/ domingo 5 de julio de 2020

¡Es una emergencia, paramédico en ruta!

Las emergencias en la Ciudad de México se tratan siempre como Covid. Así se vive un día de trabajo como paramédico en Iztapalapa

-Soy Eduardo Vigueras, soy paramédico operador y soy…

Lo interrumpe una orden en el radio.

-Permíteme… Adelante a la base… R10, R10 a la unidad, a la unidad…

Retoma la plática.

-Es que acaban de descontaminar la oficina en donde tenemos la radio operación, se descontamina con cloro entonces preferible que esté oliendo a cloro un ratito, ahora si… Mi nombre es Eduardo Vigueras, soy paramédico operador y soy el jefe de turno matutino del área intrahospitalaria de la alcaldía Iztapalapa.

Roberto Hernández | El Sol de México

Así arranca la jornada Eduardo que desde hace seis años es paramédico, pero que en este 2020 su trabajo, y el de sus compañeros, se intensificó con la emergencia por Covid-19. Sin embargo en los últimos días han visto una disminución de atenciones por esta enfermedad pues pasaron de un caso diario a no atender ninguno hasta en cuatro días.

Todo comienza en el turno, hay tres: matutino, vespertino y nocturno. Aunque tienen un horario establecido, si sale una emergencia o siguen atendiendo un caso, se quedan hasta el relevo en el lugar o hasta resolverlo ellos mismos, es decir, no hay ningún momento en que se quede sin unidades la alcaldía, las 24 horas del día, los 365 días del año. Siempre están activos.

Roberto Hernández | El Sol de México

Los paramédicos llegan a su turno, hacen un pase de lista y una activación física. Su base es austera, un espacio de estructuras de lámina, con muebles y sillones viejos donde pueden estar a la espera de un servicio, se ubica en el bajo puente del cruce de Periférico y Ermita, la base es conocida como Base Troya.

Actualmente tienen 14 unidades, tres de ellas son para traslados Covid: vienen forradas en plástico, aisladas en la cabina de la cajuela y traen lo que ellos llaman "burbuja", es decir la cámara donde aíslan a los pacientes.

Roberto Hernández | El Sol de México

A la charla se suma Karina Estrada, también paramédico de la alcaldía con dos años de experiencia, antes trabajaba en la Cruz Roja.

Se preparan y protegen con todo lo que está a su alcance, acuden al llamado. En todo momento se van coordinando por radio con los distintos cuerpos de emergencia y atención ciudadana por radio, celular o chats.

Roberto Hernández | El Sol de México

-¡K6, K6! voy en camino.

La clave para pedir ubicación es respondida. Llegan al lugar, hablan con los familiares, piden información del paciente, antecedentes, enfermedades, algún problema crónico.

Atienden a un hombre que no reacciona. Le hablan, le hacen preguntas. El hombre parece escuchar, pero no logra responder, tiene la mirada perdida, no está inconsciente, pero no puede moverse ni sostenerse de pie. Por la coloración de la piel y de los ojos, los paramédicos hacen un prediagnóstico de daño hepático, posiblemente una hepatitis viral.

Roberto Hernández | El Sol de México

Uno de los problemas que les ha generado mayor conciencia ante la pandemia, es que no se conoce la condición de los pacientes, que incluso ni ellos mismos saben.

Revisan con el oxímetro al paciente. No hay respuesta, el oxímetro no marca nada, el paciente no está oxigenando bien. El caso de este hombre que fue reportado porque se le bajó la presión, se volvió en una hepatitis viral con posibilidad de ser portador de Covid-19, poniendo en riesgo a paramédicos y familiares en el lugar.

Los paramédicos toman nota del paciente, hacen un prediagnóstico, y mientras lo siguen revisando, reportan el caso. Piden se haga el proceso para recibir al paciente en un hospital que no eligen ni los paramédicos ni los familiares.

Roberto Hernández | El Sol de México

-Mire señora, no podemos llevar a su familiar a donde ustedes quieran, ni a donde nosotros queramos, nos piden llevarlo a un hospital Covid. Usted está en su derecho de negarse al traslado, este es totalmente gratuito, si tiene una clínica particular cerca también se lo podemos llevar ahí, ustedes deciden.

La familia entró en crisis. Les da miedo que por ser hospitales Covid, se contagien, pero la mayoría acepta. Mientras, un policía da cuenta de lo que sucede para reportar… es el único que no porta un cubrebocas.

Eduardo y Karina terminan el traslado y regresan a la base donde todo se desinfecta.

