/ sábado 2 de abril de 2016

El top ten de las actividades que contribuyen a la polución

Cóctel que agobia a la Ciudad de México

Nidia Marín / El Sol de México

Primera de dos partes

El cóctel contaminante que agobia a la Ciudad de México también tiene, como principales ingredientes, el proceder de ciudadanos y autoridades. Más allá de la real problemática que representan los transportes público y privado y la consecuente decisión del Hoy No Circula “realoaded” (recargado) en puerta, que causa taquicardias y derrame de bilis, está el Top Ten de actividades contribuyentes:

1.- Manifestaciones, bloqueos, plantones y mítines.

2.- Descoordinación entre autoridades, federales, delegacionales y Gobierno central para realizar obras públicas, es decir, falta de planeación urbana.

3.- Desacoplamiento entre el mismo Gobierno citadino, jefes delegacionales, Telmex, gaseras, CFE y televisoras para introducción de cableado, sobre todo subterráneo.

4.- Descompostura de semáforos o mala sincronización de los mismos con su remate: la manipulación sin ton ni son del tráfico por los agentes de tránsito.

5.- Tapones viales de largo aliento por las obras en las cuatro carreteras de ingreso (y salida) a la capital del país.

6.- Descoordinación de los transportes de limpia en las colonias, donde los horarios son increíbles (a la misma hora de los transportes escolares).

7.- La anarquía que prevalece en la construcción de vivienda y la corrupción tolerada desde las dependencias encargadas.

8.- La deforestación en los bosques que rodean a la Ciudad de México incrementada en los últimos años, sea por la constante invasión de predios vía líderes corruptos o por los “negocios” de los desarrolladores.

9.- Falta de racionalidad en el uso de la energía.

10.-Ausencia de adecuados tiraderos de basura.

Y es que…

“Aquí vengo a referir / como sabe ya la gente / lo que pasa al permitir / un maltrato al medio ambiente”.

Así dicen unas cuartetas de no se quién.

“Una muestra a contemplar / es nuestra emisión de gases / y también contaminar en sus diferentes clases”.

En la Ciudad de México se realizan anualmente más de nueve mil manifestaciones. Bajo el pretexto de violentar los derechos humanos, nadie las toca. Esto sucede desde 1999, cuando en septiembre, en el Diario Oficial de la Federación, se publicó el surgimiento de la CNDH como organismo autónomo.

Sin embargo, la marchitis inició por lo menos 15 años antes. Y desde entonces, la urbe es semiparalizada con cualquier pretexto o porque un líder de vivienda, de manzana, de partido, de ambulantes, de organizaciones de la Ciudad o provenientes de otras entidades de la República pretende beneficios, sean realmente para sus agremiados o personales.

El investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Víctor M. Martínez Bullé Goyri lo expuso claramente en su trabajo “marchas, manifestaciones, bloqueos, plantones ¿y el derecho?”, al señalar en una parte de su texto:

“El desmesurado crecimiento de estas manifestaciones ha llevado a las autoridades, casi rallando en lo ridículo, no a encauzarlas, regularlas, controlarlas o incluso impedir su realización, sino a realizar una intensa labor informativa y estadística; fruto de la cual, cotidianamente, nos enteramos oficialmente sobre el número de marchas y manifestaciones que se realizaron el día anterior, así como de las que se espera que se realicen cada día, con sus rutas previstas, a fin de que evitemos circular por la zona, y, por supuesto, del promedio de manifestaciones diarias de los últimos meses. Así, con gran precisión nos enteramos de que, por ejemplo, en los últimos seis meses hemos disfrutado del espectáculo de 6.7 manifestaciones diarias, las cuales han tenido un costo económico para la sociedad de “X” cantidad de millones de pesos, así como de los sectores sociales que han sido afectados por las mismas”.

Han pasado más o menos 17 años desde que lo escribió, y la problemática no solamente continúa sino que se agudiza con las consecuencias económicas, sociales y de contaminación en la capital. Y vamos de mal en peor

La evolución a la alza fue señalada en 2013, por el entonces diputado local Jorge Francisco Ricardo Sotomayor. Dijo: en 2002 se registraron 778 movilizaciones en la vía pública; en el 2009 se presentaron cuatro veces más movilizaciones (aproximadamente tres mil 200) y ya para 2010 se había llegado a seis mil 294, según datos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal. En 2012, la cifra se elevó nuevamente para llegar a siete mil 319 y la tendencia del siguiente año indicaba que habría nueve mil manifestaciones. No se equivocó.

