/ viernes 26 de febrero de 2021

El derecho a morir en el cine

Actualmente, sólo algunos países permiten la eutanasia o muerte asistida, lograr legislar el tema les llevó años, ciertas películas ayudaron a ello

“La vida es un derecho, no una obligación”. Esto fue lo que dijo el tetrapléjico Ramón Sampedro en uno de los tantos juicios en los que participó para exigir a su derecho a morir dignamente. Con los ojos nublados de lágrimas y el cuerpo postrado en una silla de ruedas, aquel momento sentó las bases para que en España y el mundo entero se pusiera sobre la mesa un tema no exento de dilemas éticos, morales y religiosos: ¿tenemos el derecho a quitarnos la vida?

El caso del gallego Ramón Sampedro retumbó en todo el mundo gracias a Mar adentro (2004), la multipremiada película de Alejandro Amenábar que llevó a Javier Bardem a realizar uno de los papeles más complejos de su carrera actoral. La cinta tuvo tanta aceptación que se llevó un Oscar a Mejor Película Extranjera por las grandes reflexiones que abonó al antiquísimo debate sobre la eutanasia.

El cine lleva muchos años abordando el tema desde diferentes perspectivas. Quizás Mar adentro fue una de las más reconocidas mundialmente (porque también arrasó en los Goya y se colgó los principales galardones de La Mostra de Venecia), pero no fue la única.

En 1971, el director estadounidense Dalton Trumbo hurgó en las vidas de todos esos soldados que quedaron mutilados tras participar en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos tenían vidas indignas, llenas de dolor, sufrimiento y ostracismo. Aprovechando aquellos testimonios recopilados también en su novela Johnny got his gun, hizo una película sobre la vida de Joe Bonham, un soldado estadounidense que, tras recibir un bombazo, pierde todas sus extremidades y todos sus sentidos. Con una reflexión profunda sobre el cuerpo como una prisión inquebrantable, la cinta se convirtió rápidamente en una de las primeras apologías fílmicas de la eutanasia, práctica médica que, cabe decirlo, fue apoyada en su momento por pensadores clásicos como Platón, Sócrates o Séneca.

Legal o no

Quizás una de las mayores polémicas en torno a la muerte asistida tiene que ver con el terreno de lo jurídico. Actualmente, la eutanasia o el suicidio asistido sólo son legales en nueve países: Canadá, Estados Unidos, España, Nueva Zelanda, Bélgica, Australia, Holanda, Suiza y Colombia.

Aun en las naciones más progresistas, los legisladores han tardado años en promulgar leyes que despenalicen este acto. Por eso fue tan famosa Un acto de amor (1980), la película de Jud Taylor que habla sobre los conflictos legales a los que se enfrentó un joven llamado Leon Cybulkowski (Ron Howard) que decide asesinar a su hermano luego de verlo sufrir tanto a raíz de un accidente automovilístico.

Mención aparte merece La fiesta de despedida (2014), la primera película que se tomó con mucho humor el tema de la eutanasia. Fue justamente la comunidad judía la que se atrevió a hablar sobre la muerte asistida desde una mirada mucho más irónica.

Los directores Tal Granit y Sharon Maymon construyeron la historia de un grupo de ancianos en un asilo de Jerusalén (el centro del cristianismo, que históricamente se ha opuesto a la eutanasia) que construye una máquina que es capaz de matar a todos los enfermos terminales que así lo deseen. Esto fue lo que opinó el semanario The Hollywood Reporter: "El provocativo tema de la eutanasia está dirigido con sabiduría, sensibilidad y un bienvenido toque de humor".

Ese mismo año se estrenó otra cinta que puso sobre la mesa los conflictos emocionales y familiares que se desatan cuando alguien decide acabar con su vida: Corazón silencioso, dirigida por el reconocido director danés Bille August y protagonizada por Ghuita Norby, cuenta la historia de una madre sexagenaria que decide ponerle fin a su vida tras ser diagnosticada con una enfermedad terminal. Cuando su familia se entera, hermanos, primos, hijos y nietos van a visitarla en el mismo día con el objetivo de despedirla, pero una serie de conflictos y secretos salen a la luz y dejan entrever que la muerte lleva consigo viejas heridas familiares.

