/ domingo 21 de marzo de 2021

Adultos ansían vacuna en la Álvaro Obregón

La escasez de agua y el hacinamiento en el que viven muchas familias los hace más vulnerables

El silencio se presenta por unos segundos mientras hurgan en sus recuerdos. Enseguida su memoria evoca que está por cumplirse un año desde la última vez que se reunieron. En el grupo de adultos mayores al que asistían en el Centro de Salud del pueblo de San Bartolo Ameyalco, Álvaro Obregón, ya no hay más actividades desde que comenzó la pandemia por covid-19.

Para Estela Martínez, Sonia Ramírez y Petra Estrada se acabaron las manualidades, los ejercicios físicos y las pláticas con sus maestros. Tampoco hay más clases de baile. Mucho menos paseos y festejos de cumpleaños. Les hacía más amena la semana, pues rompía la rutina de los quehaceres y el encierro del hogar. Aquel 11 marzo de 2020 les avisaron que se suspendía todo, lo mismo que la excursión a las aguas termales de las grutas de Tolantongo, en Hidalgo, programada a la siguiente semana.

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Antes de despedirse, la trabajadora social les pidió que se cuidaran mucho, tomaran su sana distancia y dio otras recomendaciones. En esa ocasión las tres amigas y sus compañeros de Lunas de Plata, no imaginaban que el poblado donde viven, al poniente de la ciudad, se convertiría en una de las colonias que concentraría el mayor número de casos de contagios por el SARS-CoV-2 en la capital del país, aunado a una problemática de escasez de agua.

En San Bartolo Ameyalco, el estrato de desarrollo social es bajo, con hogares donde conviven varias familias en un mismo terreno o hacinadas en la misma casa. Es imposible el distanciamiento social y las buenas prácticas de higiene por la falta de agua. Un problema arraigado desde hace años. En este lugar, entre los meses de julio y noviembre del año pasado, se tenía un registro de 396 casos acumulados, y apareció en la lista de colonias de atención prioritaria por el covid-19.

El problema reside en la falta de agua de su manantial, que no es suficiente para abastecer a toda la población y la que es suministrada por el Lerma-Cutzamala que también escasea; fugas del líquido que no son atendidas por la alcaldía y el Sistema de Aguas de la CDMX (Sacmex]; el poco o nulo apoyo de la alcaldesa Layda Sansores -quien en este momento ya es candidata a la gubernatura de Campeche-, y la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum; la mala estrategia en los quioscos para la aplicación de pruebas de covid, y en algunos casos al principio de la pandemia, la incredulidad de no creer en la existencia del virus.

Esta escasez de agua en la zona ha repercutido en la transmisión del virus. “Hay familias que no tienen el vital líquido en sus domicilios para hacer sus aseos personales y en su casa. Eso conlleva a que se contagien de covid”, explica Gabriel Zumaya representante de la Comisión de Participación Comunitaria (Copaco) del pueblo de San Bartolo Ameyalco. “Es muy importante lo del agua, nos están diciendo lávate las manos. ¿Y con qué nos las lavamos si no existe el agua?”, agrega Clotilde Nava Flores, excomisariada de Bienes Comunales de esa zona.

El poblado fue considerado en julio de 2020 por el gobierno de la Ciudad de México, como parte de la lista de las 36 colonias, pueblos y barrios que recibirían atención prioritaria por el covid-19, con el objetivo de disminuir y evitar los contagios. La tasa de casos activos de San Bartolo Ameyalco era de 95, por cada 100 mil habitantes. Entre las acciones para su atención estaba la implementación de quioscos de la salud; sanitización del espacio público; apoyo médico, alimentario y económico, y vigilancia epidemiológica casa por casa.

Estos dos últimos no se llevaron a cabo, la sanitización sólo se dio en el centro del pueblo y no en todas las calles. Los quioscos de pruebas representaron un problema más, que abona a la continuidad de la transmisión, ya que personas sospechosas y confirmadas por coronavirus, se aglomeran y se concentran afuera del Centro de Salud y la plaza central del pueblo, y no hay una sana distancia. Además, acuden de colonias y pueblos colindantes a hacerse la prueba todos los días.

“Platicando con unos vecinos, dicen que también lo que detona el contagio, es que reciben gente de Chamontoya, Santa Rosa... para hacerse pruebas. Emergen de demasiados puntos. Hacen la prueba y a eso de las 6 de la mañana ya hay gente afuera del Centro de Salud formada y en la explanada, y no tienen la sana distancia”, afirma el representante de la Copaco.

