/ jueves 26 de noviembre de 2020

Víctima de la violencia, Daniela busca justicia

Cuando se embarazó en cuanto les confirmaron que sería niña y no el niño que él quería iniciaron las agresiones contra la persona que se gestaba en su vientre

"Tres años y 10 meses vivió Daniela en la misma casa con su violentador. Fueron días de golpes físicos y daño psicológico. La segunda víctima fue su hija. Cuando se embarazó en cuanto les confirmaron que sería niña y no el niño que él quería iniciaron las agresiones contra la persona que se gestaba en su vientre.

Antes de que la violencia alcanzara a su hija, su pareja ya le había quitado la tarjeta de débito donde le depositaban sus quincenas, aunque ella trabajaba nunca recibía su dinero por esta razón.

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Cuando conocieron el sexo de la niña, su pareja empezó con los comentarios de que no la llevaría al teatro, ni al museo porque eran cosas de niña. Al sexto mes del embarazo le apuntó en la cabeza con un arma de fuego y le cortó la mano con una navaja.

Al mes de nacida, el papá golpeó a su hija con severidad en el estómago. También le puso chile en la boca porque se chupaba la mano.

Daniela narra que en el posparto tuvo problemas de salud por lo que se fue con su mamá, en esa estancia a la semana: “Él me llamó al celular donde me dijo ´si no regresas te voy a llenar la panza de plomo, te voy destazar, no me importa dónde estés, te voy a encontrar y te voy a matar´, claro, por todas esas amenazas pues tuve que regresar”.

El 22 de noviembre de 2019 en la vía pública la agredió con su hija de cinco meses de nacida en brazos, la golpeó, la tiró, le gritó, y desde ese momento decidió “ya no más”, le habló a la policía que llegó después de una hora.

“Desde ese día decidí ya no voy a regresar, no importa lo que pase, me regresé a casa de mi mamá y papá, y de nueva cuenta él fue a la casa, empezó con la amenazas de te voy a matar, te voy a quitar a tu hija, eres una incompetente por tu epilepsia. Todo lo que me había dicho antes”, narró.

Ante estas amenazas se sintió obligada a que viera a su hija todos ahí mismo y en el horario que él quería. Él es abogado. Daniela se seguía sintiendo prisionera con esta situación porque nunca fijó un horario y la amenazaba para que no se fuera a ningún lado porque tenía que “ver” a la pequeña.

Pasó un mes de las visitas y nuevamente agredió a Daniela en la calle. Intentó llevarse a su hija en dos ocasiones por lo que se dio cuenta que esto no iba a cambiar y el 31 diciembre de 2018 emprendió la batalla para denunciarlo.

Llegó al Instituto de las Mujeres (hoy Secretaría) de la Ciudad de México, a días de que Claudia Sheinbaum Pardo tomara la administración capitalina, ahí le dijeron que se tenía que ir a un refugio, pero antes la acompañaron a levantar la denuncia en la Fiscalía General de Justicia (FGJ). Todo el mismo día. Desde el 31 de diciembre de 2018 hasta el 5 de marzo de 2019 estuvo en el refugio por el riesgo de feminicidio.

Mientras ella vivía escondida para prevenir la asesinara, su expareja la demandó y también a su papá y mamá. Una de las siete denuncias que le interpuso fue para decir que lo habían golpeado Daniela y su familia. Cuando salió del del refugio de que su demanda no avanzaba.

“Incluso ya había (él) iniciado un juicio de guarda y custodia que prácticamente ya tenía ganado porque con cosas de corrupción, no le puedo llamar de otra forma, pues yo estaba en un refugio, mis padres tuvieron que huir del domicilio porque él estaba todos los días ahí enfrente. Las notificaciones las hicieron válidas a pesar de que nadie de mi familia estaba en la casa”, platicó.

Daniela logró que la denuncia de violencia familiar avanzara y un juez ordenó medidas de protección para que su expareja no se le pudiera acercar, pero a los tres días él se volvió a presentar al Ministerio Público para demandar junto a sus padres por supuestos golpes y que ahora lo habían agredido dentro de las instalaciones del Poder Judicial.

