/ lunes 19 de octubre de 2015

Cambio climático extingue un ave cada cinco años

Nidia Marín / El Sol de México

Segunda y última parte

Ciudad de México.- En el delta del río Ganges, se incrementan los ataques de los tigres contra los humanos ante la reducción de su hábitat de manglares, mientras en Mali las severas sequías están matando a los elefantes y en “la torre asiática del agua”, los Himalayas, donde nacen los cinco ríos más importantes de Asia, se reducen los glaciares, advierte la FAO.

La Amazonia, constantemente presenta la muerte masiva de árboles y en la sabana de alcornoques del Mediterráneo, la biodiversidad enfrenta cada día un severo estrés.

Además, las altas montañas de África central pierden sus casquetes nevados. En Malawi, las inundaciones agravan los conflictos entre agricultores y cocodrilos y en ese mismo continente africano, los brotes de fiebre Rift Valley, una enfermedad transmitida por los zancudos, mostraron correlación con las lluvias estacionales mayores al promedio y aparecieron aun con lluvias cortas muy fuertes.

Asimismo, en todo el mundo hay repercusiones serias en los patrones de las migraciones de diversas especies: mariposas, libélulas, abejas, murciélagos, pájaros, antílopes y ballenas que cruzan países, océanos y continentes, por aire, tierra y sobre o bajo el agua.

¿Y en México? También. Durante la temporada 2013-2014, de acuerdo al World Wildlife Fund (en español, Fondo Mundial para la Naturaleza), se registraron solamente 7 colonias de mariposas Monarca (3 en Michoacán, 4 en el Estado de México) que ocuparon un total de 0.67 hectáreas, es decir 43.7 por ciento menos que en 2012-2013 y la menor superficie ocupada por esta mariposa en los santuarios mexicanos desde 1993.

Hay más. Están amenazadas en nuestro país especies como el bisonte americano, el mono araña, la cotorra serrana, el lobo mexicano, el berrendo y el oso negro.

Hay una gran verdad: antes de que nuestro modo de vida impactara a los ecosistemas, una especie de ave se extinguía cada cien años, mientras que ahora ocurre cada uno o cuatro años.

De ahí la preocupación. Por ello el exhorto de los investigadores María Zorrilla Ramos y Dení Rayn Villalba, del Instituto Belisario Domínguez, del Senado de la República para llevar a cabo una serie de reformas, porque hace falta una mayor y mejor definición de competencias en algunos temas críticos, “como es el tema de los polinizadores, la seguridad alimentaria desde la perspectiva de la adaptación y el apoyo a los sistemas agrosilvo-pastoriles como estrategia de aprovechamiento sostenible y para fortalecer la conectividad”.

Consideran que a estas alturas hay mucho por analizar desde muy diferentes perspectivas en materia de cambio climático, biodiversidad y servicios ambientales. “Por esta razón, se considera importante que tanto la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales como la Comisión Especial de Cambio Climático establezcan de manera conjunta con el Instituto Belisario Domínguez una agenda de trabajo, que se podría llamar “Hoja de ruta” para la integración de ambos temas, en la que se establezcan objetivos, resultados esperados y actores clave para lograrlo”.

Abundan, al señalar: “Contar con una agenda de trabajo al respecto colocará, sin duda, al Senado de la República como una institución de vanguardia en la atención de dos de los principales problemas globales y para fincar bases sólidas que garanticen la seguridad nacional y una estrategia que enfrente el cambio climático basado en la conservación de la biodiversidad y los servicios ambientales”. Previsión, no reacción

de emergencia

En el trabajo denominado “Principales retos e implicaciones de la Ley General de Cambio Climático para la biodiversidad y los servicios ambientales”, refieren diversas transformaciones que se han estado generando, como es en los renglones fenológicos y ecológicos en la distribución de plantas y animales en todos los grupos bien estudiados, ya sean marinos, de agua dulce o terrestre.

Aluden a las especies con zonas de distribución restringidas, “particularmente las polares y las que viven en la cima de las montañas (relevantes para México) muestran un grado severo de reducción en sus zonas de distribución y han sido los primeros grupos en los que especies enteras se han extinguido debido al cambio climático reciente”.

Y por si no fuera suficiente… “Los corales tropicales y los anfibios (también relevantes para México) han sido los grupos taxonómicos mayormente afectados”.

Dicho lo anterior, resaltan la importancia de los ecosistemas saludables, los cuales, exponen, desempeñan un papel fundamental en la mitigación/adaptación ante el cambio climático.