Otro portavoz de la comunidad que prefiere el anonimato coincide: “Ha sido un problema, porque llegan muchas personas de otras colonias y ha sido deficiente. No hay el manejo correcto de la gente; no hay esas medidas de sana distancia; las filas son largas y se encuentran exactamente en el centro del pueblo”.

Nava Flores cuenta que ese punto es por donde la mayor parte de los habitantes transita caminando. Y es cierto, pues a unos pasos se ubica el paradero de transporte público y los comercios centrales de productos básicos.

Escasez de agua un problema sin atender

Con la punta de sus dedos toma la aguja para introducir por separado los hilos de colores en la tela, hasta ir formando las figuras en la costura de su mantel. Mientras cuenta los puntos del cuadrillé, de pronto la manguera escupe algunos chorros de agua, que caen sobre la pileta de su patio. Son las 4 de la tarde, el líquido parece abundar por un momento y de pronto se corta. Otras ocasiones cae durante un par de horas al día y luego nada. Así es el tandeo de agua en la casa de Petra, de 78 años de edad, y de distintos hogares del pueblo.

En el de Estela es similar: “Aquí tenemos agua en ratos, llega en las mañanas y como a las 12 se va”. En otros no cae ninguna gota, y deben comprar pipas, con costos de alrededor de dos mil pesos, para llenar botes, tambos, piletas o en el mejor de los casos una cisterna.

Esta escasez es una problemática originada desde hace años en el territorio. Con la pandemia se agudizó, por la falta de atención de las autoridades y la manipulación de válvulas de diversos grupos de supuestos representantes de la comunidad, que sólo velan por sus intereses.

Los mismos intereses que originaron la disputa entre pobladores y la policía el 21 de mayo de 2014, por la obra hidráulica del Lerma–Cutzamala, con un saldo de 70 pobladores lesionados y 101 uniformados heridos.

Ese día se introdujo la tubería sobre la calle Camino Viejo a Mixcoac para llevar agua a los habitantes de esa zona y aledañas, que durante años se abastecieron con pipas, porque la del manantial no les llegaba (ahora reciben del Cutzamala, aunque también por ratos), y que otros acusaron fue para llevar el líquido de su ojo de agua a las residencias de Santa Fe. Algo que no se ha comprobado o desmentido.

Apenas el pasado 20 de febrero, varios vecinos de distintas zonas se manifestaron y bloquearon la Calzada del Desierto de los Leones, para demandar que las autoridades resuelvan el problema del suministro del agua, pues en algunas calles llevan semanas o meses sin ella. También denunciaron que existe una desviación en la corriente del manantial.

El otro problema son las constantes fugas de agua que van a parar al drenaje. Los pobladores han reportado a la alcaldía y a SACMEX sobre las mismas, incluso han hecho transmisiones en vivo vía redes sociales durante la madrugada, y documentado cómo el líquido se desperdicia. Sin embargo, ambas han sido omisas en atenderlos.

“La falta de agua se ha generado por muchos años, una porque la población creció, en el pueblo cada vez hay más habitantes. Esto conlleva a que el agua del manantial ya no es la suficiente para poder abastecernos. En varias zonas del pueblo se ha hecho tandeo sobre tanteo, para poder darle agua a la gente, pero aun así el mismo caudal no nos da para abastecer a toda la población al cien por ciento. Y más ahorita, que viene la temporada de calor se va a incrementar”, destaca Gabriel Zumaya.

“Esto de la falta de agua es desde hace años y no nos han dado solución. Es la omisión muchas veces por parte del Gobierno Central [...] Aquí, el 80 por ciento del pueblo no cuenta con el agua, esto agrava más la situación por los altos contagios que se tienen. Si se pide una pipa por parte de la alcaldía está tardando hasta una semana en llegar, aquí la gente no tiene mil 800 o dos mil 500 pesos para estar pagando, con trabajos van sobrellevando el día”, comenta un poblador.

En cuanto a las fugas, Clotilde Nava agrega: “Siguen existiendo, aquí en la calle Vicente Guerrero ves cómo corre (por el drenaje). Se les ha llevado a los de la alcaldía y nomás te dicen ‘mañana venimos’ o ‘no me corresponde a mí, le corresponde a Sacmex’”.

Habitantes del pueblo denuncian que la alcaldía y Sacmex “se echan la bolita”, no se han realizado las composturas de la manera correcta y las fugas continúan. Además, que han pedido recorridos nocturnos por parte de las autoridades en conjunto con vecinos para poder identificar esta problemática y no se tiene respuesta.

