/ sábado 10 de noviembre de 2018

Más de seis mil migrantes dejan la Magdalena Mixhuca; se dirigen hacia EU

A partir de las 4 de la mañana, los migrantes se levantaron y retomaron su travesía hacia los Estados Unidos

A partir de las 4 de la mañana, los más de seis mil centroamericanos que integran la caravana migrante y que aún continúan en la Ciudad de México comenzaron a levantarse para seguir su marcha hacia los Estados Unidos.

La señal fue un chiflido y el grito “vámonos, vamos, nos vámonos”. De inmediato se empezó a registrar movimiento en las tiendas de campaña, de donde eran recogidas cobijas y demás pertenencias de los migrantes.

Con la cara somnolienta, algunos niños lloraban porque sus padres los levantaban y los vestían para cubrirlos del frío.

Los adultos empezaron a enrollar sus cobijas, las mujeres comenzaron a llenar bolsas con su ropa y los pocos enceres que traen.

Chamarras, suéteres y gorras empezaron a surgir para cubrirse del frío, mientras que elementos de derechos humanos vigilaban que todo fuera correctamente.

Las puertas de la estación del Metro Ciudad Deportiva fueron abiertas antes de las 5 horas con la finalidad de transportar a los migrantes, quienes formaron cuatro filas para que el acceso al Metro fuera ordenado y sin problemas.

Los organizadores, con altavoces pedían que guardaran el orden “pues hay lugar para todos”.

María, madre de dos hijos, agradeció la solidaridad del pueblo de México por los alimentos y ropa que les dieron durante los días que permanecieron en la capital del país.

En tanto Jonatán, un niño de 11 años, dijo con el rostro triste: “qué lástima que nos vayamos, me gustó estar aquí”.

Algunos de los integrantes de las caravanas van en sillas de ruedas y algunos padres de familia desplegaron las carriolas para llevar a sus pequeños hijos de brazos.

Algunos llevaban en las manos algunas bolsas con frutas agua y un sándwich.

“Ya nos vamos, ya nos vamos, nadie nos detiene. Nos vamos a Querétaro, allí nos están esperando los compañeros que ayer partieron”.

Algunos migrantes se cubrían el rostro con tapabocas para cuidarse del frío y evitar posibles enfermedades respiratorias.

Los organizadores les gritaban que colaboraran, que nadie generará desorden. Unos les pedían que se pegaran a la pared.

El contingente, de alrededor de seis mil 800 centroamericanos provenientes Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua salían a toda prisa del estadio Jesús Martínez Palillo, pues ninguno quería quedarse atrás. Querían abordar lo más pronto posible los convoyes del Metro que los llevarán a la estación Cuatro Caminos para de ahí dirigirse a Querétaro.

Vilo Noel Martínez, uno de los coordinadores del contingente, expuso que luego de la negativa de las Naciones Unidas de proporcionarle autobuses que los trasladaran hacia el norte del país, elementos de derechos humanos los van a ir reguardando en su viaje hacia Querétaro para evitar posibles accidentes.

“Haremos una sola fila para evitar problemas vehiculares en esa importante arteria, y esperamos que la policía del Estado de México nos apoye”.

También comentó que el contingente se encuentran 20 mujeres en estado de embarazo y 600 niños, aproximadamente, así como varias decenas de personas de la tercera edad. “Por eso pedíamos el apoyo de las autoridades de la ONU para que nos ayudaran, sin embargo no lo hicieron”.

José, un joven hondureño en una carriola en forma de carro transportaba a su hijo, así como el Manuel, otro joven de no más de 23 años, llevaba en su carriola a su hija Minerva.

Todos caminaban rápido, no querían separarse o alejarse de sus familiares y amigos, no querían perderse.

Las mujeres ordenaban a sus parejas y a sus hijos que estuvieran tranquilos “pues Dios nos ha cuidado a lo largo de este trayecto y los seguirá haciendo, pues no estamos haciendo nada malo ya que solo buscamos una oportunidad para tener empleo y un mejor nivel de vida para nuestros hijos”.

Noel Martínez expuso que en Querétaro ya se encuentran instalados nueve albergues con ropa y alimentos. “Una vez más el pueblo de México da muestras de su solidaridad y apoyo, y esperamos que así continúe a lo largo de la caravana que nos llevará hacia Estados Unidos”.

Se espera que integrantes de Derechos Humanos del Estado de México también colaboren en la vigilancia de este contingente de centroamericanos.

Afuera de las instalaciones de la Magdalena Mixhuca, elementos de seguridad pública vigilaban que todo transcurra sin problemas.

Algunos pocos todavía se están levantando de su campamento, enrollan sus colchonetas y bolsas para dormir. Se deja escuchar el grito “vamos, banda, apúrenle, tenemos que llegar al Toreo para seguir a Querétaro”.