Aquel diputado local, en su búsqueda por una restricción para tales eventos, dijo que la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (Canaco), calculó pérdidas por 767 millones de pesos por dos meses de plantones; la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México (Canacope), reportó pérdidas por 650 millones de pesos en ventas no realizadas, así como más de un millón 800 mil horas/hombre de trabajo perdidas y 28 mil comercios y pequeñas empresas afectadas. Por su parte, la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), señaló que el sector restaurantero registró afectaciones por 300 millones en 15 días de marchas. Estas cifras reflejan pérdidas superiores a los mil 700 millones de pesos.

¿Y en materia ambiental?

De acuerdo al Foro Ambiental, que dirigen Miguel Bárcena y Jorge Castañeda, según la Secretaría de Seguridad Pública capitalina, “…del primero de septiembre de 2014 al 29 de agosto pasado, se registraron en la Ciudad de México siete mil 696 movilizaciones, entre marchas y bloqueos, en las que participaron más de cuatro millones 155 mil manifestantes, cifra que se incrementa si también se toman en cuenta los cientos de plantones que a diario padece la capital del país”.

Además, en 2015, en un corto periodo, hubo 495 protestas más que en el mismo lapso del 2014 y se han movilizado unas 250 mil personas más que el año pasado.

Las movilizaciones en la ciudad capital, en materia federal, sumaron 71 por ciento del total, mientras las que se han realizado por demandas locales fueron 29 por ciento.

Sin ir más lejos, el pasado 31 de marzo se registraron tres concentraciones, en la calle de Enrique González Martínez, número 10, colonia Santa María la Ribera (delegación Cuauhtémoc); Donceles y Allende, colonia Centro Histórico, de la misma demarcación; en la calle Kansas 125, colonia Nápoles, delegación Benito Juárez.

El asunto sigue siendo que la Ciudad de México, efectivamente, requiere un marco legal sobre manifestaciones, plantones, bloqueos y mítines, en el cual, haya respeto por los derechos de terceros y sanciones a quienes abusen del ejercicio de libre expresión, reunión y asociación. El derecho de terceros, es decir de millones, sobre todo a tener una buena salud, debe estar por encima de muchos abusos.

En 2014, el 14 de julio fue publicado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal, el decreto por el que se expedía la Ley de Movilidad del Distrito Federal.

Algunos de sus planteamientos fueron:

“Resiliencia. Lograr que el sistema de movilidad tenga capacidad para soportar situaciones fortuitas o de fuerza mayor, con una recuperación de bajo costo para la sociedad y al medio ambiente.

“VII. Multimodalidad. Ofrecer a los diferentes grupos de usuarios, opciones de servicios y modos de transporte integrados, que proporcionen disponibilidad, velocidad, densidad y accesibilidad que permitan reducir la dependencia del uso del automóvil particular.

“VIII. Sustentabilidad y bajo carbono. Solucionar los desplazamientos de personas y sus bienes, con los mínimos efectos negativos sobre la calidad de vida y el medio ambiente, al incentivar el uso de transporte público y no motorizado, así como impulsar el uso de tecnologías sustentables en los medios de transporte.

“IX. Participación y corresponsabilidad social. Establecer un sistema de movilidad basado en soluciones colectivas, que resuelva los desplazamientos de toda la población y en el que se promuevan nuevos hábitos de movilidad, a través de la aportación de todos los actores sociales, en el ámbito de sus capacidades y responsabilidades, y

“X. Innovación tecnológica. Emplear soluciones apoyadas en tecnología de punta, para almacenar, procesar y distribuir información que permita contar con nuevos sistemas, aplicaciones y servicios que contribuyan a una gestión eficiente, tendiente a la automatización y eliminación del error subjetivo, así como a la reducción de las externalidades negativas de los desplazamientos”.

De los obstáculos para el desplazamiento de los ciudadanos, en vehículos o a pie, no hay nada. Por lo tanto, es una ley raquítica. Las obras públicas en la Ciudad de México

En cuanto al punto número dos, la planeación urbana es posible observar en distintas calles y avenidas de la capital, no solamente los miles de topes que se traducen en frenado y arranque de vehículos, sino en cientos de calles cerradas (por la inseguridad) con rejas o “plumas” que violentan el libre tránsito y causan problemas a quienes no son vecinos de la zona y tienen que transitar por tales vialidades.

