/ sábado 23 de noviembre de 2019

¿Qué hay de nuevo viejo? Así es viajar en el nuevo Trolebús

Se mantiene la saturación de usuarios en Eje Central; la novedad es que hay lugares para mujeres y personas discapacitadas, cámaras de vigilancia y no hace ruido

"Igual que los otros”, dice para sí, pero también para los demás, una señora que aborda la unidad en la parada de Santa Veracruz, sobre el Eje Central. Lleva consigo un carrito del mercado, el cual sube al autobús sin ningún esfuerzo, pues en el acceso no están esos tres escalones que parecen monumentales para la gente mayor. Su comentario apunta a que, como siempre, las nuevas unidades del Trolebús van a reventar de lo saturadas que van.

Y tiene razón. Por mucho que los 40 nuevos trolebuses sean de última generación -con tecnología china de la marca Yutong- esto no provoca que la saturación desaparezca. Incluso las nuevas unidades tienen menos asientos: 28 frente a 38 que tienen las viejas, que hasta el martes pasado eran las más nuevas en circulación del Servicio de Transportes Eléctricos.

Hablando de asientos, en los nuevos trolebuses todavía no es respetada del todo el área exclusiva para mujeres, que está en la parte trasera de las unidades. Pero la saturación lo complica todo, pues si un hombre decide no sentarse en un asiento reservado, tendría que permanecer parado en la parte delantera o en medio de la unidad, y esto bloquearía el paso del resto de los pasajeros.

En el corredor de Eje Central los viajes en trolebús son los mismos, pero no son iguales. En los nuevos modelos se percibe la satisfacción de los usuarios. Los menos discretos le toman foto al subir o bajar de la unidad. Los más reservados viajan sonriendo, analizando el interior de los nuevos autobuses, en medio de un silencio que se agradece, solamente roto por la estación de radio que sintoniza el operador.

A diferencia de los viejos trolebuses, los nuevos viajan casi en silencio. No hay señal del motor o las suspensiones. En las antiguas unidades el ruido está por todos lados: el motor recuerda a una vieja lavadora a punto de reventar, toda la carrocería rechina al pasar por baches y deformaciones, las puertas azotan al abrir o cerrar. También hay cables expuestos en lo que fueron lámparas de iluminación interna y por si fuera poco con la lluvia dan toques eléctricos al subir y agarrarse de los tubos metálicos.

Al frente, del lado superior derecho, los nuevos autobuses tienen una pantalla digital que marca la velocidad a la que circula el operador; hay alerta sonora cada que un usuario hace la parada y, de lo más importante, los nuevos trolebuses cuentan con un sistema que impide que la unidad avance si tiene las puertas abiertas o la rampa para personas con discapacidad desplegada.

Pese a las larga filas en algunas paradas, la saturación de las unidades, el mal estado del Eje Central –algo que está a punto de cambiar ya que habrá una repavimentación desde Río Churubusco hasta Montevideo- las novedades saltan a la vista: cámaras de vigilancia internas, espacio para bultos (el Centro Histórico es un área comercial), espacios para personas con discapacidad y la sensación de que la unidad no se va a incendiar, como ya ha ocurrido. Los viajes en el trolebús son los mismos, pero no son iguales porque la modernidad llegó después de 20 años en los que no se invertía en este medio de transporte.

De acuerdo con el Plan Maestro de Trolebuses, para 2020 tendría que haber mil 270 kilómetros en 50 líneas con unos mil 700 unidades, sin embargo, existen solamente ocho líneas repartidas en 203 kilómetros con 258 buses eléctricos en operación con antigüedad de 20 a 43 años.

"Igual que los otros”, dice para sí, pero también para los demás, una señora que aborda la unidad en la parada de Santa Veracruz, sobre el Eje Central. Lleva consigo un carrito del mercado, el cual sube al autobús sin ningún esfuerzo, pues en el acceso no están esos tres escalones que parecen monumentales para la gente mayor. Su comentario apunta a que, como siempre, las nuevas unidades del Trolebús van a reventar de lo saturadas que van.

Y tiene razón. Por mucho que los 40 nuevos trolebuses sean de última generación -con tecnología china de la marca Yutong- esto no provoca que la saturación desaparezca. Incluso las nuevas unidades tienen menos asientos: 28 frente a 38 que tienen las viejas, que hasta el martes pasado eran las más nuevas en circulación del Servicio de Transportes Eléctricos.

Hablando de asientos, en los nuevos trolebuses todavía no es respetada del todo el área exclusiva para mujeres, que está en la parte trasera de las unidades. Pero la saturación lo complica todo, pues si un hombre decide no sentarse en un asiento reservado, tendría que permanecer parado en la parte delantera o en medio de la unidad, y esto bloquearía el paso del resto de los pasajeros.

En el corredor de Eje Central los viajes en trolebús son los mismos, pero no son iguales. En los nuevos modelos se percibe la satisfacción de los usuarios. Los menos discretos le toman foto al subir o bajar de la unidad. Los más reservados viajan sonriendo, analizando el interior de los nuevos autobuses, en medio de un silencio que se agradece, solamente roto por la estación de radio que sintoniza el operador.

A diferencia de los viejos trolebuses, los nuevos viajan casi en silencio. No hay señal del motor o las suspensiones. En las antiguas unidades el ruido está por todos lados: el motor recuerda a una vieja lavadora a punto de reventar, toda la carrocería rechina al pasar por baches y deformaciones, las puertas azotan al abrir o cerrar. También hay cables expuestos en lo que fueron lámparas de iluminación interna y por si fuera poco con la lluvia dan toques eléctricos al subir y agarrarse de los tubos metálicos.

Al frente, del lado superior derecho, los nuevos autobuses tienen una pantalla digital que marca la velocidad a la que circula el operador; hay alerta sonora cada que un usuario hace la parada y, de lo más importante, los nuevos trolebuses cuentan con un sistema que impide que la unidad avance si tiene las puertas abiertas o la rampa para personas con discapacidad desplegada.

Pese a las larga filas en algunas paradas, la saturación de las unidades, el mal estado del Eje Central –algo que está a punto de cambiar ya que habrá una repavimentación desde Río Churubusco hasta Montevideo- las novedades saltan a la vista: cámaras de vigilancia internas, espacio para bultos (el Centro Histórico es un área comercial), espacios para personas con discapacidad y la sensación de que la unidad no se va a incendiar, como ya ha ocurrido. Los viajes en el trolebús son los mismos, pero no son iguales porque la modernidad llegó después de 20 años en los que no se invertía en este medio de transporte.

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