/ sábado 8 de septiembre de 2018

¿El ocaso de Woody Allen?

El director, a sus 82 años de edad no encuentra financiamiento para sus películas, debido a resurgimiento del escándalo por el supuesto abuso a su hija Dylan Farrow

El movimiento #MeToo ha sacudido a la industria del entretenimiento y personajes como el otrora poderoso productor, Harvey Weinstein o el actor Kevin Spacey han visto ensombrecidas sus carreras debido alas demandas en su contra por acoso y abuso sexual.

Este movimiento parece alcanzar también al actor, director y músico Woody Allen, quien tras ser acusado hace más de dos décadas de haber abusado sexualmente de su hijastra Dylan Farow, ahora empresas y el mismo Hollywood empiezan a voltearle la espalda al cineasta.

Allen, quien recientemente filmó la película A Rainy day in New York, no ha podido concretar la fecha para su estreno, se estima que podría ser afínales de año o que incluso, tal vez nunca salga a la luz.

Por si fuera poco, los financiamientos para sus nuevos proyectos están congelados, nadie quiere invertir más en el trabajo del artista.

Amazon tiene guardada la cinta de Allen y no le ha dado luz verde para los otros tres proyectos para lo que lo tiene firmado, incluso, algunas páginas de internet aseguran que su contrato está a punto de ser cancelado por estar en el ojo del huracán del escándalo que ha revolucionado la industria en Hollywood.

Woody Allen está por atravesar uno de los episodios más oscuros de su carrera y será muy difícil de superar, pues si bien, socialmente ya había sido señalado como culpable por abuso sexual contra su hijastra Dylan tras la tormenta de acusaciones de su expareja Mia Farrow, por su decisión de casarse con Soon Ly cuando era su padrastro fue el detonante para ser mal visto entre la sociedad.

A pesar de ello hace unos meses otro de sus hijastros Moses Farrow reveló en su blog que Allen no era un monstruo, sino más bien el lado del mal estaba representado por su madre Mía Farrow y su hermana Dylan.

Hay que recordar que Mía Farrow llevó a su hija Dylan, de 7 años de edad, a levantar una demanda por abuso sexual contra el director cometida en 1992, cuando ella no se encontraba en la casa y Woody llegó para visitar a los pequeños.

Desde este punto de vista se ve monstruoso, pero acorde a las investigaciones policiacas y médicas que examinaron a la menor, no hubo pruebas que confirmaran que el cineasta había cometido semejante atrocidad, al contrario, quedó a la luz la posibilidad de que esta acusación fuera un fraude orquestado por una mujer despechada que buscaba castigar al hombre que la había abandonado por otra, sin importar el daño psicológico que habría de provocar en la pequeña.

Ya fuera de los tribunales y lejos de cualquier acusación, Mía Farrow no ha cesado en señalar a Woody Allen como un monstruo, incluso, 25 años después de los hechos, una madura Mía Farrow y su hija de 32 años de edad, siguen afirmando que lo que narraron en aquellos años fue lo que sucedió.

“Soy una persona muy reservada y no me interesa en absoluto la atención del público, pero, ante los ataques increíblemente erróneos y engañosos hacia mi padre, Woody Allen, me parece que no puedo permanecer en silencio mientras se le condena por un crimen que no cometió”, así inicia la carta abierta de Moses, quien tenía 14 años de edad y estuvo presente aquel 4 de agosto de 1992 en Bridgewater, Connecticut, cuando supuestamente el cineasta abusó sexualmente de Dylan de siete años de edad.

En su larga carta, Moses toma un camino desconocido para la gran mayoría del púbico, la disfunción familiar por parte de su madre, que inicia con los abusos y el alcoholismo de su abuelo y la vida de un tío, hermano de Mía, encarcelado por abuso sexual infantil.

“Era bien sabido en Hollywood que mi abuelo, el director John Farrow, era un bebedor notorio y muy mujeriego. Hubo muchas peleas regadas con alcohol entre sus padres, y Mia me dijo que sufrió intentos de abuso sexual en su propia familia. Su hermano, mi tío John, que nos venía a ver a menudo cuando éramos pequeños, está en la cárcel condenado por múltiples acusaciones de abuso infantil”.

Moses recuerda que vivir bajo la custodia de Mía fue una verdadera pesadilla, no sólo para él, pues compartía la vivienda con otros pobres infantes víctimas de ceguera o parálisis, adoptados por la actriz tal vez, para ganarse el cariño del público, pero que les cobraba muy caro a los niños el haber entrado en su vida.

“Me duele recordar ejemplos en los que vi a mis hermanos, algunos ciegos o físicamente discapacitados, arrastrados por las escaleras para ser arrojados a un dormitorio o un armario, que luego se cerraba con llave desde fuera. Mia llegó a encerrar a mi hermano Thaddeus, parapléjico, en un cobertizo en el exterior para castigarlo por una transgresión menor”.

