer los castings de las pasarelas empezaron a verme el tatuaje y mi carrera se fue hacia abajo".

Según cuenta Samantha, hace dos décadas el mercado de la eliminación del tatuaje se encontraba en su infancia. Los procedimientos eran realizados sólo en el extranjero, con métodos agresivos como la inyección de ácido o la salabrasión.

Viajó a Los Ángeles y San Diego buscando alguien que se atreviera a remover su tatuaje. Los encontró, pero sólo firmando una responsiva en la que aceptaba quedar con cicatrices severas y pagando alrededor de 85 mil pesos de aquellos años, claro.

Foto: Roberto Hernández

Fue hasta 2010, diez años después de haberse tatuado, que encontró en su natal España la tecnología láser que Missink sigue utilizando al día de hoy.

Cuando un tatuaje es realizado el cuerpo encapsula de manera natural la tinta e inmediatamente comienza a eliminarla a través del sistema linfático y la orina. El láser hace vibrar esas cápsulas, las rompe en partículas más pequeñas, y hace más fácil e instantáneo un proceso natural que al cuerpo le tomaría décadas.

"Cada vez que me tenía que hacer mis sesiones tenía que ir a España y al regresar a México la gente veía los resultados. Traje la máquina y abrí un negocio muy tímidamente pensando en ayudar a la gente de mi entorno. Se fue convirtiendo en una demanda más y más grande y de repente fue un boom".

La empresa comenzó como una pequeña clínica al servicio de conocidos que querían quitarse tatuajes. La demanda y la confianza de ángeles inversionistas hizo crecer rápidamente el negocio a lo que es hoy, una cadena de clínicas con cinco sucursales en Ciudad de México, Querétaro y Monterrey.

"Nuestro target va desde niños de 16 años que un día el papá les descubrió un pequeño tatuaje, hasta la señora de 65 años que se tatuó las cejas en los 70 y luego se las volvió a dar en los 90 y ahora ya tiene tres cejas tatuadas una encima de la otra. A todos se les atiende por igual".

Para Samantha, en sus inicios la disrupción que Missink vino a aportar al mercado fue un coste mucho más bajo al que dermatólogos y hospitales ofrecían, así como una tecnología mucho menos invasiva y libre de cicatrices.

Hoy, ya como una empresa consolidada, Missink se ubica como una opción de mayor experiencia y valor agregado dentro del mercado, el cual ha visto surgir cremas y máquinas removedoras por Internet.

Un dermatólogo sirve para la salud de la piel. El proceso de Missink –explica– ha sido el de la especialización, en saber cómo se absorbe cada tinta y color, qué hay que hacer para eliminarlo de manera más eficiente, de tipos de piel y tecnologías láser.

"Lo que queríamos hacer desde un inicio era desmitificar la eliminación de tatuajes cuando era sólo para artistas de Hollywood y millonarios, o era arriesgarse a que te quedara una cicatriz similar a la de una quemada.

"Me di cuenta de que el tatuaje ya no era para siempre cuando por fin pude quitarme mi geisha enorme y no quedó rastro ni cicatriz. Me dejé con un pedacito de una flor roja que se sigue borrando con el tiempo para que cuando yo le enseñe a la gente la foto me crea, porque si no, no te lo crees".

Foto: Roberto Hernández

LA INDUSTRIA DEL ARREPENTIMIENTO

De acuerdo a un reporte de la consultoría de negocios Market Allied Research, el mercado global de la remoción de tatuajes estaba valuado en 2019 en 478 millones de dólares, con una expectativa de crecimiento anual hacia el 2027 del 19 por ciento.

Los principales catalizadores de este mercado son el creciente número de personas tatuadas, el rápido cambio de tendencias en el tatuaje, la llegada de métodos láser menos invasivos para su remoción y la educación popular en torno al tema.

De acuerdo con la última estimación del Consejo para Prevenir la Discriminación (Conapred) al menos 12 millones de mexicanos estarían tatuados, equivalentes al 10% de la población. En el principal mercado mundial del tatuaje, Italia, esta proporción alcanzaría hasta el 48% de la población, según una encuesta levantada en 2018 por la consultoría Market Research Future, la cual estimó que el 28% de las personas tatuadas en el mundo se arrepienten de haberlo hecho.

