/ domingo 8 de diciembre de 2019

Ciudad de ratas. Hay 6 por cada capitalino

La metrópoli les ofrece alimento de sobra, además, les permite pasar casi sin ser vistas, ya que andan bajo el suelo, en superficie y trepan

Carolina abordó su auto en la colonia San Rafael. No se enteró sino hasta que llegó a su destino que traía una rata a bordo. Nunca la escuchó, tampoco la vio. En todo su trayecto el roedor viajó con ella, en silencio, con total discreción, sin dar señales de vida. Y es que así funciona: los capitalinos compartimos la Ciudad de México con millones de roedores. La urbe es tan suya como nuestra, en ella encuentran su hábitat perfecto, la ocupan en su totalidad, en alcantarillas, parques, mercados, casas, de día y noche. Siempre están en todos los lugares, y a todas horas.

No hay un número oficial, avalado por alguna autoridad o una institución académica, que indique con cuántas ratas cohabitamos en la Ciudad de México. Se habla que hay entre seis y 10 ratas por habitante, lo que daría entre 54 y 90 millones de ratas. Casi imposible imaginarlas a todas juntas. “Yo no me atrevería a dar un número exacto, no lo conocemos, pero son millones”, dice en entrevista la investigadora de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México, Paola Martínez Duque.

Sin embargo, es posible darse una idea: una rata de ciudad se reproduce entre cuatro y cinco veces al año, con camadas de hasta 11 crías. Es decir, en un año una rata puede criar hasta 55 ejemplares, lo cual es bastante para pensar que hay millones de ellas en la capital.

La labor de eliminar a las ratas es una misión imposible, pues la ciudad les provee de todo. Aunado a su veloz reproducción, encuentran en la Ciudad de México provisiones al por mayor, todo el tiempo: basureros, parques, puestos ambulantes, tianguis, mercados. Alimento de sobra. Además, la ciudad les permite andar casi sin ser vistas, pues están acostumbradas a andar pegadas a muros u objetos para permanecer fuera de la vista, pueden andar a tres dimensiones: bajo el suelo, en superficie e incluso trepar.

Pese a todo ello, la Ciudad de México no cuenta con un diagnóstico claro sobre la plaga de ratas, tampoco con un plan para eliminarlas ni una brigada que se dedique específicamente a ello. Ningún esfuerzo se conoce como los realizados por Nueva York o Chicago. En las universidades hay pocos acercamientos académicos al estudio de las ratas que habitan en la capital. Es decir, cualquier plan a implementarse, como el de la alcaldía Cuauhtémoc, sería casi a ciegas, pues no hay un protocolo, datos, estadística ni estrategia para su erradicación, por lo tanto tampoco presupuesto para esta labor.

La curiosidad mató al gato, afirma el dicho popular, algo que no aplica para las ratas, por lo cual la labor de eliminarlas se complica. El método tradicional de dejar alimento con veneno en sus madrigueras o cerca, como de hecho lo quiere implementar la alcaldía Cuauhtémoc, puede no ser tan efectivo, pues los roedores no caen tan fácil en la trampa.

Pueden incluso no tocar los alimentos nuevos durante dos días y además no suelen alejarse de sus madrigueras. “Para esta especie el rango de dispersión varía entre sexos, se ha registrado que las hembras se mueven 54.8 metros y los machos 66.1.Pero esto puede modificarse en periodos de reproducción y ser de 850 metros para hembras y 960 para los machos', cuenta Paola.

Además de esto, suelen migrar muy rápido y fácil. Por lo que de una madriguera en la Alameda Central, por ejemplo, si el entorno ya no les favorece, puede irse al drenaje, alcantarillas o a las vías del Metro, siempre y cuando tengan alimento al alcance, pero esto no es problema, en las grandes urbes encuentran de todo a todas horas.

Paola Martínez reflexiona que la plaga

de ratas no sería tan grande como es sin la participación de nosotros mismos: nuestros desperdicios son sus banquetes. La comida que tiramos les da provisiones de sobra y comen de todo: insectos, comida chatarra, carne, vegetales, lo que sea que encuentren. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad, ya que desperdiciamos y tiramos mucha comida, sobre todo en los restaurantes, mercados, tianguis, la comida que se les da a las aves o palomas en plazas y parques es también para las ratas” dice.

