/ sábado 28 de marzo de 2020

Prometen ayuda a los “cerillitos” de la tercera edad

Ante la presión social las tiendas de autoservicio debieron prescindir de sus empacadores voluntarios de la tercera edad; además limitan compras excesivas por persona

“En menos de 10 minutos nos dijeron que ya no podíamos estar en la tienda por el problema que había (de la propagación del coronavirus), nos explicaron que colocarían una cajita con el propósito de que los clientes depositaran en ella una propina para nosotros y que el supermercado nos pondría otra cantidad igual”, señala doña María, quien hasta el jueves 19 de marzo se presentó a laborar como empacadora (“cerillo”) en un Soriana de Iztapalapa y que de pronto se quedó sin esa entrada “extra”, que la apoyaba en sus gastos.

Ante la presión social que sufrieron los supermercados para que dejaran ir a sus casas a sus empacadores voluntarios de la tercera edad, debido a que son los más vulnerables de sufrir complicaciones ante la expansión del Covid-19, estas tiendas decidieron echar mano de otros recursos para que esta población no se viera afectada.

Sin embargo, las medidas utilizadas por los supermercados no fueron las mismas, ya que por ejemplo en Walmart, el corporativo anunció el 21 de marzo que prescindía de sus empacadores voluntarios de la tercera edad y que les entregaba una ayuda.

"Les dimos un apoyo económico para sobrellevar esta crisis y estamos contemplando medidas adicionales para apoyarlos. Como ejemplo de estas medidas adicionales, a principios de abril les habremos de proporcionar gratuitamente una despensa con alimentos básicos para dos personas por dos semanas", se lee en un comunicado del corporativo.

Los “cerillos”, que en su momento fueron menores de edad que se ayudaban para continuar con sus estudios y que después fueron personas mayores de 60 años, trabajan de manera voluntaria en estos lugares; es decir, no tienen ningún tipo de prestación. No reciben sueldo, ni aguinaldo, vacaciones o seguro social. Están ahí por las propinas que dan los clientes.

Para ser parte de esta brigada de voluntarios les piden comprobar que son personas jubiladas y que tienen seguro social.

La discriminación de llegar a los 60 años

En México, cuando una persona no tiene empleo y es mayor a 60 años es estar condenado al subempleo, o a aceptar trabajos de salario mínimo. Pocas empresas aceptan a este sector de la población y les ofrece seguro social, como es el caso de las dedicadas al cobro de estacionamientos en supermercados. Aquí no importa la edad, se debe cumplir con un horario de ocho horas, seis días a la semana; la paga: el sueldo mínimo.

De acuerdo con datos de la Subsecretaría de Empleo y Productividad de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo local, en la Ciudad de México hay siete millones 243 mil 424 Personas Económicamente Activas, de las cuales sólo seis por ciento tiene más de 60 años; es decir, 434 mil 605 personas. Aquí no se especifica de este sector cuántos están del lado formal o informal.

Además, existe otro sector de la población, en el que se ubica a doña Mary, que labora en una empresa de manera voluntaria sin un salario y que sólo reciben propinas. Según cifras de la Subsecretaria de Empleo en su informe sobre el comportamiento laboral de marzo de 2020 en la capital del país trabajan de esta manera 87 mil 90 personas.

Toda una vida de trabajo

Doña Mary, quien tiene 75 años de edad, trabajó toda su vida como vendedora de tienda y ahora recibe su jubilación, pero como no le alcanza y le gusta ganarse “unos centavos” por eso decidió irse de “cerillo” al Soriana de San Lorenzo, en la alcaldía de Iztapalapa; ahí tiene la oportunidad de obtener más de un salario mínimo en propinas sin necesidad de un horario de ocho horas.

En entrevista con El Sol de México indica que en la tienda trabajaban hasta el 19 de marzo 21 empacadores voluntarios de la tercera edad en tres turnos, cinco de 8:00 a 12:30 horas; ocho de 12:30 a 17:00 horas; y ocho de 17:00 a 22:00 horas.

Ella laboraba en el segundo turno de 12:30 a 17:00 horas y en la tienda sólo había tres cajas, así es que los turnaban, trabajaban media hora y esperaban a que les tocara de nuevo. Eso sí debía ser de las primeras en llegar para que le tocara la primera ronda “al que madruga, Dios lo ayuda”. Descansaba sólo un día entre semana, ya que el domingo estaban todos porque era el día de mayor venta.

Había incertidumbre por los primeros casos registrados del Covid-19, no sabía qué pasaría en su trabajo hasta que el jueves 19 de marzo a las 17:00 horas les avisaron a los empacadores del segundo y tercer turnos que era el último día de trabajo hasta nuevo aviso. A los empacadores de la mañana les avisarían por teléfono para que no se presentaran al día siguiente.

El aliciente fue que no se irían con las manos vacías, ya que se buscaría la manera de ayudarlos económicamente, pues nadie sabe con certeza cuánto tiempo durará la contingencia sanitaria. La tienda pondría una especie de contenedor o buzón en cada una de las cajas para que los clientes depositen una propina o ayuda a los empacadores voluntarios de la tercera edad que debieron irse a casa.