Según la mencionada encuesta del Conapred, las personas tatuadas y con perforaciones se encontrarían dentro de los 20 principales grupos sociales en situación de discriminación social en México a pesar de una larga jurisprudencia a nivel local y federal que lo prohibe.

Esta discriminación social, a la que también estuvo expuesta Samantha, en sus inicios impulsó el crecimiento de la empresa así como los errores de juventud, pues según recuerda el 70% de los tatuajes que borraban en los primeros años eran nombres de ex-parejas.

Sin embargo en los últimos años los catalizadores del negocio han cambiado considerablemente con la apertura cultural de los últimos años hacia el tatuaje y su masificación.

Por ejemplo, el microtatuaje en la cara al estilo de artistas como Post Malone, Little Wayne o Justin Bieber es una tendencia entre personas jóvenes que le asegura a Samantha horas de trabajo por delante.

Hoy el 60% de sus clientes son mujeres, de los cuales la mayoría se ubica en un rango de entre los 28 a los 45 años.

"Últimamente me han llegado muchos chavitos así (tatuados de la cara). Algún día pensé sobre qué iba a pasar cuando le quitara todos los tatuajes a la gente en México, la verdad ha sido que no paran de tatuarse".

Foto: Roberto Hernández

"El tatuaje ya no es un estigma, ya se abrió la mente porque es una forma de expresión, es arte, es un boom".

Así, Missink sigue atendiendo a muchachos tatuados que han sido sorprendidos por padres decepcionados como lo hacía en un inicio, también a enamorados con el corazón roto, como Lupillo Rivera quien le pidió informes en su momento para quitarse ese infame retrato de Belinda del brazo.

Sin embargo cada vez es más común ver a personas que han dejado de ver al tatuaje como un marca para toda la vida, sino más bien como un accesorio temporal en su expresión corporal.

"Gente como tú que a lo mejor tiene todo un brazo tatuado de repente quieren un cachito para una cosa nueva. Preparamos el lienzo para que el artista pueda volver a tatuar. Esto se ha vuelto ya una cuestión como cambiarte el color del pelo. Ahora quiero ser rubia, mañana castaña, ya no hay un motivo concreto, cada quien tiene sus razones.

"Pienso que la vida útil de un tatuaje es más o menos entre cinco y diez años. Empiezas a cansarte o ya no se lleva con tu estilo de vida, pasan muchas cosas que de repente te pueden llevar a tomar la decisión. Tampoco hay que ser tan aferrado de decir 'me lo hice, me lo quedo para toda la vida'".

Viendo hacia el futuro, Samantha espera que el negocio siga creciendo, abriendo clínicas en más plazas del país, como Puebla, Guadalajara y una más próxima en Coyoacán, Ciudad de México.

Samantha deja en claro que el negocio no radica en una campaña en contra del tatuaje, eliminándolo del recuerdo.

Es más bien otorgar un botón de reset en las vidas de las personas cuando se creían que las decisiones tomadas en el pasado eran imborrables.

Mientras siga corriendo tinta, dice, el láser le va a seguir de cerca.

"No es una cuestión de estar en contra de los tatuajes. Me tatué, me borre todos y ya me volví a tatuar. Estoy en la segunda ronda y pienso seguir tatuándome toda mi vida. Me encantan, tengo dos hijos y si algún día me dicen me quiero tatuar, que lo hagan".



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Ya no aplica aquella frase de la madre preocupada de "¿por qué te tatuaste?, ¿no sabes que es para siempre?".

La ex-modelo y hoy empresaria de la eliminación del tatuaje Samantha Guevara lleva más de una década demostrando lo contrario.

Desde 2010 ha borrado incontables tribales pasados de moda, Santas Muertes y nombres de ex-novios de las pieles de jovencitas, ex-presidiarios y amas de casa.

