/ martes 21 de febrero de 2017

El fenómeno Justin

Java

No nada más las puso locas, loquísimas. Justin Bieber también provocó desmayos entre las chavitas que fueron a verlo, a sentirlo, a vibrarlo la noche del sábado en el Foro Sol, donde literalmente cayeron a sus pies.

Mientras, en la calle, afuera del inmueble de la Magdalena Mixhuca, muchos papás y mamás que no pudieron costearse un boleto de 800 pesos y más, esperaban pacientes (unos) e impacientes (otros) que terminara el show para recoger a sus hijas. Hasta cobijas llevaban para cubrirse del frío y una buena dotación de cigarrillos para atemperar la noche.

Y, bueno, para poder acceder a una “chela”, te colocaban a ti, adulto, un brazalete... porque evidentemente a los chavos no se les podía vender. Eso sí, botellas de agua y refrescos, lo que quisieran, pero ¡uf!, qué caro.

De todos modos las chavitas se gastaron un dineral para satisfacer sus deseos: una cachucha que normalmente vale 50 pesos en algún mercado, afuera se las vendieron en 150 y, ya te imaginarás, una playera, una sudadera, una chamarra, la taza, la foto, el llavero... La parafernalia en todo su “esplendor”. Qué horror. Y no hay autoridad que frene esos abusos, esa situación.

El canadiense es un idolillo, ni duda cabe. Escandaloso y mediático, lo que quieras, pero gusta a sus fans y, aquí entre nos, debo confesarles que su espectáculo es toda una producción de primer nivel; tal como lo exigen los tiempos actuales: ¿quieres ver un show? Sí, pero que sea de calidad.

Java

No nada más las puso locas, loquísimas. Justin Bieber también provocó desmayos entre las chavitas que fueron a verlo, a sentirlo, a vibrarlo la noche del sábado en el Foro Sol, donde literalmente cayeron a sus pies.

Mientras, en la calle, afuera del inmueble de la Magdalena Mixhuca, muchos papás y mamás que no pudieron costearse un boleto de 800 pesos y más, esperaban pacientes (unos) e impacientes (otros) que terminara el show para recoger a sus hijas. Hasta cobijas llevaban para cubrirse del frío y una buena dotación de cigarrillos para atemperar la noche.

Y, bueno, para poder acceder a una “chela”, te colocaban a ti, adulto, un brazalete... porque evidentemente a los chavos no se les podía vender. Eso sí, botellas de agua y refrescos, lo que quisieran, pero ¡uf!, qué caro.

De todos modos las chavitas se gastaron un dineral para satisfacer sus deseos: una cachucha que normalmente vale 50 pesos en algún mercado, afuera se las vendieron en 150 y, ya te imaginarás, una playera, una sudadera, una chamarra, la taza, la foto, el llavero... La parafernalia en todo su “esplendor”. Qué horror. Y no hay autoridad que frene esos abusos, esa situación.

El canadiense es un idolillo, ni duda cabe. Escandaloso y mediático, lo que quieras, pero gusta a sus fans y, aquí entre nos, debo confesarles que su espectáculo es toda una producción de primer nivel; tal como lo exigen los tiempos actuales: ¿quieres ver un show? Sí, pero que sea de calidad.