En una postura oficial, Soriana informa que del dinero depositado a sus "cerillitos", la empresa entregará otra cantidad igual y que la distribuirá en partes iguales dependiendo del número de empacadores de cada tienda. Sus trabajadores de la tercera edad deberán recoger lo que se junte el día que quieran, ya que se hace un corte diariamente.

"Soriana pone a disposición en punto de venta, una caja sellada con una ranura en la parte superior, para que nuestros clientes de manera voluntaria puedan dar su propina a los empacadores voluntarios mayores. Será responsabilidad del Gerente de cada tienda asegurar el manejo correcto de las propinas al finalizar el día", expone la tienda en un comunicado.

Doña María tiene una hija casada y una nieta de 15 años. Vive sola en un departamento que está cerca de la tienda donde labora. Manifiesta que siempre ha trabajado, y que no le gusta pedir cosas o dinero a su hija o a su yerno, por eso se gana su dinero, pero ahora deberá limitarse a lo que recibe de su jubilación, cerrará bien su casa y pasará estos días en casa de su hija hasta que se pueda incorporar de nuevo a sus labores.

Apenas se fueron y ya se les extraña

Mientras doña Mary espera en casa a que pase la contingencia, en la tienda se extraña a sus "cerillos". Soriana pide a sus clientes empacar sus propios productos y los que acostumbran a comprar en estas tiendas ya padecen las largas filas que se hacen debido a la falta de pericia de los propios compradores que echan aleatoriamente y sin ningún orden sus productos en bolsas de tela.

Los que se desesperan rompen las reglas de la sana distancia, juntan los carros, como si de esa manera apresuraran al cliente que está empacando a hacerlo de manera rápida y ordenada.

En Walmart utilizan otro método para empacar los productos, los cajeros de otros turnos están haciendo la labor de "cerillos" y de paso se ganan un dinero extra con las propinas de los clientes.

Contingencia

Ante la situación sanitaria, las tiendas de autoservicio se han dedicado a mejorar la higiene, no sólo dan gel antibacterial a sus clientes a la entrada de sus locales, sino que también han destinado a personal que sanitice los carros utilizados para llevar los productos.

Y ante la posibilidad de compras de pánico también ya se anunció que no se permitirá que los clientes se excedan en el número de artículos de primera necesidad.

En la tienda Soriana la clientela no puede adquirir más de dos bolsas de dos kilos de azúcar por persona; también es el caso de que no se venden más de dos piezas de frascos de café soluble, no más de dos bolsas de 36 rollos de papel higiénico, no más de dos botellas de cloro de cuatro litros y sólo seis latas de atún, de sardina, de frijol, sopas o pastas secas, así como leches evaporadas y condensadas.


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“En menos de 10 minutos nos dijeron que ya no podíamos estar en la tienda por el problema que había (de la propagación del coronavirus), nos explicaron que colocarían una cajita con el propósito de que los clientes depositaran en ella una propina para nosotros y que el supermercado nos pondría otra cantidad igual”, señala doña María, quien hasta el jueves 19 de marzo se presentó a laborar como empacadora (“cerillo”) en un Soriana de Iztapalapa y que de pronto se quedó sin esa entrada “extra”, que la apoyaba en sus gastos.

Ante la presión social que sufrieron los supermercados para que dejaran ir a sus casas a sus empacadores voluntarios de la tercera edad, debido a que son los más vulnerables de sufrir complicaciones ante la expansión del Covid-19, estas tiendas decidieron echar mano de otros recursos para que esta población no se viera afectada.

Sin embargo, las medidas utilizadas por los supermercados no fueron las mismas, ya que por ejemplo en Walmart, el corporativo anunció el 21 de marzo que prescindía de sus empacadores voluntarios de la tercera edad y que les entregaba una ayuda.

"Les dimos un apoyo económico para sobrellevar esta crisis y estamos contemplando medidas adicionales para apoyarlos. Como ejemplo de estas medidas adicionales, a principios de abril les habremos de proporcionar gratuitamente una despensa con alimentos básicos para dos personas por dos semanas", se lee en un comunicado del corporativo.

Los “cerillos”, que en su momento fueron menores de edad que se ayudaban para continuar con sus estudios y que después fueron personas mayores de 60 años, trabajan de manera voluntaria en estos lugares; es decir, no tienen ningún tipo de prestación. No reciben sueldo, ni aguinaldo, vacaciones o seguro social. Están ahí por las propinas que dan los clientes.

Para ser parte de esta brigada de voluntarios les piden comprobar que son personas jubiladas y que tienen seguro social.

La discriminación de llegar a los 60 años

En México, cuando una persona no tiene empleo y es mayor a 60 años es estar condenado al subempleo, o a aceptar trabajos de salario mínimo. Pocas empresas aceptan a este sector de la población y les ofrece seguro social, como es el caso de las dedicadas al cobro de estacionamientos en supermercados. Aquí no importa la edad, se debe cumplir con un horario de ocho horas, seis días a la semana; la paga: el sueldo mínimo.