Missink es una de las primeras clínicas de eliminación de tatuajes en establecerse en México, normalizando el procedimiento y llevándolo a un público más amplio.

Eran principios del 2000. Con 1.8 metros de altura y una carrera de modelo en su futuro, Samantha había decidido tatuarse una gran geisha en la cadera cuando aún era mal visto en grandes capas de la sociedad el marcarse la piel de por vida con tinta.

"Era tabú todavía, la gente llevaba los tatuajes escondidos. Me afectaba muchísimo para trabajar, era modelo y en cuanto empecé a hacer los castings de las pasarelas empezaron a verme el tatuaje y mi carrera se fue hacia abajo".

Según cuenta Samantha, hace dos décadas el mercado de la eliminación del tatuaje se encontraba en su infancia. Los procedimientos eran realizados sólo en el extranjero, con métodos agresivos como la inyección de ácido o la salabrasión.

Viajó a Los Ángeles y San Diego buscando alguien que se atreviera a remover su tatuaje. Los encontró, pero sólo firmando una responsiva en la que aceptaba quedar con cicatrices severas y pagando alrededor de 85 mil pesos de aquellos años, claro.

Foto: Roberto Hernández

Fue hasta 2010, diez años después de haberse tatuado, que encontró en su natal España la tecnología láser que Missink sigue utilizando al día de hoy.

Cuando un tatuaje es realizado el cuerpo encapsula de manera natural la tinta e inmediatamente comienza a eliminarla a través del sistema linfático y la orina. El láser hace vibrar esas cápsulas, las rompe en partículas más pequeñas, y hace más fácil e instantáneo un proceso natural que al cuerpo le tomaría décadas.

"Cada vez que me tenía que hacer mis sesiones tenía que ir a España y al regresar a México la gente veía los resultados. Traje la máquina y abrí un negocio muy tímidamente pensando en ayudar a la gente de mi entorno. Se fue convirtiendo en una demanda más y más grande y de repente fue un boom".

La empresa comenzó como una pequeña clínica al servicio de conocidos que querían quitarse tatuajes. La demanda y la confianza de ángeles inversionistas hizo crecer rápidamente el negocio a lo que es hoy, una cadena de clínicas con cinco sucursales en Ciudad de México, Querétaro y Monterrey.

"Nuestro target va desde niños de 16 años que un día el papá les descubrió un pequeño tatuaje, hasta la señora de 65 años que se tatuó las cejas en los 70 y luego se las volvió a dar en los 90 y ahora ya tiene tres cejas tatuadas una encima de la otra. A todos se les atiende por igual".

Para Samantha, en sus inicios la disrupción que Missink vino a aportar al mercado fue un coste mucho más bajo al que dermatólogos y hospitales ofrecían, así como una tecnología mucho menos invasiva y libre de cicatrices.

Hoy, ya como una empresa consolidada, Missink se ubica como una opción de mayor experiencia y valor agregado dentro del mercado, el cual ha visto surgir cremas y máquinas removedoras por Internet.

Un dermatólogo sirve para la salud de la piel. El proceso de Missink –explica– ha sido el de la especialización, en saber cómo se absorbe cada tinta y color, qué hay que hacer para eliminarlo de manera más eficiente, de tipos de piel y tecnologías láser.

"Lo que queríamos hacer desde un inicio era desmitificar la eliminación de tatuajes cuando era sólo para artistas de Hollywood y millonarios, o era arriesgarse a que te quedara una cicatriz similar a la de una quemada.

"Me di cuenta de que el tatuaje ya no era para siempre cuando por fin pude quitarme mi geisha enorme y no quedó rastro ni cicatriz. Me dejé con un pedacito de una flor roja que se sigue borrando con el tiempo para que cuando yo le enseñe a la gente la foto me crea, porque si no, no te lo crees".

Foto: Roberto Hernández

LA INDUSTRIA DEL ARREPENTIMIENTO

De acuerdo a un reporte de la consultoría de negocios Market Allied Research, el mercado global de la remoción de tatuajes estaba valuado en 2019 en 478 millones de dólares, con una expectativa de crecimiento anual hacia el 2027 del 19 por ciento.