Roberto Hernández | El Sol de México

“El policía ahí no traía cubrebocas ni nada. El tema con los policías es que tenemos muchos enfermos de Covid precisamente por eso. Hemos tenido que ir a revisarlos a las patrullas, bases, tienen contacto directo con toda la población y si no se cuidan, imagínate”, dice Eduardo.

Y lo complementa Karina: “llegamos al servicios o al policía que tiene el primer contacto y los ves sin cubrebocas y si les haces el comentario se llegan a molestar y dicen ‘pues ni siquiera me dan uno’. Si no lo tengo busco la forma de conseguirlo porque es tu salud y pones en riesgo a tu familia”.

Roberto Hernández | El Sol de México

Mientras esperan el siguiente servicio en la base, ellos platican, se ríen, se cuentan los últimos chismes, bromean, platican lo que les pasó en el trabajo. Se divierten, sufren, ríen y lloran, hay mucho compañerismo.

Llega la pizza, comerán juntos. Pero apenas pasan bocado, cae otro reporte.

Salen a toda velocidad, lidian con el tráfico que ya empieza a verse normal y con autos que se atraviesan. Sin embargo, llegan al sitio y ya no hay personas, reportan un R3, la clave para decir que ya no se requirió el servicio. Pero recién lo reportan y ya tienen uno nuevo: atención para un menor de edad por asfixia.

Roberto Hernández | El Sol de México

Un niño de 3 años no reacciona. Los valoran y se dan cuenta que tiene una infección en la garganta, fiebre de 40 grados y debilidad, otra vez, se ha vuelto un caso de posible Covid. Pero la familia decide que no sea trasladado a un hospital.

“Se les explica. A pesar de la pandemia incrementamos el equipo de protección personal para nosotros y también para pacientes y quienes nos rodean. En todos los servicios si se trata de explicar a todos los familiares y al paciente el protocolo a seguir o las indicaciones a tomar en cuenta, a veces tienen mala información”, cuenta Karina.

Durante la emergencia, ella ha sido agredida física y verbalmente. Al verla con el uniforme le aventaron cloro, también ha recibido insultos.

Roberto Hernández | El Sol de México

-Incluso hay personas que aún dicen que no es real, ¿cómo se sienten?, pregunta el fotógrafo

-Sentimos frustración porque si la gente se expone más, a nosotros nos expone más y si es un cierto grado de impotencia, de enojo de que no se cuiden, andan sin cubrebocas, sin sana distancia… Llevamos más de 15 mil muertos y que me digas que no existe es una tontería de parte de ellos, hay familiares de compañeros, papás de compañeros que ya han perdido la batalla. No nos pueden decir que no existe, es un tema muy delicado.

Hay otro llamado. Durante el camino y manejando velozmente, el paramédico relata sereno de qué se trata su trabajo y sus experiencias. Todo con el sonido de la sirena de fondo que contrasta con la tranquilidad que él emite.

Roberto Hernández | El Sol de México

Ahora se trata de un hombre que fue embestido mientras circulaba en motocicleta. En la avenida hay un caos, pero logran llegar dos ambulancias al mismo tiempo pues estaban cerca. Eduardo y Karina atienden al paciente, tienen contacto directo con las heridas expuestas y sangre, el caso no parece sospechoso de Covid.

Después Eduardo explica que a veces llegan antes las ambulancias de servicios privados, o las conocidas como ambulancias patito, que prestan el mismo servicio, pero cobran. Incluso han sido agredidos por los paramédicos de estos servicios privados.

Para él, atender una volcadura le representa un reto por la adrenalina en el momento, pero confiesa que un paciente enfermo es un desafío mayor que un paciente traumático.

“Por ejemplo, en un lesionado de arma de fuego, la situación de los familiares es desesperante para ellos. Cuando llegamos piensan cómo ‘es el taxi, vete ya’, pero pues no porque tienes primero estabilizar al paciente, su regulación y todavía toma tiempo, tardan en contestarte, valoramos la seguridad de la escena en la que estamos. Tienes que estar centrada en el paciente”, agrega Karina.

Roberto Hernández | El Sol de México

Al día de este par de profesionales le resta sólo una emergencia más por atender. Minutos antes de una intensa lluvia, los han solicitado para auxiliar a un hombre que cayó en una obra particular.

El hombre parece desorientado, al parecer tuvo una fractura de clavícula y de cráneo, además de la lesión en la espalda que le impide moverse. Está molesto con los paramédicos y les pide que lo dejen hacer lo que él quiere, pero ellos le explican que está en riesgo su vida. “Por favor haga caso a las indicaciones”, le insisten.