Entre los decesos y la ilusión de vacunarse

En el pueblo las malas noticias corren rápido, sobre todo los decesos de los vecinos, familiares, conocidos y amigos del trío de amigas. “Enfrente de mí (casa) hay una tienda, el señor andaba muy bien y nos quedamos sorprendidos cuando de pronto se murió (…) Luego se encerraron todos, porque vinieron a desinfectar su casa y casi no salía nadie de ahí”, recuerda Estela, de 72 años de edad, quien vive en la zona céntrica del pueblo. Hace menos de un mes, el esposo de una de sus conocidas falleció por una ‘gripe’.

Sonia vive en una de las zonas altas en los límites del poblado. Con sus amigas se comunica por teléfono para distraerse un poco y, es cómo se entera de los contagios y decesos. El hogar de Petra se ubica en la zona baja, donde parece están más contenidos los contagios, pero también ha sabido sobre varios casos de personas que han perdido la vida por el coronavirus en todo el pueblo.

La excomisariada de Bienes Comunales platica que en San Bartolo Ameyalco, se dieron hasta cuatro o cinco defunciones por día. “Eso sí era alarmante”, dice. Otro habitante recuerda que hubo decesos de varios adultos mayores, y luego de todas las edades, donde de dos a cuatro integrantes de una familia perdieron la vida en la misma semana.

En la capital del país, la campaña de vacunación contra el covid-19 en adultos mayores comenzó el pasado 15 de febrero en las alcaldías Cuajimalpa, Magdalena Contreras y Milpa Alta; luego continuó el 24 en Iztacalco, Xochimilco y Tláhuac, y hace unos días se integraron Miguel Hidalgo, Azcapotzalco y Venustiano Carranza.

Al ser un foco rojo de contagios San Bartolo A. debería de ser un punto prioritario para la aplicación de las vacunas para adultos mayores, demandan los representantes consultados. Sin embargo, hasta el momento Álvaro Obregón, una de las 3 demarcaciones con más contagios, no ha aparecido en el mapa de inoculación.

A pesar de la incertidumbre que permea sobre la fecha en cuando arribarán las vacunas, persiste la esperanza e ilusión de las adultos mayores de pronto recibir su primera dosis, al igual que sus vecinos y compañeros del grupo.

“He visto por tele que está por delegaciones, primero fue Cuajimalpa, Magdalena Contreras y ahorita están otras 3 y espero que pronto ya salga Álvaro Obregón”, dice Estela, quien a finales del año pasado contrajo el virus al igual que su hijo quien fue hospitalizado.

“Yo creo que la gente en San Bartolo está esperando esa vacuna. Estoy esperando a ver cuándo llega, sí me quiero vacunar. No sé cómo vayan a ser, es urgente para todo el pueblo, para todos los pueblos, no nada más aquí, sino en los estados y todo el país”, platica Petra quien es hipertensa.

Al igual Sonia de 69 años de edad, que es diabética e hipertensa, está con la ilusión de pronto vacunarse. Hace unos días le llamaron por teléfono para que acudiera a la Magdalena C. para recibir su primera dosis, pero al estar en la fila le dijeron que no le correspondía por no ser de la demarcación: “Mañana van a ser ocho días, me dijeron que en Contreras había aparecido mi nombre y me fui, pero resulta que cuando llego me dicen ‘usted es de Álvaro Obregón, no pertenece aquí’”.

Tras doce meses del Covid-19 en México, el trío de amigas ha resentido los estragos del encierro, y el distanciamiento familiar y social. Algo que les ha repercutido en estrés, depresión y ansiedad.

Petrita, como le dicen de cariño sus hijos, ha sobrellevado la pandemia con los quehaceres del hogar y con sus costuras multicolores. “Gracias, porque tengo a mis hijos que me arriman el mandado, lo que necesito del súper. De repente sí me siento así con ansiedad. Está una acostumbrada a salir un poco a la calle, pero me ha hecho bien estar aquí, para cuidarme, protegerme de la pandemia y eso me ha servido mucho. Con mis amigas extraño esas pláticas, porque caminábamos y nos íbamos a la cafetería”, platica.