De acuerdo con datos de la Subsecretaría de Empleo y Productividad de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo local, en la Ciudad de México hay siete millones 243 mil 424 Personas Económicamente Activas, de las cuales sólo seis por ciento tiene más de 60 años; es decir, 434 mil 605 personas. Aquí no se especifica de este sector cuántos están del lado formal o informal.

Además, existe otro sector de la población, en el que se ubica a doña Mary, que labora en una empresa de manera voluntaria sin un salario y que sólo reciben propinas. Según cifras de la Subsecretaria de Empleo en su informe sobre el comportamiento laboral de marzo de 2020 en la capital del país trabajan de esta manera 87 mil 90 personas.

Toda una vida de trabajo

Doña Mary, quien tiene 75 años de edad, trabajó toda su vida como vendedora de tienda y ahora recibe su jubilación, pero como no le alcanza y le gusta ganarse “unos centavos” por eso decidió irse de “cerillo” al Soriana de San Lorenzo, en la alcaldía de Iztapalapa; ahí tiene la oportunidad de obtener más de un salario mínimo en propinas sin necesidad de un horario de ocho horas.

En entrevista con El Sol de México indica que en la tienda trabajaban hasta el 19 de marzo 21 empacadores voluntarios de la tercera edad en tres turnos, cinco de 8:00 a 12:30 horas; ocho de 12:30 a 17:00 horas; y ocho de 17:00 a 22:00 horas.

Ella laboraba en el segundo turno de 12:30 a 17:00 horas y en la tienda sólo había tres cajas, así es que los turnaban, trabajaban media hora y esperaban a que les tocara de nuevo. Eso sí debía ser de las primeras en llegar para que le tocara la primera ronda “al que madruga, Dios lo ayuda”. Descansaba sólo un día entre semana, ya que el domingo estaban todos porque era el día de mayor venta.

Había incertidumbre por los primeros casos registrados del Covid-19, no sabía qué pasaría en su trabajo hasta que el jueves 19 de marzo a las 17:00 horas les avisaron a los empacadores del segundo y tercer turnos que era el último día de trabajo hasta nuevo aviso. A los empacadores de la mañana les avisarían por teléfono para que no se presentaran al día siguiente.

El aliciente fue que no se irían con las manos vacías, ya que se buscaría la manera de ayudarlos económicamente, pues nadie sabe con certeza cuánto tiempo durará la contingencia sanitaria. La tienda pondría una especie de contenedor o buzón en cada una de las cajas para que los clientes depositen una propina o ayuda a los empacadores voluntarios de la tercera edad que debieron irse a casa.

En una postura oficial, Soriana informa que del dinero depositado a sus "cerillitos", la empresa entregará otra cantidad igual y que la distribuirá en partes iguales dependiendo del número de empacadores de cada tienda. Sus trabajadores de la tercera edad deberán recoger lo que se junte el día que quieran, ya que se hace un corte diariamente.

"Soriana pone a disposición en punto de venta, una caja sellada con una ranura en la parte superior, para que nuestros clientes de manera voluntaria puedan dar su propina a los empacadores voluntarios mayores. Será responsabilidad del Gerente de cada tienda asegurar el manejo correcto de las propinas al finalizar el día", expone la tienda en un comunicado.

Doña María tiene una hija casada y una nieta de 15 años. Vive sola en un departamento que está cerca de la tienda donde labora. Manifiesta que siempre ha trabajado, y que no le gusta pedir cosas o dinero a su hija o a su yerno, por eso se gana su dinero, pero ahora deberá limitarse a lo que recibe de su jubilación, cerrará bien su casa y pasará estos días en casa de su hija hasta que se pueda incorporar de nuevo a sus labores.

Apenas se fueron y ya se les extraña

Mientras doña Mary espera en casa a que pase la contingencia, en la tienda se extraña a sus "cerillos". Soriana pide a sus clientes empacar sus propios productos y los que acostumbran a comprar en estas tiendas ya padecen las largas filas que se hacen debido a la falta de pericia de los propios compradores que echan aleatoriamente y sin ningún orden sus productos en bolsas de tela.

Los que se desesperan rompen las reglas de la sana distancia, juntan los carros, como si de esa manera apresuraran al cliente que está empacando a hacerlo de manera rápida y ordenada.

En Walmart utilizan otro método para empacar los productos, los cajeros de otros turnos están haciendo la labor de "cerillos" y de paso se ganan un dinero extra con las propinas de los clientes.

Contingencia

Ante la situación sanitaria, las tiendas de autoservicio se han dedicado a mejorar la higiene, no sólo dan gel antibacterial a sus clientes a la entrada de sus locales, sino que también han destinado a personal que sanitice los carros utilizados para llevar los productos.

Y ante la posibilidad de compras de pánico también ya se anunció que no se permitirá que los clientes se excedan en el número de artículos de primera necesidad.

En la tienda Soriana la clientela no puede adquirir más de dos bolsas de dos kilos de azúcar por persona; también es el caso de que no se venden más de dos piezas de frascos de café soluble, no más de dos bolsas de 36 rollos de papel higiénico, no más de dos botellas de cloro de cuatro litros y sólo seis latas de atún, de sardina, de frijol, sopas o pastas secas, así como leches evaporadas y condensadas.


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