Aunado a ello, están los cableados subterráneos que llevan a cabo diversas compañías, las cuales no reparan las zanjas sino que las dejan abiertas hasta que a la delegación correspondiente se le ocurre acudir a taparlas. Mientras tanto, las polvaredas son mayúsculas, independientemente de los accidentes y la evidente reducción en la velocidad, misma que está aderezada por otra disminución, la oficial para las avenidas y para las mal llamadas vías rápidas: 40 kilómetros por hora. ¡Uff!

En cuanto al problema con los semáforos, en la Ciudad de México, actualmente, existen tres sistemas autónomos y de ahí el desastre: tres empresas se encargan, Eyssa, que controla 407 intersecciones; Semex, mil 344 e Inmer, mil 373 intersecciones. Solo uno de éstos es automático.

El asunto, de acuerdo al Fideicomiso para el mejoramiento de las vías de Comunicación en el Distrito Federal, son las “intersecciones conflictivas en los puntos de cruce, que se acentúan en las horas de máxima demanda como son las de las primeras horas de la mañana, donde coinciden trabajadores, amas de casa y estudiantes, y aún y cuando las vialidades primarias de la ciudad presentan un esquema adecuado de sentidos de tránsito, en los cruces se alteran los movimientos direccionales. Este comportamiento esta asociado con la programación deficiente de los semáforos de manera especial con las vueltas a la izquierda.

“El sistema de semáforos del Distrito Federal consta de tres mil 70 intersecciones semaforizadas, de las cuales solamente 860 son computarizados. Esta situación es particularmente crítica en las intersecciones en las que –para permitir todos los movimientos direccionales-; los semáforos tienen mas de dos fases, con lo que se origina pérdidas de tiempo y congestionamiento, creando focos de emisiones contaminantes”.

En síntesis, el sistema requiere modernizarse. El jefe de Gobierno ya dijo que sí, pero no mencionó cuando, a lo mejor porque anda en campaña. (Continuará)

Cóctel que agobia a la Ciudad de México

Nidia Marín / El Sol de México

Primera de dos partes

El cóctel contaminante que agobia a la Ciudad de México también tiene, como principales ingredientes, el proceder de ciudadanos y autoridades. Más allá de la real problemática que representan los transportes público y privado y la consecuente decisión del Hoy No Circula “realoaded” (recargado) en puerta, que causa taquicardias y derrame de bilis, está el Top Ten de actividades contribuyentes:

1.- Manifestaciones, bloqueos, plantones y mítines.

2.- Descoordinación entre autoridades, federales, delegacionales y Gobierno central para realizar obras públicas, es decir, falta de planeación urbana.

3.- Desacoplamiento entre el mismo Gobierno citadino, jefes delegacionales, Telmex, gaseras, CFE y televisoras para introducción de cableado, sobre todo subterráneo.

4.- Descompostura de semáforos o mala sincronización de los mismos con su remate: la manipulación sin ton ni son del tráfico por los agentes de tránsito.

5.- Tapones viales de largo aliento por las obras en las cuatro carreteras de ingreso (y salida) a la capital del país.

6.- Descoordinación de los transportes de limpia en las colonias, donde los horarios son increíbles (a la misma hora de los transportes escolares).

7.- La anarquía que prevalece en la construcción de vivienda y la corrupción tolerada desde las dependencias encargadas.

8.- La deforestación en los bosques que rodean a la Ciudad de México incrementada en los últimos años, sea por la constante invasión de predios vía líderes corruptos o por los “negocios” de los desarrolladores.

9.- Falta de racionalidad en el uso de la energía.

10.-Ausencia de adecuados tiraderos de basura.

Y es que…

“Aquí vengo a referir / como sabe ya la gente / lo que pasa al permitir / un maltrato al medio ambiente”.

Así dicen unas cuartetas de no se quién.

“Una muestra a contemplar / es nuestra emisión de gases / y también contaminar en sus diferentes clases”.