“La vida es un derecho, no una obligación”. Esto fue lo que dijo el tetrapléjico Ramón Sampedro en uno de los tantos juicios en los que participó para exigir a su derecho a morir dignamente. Con los ojos nublados de lágrimas y el cuerpo postrado en una silla de ruedas, aquel momento sentó las bases para que en España y el mundo entero se pusiera sobre la mesa un tema no exento de dilemas éticos, morales y religiosos: ¿tenemos el derecho a quitarnos la vida?

El caso del gallego Ramón Sampedro retumbó en todo el mundo gracias a Mar adentro (2004), la multipremiada película de Alejandro Amenábar que llevó a Javier Bardem a realizar uno de los papeles más complejos de su carrera actoral. La cinta tuvo tanta aceptación que se llevó un Oscar a Mejor Película Extranjera por las grandes reflexiones que abonó al antiquísimo debate sobre la eutanasia.

El cine lleva muchos años abordando el tema desde diferentes perspectivas. Quizás Mar adentro fue una de las más reconocidas mundialmente (porque también arrasó en los Goya y se colgó los principales galardones de La Mostra de Venecia), pero no fue la única.

En 1971, el director estadounidense Dalton Trumbo hurgó en las vidas de todos esos soldados que quedaron mutilados tras participar en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos tenían vidas indignas, llenas de dolor, sufrimiento y ostracismo. Aprovechando aquellos testimonios recopilados también en su novela Johnny got his gun, hizo una película sobre la vida de Joe Bonham, un soldado estadounidense que, tras recibir un bombazo, pierde todas sus extremidades y todos sus sentidos. Con una reflexión profunda sobre el cuerpo como una prisión inquebrantable, la cinta se convirtió rápidamente en una de las primeras apologías fílmicas de la eutanasia, práctica médica que, cabe decirlo, fue apoyada en su momento por pensadores clásicos como Platón, Sócrates o Séneca.

Legal o no

Quizás una de las mayores polémicas en torno a la muerte asistida tiene que ver con el terreno de lo jurídico. Actualmente, la eutanasia o el suicidio asistido sólo son legales en nueve países: Canadá, Estados Unidos, España, Nueva Zelanda, Bélgica, Australia, Holanda, Suiza y Colombia.

Aun en las naciones más progresistas, los legisladores han tardado años en promulgar leyes que despenalicen este acto. Por eso fue tan famosa Un acto de amor (1980), la película de Jud Taylor que habla sobre los conflictos legales a los que se enfrentó un joven llamado Leon Cybulkowski (Ron Howard) que decide asesinar a su hermano luego de verlo sufrir tanto a raíz de un accidente automovilístico.

Mención aparte merece La fiesta de despedida (2014), la primera película que se tomó con mucho humor el tema de la eutanasia. Fue justamente la comunidad judía la que se atrevió a hablar sobre la muerte asistida desde una mirada mucho más irónica.

Los directores Tal Granit y Sharon Maymon construyeron la historia de un grupo de ancianos en un asilo de Jerusalén (el centro del cristianismo, que históricamente se ha opuesto a la eutanasia) que construye una máquina que es capaz de matar a todos los enfermos terminales que así lo deseen. Esto fue lo que opinó el semanario The Hollywood Reporter: "El provocativo tema de la eutanasia está dirigido con sabiduría, sensibilidad y un bienvenido toque de humor".

Ese mismo año se estrenó otra cinta que puso sobre la mesa los conflictos emocionales y familiares que se desatan cuando alguien decide acabar con su vida: Corazón silencioso, dirigida por el reconocido director danés Bille August y protagonizada por Ghuita Norby, cuenta la historia de una madre sexagenaria que decide ponerle fin a su vida tras ser diagnosticada con una enfermedad terminal. Cuando su familia se entera, hermanos, primos, hijos y nietos van a visitarla en el mismo día con el objetivo de despedirla, pero una serie de conflictos y secretos salen a la luz y dejan entrever que la muerte lleva consigo viejas heridas familiares.

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