Por ello consideró que un plan efectivo para exterminar esta plaga debe, por fuerza, incluir un cambio de hábitos de los ciudadanos. Y urge, porque las ratas pueden transmitir enfermedades.

Carolina abordó su auto en la colonia San Rafael. No se enteró sino hasta que llegó a su destino que traía una rata a bordo. Nunca la escuchó, tampoco la vio. En todo su trayecto el roedor viajó con ella, en silencio, con total discreción, sin dar señales de vida. Y es que así funciona: los capitalinos compartimos la Ciudad de México con millones de roedores. La urbe es tan suya como nuestra, en ella encuentran su hábitat perfecto, la ocupan en su totalidad, en alcantarillas, parques, mercados, casas, de día y noche. Siempre están en todos los lugares, y a todas horas.

No hay un número oficial, avalado por alguna autoridad o una institución académica, que indique con cuántas ratas cohabitamos en la Ciudad de México. Se habla que hay entre seis y 10 ratas por habitante, lo que daría entre 54 y 90 millones de ratas. Casi imposible imaginarlas a todas juntas. “Yo no me atrevería a dar un número exacto, no lo conocemos, pero son millones”, dice en entrevista la investigadora de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México, Paola Martínez Duque.

Sin embargo, es posible darse una idea: una rata de ciudad se reproduce entre cuatro y cinco veces al año, con camadas de hasta 11 crías. Es decir, en un año una rata puede criar hasta 55 ejemplares, lo cual es bastante para pensar que hay millones de ellas en la capital.

La labor de eliminar a las ratas es una misión imposible, pues la ciudad les provee de todo. Aunado a su veloz reproducción, encuentran en la Ciudad de México provisiones al por mayor, todo el tiempo: basureros, parques, puestos ambulantes, tianguis, mercados. Alimento de sobra. Además, la ciudad les permite andar casi sin ser vistas, pues están acostumbradas a andar pegadas a muros u objetos para permanecer fuera de la vista, pueden andar a tres dimensiones: bajo el suelo, en superficie e incluso trepar.

Pese a todo ello, la Ciudad de México no cuenta con un diagnóstico claro sobre la plaga de ratas, tampoco con un plan para eliminarlas ni una brigada que se dedique específicamente a ello. Ningún esfuerzo se conoce como los realizados por Nueva York o Chicago. En las universidades hay pocos acercamientos académicos al estudio de las ratas que habitan en la capital. Es decir, cualquier plan a implementarse, como el de la alcaldía Cuauhtémoc, sería casi a ciegas, pues no hay un protocolo, datos, estadística ni estrategia para su erradicación, por lo tanto tampoco presupuesto para esta labor.

La curiosidad mató al gato, afirma el dicho popular, algo que no aplica para las ratas, por lo cual la labor de eliminarlas se complica. El método tradicional de dejar alimento con veneno en sus madrigueras o cerca, como de hecho lo quiere implementar la alcaldía Cuauhtémoc, puede no ser tan efectivo, pues los roedores no caen tan fácil en la trampa.

Pueden incluso no tocar los alimentos nuevos durante dos días y además no suelen alejarse de sus madrigueras. “Para esta especie el rango de dispersión varía entre sexos, se ha registrado que las hembras se mueven 54.8 metros y los machos 66.1.Pero esto puede modificarse en periodos de reproducción y ser de 850 metros para hembras y 960 para los machos', cuenta Paola.

Además de esto, suelen migrar muy rápido y fácil. Por lo que de una madriguera en la Alameda Central, por ejemplo, si el entorno ya no les favorece, puede irse al drenaje, alcantarillas o a las vías del Metro, siempre y cuando tengan alimento al alcance, pero esto no es problema, en las grandes urbes encuentran de todo a todas horas.

Paola Martínez reflexiona que la plaga

de ratas no sería tan grande como es sin la participación de nosotros mismos: nuestros desperdicios son sus banquetes. La comida que tiramos les da provisiones de sobra y comen de todo: insectos, comida chatarra, carne, vegetales, lo que sea que encuentren. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad, ya que desperdiciamos y tiramos mucha comida, sobre todo en los restaurantes, mercados, tianguis, la comida que se les da a las aves o palomas en plazas y parques es también para las ratas” dice.

Por ello consideró que un plan efectivo para exterminar esta plaga debe, por fuerza, incluir un cambio de hábitos de los ciudadanos. Y urge, porque las ratas pueden transmitir enfermedades.

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