/ lunes 14 de septiembre de 2015

El clima actual del DF, producto de la combinación de oscilaciones atmosféricas

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Ciudad de México.- El clima actual de la ciudad de México es la combinación de muchas oscilaciones atmosféricas e incluso teleconexiones (fenómenos ocurridos en un sitio con efectos en un lugar lejano), especificó Bradford S. Barrett, en el seminario del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM.

El experto —de año sabático en esta casa de estudios— explicó que, debido al “principio de superposición” (teoría para todos los sistemas lineales), a veces estas fluctuaciones se combinan con el mismo signo (interferencia constructiva) y otras con los opuestos (destructiva).

Por ejemplo, dijo el investigador del Departamento de Oceanografía de la Academia Naval de Estados Unidos, si acontece un frente frío en un día muy soleado, éste no es tan gélido por la radiación del astro.

Uno de los fenómenos más conocidos es El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), calentamiento o enfriamiento de las aguas del Océano Pacífico tropical que produce cambios en la atmósfera a nivel global y resulta en un aumento o disminución de la precipitación a lo largo del planeta.

Otro es la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO, por sus siglas en inglés), incremento de temperatura en esa demarcación marina que altera la circulación en el orbe y provoca una mayor frecuencia de hidrometeoros en México de noviembre a febrero.

En la escala de tiempo intraestacional (30-60 días), la fluctuación más importante es también una superposición de otras más pequeñas que, normalmente, vienen en grupos y, juntas, forman una más grande.

El académico se enfocó en la Oscilación Tropical Intraestacional, descubierta en los años 60 por dos meteorólogos, Roland Madden y Paul Julian, quienes detectaron que había periodos de retorno regulares (dentro de 30 y 60 días) en la presión de la superficie en islas del Trópico.

La también llamada Oscilación de Madden y Julian (OMJ) tiene mucho que ver con varios fenómenos atmosféricos como banquisas (capa de hielo que aparece por la congelación del mar), nieve, tornados en EU, contaminación en Santiago de Chile y precipitación en todo el mundo, incluso en México.

De acuerdo con Barrett, el OMJ modifica el origen, intensidad y trayectoria de los ciclones tropicales e influye en todos los piélagos. Algunas fases favorecen la génesis, otras ciertas trayectorias y las demás, la intensificación.

Sin embargo, no existe un patrón global. No se puede afirmar que siempre hay un aumento en el número de los vientos causados por depresiones atmosféricas, pues ello depende del mar. Entre julio y septiembre favorece la lluvia en territorio nacional (en la zona central-sur) y en Centroamérica, lo que repercute en inundaciones y sequías.

Así, en latitudes tropicales la OMJ (vía teleconexiones por ondas Rossby) genera transformaciones de gran alcance en la circulación; ello implica fenómenos atmosféricos y oceanográficos.

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Ciudad de México.- El clima actual de la ciudad de México es la combinación de muchas oscilaciones atmosféricas e incluso teleconexiones (fenómenos ocurridos en un sitio con efectos en un lugar lejano), especificó Bradford S. Barrett, en el seminario del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM.

El experto —de año sabático en esta casa de estudios— explicó que, debido al “principio de superposición” (teoría para todos los sistemas lineales), a veces estas fluctuaciones se combinan con el mismo signo (interferencia constructiva) y otras con los opuestos (destructiva).

Por ejemplo, dijo el investigador del Departamento de Oceanografía de la Academia Naval de Estados Unidos, si acontece un frente frío en un día muy soleado, éste no es tan gélido por la radiación del astro.

Uno de los fenómenos más conocidos es El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), calentamiento o enfriamiento de las aguas del Océano Pacífico tropical que produce cambios en la atmósfera a nivel global y resulta en un aumento o disminución de la precipitación a lo largo del planeta.

Otro es la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO, por sus siglas en inglés), incremento de temperatura en esa demarcación marina que altera la circulación en el orbe y provoca una mayor frecuencia de hidrometeoros en México de noviembre a febrero.

En la escala de tiempo intraestacional (30-60 días), la fluctuación más importante es también una superposición de otras más pequeñas que, normalmente, vienen en grupos y, juntas, forman una más grande.

El académico se enfocó en la Oscilación Tropical Intraestacional, descubierta en los años 60 por dos meteorólogos, Roland Madden y Paul Julian, quienes detectaron que había periodos de retorno regulares (dentro de 30 y 60 días) en la presión de la superficie en islas del Trópico.

La también llamada Oscilación de Madden y Julian (OMJ) tiene mucho que ver con varios fenómenos atmosféricos como banquisas (capa de hielo que aparece por la congelación del mar), nieve, tornados en EU, contaminación en Santiago de Chile y precipitación en todo el mundo, incluso en México.

De acuerdo con Barrett, el OMJ modifica el origen, intensidad y trayectoria de los ciclones tropicales e influye en todos los piélagos. Algunas fases favorecen la génesis, otras ciertas trayectorias y las demás, la intensificación.

Sin embargo, no existe un patrón global. No se puede afirmar que siempre hay un aumento en el número de los vientos causados por depresiones atmosféricas, pues ello depende del mar. Entre julio y septiembre favorece la lluvia en territorio nacional (en la zona central-sur) y en Centroamérica, lo que repercute en inundaciones y sequías.

Así, en latitudes tropicales la OMJ (vía teleconexiones por ondas Rossby) genera transformaciones de gran alcance en la circulación; ello implica fenómenos atmosféricos y oceanográficos.