Pero también habla de la entonces niña Soon-Yi, quien era su chivo expiatorio más frecuente. “Una ocasión Mia le lanzó un centro de mesa de porcelana a la cabeza y por fortuna falló, en otra ocasión, tras discutir, mi madre le pegó con el auricular del teléfono fijo de casa, Soon-Yi siempre lloraba y pedía que la dejara en paz, lo que cada vez fue más común. Ahora entiendo que su relación con Woody fue lo que le permitió escapar, otros no tuvieron tanta suerte”, expresó.

El movimiento #MeToo ha sacudido a la industria del entretenimiento y personajes como el otrora poderoso productor, Harvey Weinstein o el actor Kevin Spacey han visto ensombrecidas sus carreras debido alas demandas en su contra por acoso y abuso sexual.

Este movimiento parece alcanzar también al actor, director y músico Woody Allen, quien tras ser acusado hace más de dos décadas de haber abusado sexualmente de su hijastra Dylan Farow, ahora empresas y el mismo Hollywood empiezan a voltearle la espalda al cineasta.

Allen, quien recientemente filmó la película A Rainy day in New York, no ha podido concretar la fecha para su estreno, se estima que podría ser afínales de año o que incluso, tal vez nunca salga a la luz.

Por si fuera poco, los financiamientos para sus nuevos proyectos están congelados, nadie quiere invertir más en el trabajo del artista.

Amazon tiene guardada la cinta de Allen y no le ha dado luz verde para los otros tres proyectos para lo que lo tiene firmado, incluso, algunas páginas de internet aseguran que su contrato está a punto de ser cancelado por estar en el ojo del huracán del escándalo que ha revolucionado la industria en Hollywood.

Woody Allen está por atravesar uno de los episodios más oscuros de su carrera y será muy difícil de superar, pues si bien, socialmente ya había sido señalado como culpable por abuso sexual contra su hijastra Dylan tras la tormenta de acusaciones de su expareja Mia Farrow, por su decisión de casarse con Soon Ly cuando era su padrastro fue el detonante para ser mal visto entre la sociedad.

A pesar de ello hace unos meses otro de sus hijastros Moses Farrow reveló en su blog que Allen no era un monstruo, sino más bien el lado del mal estaba representado por su madre Mía Farrow y su hermana Dylan.

Hay que recordar que Mía Farrow llevó a su hija Dylan, de 7 años de edad, a levantar una demanda por abuso sexual contra el director cometida en 1992, cuando ella no se encontraba en la casa y Woody llegó para visitar a los pequeños.

Desde este punto de vista se ve monstruoso, pero acorde a las investigaciones policiacas y médicas que examinaron a la menor, no hubo pruebas que confirmaran que el cineasta había cometido semejante atrocidad, al contrario, quedó a la luz la posibilidad de que esta acusación fuera un fraude orquestado por una mujer despechada que buscaba castigar al hombre que la había abandonado por otra, sin importar el daño psicológico que habría de provocar en la pequeña.

Ya fuera de los tribunales y lejos de cualquier acusación, Mía Farrow no ha cesado en señalar a Woody Allen como un monstruo, incluso, 25 años después de los hechos, una madura Mía Farrow y su hija de 32 años de edad, siguen afirmando que lo que narraron en aquellos años fue lo que sucedió.

“Soy una persona muy reservada y no me interesa en absoluto la atención del público, pero, ante los ataques increíblemente erróneos y engañosos hacia mi padre, Woody Allen, me parece que no puedo permanecer en silencio mientras se le condena por un crimen que no cometió”, así inicia la carta abierta de Moses, quien tenía 14 años de edad y estuvo presente aquel 4 de agosto de 1992 en Bridgewater, Connecticut, cuando supuestamente el cineasta abusó sexualmente de Dylan de siete años de edad.

En su larga carta, Moses toma un camino desconocido para la gran mayoría del púbico, la disfunción familiar por parte de su madre, que inicia con los abusos y el alcoholismo de su abuelo y la vida de un tío, hermano de Mía, encarcelado por abuso sexual infantil.

“Era bien sabido en Hollywood que mi abuelo, el director John Farrow, era un bebedor notorio y muy mujeriego. Hubo muchas peleas regadas con alcohol entre sus padres, y Mia me dijo que sufrió intentos de abuso sexual en su propia familia. Su hermano, mi tío John, que nos venía a ver a menudo cuando éramos pequeños, está en la cárcel condenado por múltiples acusaciones de abuso infantil”.

Moses recuerda que vivir bajo la custodia de Mía fue una verdadera pesadilla, no sólo para él, pues compartía la vivienda con otros pobres infantes víctimas de ceguera o parálisis, adoptados por la actriz tal vez, para ganarse el cariño del público, pero que les cobraba muy caro a los niños el haber entrado en su vida.

“Me duele recordar ejemplos en los que vi a mis hermanos, algunos ciegos o físicamente discapacitados, arrastrados por las escaleras para ser arrojados a un dormitorio o un armario, que luego se cerraba con llave desde fuera. Mia llegó a encerrar a mi hermano Thaddeus, parapléjico, en un cobertizo en el exterior para castigarlo por una transgresión menor”.

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