Los migrantes llevan sus cobijas sobre sus espaldas para cubrirse del frío, algunos pelotean para calentarse el cuerpo y soportar las bajas temperaturas. Algunos niños ayudan a sus papás llevando sobre sus espaldas algunas cosas.

Unos pocos se llevan los mapas de las rutas del Metro para evitar perderse. Los líderes, con altavoces en mano, les gritan “ya vámonos, ya vámonos, es hora de irnos”.



A partir de las 4 de la mañana, los más de seis mil centroamericanos que integran la caravana migrante y que aún continúan en la Ciudad de México comenzaron a levantarse para seguir su marcha hacia los Estados Unidos.

La señal fue un chiflido y el grito “vámonos, vamos, nos vámonos”. De inmediato se empezó a registrar movimiento en las tiendas de campaña, de donde eran recogidas cobijas y demás pertenencias de los migrantes.

Con la cara somnolienta, algunos niños lloraban porque sus padres los levantaban y los vestían para cubrirlos del frío.

Los adultos empezaron a enrollar sus cobijas, las mujeres comenzaron a llenar bolsas con su ropa y los pocos enceres que traen.

Chamarras, suéteres y gorras empezaron a surgir para cubrirse del frío, mientras que elementos de derechos humanos vigilaban que todo fuera correctamente.

Las puertas de la estación del Metro Ciudad Deportiva fueron abiertas antes de las 5 horas con la finalidad de transportar a los migrantes, quienes formaron cuatro filas para que el acceso al Metro fuera ordenado y sin problemas.

Los organizadores, con altavoces pedían que guardaran el orden “pues hay lugar para todos”.

María, madre de dos hijos, agradeció la solidaridad del pueblo de México por los alimentos y ropa que les dieron durante los días que permanecieron en la capital del país.

En tanto Jonatán, un niño de 11 años, dijo con el rostro triste: “qué lástima que nos vayamos, me gustó estar aquí”.

Algunos de los integrantes de las caravanas van en sillas de ruedas y algunos padres de familia desplegaron las carriolas para llevar a sus pequeños hijos de brazos.

Algunos llevaban en las manos algunas bolsas con frutas agua y un sándwich.

“Ya nos vamos, ya nos vamos, nadie nos detiene. Nos vamos a Querétaro, allí nos están esperando los compañeros que ayer partieron”.

Algunos migrantes se cubrían el rostro con tapabocas para cuidarse del frío y evitar posibles enfermedades respiratorias.

Los organizadores les gritaban que colaboraran, que nadie generará desorden. Unos les pedían que se pegaran a la pared.

El contingente, de alrededor de seis mil 800 centroamericanos provenientes Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua salían a toda prisa del estadio Jesús Martínez Palillo, pues ninguno quería quedarse atrás. Querían abordar lo más pronto posible los convoyes del Metro que los llevarán a la estación Cuatro Caminos para de ahí dirigirse a Querétaro.

Vilo Noel Martínez, uno de los coordinadores del contingente, expuso que luego de la negativa de las Naciones Unidas de proporcionarle autobuses que los trasladaran hacia el norte del país, elementos de derechos humanos los van a ir reguardando en su viaje hacia Querétaro para evitar posibles accidentes.

“Haremos una sola fila para evitar problemas vehiculares en esa importante arteria, y esperamos que la policía del Estado de México nos apoye”.

También comentó que el contingente se encuentran 20 mujeres en estado de embarazo y 600 niños, aproximadamente, así como varias decenas de personas de la tercera edad. “Por eso pedíamos el apoyo de las autoridades de la ONU para que nos ayudaran, sin embargo no lo hicieron”.

José, un joven hondureño en una carriola en forma de carro transportaba a su hijo, así como el Manuel, otro joven de no más de 23 años, llevaba en su carriola a su hija Minerva.

Todos caminaban rápido, no querían separarse o alejarse de sus familiares y amigos, no querían perderse.

Las mujeres ordenaban a sus parejas y a sus hijos que estuvieran tranquilos “pues Dios nos ha cuidado a lo largo de este trayecto y los seguirá haciendo, pues no estamos haciendo nada malo ya que solo buscamos una oportunidad para tener empleo y un mejor nivel de vida para nuestros hijos”.

Noel Martínez expuso que en Querétaro ya se encuentran instalados nueve albergues con ropa y alimentos. “Una vez más el pueblo de México da muestras de su solidaridad y apoyo, y esperamos que así continúe a lo largo de la caravana que nos llevará hacia Estados Unidos”.

Se espera que integrantes de Derechos Humanos del Estado de México también colaboren en la vigilancia de este contingente de centroamericanos.

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