“Ya me había acostumbrado a estar en el grupo [de adultos mayores], salir a la calle. Íbamos aunque sea a Xochimilco, nos llevaban a Santiago Tianguistenco… cositas así cerquita, para mí era distraerme y luego pues la enfermedad, y estar viendo que todo mundo se está muriendo, se siente que entra uno en depresión”, cuenta Estela. Sonia también extraña las reuniones y las salidas: “Una vez al mes nos íbamos a desayunar”.




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Para Estela Martínez, Sonia Ramírez y Petra Estrada se acabaron las manualidades, los ejercicios físicos y las pláticas con sus maestros. Tampoco hay más clases de baile. Mucho menos paseos y festejos de cumpleaños. Les hacía más amena la semana, pues rompía la rutina de los quehaceres y el encierro del hogar. Aquel 11 marzo de 2020 les avisaron que se suspendía todo, lo mismo que la excursión a las aguas termales de las grutas de Tolantongo, en Hidalgo, programada a la siguiente semana.

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Antes de despedirse, la trabajadora social les pidió que se cuidaran mucho, tomaran su sana distancia y dio otras recomendaciones. En esa ocasión las tres amigas y sus compañeros de Lunas de Plata, no imaginaban que el poblado donde viven, al poniente de la ciudad, se convertiría en una de las colonias que concentraría el mayor número de casos de contagios por el SARS-CoV-2 en la capital del país, aunado a una problemática de escasez de agua.

En San Bartolo Ameyalco, el estrato de desarrollo social es bajo, con hogares donde conviven varias familias en un mismo terreno o hacinadas en la misma casa. Es imposible el distanciamiento social y las buenas prácticas de higiene por la falta de agua. Un problema arraigado desde hace años. En este lugar, entre los meses de julio y noviembre del año pasado, se tenía un registro de 396 casos acumulados, y apareció en la lista de colonias de atención prioritaria por el covid-19.

El problema reside en la falta de agua de su manantial, que no es suficiente para abastecer a toda la población y la que es suministrada por el Lerma-Cutzamala que también escasea; fugas del líquido que no son atendidas por la alcaldía y el Sistema de Aguas de la CDMX (Sacmex]; el poco o nulo apoyo de la alcaldesa Layda Sansores -quien en este momento ya es candidata a la gubernatura de Campeche-, y la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum; la mala estrategia en los quioscos para la aplicación de pruebas de covid, y en algunos casos al principio de la pandemia, la incredulidad de no creer en la existencia del virus.

Esta escasez de agua en la zona ha repercutido en la transmisión del virus. “Hay familias que no tienen el vital líquido en sus domicilios para hacer sus aseos personales y en su casa. Eso conlleva a que se contagien de covid”, explica Gabriel Zumaya representante de la Comisión de Participación Comunitaria (Copaco) del pueblo de San Bartolo Ameyalco. “Es muy importante lo del agua, nos están diciendo lávate las manos. ¿Y con qué nos las lavamos si no existe el agua?”, agrega Clotilde Nava Flores, excomisariada de Bienes Comunales de esa zona.

El poblado fue considerado en julio de 2020 por el gobierno de la Ciudad de México, como parte de la lista de las 36 colonias, pueblos y barrios que recibirían atención prioritaria por el covid-19, con el objetivo de disminuir y evitar los contagios. La tasa de casos activos de San Bartolo Ameyalco era de 95, por cada 100 mil habitantes. Entre las acciones para su atención estaba la implementación de quioscos de la salud; sanitización del espacio público; apoyo médico, alimentario y económico, y vigilancia epidemiológica casa por casa.

Estos dos últimos no se llevaron a cabo, la sanitización sólo se dio en el centro del pueblo y no en todas las calles. Los quioscos de pruebas representaron un problema más, que abona a la continuidad de la transmisión, ya que personas sospechosas y confirmadas por coronavirus, se aglomeran y se concentran afuera del Centro de Salud y la plaza central del pueblo, y no hay una sana distancia. Además, acuden de colonias y pueblos colindantes a hacerse la prueba todos los días.

“Platicando con unos vecinos, dicen que también lo que detona el contagio, es que reciben gente de Chamontoya, Santa Rosa... para hacerse pruebas. Emergen de demasiados puntos. Hacen la prueba y a eso de las 6 de la mañana ya hay gente afuera del Centro de Salud formada y en la explanada, y no tienen la sana distancia”, afirma el representante de la Copaco.

Otro portavoz de la comunidad que prefiere el anonimato coincide: “Ha sido un problema, porque llegan muchas personas de otras colonias y ha sido deficiente. No hay el manejo correcto de la gente; no hay esas medidas de sana distancia; las filas son largas y se encuentran exactamente en el centro del pueblo”.