Roberto Hernández | El Sol de México

Logran subirlo a la ambulancia, pero en apenas pocos minutos toda la calle está afuera de la casa atenta del accidente.

Durante el trayecto no dejan de ver por la salud del hombre, a pesar de que se queja porque “no lo dejan” hacer lo que él quiere'.

Roberto Hernández | El Sol de México

-¡Déjame sentarme, quiero vomitar!

-Vomite señor, no pasa nada, para eso estamos.

- ¡Chinga, párate! Me quiero sentar, no seas mala.

- Señor no se puede mover, por favor, haga caso.

- ¡Pinches cabrones! ¡Déjenme sentarme!

Es un camino lleno de quejas, hasta que en cuestión de minutos llegan al hospital. Al equipo de este diario le toca esperar desde las puertas de emergencia. Mientras, llega otra ambulancia, una atención del ERUM.

Roberto Hernández | El Sol de México

“Les traemos otro código blanco”, explican desde la ambulancia para lograr atención. Código blanco es la clave para paciente sospechoso de Covid-19.

“Y aún así la gente piensa que es mentira, ¿¡tú crees!?”, dice Eduardo al regresar de nuevo a su unidad después de dirigir al paciente que, aunque enojado, aceptó ser atendido.

Termina así la jornada de Karina y Eduardo. Hay que entregar la ambulancia y darse otro baño con sanitizante.

A los paramédicos les pega también en el ánimo la pandemia, tienen miedo de contagiar a sus familias y por eso extreman las precauciones al máximo, no les importa recibir un baño de cloro con tal de no poner en riesgo a los suyos.

Roberto Hernández | El Sol de México

Toca regresar a casa. "Acabas muy estresado por estar a cargo de un turno, mi forma (de desestres) es un baño y a dormir. Y compartiendo las vivencias, llegan y empiezan a contar sus servicios, incluso a buscar apoyo en cuanto a dudas, dicen 'oye mi paciente estaba así… ¿tú como ves?'. Tratamos también de sacar del estrés en el que están a los pacientes, finalmente un paciente enfermo está estresado, le duele hay con quienes puedes hacer un chascarillo y lo sacas por completo de lo que está".

Eduardo y Karina regresarán de nuevo para el turno matutino, pero piden a todos los que salen a las calles que les ayuden a hacer su trabajo al cumplir con las medidas sanitarias para así cuidarse entre todos.

Con información de Maleny Navarro


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-Soy Eduardo Vigueras, soy paramédico operador y soy…

Lo interrumpe una orden en el radio.

-Permíteme… Adelante a la base… R10, R10 a la unidad, a la unidad…

Retoma la plática.

-Es que acaban de descontaminar la oficina en donde tenemos la radio operación, se descontamina con cloro entonces preferible que esté oliendo a cloro un ratito, ahora si… Mi nombre es Eduardo Vigueras, soy paramédico operador y soy el jefe de turno matutino del área intrahospitalaria de la alcaldía Iztapalapa.

Roberto Hernández | El Sol de México

Así arranca la jornada Eduardo que desde hace seis años es paramédico, pero que en este 2020 su trabajo, y el de sus compañeros, se intensificó con la emergencia por Covid-19. Sin embargo en los últimos días han visto una disminución de atenciones por esta enfermedad pues pasaron de un caso diario a no atender ninguno hasta en cuatro días.

Todo comienza en el turno, hay tres: matutino, vespertino y nocturno. Aunque tienen un horario establecido, si sale una emergencia o siguen atendiendo un caso, se quedan hasta el relevo en el lugar o hasta resolverlo ellos mismos, es decir, no hay ningún momento en que se quede sin unidades la alcaldía, las 24 horas del día, los 365 días del año. Siempre están activos.

Roberto Hernández | El Sol de México

Los paramédicos llegan a su turno, hacen un pase de lista y una activación física. Su base es austera, un espacio de estructuras de lámina, con muebles y sillones viejos donde pueden estar a la espera de un servicio, se ubica en el bajo puente del cruce de Periférico y Ermita, la base es conocida como Base Troya.

Actualmente tienen 14 unidades, tres de ellas son para traslados Covid: vienen forradas en plástico, aisladas en la cabina de la cajuela y traen lo que ellos llaman "burbuja", es decir la cámara donde aíslan a los pacientes.

Roberto Hernández | El Sol de México

A la charla se suma Karina Estrada, también paramédico de la alcaldía con dos años de experiencia, antes trabajaba en la Cruz Roja.

Se preparan y protegen con todo lo que está a su alcance, acuden al llamado. En todo momento se van coordinando por radio con los distintos cuerpos de emergencia y atención ciudadana por radio, celular o chats.

