/ domingo 1 de mayo de 2022

Con deudas, en depresión y sin apoyo: así vive Rigoberto, una de las víctimas de la L12

El padrastro de Brandon, niño de 12 años que murió tras el colapso del metro, asegura que hubiera sido mejor “dar su vida”

La noche del 3 de mayo del 2021, cuando colapsó la estructura elevada de la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, le cambió la vida a Rigoberto Quiroz, un joven de 30 años que a un año del incidente vive en incertidumbre económica, depresión, con una pierna casi inmovilizada por las cirugías a las que se ha sometido y aún con el recuerdo de haber perdido a su hijastro, Brandon Giovanni, un niño de 12 años que lo acompañaba en el trayecto.

Rigoberto camina lento con un bastón que le ayuda a apoyarse. Apenas tiene dos meses que se animó a dar sus primeros pasos tras el accidente, mismo tiempo que regresó a trabajar en el restaurante El Sazón Oaxaqueño, que se ubica en el Centro Histórico, en donde ya no es mesero, pues no puede cargar alimentos y caminar al mismo tiempo, por lo que ahora ayuda en la cocina “en lo que se pueda”.

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Desde el colapso de la Línea 12, los pensamientos suicidas estuvieron a la orden del día en la vida de Rigoberto, así como los fuertes dolores en la pierna izquierda que le ocasionaban temperatura y una deuda de más de 300 mil pesos que tuvo que adquirir ya que, asegura, no ha recibido apoyo del Gobierno de la Ciudad de México, del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro o de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (Ceavi).

El pasado mes de agosto el extitular de la CEAVI, Armando Ocampo, aseguró que nunca se les ha negado el apoyo a las víctimas, y señaló que fueron éstas quienes pidieron que toda información e indemnización –de un millón 920 mil pesos– fuera a través de su abogado, Teófilo Benítez, quien representa a 12 víctimas de la llamada Línea Dorada.

También la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas dio apoyos de mejoramiento de vivienda, becas para niños y niñas, así como atención médica, que incluye ayuda psicológica y rehabilitación. De acuerdo con la Ceavi, el 98 por ciento de las víctimas aceptaron el apoyo.

Además, a través de la póliza de seguro con la que cuenta el Sistema del Transporte Colectivo (STC) Metro, se otorgó una indemnización de 650 mil pesos a familiares de las 26 víctimas mortales; sin embargo, de acuerdo con Rigoberto Quiroz, estos apoyos nunca han llegado a sus manos.

Buscaba un regalo para su mamá

El joven de 30 años recuerda que ese 3 de mayo fue un día como cualquier otro en el trabajo, con la diferencia de que recibió la visita de Brandon Giovanni, quien lo buscó para que lo acompañara a buscar algún regalo para su mamá, pues se acercaba el 10 de mayo, Día de la Madre.

“Ya llevábamos medio año separados (su pareja y él), pero el niño quería regalarle algo a su mamá para el 10 de mayo, y me vino a acompañar al Centro Histórico para checar qué es lo que podía regalarle. Quería darle un pequeño presente para su mamá, pero no se pudo. Fue por eso, no fue por otra cosa.

Relató que cuando fue el accidente no sintió nada, sólo vio que se fue la luz en menos de un segundo y que cayó. Posteriormente, sin saber cuánto tiempo o días pasaron, despertó en una cama del Hospital Balbuena con la pierna izquierda destrozada, en donde lo primero que preguntó fue por el estado de salud de Giovanni.

“Giovanni no aguantó, no aguantó, no sobrevivió. Hubiera estado mejor dar mi vida, creo. Yo ya viví lo que tenía que vivir y él era un niño todavía, tenía 12 años, le faltaba mucho por hacer. Cuesta mucho; lo extraño”, mencionó.

El joven de origen oaxaqueño platicó que una de sus metas era prepararse e ingresar a la Guardia Nacional en las próximas convocatorias; sin embargo, sabe que sus lesiones en la pierna izquierda le imposibilitan desempeñar esas funciones.

Sin apoyo y en depresión

Tras el accidente en donde colapsó la estructura elevada de la Línea 12 entre las estaciones Olivos y Tezonco, Rigoberto perdió su empleo como mesero y pasó meses en un cuarto que renta de tres por tres metros ubicado en la alcaldía Tláhuac, a escasas cuadras del Metro Tezonco, en donde pasó su rehabilitación la mayor del tiempo solo y en depresión, pues su madre sólo pudo acompañarlo tres meses, ya que tenía que regresar a su estado natal: Oaxaca.