En la Ciudad de México se realizan anualmente más de nueve mil manifestaciones. Bajo el pretexto de violentar los derechos humanos, nadie las toca. Esto sucede desde 1999, cuando en septiembre, en el Diario Oficial de la Federación, se publicó el surgimiento de la CNDH como organismo autónomo.

Sin embargo, la marchitis inició por lo menos 15 años antes. Y desde entonces, la urbe es semiparalizada con cualquier pretexto o porque un líder de vivienda, de manzana, de partido, de ambulantes, de organizaciones de la Ciudad o provenientes de otras entidades de la República pretende beneficios, sean realmente para sus agremiados o personales.

El investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Víctor M. Martínez Bullé Goyri lo expuso claramente en su trabajo “marchas, manifestaciones, bloqueos, plantones ¿y el derecho?”, al señalar en una parte de su texto:

“El desmesurado crecimiento de estas manifestaciones ha llevado a las autoridades, casi rallando en lo ridículo, no a encauzarlas, regularlas, controlarlas o incluso impedir su realización, sino a realizar una intensa labor informativa y estadística; fruto de la cual, cotidianamente, nos enteramos oficialmente sobre el número de marchas y manifestaciones que se realizaron el día anterior, así como de las que se espera que se realicen cada día, con sus rutas previstas, a fin de que evitemos circular por la zona, y, por supuesto, del promedio de manifestaciones diarias de los últimos meses. Así, con gran precisión nos enteramos de que, por ejemplo, en los últimos seis meses hemos disfrutado del espectáculo de 6.7 manifestaciones diarias, las cuales han tenido un costo económico para la sociedad de “X” cantidad de millones de pesos, así como de los sectores sociales que han sido afectados por las mismas”.

Han pasado más o menos 17 años desde que lo escribió, y la problemática no solamente continúa sino que se agudiza con las consecuencias económicas, sociales y de contaminación en la capital. Y vamos de mal en peor

La evolución a la alza fue señalada en 2013, por el entonces diputado local Jorge Francisco Ricardo Sotomayor. Dijo: en 2002 se registraron 778 movilizaciones en la vía pública; en el 2009 se presentaron cuatro veces más movilizaciones (aproximadamente tres mil 200) y ya para 2010 se había llegado a seis mil 294, según datos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal. En 2012, la cifra se elevó nuevamente para llegar a siete mil 319 y la tendencia del siguiente año indicaba que habría nueve mil manifestaciones. No se equivocó.

Aquel diputado local, en su búsqueda por una restricción para tales eventos, dijo que la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (Canaco), calculó pérdidas por 767 millones de pesos por dos meses de plantones; la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México (Canacope), reportó pérdidas por 650 millones de pesos en ventas no realizadas, así como más de un millón 800 mil horas/hombre de trabajo perdidas y 28 mil comercios y pequeñas empresas afectadas. Por su parte, la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), señaló que el sector restaurantero registró afectaciones por 300 millones en 15 días de marchas. Estas cifras reflejan pérdidas superiores a los mil 700 millones de pesos.

¿Y en materia ambiental?

De acuerdo al Foro Ambiental, que dirigen Miguel Bárcena y Jorge Castañeda, según la Secretaría de Seguridad Pública capitalina, “…del primero de septiembre de 2014 al 29 de agosto pasado, se registraron en la Ciudad de México siete mil 696 movilizaciones, entre marchas y bloqueos, en las que participaron más de cuatro millones 155 mil manifestantes, cifra que se incrementa si también se toman en cuenta los cientos de plantones que a diario padece la capital del país”.

Además, en 2015, en un corto periodo, hubo 495 protestas más que en el mismo lapso del 2014 y se han movilizado unas 250 mil personas más que el año pasado.

Las movilizaciones en la ciudad capital, en materia federal, sumaron 71 por ciento del total, mientras las que se han realizado por demandas locales fueron 29 por ciento.

Sin ir más lejos, el pasado 31 de marzo se registraron tres concentraciones, en la calle de Enrique González Martínez, número 10, colonia Santa María la Ribera (delegación Cuauhtémoc); Donceles y Allende, colonia Centro Histórico, de la misma demarcación; en la calle Kansas 125, colonia Nápoles, delegación Benito Juárez.

El asunto sigue siendo que la Ciudad de México, efectivamente, requiere un marco legal sobre manifestaciones, plantones, bloqueos y mítines, en el cual, haya respeto por los derechos de terceros y sanciones a quienes abusen del ejercicio de libre expresión, reunión y asociación. El derecho de terceros, es decir de millones, sobre todo a tener una buena salud, debe estar por encima de muchos abusos.