Nava Flores cuenta que ese punto es por donde la mayor parte de los habitantes transita caminando. Y es cierto, pues a unos pasos se ubica el paradero de transporte público y los comercios centrales de productos básicos.

Escasez de agua un problema sin atender

Con la punta de sus dedos toma la aguja para introducir por separado los hilos de colores en la tela, hasta ir formando las figuras en la costura de su mantel. Mientras cuenta los puntos del cuadrillé, de pronto la manguera escupe algunos chorros de agua, que caen sobre la pileta de su patio. Son las 4 de la tarde, el líquido parece abundar por un momento y de pronto se corta. Otras ocasiones cae durante un par de horas al día y luego nada. Así es el tandeo de agua en la casa de Petra, de 78 años de edad, y de distintos hogares del pueblo.

En el de Estela es similar: “Aquí tenemos agua en ratos, llega en las mañanas y como a las 12 se va”. En otros no cae ninguna gota, y deben comprar pipas, con costos de alrededor de dos mil pesos, para llenar botes, tambos, piletas o en el mejor de los casos una cisterna.

Esta escasez es una problemática originada desde hace años en el territorio. Con la pandemia se agudizó, por la falta de atención de las autoridades y la manipulación de válvulas de diversos grupos de supuestos representantes de la comunidad, que sólo velan por sus intereses.

Los mismos intereses que originaron la disputa entre pobladores y la policía el 21 de mayo de 2014, por la obra hidráulica del Lerma–Cutzamala, con un saldo de 70 pobladores lesionados y 101 uniformados heridos.

Ese día se introdujo la tubería sobre la calle Camino Viejo a Mixcoac para llevar agua a los habitantes de esa zona y aledañas, que durante años se abastecieron con pipas, porque la del manantial no les llegaba (ahora reciben del Cutzamala, aunque también por ratos), y que otros acusaron fue para llevar el líquido de su ojo de agua a las residencias de Santa Fe. Algo que no se ha comprobado o desmentido.

Apenas el pasado 20 de febrero, varios vecinos de distintas zonas se manifestaron y bloquearon la Calzada del Desierto de los Leones, para demandar que las autoridades resuelvan el problema del suministro del agua, pues en algunas calles llevan semanas o meses sin ella. También denunciaron que existe una desviación en la corriente del manantial.

El otro problema son las constantes fugas de agua que van a parar al drenaje. Los pobladores han reportado a la alcaldía y a SACMEX sobre las mismas, incluso han hecho transmisiones en vivo vía redes sociales durante la madrugada, y documentado cómo el líquido se desperdicia. Sin embargo, ambas han sido omisas en atenderlos.

“La falta de agua se ha generado por muchos años, una porque la población creció, en el pueblo cada vez hay más habitantes. Esto conlleva a que el agua del manantial ya no es la suficiente para poder abastecernos. En varias zonas del pueblo se ha hecho tandeo sobre tanteo, para poder darle agua a la gente, pero aun así el mismo caudal no nos da para abastecer a toda la población al cien por ciento. Y más ahorita, que viene la temporada de calor se va a incrementar”, destaca Gabriel Zumaya.

“Esto de la falta de agua es desde hace años y no nos han dado solución. Es la omisión muchas veces por parte del Gobierno Central [...] Aquí, el 80 por ciento del pueblo no cuenta con el agua, esto agrava más la situación por los altos contagios que se tienen. Si se pide una pipa por parte de la alcaldía está tardando hasta una semana en llegar, aquí la gente no tiene mil 800 o dos mil 500 pesos para estar pagando, con trabajos van sobrellevando el día”, comenta un poblador.

En cuanto a las fugas, Clotilde Nava agrega: “Siguen existiendo, aquí en la calle Vicente Guerrero ves cómo corre (por el drenaje). Se les ha llevado a los de la alcaldía y nomás te dicen ‘mañana venimos’ o ‘no me corresponde a mí, le corresponde a Sacmex’”.

Habitantes del pueblo denuncian que la alcaldía y Sacmex “se echan la bolita”, no se han realizado las composturas de la manera correcta y las fugas continúan. Además, que han pedido recorridos nocturnos por parte de las autoridades en conjunto con vecinos para poder identificar esta problemática y no se tiene respuesta.