Los principales catalizadores de este mercado son el creciente número de personas tatuadas, el rápido cambio de tendencias en el tatuaje, la llegada de métodos láser menos invasivos para su remoción y la educación popular en torno al tema.

De acuerdo con la última estimación del Consejo para Prevenir la Discriminación (Conapred) al menos 12 millones de mexicanos estarían tatuados, equivalentes al 10% de la población. En el principal mercado mundial del tatuaje, Italia, esta proporción alcanzaría hasta el 48% de la población, según una encuesta levantada en 2018 por la consultoría Market Research Future, la cual estimó que el 28% de las personas tatuadas en el mundo se arrepienten de haberlo hecho.

Según la mencionada encuesta del Conapred, las personas tatuadas y con perforaciones se encontrarían dentro de los 20 principales grupos sociales en situación de discriminación social en México a pesar de una larga jurisprudencia a nivel local y federal que lo prohibe.

Esta discriminación social, a la que también estuvo expuesta Samantha, en sus inicios impulsó el crecimiento de la empresa así como los errores de juventud, pues según recuerda el 70% de los tatuajes que borraban en los primeros años eran nombres de ex-parejas.

Sin embargo en los últimos años los catalizadores del negocio han cambiado considerablemente con la apertura cultural de los últimos años hacia el tatuaje y su masificación.

Por ejemplo, el microtatuaje en la cara al estilo de artistas como Post Malone, Little Wayne o Justin Bieber es una tendencia entre personas jóvenes que le asegura a Samantha horas de trabajo por delante.

Hoy el 60% de sus clientes son mujeres, de los cuales la mayoría se ubica en un rango de entre los 28 a los 45 años.

"Últimamente me han llegado muchos chavitos así (tatuados de la cara). Algún día pensé sobre qué iba a pasar cuando le quitara todos los tatuajes a la gente en México, la verdad ha sido que no paran de tatuarse".

Foto: Roberto Hernández

"El tatuaje ya no es un estigma, ya se abrió la mente porque es una forma de expresión, es arte, es un boom".

Así, Missink sigue atendiendo a muchachos tatuados que han sido sorprendidos por padres decepcionados como lo hacía en un inicio, también a enamorados con el corazón roto, como Lupillo Rivera quien le pidió informes en su momento para quitarse ese infame retrato de Belinda del brazo.

Sin embargo cada vez es más común ver a personas que han dejado de ver al tatuaje como un marca para toda la vida, sino más bien como un accesorio temporal en su expresión corporal.

"Gente como tú que a lo mejor tiene todo un brazo tatuado de repente quieren un cachito para una cosa nueva. Preparamos el lienzo para que el artista pueda volver a tatuar. Esto se ha vuelto ya una cuestión como cambiarte el color del pelo. Ahora quiero ser rubia, mañana castaña, ya no hay un motivo concreto, cada quien tiene sus razones.

"Pienso que la vida útil de un tatuaje es más o menos entre cinco y diez años. Empiezas a cansarte o ya no se lleva con tu estilo de vida, pasan muchas cosas que de repente te pueden llevar a tomar la decisión. Tampoco hay que ser tan aferrado de decir 'me lo hice, me lo quedo para toda la vida'".

Viendo hacia el futuro, Samantha espera que el negocio siga creciendo, abriendo clínicas en más plazas del país, como Puebla, Guadalajara y una más próxima en Coyoacán, Ciudad de México.

Samantha deja en claro que el negocio no radica en una campaña en contra del tatuaje, eliminándolo del recuerdo.

Es más bien otorgar un botón de reset en las vidas de las personas cuando se creían que las decisiones tomadas en el pasado eran imborrables.

Mientras siga corriendo tinta, dice, el láser le va a seguir de cerca.

"No es una cuestión de estar en contra de los tatuajes. Me tatué, me borre todos y ya me volví a tatuar. Estoy en la segunda ronda y pienso seguir tatuándome toda mi vida. Me encantan, tengo dos hijos y si algún día me dicen me quiero tatuar, que lo hagan".



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