Al poco tiempo se enteró que él la había denunciado viviendo juntos por robo, luego durante el juicio familiar, él también la demandó por sustracción de menores, con todas estas carpetas de investigación que abrió en contra de Daniela, el hombre las usó como pruebas para demostrar que ella no merecía quedarse con la menor.

Se hizo la detective para ayudar a la Fiscalía

Daniela se convirtió prácticamente en detective para demostrar que no lo habían golpeado, pues en la audiencia, él llevó guardias de seguridad “del edificio” para que testificaran que vieron cuando lo golpeó.

“Yo tuve que convertirme casi en detective privado para tratar de investigar quiénes eran esos testigos que había llevado, quería conocer si trabajaban efectivamente en la empresa que decían para comprobarle al MP que eran testigos falsos, aunque yo lo sabía, pero teníamos que comprobarlo”, recordó.

Apenas en enero 2020 logró que le dictaron prisión preventiva justificada por violencia, porque la valoración que le hicieron salió con riesgo feminicida.

Su demanda por violencia familiar es parte de las 20 mil 129 que se presentaron ante la Fiscalía local al cierre de 2018, en 2019 estas carpetas de investigación incrementaron al registrar 25 mil 906 y en lo que va de 2020, con todo y contingencia Covid-19 hay 22 mil 114, según Datos en el portal de la Agencia Digital de Innovación Pública.

El pasado 22 de noviembre cumplió Daniela un año de haberse separado y hasta el momento suma 450 diligencias entre la Fiscalía y el Poder Judicial. Entre todas estas acciones tuvo que buscar a un especialista en peritaje psicológico, pues la FGJ local no cuenta con este personal y es primordial demostrar que la menor también ha sido dañada por su papá, si no corre el riesgo que la obliguen a que su hija conviva con él.

“Pues yo me la vivo cuatro días a la semana en la Fiscalía, es muy cansado, muy desgastante anímica y económicamente. A veces ya no quisiera seguir o desaparecer, pero tampoco es justo por todo lo que he hecho”, comentó.

“Nos hemos tenido que desplazar del lugar en donde vivíamos por el peligro que existe, pues él dijo que podía enviar a alguien a matarme, prácticamente vivimos escondidos. Incluso amenazó con hacer todo lo posible para que lo vaya a ver su hija al reclusorio”, expuso.





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"Tres años y 10 meses vivió Daniela en la misma casa con su violentador. Fueron días de golpes físicos y daño psicológico. La segunda víctima fue su hija. Cuando se embarazó en cuanto les confirmaron que sería niña y no el niño que él quería iniciaron las agresiones contra la persona que se gestaba en su vientre.

Antes de que la violencia alcanzara a su hija, su pareja ya le había quitado la tarjeta de débito donde le depositaban sus quincenas, aunque ella trabajaba nunca recibía su dinero por esta razón.

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Cuando conocieron el sexo de la niña, su pareja empezó con los comentarios de que no la llevaría al teatro, ni al museo porque eran cosas de niña. Al sexto mes del embarazo le apuntó en la cabeza con un arma de fuego y le cortó la mano con una navaja.

Al mes de nacida, el papá golpeó a su hija con severidad en el estómago. También le puso chile en la boca porque se chupaba la mano.

Daniela narra que en el posparto tuvo problemas de salud por lo que se fue con su mamá, en esa estancia a la semana: “Él me llamó al celular donde me dijo ´si no regresas te voy a llenar la panza de plomo, te voy destazar, no me importa dónde estés, te voy a encontrar y te voy a matar´, claro, por todas esas amenazas pues tuve que regresar”.

El 22 de noviembre de 2019 en la vía pública la agredió con su hija de cinco meses de nacida en brazos, la golpeó, la tiró, le gritó, y desde ese momento decidió “ya no más”, le habló a la policía que llegó después de una hora.

“Desde ese día decidí ya no voy a regresar, no importa lo que pase, me regresé a casa de mi mamá y papá, y de nueva cuenta él fue a la casa, empezó con la amenazas de te voy a matar, te voy a quitar a tu hija, eres una incompetente por tu epilepsia. Todo lo que me había dicho antes”, narró.