“Un primer paso para incrementar la capacidad de recuperación de los ecosistemas al cambio climático es disminuir las presiones no climáticas a las que están sometidos mediante estrategias de conservación, restauración y manejo sostenible. Los factores que agudizan la vulnerabilidad de los ecosistemas son el cambio de uso de suelo y la pérdida y degradación de la cobertura forestal, entre otros”, resaltan.

Para ellos la propia biodiversidad puede ser una defensa ante el cambio climático.

Lo explican: “Para lograr la adaptación al cambio climático reduciendo la vulnerabilidad de los ecosistemas y en general del territorio, hay algunos puntos clave, como evitar la fragmentación del hábitat y promover la conectividad, permitiendo así la migración de las especies nativas, mantener los gradientes de elevación del terreno, de humedad del suelo, etc. para que los organismos puedan cambiar su distribución en respuesta al cambio ambiental hacia microhábitats más favorables, así como identificar y proteger refugios naturales para las especies que no sean capaces de dispersarse rápidamente, manteniendo grandes zonas sin carreteras y con poco desarrollo urbano.

Mencionan que dichos puntos están relacionados y su objetivo común es mantener la integridad de los ecosistemas naturales a gran escala. Pero advierten: “Si no se prevén las acciones necesarias para la adaptación de las comunidades humanas, las medidas que se tomen en el futuro serán reacciones de emergencia inadecuadas para enfrentar el reto que representa el cambio climático”.

Aluden al trabajo que se realiza en el Centro de Monitoreo para la Conservación de la Biodiversidad del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en relación con el cambio climático. Se enfoca principalmente, dicen, en el concepto de adaptación basada en los ecosistemas, cuya definición es “el uso y manejo sostenible de la biodiversidad y los servicios ambientales como parte de un estrategia amplia que ayude a la sociedad a adaptarse a los efectos adversos del cambio climático”.

Aclaran que la adaptación con base en ecosistemas contribuye a restaurar y mantener la protección que otorgan los ecosistemas a las poblaciones humanas ante las amenazas asociadas al cambio climático. “Se ha utilizado el concepto de infraestructura verde para conceptualizar el papel de los ecosistemas al amortiguar los impactos de procesos detonados por el cambio climático. Los ecosistemas saludables desempeñan un papel fundamental en la mitigación/adaptación ante el cambio climático, ya que la llamada infraestructura verde amortigua los impactos de los procesos detonados por el cambio climático. Preservación de de los ecosistemas

Enseguida enlistan algunos servicios proporcionados por los ecosistemas en el marco de la adaptación climática, como son, para la protección de asentamientos humanos los arrecifes y manglares que durante los huracanes disipan la energía de los embates del oleaje y vientos severos, reducen la intrusión salina y la erosión, reduciendo el riesgo de desastres.

En cuanto a los bosques y ecosistemas ribereños, contribuyen a mantener el curso del agua en ríos ante avenidas repentinas por lluvias torrenciales; los humedales costeros, amortiguan inundaciones por lluvias torrenciales al almacenar grandes volúmenes de agua y los matorrales y arbustos, manejados adecuadamente, ayudan a evitar incendios forestales.

Respecto a los servicios de regulación refieren el control de erosión, polinización, control biológico de plagas, ciclos hidrológicos (manejo integrado del recurso hídrico reconociendo el papel de las cuencas hidrográficas, los bosques y la vegetación asociada en la regulación de los flujos de agua).

Y sobre a la salud humana, el control de vectores. “Hay estudios que relacionan la biodiversidad con la probabilidad de brotes y transmisión de enfermedades, a mayor número de animales silvestres, la probabilidad de transmisión a los humanos disminuye”, precisan.

Por otra parte, acerca de las recomendaciones refieren: Hacer un seguimiento activo de la Estrategia Nacional de Cambio Climático y sus sinergias con la Estrategia Nacional de Biodiversidad; participar de manera activa en la elaboración de las disposiciones reglamentarias y las normas oficiales mexicanas derivadas de la lGCC y que están en este momento en elaboración; dar mayor claridad sobre las implicaciones del “Programa especial para la protección y manejo sustentable de la biodiversidad ante el cambio climático” estableciendo presupuestos y responsables; y, establecer en las atribuciones de la Federación, la de “incorporar en los instrumentos de política ambiental criterios de mitigación y adaptación al cambio climático”, ya que actualmente están considerados únicamente los instrumentos de política ambiental.

Otras son: fortalecer y consolidar la agenda de investigación del Senado en los temas de biodiversidad y cambio climático; y analizar, evaluar y proponer los criterios necesarios para incrementar el apoyo a la investigación científica en la materia, garantizando recursos para investigaciones a largo plazo.

Este gran trabajo también aconseja hacer una actualización de los compromisos que derivan de los tratados internacionales que México ha signado.

