/ sábado 19 de octubre de 2019

Cuquita y sus 109 años de lucha

A los 6 años ya no tenía padres, a los 12 huyó de la casa de sus hermanos porque intentaron casarla

Refugio Reyes Sosa nació el 4 de julio de 1910, en el año de nuestra Revolución Mexicana. Proviene de Zacapoaxtla, Puebla, tierra de hombres aguerridos que defendieron nuestro país de la invasión francesa. Este antecedente la convierte en una luchadora de estirpe única, de esas pocas personas que sobrepasan los 109 años de edad y que viven para contarlo.

De niña perdió a su mamá a los seis años y a su papá cuando era un bebé, quedó a cargo de sus hermanos y cuñadas. Narra al borde de las lágrimas que era la más pequeña en su familia y, sin embargo, sus hermanos la trataban con dureza, con maltrato, al grado tal que quisieron casarla a los 12 años con alguien que le habían escogido; "de coraje me fui de mi casa, huí, me fui con una señora que me llevó a la Ciudad de México a trabajar en la limpieza de las casas y desde entonces vivo aquí".

No se casó y tampoco tuvo hijos, debió enfrentar sola a una sociedad machista de principios del siglo pasado, esa en la que la mujer no era nada sin un hombre por esposo, por hermano o por hijo. Sin embargo, se siente orgullosa de haber salido siempre adelante; siempre trabajando, siempre libre para escoger el camino de su destino, sin ataduras, sin alguien que intentara decidir por ella, como sus hermanos lo intentaron y no lo consiguieron.

Llegó a la Fundación Hermanitas de los Ancianos Desamparados hace 10 años, porque la casera que le rentaba un cuarto de azotea se preocupaba que muriera sola, sin atención. Cuquita, como le llaman de cariño, tenía 99 años y sus recursos cada vez eran menos: tejía carpetas y vendía dulces afuera de su domicilio, entonces fue convencida para que le buscaran un asilo donde la atenderían en esta etapa de su vejez.

Sin embargo, por cuestiones del destino, su casera falleció primero. Cuquita dice que el secreto para conservarse en buen estado de salud, ya que no presenta ninguna enfermedad, es la bendición de Dios y que ha sido buena persona en 109 años de vida.

Foto Roberto Hernández | El Sol de México

¿Era traviesa de niña?

Me porto bien, nunca me peleo con nadie, nada más cuando trabajaba, cuando vivía en Narvarte me peleé con cuatro señoras que me querían pegar, pero yo no me dejé y les pegué, cuatro señoras me querían pegar por envídia, que Dios me perdone pero yo les pegué, no me dejé que me pegaran, tenía muchas fuerzas, era yo muy fuerte.

-No. Era calladita, jugaba yo a la comidita, a hacer tortillas, no fui traviesa.

¿Cuál fue la mejor época de su vida?

-Fui muy pobre, pero muy contenta, me gustaba ir a los pueblos a comer con mis amigas. Mis patrones murieron y me puse a vender cosas: baberos y comida.

Foto Roberto Hernández | El Sol de México

¿Qué le pide a Dios?

-Le doy las gracias, yo me confieso, voy a misa, hoy no me he confesado porque qué pecados tengo, no me peleo con nadie, con todos los ancianitos me llevo bien, respeto mucho a las madrecitas.

Refugio Reyes Sosa nació el 4 de julio de 1910, en el año de nuestra Revolución Mexicana. Proviene de Zacapoaxtla, Puebla, tierra de hombres aguerridos que defendieron nuestro país de la invasión francesa. Este antecedente la convierte en una luchadora de estirpe única, de esas pocas personas que sobrepasan los 109 años de edad y que viven para contarlo.

De niña perdió a su mamá a los seis años y a su papá cuando era un bebé, quedó a cargo de sus hermanos y cuñadas. Narra al borde de las lágrimas que era la más pequeña en su familia y, sin embargo, sus hermanos la trataban con dureza, con maltrato, al grado tal que quisieron casarla a los 12 años con alguien que le habían escogido; "de coraje me fui de mi casa, huí, me fui con una señora que me llevó a la Ciudad de México a trabajar en la limpieza de las casas y desde entonces vivo aquí".

No se casó y tampoco tuvo hijos, debió enfrentar sola a una sociedad machista de principios del siglo pasado, esa en la que la mujer no era nada sin un hombre por esposo, por hermano o por hijo. Sin embargo, se siente orgullosa de haber salido siempre adelante; siempre trabajando, siempre libre para escoger el camino de su destino, sin ataduras, sin alguien que intentara decidir por ella, como sus hermanos lo intentaron y no lo consiguieron.

Llegó a la Fundación Hermanitas de los Ancianos Desamparados hace 10 años, porque la casera que le rentaba un cuarto de azotea se preocupaba que muriera sola, sin atención. Cuquita, como le llaman de cariño, tenía 99 años y sus recursos cada vez eran menos: tejía carpetas y vendía dulces afuera de su domicilio, entonces fue convencida para que le buscaran un asilo donde la atenderían en esta etapa de su vejez.

Sin embargo, por cuestiones del destino, su casera falleció primero. Cuquita dice que el secreto para conservarse en buen estado de salud, ya que no presenta ninguna enfermedad, es la bendición de Dios y que ha sido buena persona en 109 años de vida.

Foto Roberto Hernández | El Sol de México

¿Era traviesa de niña?

Me porto bien, nunca me peleo con nadie, nada más cuando trabajaba, cuando vivía en Narvarte me peleé con cuatro señoras que me querían pegar, pero yo no me dejé y les pegué, cuatro señoras me querían pegar por envídia, que Dios me perdone pero yo les pegué, no me dejé que me pegaran, tenía muchas fuerzas, era yo muy fuerte.

-No. Era calladita, jugaba yo a la comidita, a hacer tortillas, no fui traviesa.

¿Cuál fue la mejor época de su vida?

-Fui muy pobre, pero muy contenta, me gustaba ir a los pueblos a comer con mis amigas. Mis patrones murieron y me puse a vender cosas: baberos y comida.

Foto Roberto Hernández | El Sol de México

¿Qué le pide a Dios?

-Le doy las gracias, yo me confieso, voy a misa, hoy no me he confesado porque qué pecados tengo, no me peleo con nadie, con todos los ancianitos me llevo bien, respeto mucho a las madrecitas.

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