Roberto Hernández | El Sol de México

-¡K6, K6! voy en camino.

La clave para pedir ubicación es respondida. Llegan al lugar, hablan con los familiares, piden información del paciente, antecedentes, enfermedades, algún problema crónico.

Atienden a un hombre que no reacciona. Le hablan, le hacen preguntas. El hombre parece escuchar, pero no logra responder, tiene la mirada perdida, no está inconsciente, pero no puede moverse ni sostenerse de pie. Por la coloración de la piel y de los ojos, los paramédicos hacen un prediagnóstico de daño hepático, posiblemente una hepatitis viral.

Roberto Hernández | El Sol de México

Uno de los problemas que les ha generado mayor conciencia ante la pandemia, es que no se conoce la condición de los pacientes, que incluso ni ellos mismos saben.

Revisan con el oxímetro al paciente. No hay respuesta, el oxímetro no marca nada, el paciente no está oxigenando bien. El caso de este hombre que fue reportado porque se le bajó la presión, se volvió en una hepatitis viral con posibilidad de ser portador de Covid-19, poniendo en riesgo a paramédicos y familiares en el lugar.

Los paramédicos toman nota del paciente, hacen un prediagnóstico, y mientras lo siguen revisando, reportan el caso. Piden se haga el proceso para recibir al paciente en un hospital que no eligen ni los paramédicos ni los familiares.

Roberto Hernández | El Sol de México

-Mire señora, no podemos llevar a su familiar a donde ustedes quieran, ni a donde nosotros queramos, nos piden llevarlo a un hospital Covid. Usted está en su derecho de negarse al traslado, este es totalmente gratuito, si tiene una clínica particular cerca también se lo podemos llevar ahí, ustedes deciden.

La familia entró en crisis. Les da miedo que por ser hospitales Covid, se contagien, pero la mayoría acepta. Mientras, un policía da cuenta de lo que sucede para reportar… es el único que no porta un cubrebocas.

Eduardo y Karina terminan el traslado y regresan a la base donde todo se desinfecta.

Roberto Hernández | El Sol de México

“El policía ahí no traía cubrebocas ni nada. El tema con los policías es que tenemos muchos enfermos de Covid precisamente por eso. Hemos tenido que ir a revisarlos a las patrullas, bases, tienen contacto directo con toda la población y si no se cuidan, imagínate”, dice Eduardo.

Y lo complementa Karina: “llegamos al servicios o al policía que tiene el primer contacto y los ves sin cubrebocas y si les haces el comentario se llegan a molestar y dicen ‘pues ni siquiera me dan uno’. Si no lo tengo busco la forma de conseguirlo porque es tu salud y pones en riesgo a tu familia”.

Roberto Hernández | El Sol de México

Mientras esperan el siguiente servicio en la base, ellos platican, se ríen, se cuentan los últimos chismes, bromean, platican lo que les pasó en el trabajo. Se divierten, sufren, ríen y lloran, hay mucho compañerismo.

Llega la pizza, comerán juntos. Pero apenas pasan bocado, cae otro reporte.

Salen a toda velocidad, lidian con el tráfico que ya empieza a verse normal y con autos que se atraviesan. Sin embargo, llegan al sitio y ya no hay personas, reportan un R3, la clave para decir que ya no se requirió el servicio. Pero recién lo reportan y ya tienen uno nuevo: atención para un menor de edad por asfixia.

Roberto Hernández | El Sol de México

Un niño de 3 años no reacciona. Los valoran y se dan cuenta que tiene una infección en la garganta, fiebre de 40 grados y debilidad, otra vez, se ha vuelto un caso de posible Covid. Pero la familia decide que no sea trasladado a un hospital.

“Se les explica. A pesar de la pandemia incrementamos el equipo de protección personal para nosotros y también para pacientes y quienes nos rodean. En todos los servicios si se trata de explicar a todos los familiares y al paciente el protocolo a seguir o las indicaciones a tomar en cuenta, a veces tienen mala información”, cuenta Karina.

Durante la emergencia, ella ha sido agredida física y verbalmente. Al verla con el uniforme le aventaron cloro, también ha recibido insultos.

Roberto Hernández | El Sol de México

-Incluso hay personas que aún dicen que no es real, ¿cómo se sienten?, pregunta el fotógrafo

-Sentimos frustración porque si la gente se expone más, a nosotros nos expone más y si es un cierto grado de impotencia, de enojo de que no se cuiden, andan sin cubrebocas, sin sana distancia… Llevamos más de 15 mil muertos y que me digas que no existe es una tontería de parte de ellos, hay familiares de compañeros, papás de compañeros que ya han perdido la batalla. No nos pueden decir que no existe, es un tema muy delicado.