“Sólo busco que reparen lo que hicieron, tanto físico como psicológico, pues no he recibido apoyo. Créeme que sí necesito ayuda psicológica. Hace dos meses, antes de venir aquí con ellos (a trabajar) volví a recaer, tenía pensamientos muy feos, de los más extremos, pensamientos suicidas, por eso mejor me salí a caminar, a distraerme”, indicó.

Rigoberto primero se sometió a una cirugía en el Hospital Balbuena, en donde llegó inmediatamente tras el accidente; ahí, médicos atendieron las fracturas que tuvo en rodilla, tibia y peroné, así como tobillo; sin embargo, debido a que la cirugía fue mal realizada, éste tuvo que acudir al Centro Médico Dalinde, en donde pudo salvar la pierna. Ambas cirugías tuvieron que ser costeadas por él, por lo que ha pedido préstamos que actualmente ascienden a más de 300 mil pesos.

Además, no ha podido acudir a sus citas médicas por la situación económica en la que se encuentra, pues en su actual empleo gana 100 pesos al día y las citas tienen un costo de mil 200 pesos, más el costo de radiografías que se requieran.

“No ha habido ningún tipo de acercamiento. La última vez que tuve contacto con los del Metro fue hace como siete meses, pero no han dado ningún tipo de seguimiento ni nada. Yo no he recibido (apoyo psicológico), he tratado de salir de todo esto por mis propios medios.

“No tengo nada, no tengo ningún tipo de apoyo, por eso decidí volver a trabajar, sino estaría en mi cuarto encerrado, pero no puedo seguir así porque tengo gastos personales, la renta, comida y ese tipo de cosas. No puedo comprar ropa porque no estoy generando nada; aquí (en el trabajo) me dan comida y lo que gano, que son 100 pesos al día”, indicó.

Rigoberto tiene un hijo de cinco años, al cual no ha podido apoyarlo económicamente debido a su situación. Por ello, busca que el Gobierno de la Ciudad de México o el Metro pueda resarcir el daño, por lo que actualmente se encuentra en un proceso jurídico para recibir la indemnización adecuada. “Solamente lo que busco es que no me dejen con deudas, que reparen todo lo que yo ya perdí”, dijo.


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La noche del 3 de mayo del 2021, cuando colapsó la estructura elevada de la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, le cambió la vida a Rigoberto Quiroz, un joven de 30 años que a un año del incidente vive en incertidumbre económica, depresión, con una pierna casi inmovilizada por las cirugías a las que se ha sometido y aún con el recuerdo de haber perdido a su hijastro, Brandon Giovanni, un niño de 12 años que lo acompañaba en el trayecto.

Rigoberto camina lento con un bastón que le ayuda a apoyarse. Apenas tiene dos meses que se animó a dar sus primeros pasos tras el accidente, mismo tiempo que regresó a trabajar en el restaurante El Sazón Oaxaqueño, que se ubica en el Centro Histórico, en donde ya no es mesero, pues no puede cargar alimentos y caminar al mismo tiempo, por lo que ahora ayuda en la cocina “en lo que se pueda”.

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Desde el colapso de la Línea 12, los pensamientos suicidas estuvieron a la orden del día en la vida de Rigoberto, así como los fuertes dolores en la pierna izquierda que le ocasionaban temperatura y una deuda de más de 300 mil pesos que tuvo que adquirir ya que, asegura, no ha recibido apoyo del Gobierno de la Ciudad de México, del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro o de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (Ceavi).

El pasado mes de agosto el extitular de la CEAVI, Armando Ocampo, aseguró que nunca se les ha negado el apoyo a las víctimas, y señaló que fueron éstas quienes pidieron que toda información e indemnización –de un millón 920 mil pesos– fuera a través de su abogado, Teófilo Benítez, quien representa a 12 víctimas de la llamada Línea Dorada.

También la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas dio apoyos de mejoramiento de vivienda, becas para niños y niñas, así como atención médica, que incluye ayuda psicológica y rehabilitación. De acuerdo con la Ceavi, el 98 por ciento de las víctimas aceptaron el apoyo.

Además, a través de la póliza de seguro con la que cuenta el Sistema del Transporte Colectivo (STC) Metro, se otorgó una indemnización de 650 mil pesos a familiares de las 26 víctimas mortales; sin embargo, de acuerdo con Rigoberto Quiroz, estos apoyos nunca han llegado a sus manos.