Ante estas amenazas se sintió obligada a que viera a su hija todos ahí mismo y en el horario que él quería. Él es abogado. Daniela se seguía sintiendo prisionera con esta situación porque nunca fijó un horario y la amenazaba para que no se fuera a ningún lado porque tenía que “ver” a la pequeña.

Pasó un mes de las visitas y nuevamente agredió a Daniela en la calle. Intentó llevarse a su hija en dos ocasiones por lo que se dio cuenta que esto no iba a cambiar y el 31 diciembre de 2018 emprendió la batalla para denunciarlo.

Llegó al Instituto de las Mujeres (hoy Secretaría) de la Ciudad de México, a días de que Claudia Sheinbaum Pardo tomara la administración capitalina, ahí le dijeron que se tenía que ir a un refugio, pero antes la acompañaron a levantar la denuncia en la Fiscalía General de Justicia (FGJ). Todo el mismo día. Desde el 31 de diciembre de 2018 hasta el 5 de marzo de 2019 estuvo en el refugio por el riesgo de feminicidio.

Mientras ella vivía escondida para prevenir la asesinara, su expareja la demandó y también a su papá y mamá. Una de las siete denuncias que le interpuso fue para decir que lo habían golpeado Daniela y su familia. Cuando salió del del refugio de que su demanda no avanzaba.

“Incluso ya había (él) iniciado un juicio de guarda y custodia que prácticamente ya tenía ganado porque con cosas de corrupción, no le puedo llamar de otra forma, pues yo estaba en un refugio, mis padres tuvieron que huir del domicilio porque él estaba todos los días ahí enfrente. Las notificaciones las hicieron válidas a pesar de que nadie de mi familia estaba en la casa”, platicó.

Daniela logró que la denuncia de violencia familiar avanzara y un juez ordenó medidas de protección para que su expareja no se le pudiera acercar, pero a los tres días él se volvió a presentar al Ministerio Público para demandar junto a sus padres por supuestos golpes y que ahora lo habían agredido dentro de las instalaciones del Poder Judicial.

Al poco tiempo se enteró que él la había denunciado viviendo juntos por robo, luego durante el juicio familiar, él también la demandó por sustracción de menores, con todas estas carpetas de investigación que abrió en contra de Daniela, el hombre las usó como pruebas para demostrar que ella no merecía quedarse con la menor.

Se hizo la detective para ayudar a la Fiscalía

Daniela se convirtió prácticamente en detective para demostrar que no lo habían golpeado, pues en la audiencia, él llevó guardias de seguridad “del edificio” para que testificaran que vieron cuando lo golpeó.

“Yo tuve que convertirme casi en detective privado para tratar de investigar quiénes eran esos testigos que había llevado, quería conocer si trabajaban efectivamente en la empresa que decían para comprobarle al MP que eran testigos falsos, aunque yo lo sabía, pero teníamos que comprobarlo”, recordó.

Apenas en enero 2020 logró que le dictaron prisión preventiva justificada por violencia, porque la valoración que le hicieron salió con riesgo feminicida.

Su demanda por violencia familiar es parte de las 20 mil 129 que se presentaron ante la Fiscalía local al cierre de 2018, en 2019 estas carpetas de investigación incrementaron al registrar 25 mil 906 y en lo que va de 2020, con todo y contingencia Covid-19 hay 22 mil 114, según Datos en el portal de la Agencia Digital de Innovación Pública.

El pasado 22 de noviembre cumplió Daniela un año de haberse separado y hasta el momento suma 450 diligencias entre la Fiscalía y el Poder Judicial. Entre todas estas acciones tuvo que buscar a un especialista en peritaje psicológico, pues la FGJ local no cuenta con este personal y es primordial demostrar que la menor también ha sido dañada por su papá, si no corre el riesgo que la obliguen a que su hija conviva con él.

“Pues yo me la vivo cuatro días a la semana en la Fiscalía, es muy cansado, muy desgastante anímica y económicamente. A veces ya no quisiera seguir o desaparecer, pero tampoco es justo por todo lo que he hecho”, comentó.

“Nos hemos tenido que desplazar del lugar en donde vivíamos por el peligro que existe, pues él dijo que podía enviar a alguien a matarme, prácticamente vivimos escondidos. Incluso amenazó con hacer todo lo posible para que lo vaya a ver su hija al reclusorio”, expuso.





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