Entre los decesos y la ilusión de vacunarse

En el pueblo las malas noticias corren rápido, sobre todo los decesos de los vecinos, familiares, conocidos y amigos del trío de amigas. “Enfrente de mí (casa) hay una tienda, el señor andaba muy bien y nos quedamos sorprendidos cuando de pronto se murió (…) Luego se encerraron todos, porque vinieron a desinfectar su casa y casi no salía nadie de ahí”, recuerda Estela, de 72 años de edad, quien vive en la zona céntrica del pueblo. Hace menos de un mes, el esposo de una de sus conocidas falleció por una ‘gripe’.

Sonia vive en una de las zonas altas en los límites del poblado. Con sus amigas se comunica por teléfono para distraerse un poco y, es cómo se entera de los contagios y decesos. El hogar de Petra se ubica en la zona baja, donde parece están más contenidos los contagios, pero también ha sabido sobre varios casos de personas que han perdido la vida por el coronavirus en todo el pueblo.

La excomisariada de Bienes Comunales platica que en San Bartolo Ameyalco, se dieron hasta cuatro o cinco defunciones por día. “Eso sí era alarmante”, dice. Otro habitante recuerda que hubo decesos de varios adultos mayores, y luego de todas las edades, donde de dos a cuatro integrantes de una familia perdieron la vida en la misma semana.

En la capital del país, la campaña de vacunación contra el covid-19 en adultos mayores comenzó el pasado 15 de febrero en las alcaldías Cuajimalpa, Magdalena Contreras y Milpa Alta; luego continuó el 24 en Iztacalco, Xochimilco y Tláhuac, y hace unos días se integraron Miguel Hidalgo, Azcapotzalco y Venustiano Carranza.

Al ser un foco rojo de contagios San Bartolo A. debería de ser un punto prioritario para la aplicación de las vacunas para adultos mayores, demandan los representantes consultados. Sin embargo, hasta el momento Álvaro Obregón, una de las 3 demarcaciones con más contagios, no ha aparecido en el mapa de inoculación.

A pesar de la incertidumbre que permea sobre la fecha en cuando arribarán las vacunas, persiste la esperanza e ilusión de las adultos mayores de pronto recibir su primera dosis, al igual que sus vecinos y compañeros del grupo.

“He visto por tele que está por delegaciones, primero fue Cuajimalpa, Magdalena Contreras y ahorita están otras 3 y espero que pronto ya salga Álvaro Obregón”, dice Estela, quien a finales del año pasado contrajo el virus al igual que su hijo quien fue hospitalizado.

“Yo creo que la gente en San Bartolo está esperando esa vacuna. Estoy esperando a ver cuándo llega, sí me quiero vacunar. No sé cómo vayan a ser, es urgente para todo el pueblo, para todos los pueblos, no nada más aquí, sino en los estados y todo el país”, platica Petra quien es hipertensa.

Al igual Sonia de 69 años de edad, que es diabética e hipertensa, está con la ilusión de pronto vacunarse. Hace unos días le llamaron por teléfono para que acudiera a la Magdalena C. para recibir su primera dosis, pero al estar en la fila le dijeron que no le correspondía por no ser de la demarcación: “Mañana van a ser ocho días, me dijeron que en Contreras había aparecido mi nombre y me fui, pero resulta que cuando llego me dicen ‘usted es de Álvaro Obregón, no pertenece aquí’”.

Tras doce meses del Covid-19 en México, el trío de amigas ha resentido los estragos del encierro, y el distanciamiento familiar y social. Algo que les ha repercutido en estrés, depresión y ansiedad.

Petrita, como le dicen de cariño sus hijos, ha sobrellevado la pandemia con los quehaceres del hogar y con sus costuras multicolores. “Gracias, porque tengo a mis hijos que me arriman el mandado, lo que necesito del súper. De repente sí me siento así con ansiedad. Está una acostumbrada a salir un poco a la calle, pero me ha hecho bien estar aquí, para cuidarme, protegerme de la pandemia y eso me ha servido mucho. Con mis amigas extraño esas pláticas, porque caminábamos y nos íbamos a la cafetería”, platica.

“Ya me había acostumbrado a estar en el grupo [de adultos mayores], salir a la calle. Íbamos aunque sea a Xochimilco, nos llevaban a Santiago Tianguistenco… cositas así cerquita, para mí era distraerme y luego pues la enfermedad, y estar viendo que todo mundo se está muriendo, se siente que entra uno en depresión”, cuenta Estela. Sonia también extraña las reuniones y las salidas: “Una vez al mes nos íbamos a desayunar”.




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