Nidia Marín / El Sol de México

Segunda y última parte

Ciudad de México.- En el delta del río Ganges, se incrementan los ataques de los tigres contra los humanos ante la reducción de su hábitat de manglares, mientras en Mali las severas sequías están matando a los elefantes y en “la torre asiática del agua”, los Himalayas, donde nacen los cinco ríos más importantes de Asia, se reducen los glaciares, advierte la FAO.

La Amazonia, constantemente presenta la muerte masiva de árboles y en la sabana de alcornoques del Mediterráneo, la biodiversidad enfrenta cada día un severo estrés.

Además, las altas montañas de África central pierden sus casquetes nevados. En Malawi, las inundaciones agravan los conflictos entre agricultores y cocodrilos y en ese mismo continente africano, los brotes de fiebre Rift Valley, una enfermedad transmitida por los zancudos, mostraron correlación con las lluvias estacionales mayores al promedio y aparecieron aun con lluvias cortas muy fuertes.

Asimismo, en todo el mundo hay repercusiones serias en los patrones de las migraciones de diversas especies: mariposas, libélulas, abejas, murciélagos, pájaros, antílopes y ballenas que cruzan países, océanos y continentes, por aire, tierra y sobre o bajo el agua.

¿Y en México? También. Durante la temporada 2013-2014, de acuerdo al World Wildlife Fund (en español, Fondo Mundial para la Naturaleza), se registraron solamente 7 colonias de mariposas Monarca (3 en Michoacán, 4 en el Estado de México) que ocuparon un total de 0.67 hectáreas, es decir 43.7 por ciento menos que en 2012-2013 y la menor superficie ocupada por esta mariposa en los santuarios mexicanos desde 1993.

Hay más. Están amenazadas en nuestro país especies como el bisonte americano, el mono araña, la cotorra serrana, el lobo mexicano, el berrendo y el oso negro.

Hay una gran verdad: antes de que nuestro modo de vida impactara a los ecosistemas, una especie de ave se extinguía cada cien años, mientras que ahora ocurre cada uno o cuatro años.

De ahí la preocupación. Por ello el exhorto de los investigadores María Zorrilla Ramos y Dení Rayn Villalba, del Instituto Belisario Domínguez, del Senado de la República para llevar a cabo una serie de reformas, porque hace falta una mayor y mejor definición de competencias en algunos temas críticos, “como es el tema de los polinizadores, la seguridad alimentaria desde la perspectiva de la adaptación y el apoyo a los sistemas agrosilvo-pastoriles como estrategia de aprovechamiento sostenible y para fortalecer la conectividad”.

Consideran que a estas alturas hay mucho por analizar desde muy diferentes perspectivas en materia de cambio climático, biodiversidad y servicios ambientales. “Por esta razón, se considera importante que tanto la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales como la Comisión Especial de Cambio Climático establezcan de manera conjunta con el Instituto Belisario Domínguez una agenda de trabajo, que se podría llamar “Hoja de ruta” para la integración de ambos temas, en la que se establezcan objetivos, resultados esperados y actores clave para lograrlo”.

Abundan, al señalar: “Contar con una agenda de trabajo al respecto colocará, sin duda, al Senado de la República como una institución de vanguardia en la atención de dos de los principales problemas globales y para fincar bases sólidas que garanticen la seguridad nacional y una estrategia que enfrente el cambio climático basado en la conservación de la biodiversidad y los servicios ambientales”. Previsión, no reacción

de emergencia

En el trabajo denominado “Principales retos e implicaciones de la Ley General de Cambio Climático para la biodiversidad y los servicios ambientales”, refieren diversas transformaciones que se han estado generando, como es en los renglones fenológicos y ecológicos en la distribución de plantas y animales en todos los grupos bien estudiados, ya sean marinos, de agua dulce o terrestre.

Aluden a las especies con zonas de distribución restringidas, “particularmente las polares y las que viven en la cima de las montañas (relevantes para México) muestran un grado severo de reducción en sus zonas de distribución y han sido los primeros grupos en los que especies enteras se han extinguido debido al cambio climático reciente”.

Y por si no fuera suficiente… “Los corales tropicales y los anfibios (también relevantes para México) han sido los grupos taxonómicos mayormente afectados”.

Dicho lo anterior, resaltan la importancia de los ecosistemas saludables, los cuales, exponen, desempeñan un papel fundamental en la mitigación/adaptación ante el cambio climático.