Hay otro llamado. Durante el camino y manejando velozmente, el paramédico relata sereno de qué se trata su trabajo y sus experiencias. Todo con el sonido de la sirena de fondo que contrasta con la tranquilidad que él emite.

Roberto Hernández | El Sol de México

Ahora se trata de un hombre que fue embestido mientras circulaba en motocicleta. En la avenida hay un caos, pero logran llegar dos ambulancias al mismo tiempo pues estaban cerca. Eduardo y Karina atienden al paciente, tienen contacto directo con las heridas expuestas y sangre, el caso no parece sospechoso de Covid.

Después Eduardo explica que a veces llegan antes las ambulancias de servicios privados, o las conocidas como ambulancias patito, que prestan el mismo servicio, pero cobran. Incluso han sido agredidos por los paramédicos de estos servicios privados.

Para él, atender una volcadura le representa un reto por la adrenalina en el momento, pero confiesa que un paciente enfermo es un desafío mayor que un paciente traumático.

“Por ejemplo, en un lesionado de arma de fuego, la situación de los familiares es desesperante para ellos. Cuando llegamos piensan cómo ‘es el taxi, vete ya’, pero pues no porque tienes primero estabilizar al paciente, su regulación y todavía toma tiempo, tardan en contestarte, valoramos la seguridad de la escena en la que estamos. Tienes que estar centrada en el paciente”, agrega Karina.

Roberto Hernández | El Sol de México

Al día de este par de profesionales le resta sólo una emergencia más por atender. Minutos antes de una intensa lluvia, los han solicitado para auxiliar a un hombre que cayó en una obra particular.

El hombre parece desorientado, al parecer tuvo una fractura de clavícula y de cráneo, además de la lesión en la espalda que le impide moverse. Está molesto con los paramédicos y les pide que lo dejen hacer lo que él quiere, pero ellos le explican que está en riesgo su vida. “Por favor haga caso a las indicaciones”, le insisten.

Roberto Hernández | El Sol de México

Logran subirlo a la ambulancia, pero en apenas pocos minutos toda la calle está afuera de la casa atenta del accidente.

Durante el trayecto no dejan de ver por la salud del hombre, a pesar de que se queja porque “no lo dejan” hacer lo que él quiere'.

Roberto Hernández | El Sol de México

-¡Déjame sentarme, quiero vomitar!

-Vomite señor, no pasa nada, para eso estamos.

- ¡Chinga, párate! Me quiero sentar, no seas mala.

- Señor no se puede mover, por favor, haga caso.

- ¡Pinches cabrones! ¡Déjenme sentarme!

Es un camino lleno de quejas, hasta que en cuestión de minutos llegan al hospital. Al equipo de este diario le toca esperar desde las puertas de emergencia. Mientras, llega otra ambulancia, una atención del ERUM.

Roberto Hernández | El Sol de México

“Les traemos otro código blanco”, explican desde la ambulancia para lograr atención. Código blanco es la clave para paciente sospechoso de Covid-19.

“Y aún así la gente piensa que es mentira, ¿¡tú crees!?”, dice Eduardo al regresar de nuevo a su unidad después de dirigir al paciente que, aunque enojado, aceptó ser atendido.

Termina así la jornada de Karina y Eduardo. Hay que entregar la ambulancia y darse otro baño con sanitizante.

A los paramédicos les pega también en el ánimo la pandemia, tienen miedo de contagiar a sus familias y por eso extreman las precauciones al máximo, no les importa recibir un baño de cloro con tal de no poner en riesgo a los suyos.

Roberto Hernández | El Sol de México

Toca regresar a casa. "Acabas muy estresado por estar a cargo de un turno, mi forma (de desestres) es un baño y a dormir. Y compartiendo las vivencias, llegan y empiezan a contar sus servicios, incluso a buscar apoyo en cuanto a dudas, dicen 'oye mi paciente estaba así… ¿tú como ves?'. Tratamos también de sacar del estrés en el que están a los pacientes, finalmente un paciente enfermo está estresado, le duele hay con quienes puedes hacer un chascarillo y lo sacas por completo de lo que está".

Eduardo y Karina regresarán de nuevo para el turno matutino, pero piden a todos los que salen a las calles que les ayuden a hacer su trabajo al cumplir con las medidas sanitarias para así cuidarse entre todos.

Con información de Maleny Navarro


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