Buscaba un regalo para su mamá

El joven de 30 años recuerda que ese 3 de mayo fue un día como cualquier otro en el trabajo, con la diferencia de que recibió la visita de Brandon Giovanni, quien lo buscó para que lo acompañara a buscar algún regalo para su mamá, pues se acercaba el 10 de mayo, Día de la Madre.

“Ya llevábamos medio año separados (su pareja y él), pero el niño quería regalarle algo a su mamá para el 10 de mayo, y me vino a acompañar al Centro Histórico para checar qué es lo que podía regalarle. Quería darle un pequeño presente para su mamá, pero no se pudo. Fue por eso, no fue por otra cosa.

Relató que cuando fue el accidente no sintió nada, sólo vio que se fue la luz en menos de un segundo y que cayó. Posteriormente, sin saber cuánto tiempo o días pasaron, despertó en una cama del Hospital Balbuena con la pierna izquierda destrozada, en donde lo primero que preguntó fue por el estado de salud de Giovanni.

“Giovanni no aguantó, no aguantó, no sobrevivió. Hubiera estado mejor dar mi vida, creo. Yo ya viví lo que tenía que vivir y él era un niño todavía, tenía 12 años, le faltaba mucho por hacer. Cuesta mucho; lo extraño”, mencionó.

El joven de origen oaxaqueño platicó que una de sus metas era prepararse e ingresar a la Guardia Nacional en las próximas convocatorias; sin embargo, sabe que sus lesiones en la pierna izquierda le imposibilitan desempeñar esas funciones.

Sin apoyo y en depresión

Tras el accidente en donde colapsó la estructura elevada de la Línea 12 entre las estaciones Olivos y Tezonco, Rigoberto perdió su empleo como mesero y pasó meses en un cuarto que renta de tres por tres metros ubicado en la alcaldía Tláhuac, a escasas cuadras del Metro Tezonco, en donde pasó su rehabilitación la mayor del tiempo solo y en depresión, pues su madre sólo pudo acompañarlo tres meses, ya que tenía que regresar a su estado natal: Oaxaca.

“Sólo busco que reparen lo que hicieron, tanto físico como psicológico, pues no he recibido apoyo. Créeme que sí necesito ayuda psicológica. Hace dos meses, antes de venir aquí con ellos (a trabajar) volví a recaer, tenía pensamientos muy feos, de los más extremos, pensamientos suicidas, por eso mejor me salí a caminar, a distraerme”, indicó.

Rigoberto primero se sometió a una cirugía en el Hospital Balbuena, en donde llegó inmediatamente tras el accidente; ahí, médicos atendieron las fracturas que tuvo en rodilla, tibia y peroné, así como tobillo; sin embargo, debido a que la cirugía fue mal realizada, éste tuvo que acudir al Centro Médico Dalinde, en donde pudo salvar la pierna. Ambas cirugías tuvieron que ser costeadas por él, por lo que ha pedido préstamos que actualmente ascienden a más de 300 mil pesos.

Además, no ha podido acudir a sus citas médicas por la situación económica en la que se encuentra, pues en su actual empleo gana 100 pesos al día y las citas tienen un costo de mil 200 pesos, más el costo de radiografías que se requieran.

“No ha habido ningún tipo de acercamiento. La última vez que tuve contacto con los del Metro fue hace como siete meses, pero no han dado ningún tipo de seguimiento ni nada. Yo no he recibido (apoyo psicológico), he tratado de salir de todo esto por mis propios medios.

“No tengo nada, no tengo ningún tipo de apoyo, por eso decidí volver a trabajar, sino estaría en mi cuarto encerrado, pero no puedo seguir así porque tengo gastos personales, la renta, comida y ese tipo de cosas. No puedo comprar ropa porque no estoy generando nada; aquí (en el trabajo) me dan comida y lo que gano, que son 100 pesos al día”, indicó.

Rigoberto tiene un hijo de cinco años, al cual no ha podido apoyarlo económicamente debido a su situación. Por ello, busca que el Gobierno de la Ciudad de México o el Metro pueda resarcir el daño, por lo que actualmente se encuentra en un proceso jurídico para recibir la indemnización adecuada. “Solamente lo que busco es que no me dejen con deudas, que reparen todo lo que yo ya perdí”, dijo.


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