En 2014, el 14 de julio fue publicado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal, el decreto por el que se expedía la Ley de Movilidad del Distrito Federal.

Algunos de sus planteamientos fueron:

“Resiliencia. Lograr que el sistema de movilidad tenga capacidad para soportar situaciones fortuitas o de fuerza mayor, con una recuperación de bajo costo para la sociedad y al medio ambiente.

“VII. Multimodalidad. Ofrecer a los diferentes grupos de usuarios, opciones de servicios y modos de transporte integrados, que proporcionen disponibilidad, velocidad, densidad y accesibilidad que permitan reducir la dependencia del uso del automóvil particular.

“VIII. Sustentabilidad y bajo carbono. Solucionar los desplazamientos de personas y sus bienes, con los mínimos efectos negativos sobre la calidad de vida y el medio ambiente, al incentivar el uso de transporte público y no motorizado, así como impulsar el uso de tecnologías sustentables en los medios de transporte.

“IX. Participación y corresponsabilidad social. Establecer un sistema de movilidad basado en soluciones colectivas, que resuelva los desplazamientos de toda la población y en el que se promuevan nuevos hábitos de movilidad, a través de la aportación de todos los actores sociales, en el ámbito de sus capacidades y responsabilidades, y

“X. Innovación tecnológica. Emplear soluciones apoyadas en tecnología de punta, para almacenar, procesar y distribuir información que permita contar con nuevos sistemas, aplicaciones y servicios que contribuyan a una gestión eficiente, tendiente a la automatización y eliminación del error subjetivo, así como a la reducción de las externalidades negativas de los desplazamientos”.

De los obstáculos para el desplazamiento de los ciudadanos, en vehículos o a pie, no hay nada. Por lo tanto, es una ley raquítica. Las obras públicas en la Ciudad de México

En cuanto al punto número dos, la planeación urbana es posible observar en distintas calles y avenidas de la capital, no solamente los miles de topes que se traducen en frenado y arranque de vehículos, sino en cientos de calles cerradas (por la inseguridad) con rejas o “plumas” que violentan el libre tránsito y causan problemas a quienes no son vecinos de la zona y tienen que transitar por tales vialidades.

Aunado a ello, están los cableados subterráneos que llevan a cabo diversas compañías, las cuales no reparan las zanjas sino que las dejan abiertas hasta que a la delegación correspondiente se le ocurre acudir a taparlas. Mientras tanto, las polvaredas son mayúsculas, independientemente de los accidentes y la evidente reducción en la velocidad, misma que está aderezada por otra disminución, la oficial para las avenidas y para las mal llamadas vías rápidas: 40 kilómetros por hora. ¡Uff!

En cuanto al problema con los semáforos, en la Ciudad de México, actualmente, existen tres sistemas autónomos y de ahí el desastre: tres empresas se encargan, Eyssa, que controla 407 intersecciones; Semex, mil 344 e Inmer, mil 373 intersecciones. Solo uno de éstos es automático.

El asunto, de acuerdo al Fideicomiso para el mejoramiento de las vías de Comunicación en el Distrito Federal, son las “intersecciones conflictivas en los puntos de cruce, que se acentúan en las horas de máxima demanda como son las de las primeras horas de la mañana, donde coinciden trabajadores, amas de casa y estudiantes, y aún y cuando las vialidades primarias de la ciudad presentan un esquema adecuado de sentidos de tránsito, en los cruces se alteran los movimientos direccionales. Este comportamiento esta asociado con la programación deficiente de los semáforos de manera especial con las vueltas a la izquierda.

“El sistema de semáforos del Distrito Federal consta de tres mil 70 intersecciones semaforizadas, de las cuales solamente 860 son computarizados. Esta situación es particularmente crítica en las intersecciones en las que –para permitir todos los movimientos direccionales-; los semáforos tienen mas de dos fases, con lo que se origina pérdidas de tiempo y congestionamiento, creando focos de emisiones contaminantes”.

En síntesis, el sistema requiere modernizarse. El jefe de Gobierno ya dijo que sí, pero no mencionó cuando, a lo mejor porque anda en campaña. (Continuará)