“Un primer paso para incrementar la capacidad de recuperación de los ecosistemas al cambio climático es disminuir las presiones no climáticas a las que están sometidos mediante estrategias de conservación, restauración y manejo sostenible. Los factores que agudizan la vulnerabilidad de los ecosistemas son el cambio de uso de suelo y la pérdida y degradación de la cobertura forestal, entre otros”, resaltan.

Para ellos la propia biodiversidad puede ser una defensa ante el cambio climático.

Lo explican: “Para lograr la adaptación al cambio climático reduciendo la vulnerabilidad de los ecosistemas y en general del territorio, hay algunos puntos clave, como evitar la fragmentación del hábitat y promover la conectividad, permitiendo así la migración de las especies nativas, mantener los gradientes de elevación del terreno, de humedad del suelo, etc. para que los organismos puedan cambiar su distribución en respuesta al cambio ambiental hacia microhábitats más favorables, así como identificar y proteger refugios naturales para las especies que no sean capaces de dispersarse rápidamente, manteniendo grandes zonas sin carreteras y con poco desarrollo urbano.

Mencionan que dichos puntos están relacionados y su objetivo común es mantener la integridad de los ecosistemas naturales a gran escala. Pero advierten: “Si no se prevén las acciones necesarias para la adaptación de las comunidades humanas, las medidas que se tomen en el futuro serán reacciones de emergencia inadecuadas para enfrentar el reto que representa el cambio climático”.

Aluden al trabajo que se realiza en el Centro de Monitoreo para la Conservación de la Biodiversidad del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en relación con el cambio climático. Se enfoca principalmente, dicen, en el concepto de adaptación basada en los ecosistemas, cuya definición es “el uso y manejo sostenible de la biodiversidad y los servicios ambientales como parte de un estrategia amplia que ayude a la sociedad a adaptarse a los efectos adversos del cambio climático”.

Aclaran que la adaptación con base en ecosistemas contribuye a restaurar y mantener la protección que otorgan los ecosistemas a las poblaciones humanas ante las amenazas asociadas al cambio climático. “Se ha utilizado el concepto de infraestructura verde para conceptualizar el papel de los ecosistemas al amortiguar los impactos de procesos detonados por el cambio climático. Los ecosistemas saludables desempeñan un papel fundamental en la mitigación/adaptación ante el cambio climático, ya que la llamada infraestructura verde amortigua los impactos de los procesos detonados por el cambio climático. Preservación de de los ecosistemas

Enseguida enlistan algunos servicios proporcionados por los ecosistemas en el marco de la adaptación climática, como son, para la protección de asentamientos humanos los arrecifes y manglares que durante los huracanes disipan la energía de los embates del oleaje y vientos severos, reducen la intrusión salina y la erosión, reduciendo el riesgo de desastres.

En cuanto a los bosques y ecosistemas ribereños, contribuyen a mantener el curso del agua en ríos ante avenidas repentinas por lluvias torrenciales; los humedales costeros, amortiguan inundaciones por lluvias torrenciales al almacenar grandes volúmenes de agua y los matorrales y arbustos, manejados adecuadamente, ayudan a evitar incendios forestales.

Respecto a los servicios de regulación refieren el control de erosión, polinización, control biológico de plagas, ciclos hidrológicos (manejo integrado del recurso hídrico reconociendo el papel de las cuencas hidrográficas, los bosques y la vegetación asociada en la regulación de los flujos de agua).

Y sobre a la salud humana, el control de vectores. “Hay estudios que relacionan la biodiversidad con la probabilidad de brotes y transmisión de enfermedades, a mayor número de animales silvestres, la probabilidad de transmisión a los humanos disminuye”, precisan.

Por otra parte, acerca de las recomendaciones refieren: Hacer un seguimiento activo de la Estrategia Nacional de Cambio Climático y sus sinergias con la Estrategia Nacional de Biodiversidad; participar de manera activa en la elaboración de las disposiciones reglamentarias y las normas oficiales mexicanas derivadas de la lGCC y que están en este momento en elaboración; dar mayor claridad sobre las implicaciones del “Programa especial para la protección y manejo sustentable de la biodiversidad ante el cambio climático” estableciendo presupuestos y responsables; y, establecer en las atribuciones de la Federación, la de “incorporar en los instrumentos de política ambiental criterios de mitigación y adaptación al cambio climático”, ya que actualmente están considerados únicamente los instrumentos de política ambiental.

Otras son: fortalecer y consolidar la agenda de investigación del Senado en los temas de biodiversidad y cambio climático; y analizar, evaluar y proponer los criterios necesarios para incrementar el apoyo a la investigación científica en la materia, garantizando recursos para investigaciones a largo plazo.

Este gran trabajo también aconseja hacer una actualización de los compromisos que derivan de los tratados internacionales que México ha signado.