/ miércoles 30 de enero de 2019

El Steinway rojo de la telescuela

Quince años de Numerados


1.- Un piano rojo parece un elemento de mal gusto hasta que se entiende por qué. Contrario a lo que puede pensarse, no sirve sólo para añadir un atractivo visual a la imagen catódica sino, más importante, el recubrimiento de resinas en el llamativo tono tiene por objeto proteger la finísima laca negra del acabado del valioso instrumento. Igual que el de Las Flores, es de un cuarto de cola y de año de manufactura 1960, con sus teclas de marfil cuidadas como de anticuario. Los propios técnicos produjeron la resina, y ellos mismos lo tienen permanentemente afinado y pulido, de modo que sus notas suenan al primer trino de la aurora a cualquier hora. Y el majestuoso concierto que sugiere es la orquesta en total sincronía de mil músicos en armónica perfección.

2.- Ahí nadie les dice a los tramoyistas, iluminadores, escenógrafos, cámaras, productores, mecánicos, ingenieros y, en especial, a quien opera la consola maestra qué hacer porque sin leer la pauta van más allá del cumplimiento del deber: lo ejecutan con un amor y una pasión que se ve en muy pocos rincones del servicio público, que honran a veces hasta el sacrificio, y enorgullecen al visitante agradecido. Y así ha sido por más de cincuenta años, de entrega y apego institucional que fluye como manantial y se contagia de una generación a otra en ejemplar, dignificante y enriquecedora historia de vida. A esos valores aúna, además, lecciones preciosísimas de aprendizaje para el futuro, en ese semillero de talento, almácigo de afectos que aderezan la travesía.

3.- En ese noble espíritu se produce una televisión pública de excelencia que, infelizmente, es conocida de muy pocos, más allá de su objetivo originario de encauzar el carácter y moldear el talento de los millones de muchachos que en ella encuentran la herramienta para su vida y la del país; de capacitar a los capacitadores, y de producir y difundir cursos de la más alta calidad.

4.- Toda luna, todo año, todo día, todo viento, camina y pasa también. Así discurre la vida que no quiere aún llegar al lugar de su quietud. Así hoy ajustan estos Numerados quince años, y con ésta se cumple la última entrega aquí. El bello oficio ha permitido acrisolar al talabartero del verbo en orfebre de la palabra; ha impuesto rigor en su ejercicio, y premiado con el privilegio de quien lo obsequia con su lectura, y ha hecho posible esculcar la entraña de la vida pública, elogiar su virtud y observar sus tropiezos -procurando más lo primero que lo segundo-. Ha intentado interpretar con más énfasis la belleza del amanecer que la oscuridad de las tinieblas pero, lo más agradecible sin duda, ha propiciado en el acontista profundizar en el estudio, el aprendizaje y el depuramiento.

5.- Miles de recuerdos se vuelcan en la memoria; miles de retratos se apilan pasmados en un momento de esos, como éste, que duran siempre. En un instante que permanece, como la vida de Churchill, en un prolongado relámpago. Emocionada, plena de intensidad es la hora ésta de dar las gracias; a Don Mario inolvidable, a Paquita siempre presente; al cuerpo técnico, con todos sus nombres, del linotipo al kiosco, con Dulces y enrosalados homenajes. Pero en primerísimo lugar, al amable lector que los ha honrado con su atención y retroalimentado con su comentario. Y antes que nadie, a Federico que los seguirá inspirando, hasta el último aliento, estos Numerados ruegan dar enormes las gracias.

Quince años de Numerados


1.- Un piano rojo parece un elemento de mal gusto hasta que se entiende por qué. Contrario a lo que puede pensarse, no sirve sólo para añadir un atractivo visual a la imagen catódica sino, más importante, el recubrimiento de resinas en el llamativo tono tiene por objeto proteger la finísima laca negra del acabado del valioso instrumento. Igual que el de Las Flores, es de un cuarto de cola y de año de manufactura 1960, con sus teclas de marfil cuidadas como de anticuario. Los propios técnicos produjeron la resina, y ellos mismos lo tienen permanentemente afinado y pulido, de modo que sus notas suenan al primer trino de la aurora a cualquier hora. Y el majestuoso concierto que sugiere es la orquesta en total sincronía de mil músicos en armónica perfección.

2.- Ahí nadie les dice a los tramoyistas, iluminadores, escenógrafos, cámaras, productores, mecánicos, ingenieros y, en especial, a quien opera la consola maestra qué hacer porque sin leer la pauta van más allá del cumplimiento del deber: lo ejecutan con un amor y una pasión que se ve en muy pocos rincones del servicio público, que honran a veces hasta el sacrificio, y enorgullecen al visitante agradecido. Y así ha sido por más de cincuenta años, de entrega y apego institucional que fluye como manantial y se contagia de una generación a otra en ejemplar, dignificante y enriquecedora historia de vida. A esos valores aúna, además, lecciones preciosísimas de aprendizaje para el futuro, en ese semillero de talento, almácigo de afectos que aderezan la travesía.

3.- En ese noble espíritu se produce una televisión pública de excelencia que, infelizmente, es conocida de muy pocos, más allá de su objetivo originario de encauzar el carácter y moldear el talento de los millones de muchachos que en ella encuentran la herramienta para su vida y la del país; de capacitar a los capacitadores, y de producir y difundir cursos de la más alta calidad.

4.- Toda luna, todo año, todo día, todo viento, camina y pasa también. Así discurre la vida que no quiere aún llegar al lugar de su quietud. Así hoy ajustan estos Numerados quince años, y con ésta se cumple la última entrega aquí. El bello oficio ha permitido acrisolar al talabartero del verbo en orfebre de la palabra; ha impuesto rigor en su ejercicio, y premiado con el privilegio de quien lo obsequia con su lectura, y ha hecho posible esculcar la entraña de la vida pública, elogiar su virtud y observar sus tropiezos -procurando más lo primero que lo segundo-. Ha intentado interpretar con más énfasis la belleza del amanecer que la oscuridad de las tinieblas pero, lo más agradecible sin duda, ha propiciado en el acontista profundizar en el estudio, el aprendizaje y el depuramiento.

5.- Miles de recuerdos se vuelcan en la memoria; miles de retratos se apilan pasmados en un momento de esos, como éste, que duran siempre. En un instante que permanece, como la vida de Churchill, en un prolongado relámpago. Emocionada, plena de intensidad es la hora ésta de dar las gracias; a Don Mario inolvidable, a Paquita siempre presente; al cuerpo técnico, con todos sus nombres, del linotipo al kiosco, con Dulces y enrosalados homenajes. Pero en primerísimo lugar, al amable lector que los ha honrado con su atención y retroalimentado con su comentario. Y antes que nadie, a Federico que los seguirá inspirando, hasta el último aliento, estos Numerados ruegan dar enormes las gracias.