/ martes 27 de septiembre de 2016

Llega a su fin la era de las guerrillas en América Latina

Ayer concluyó una era en América Latina, la de las guerrillas. Permaneció desde finales de los años cincuenta hasta nuestros días. Y aunque aún existen acelerados, aquellas formaciones político-militares llegan a su fin. La seducción de las urnas fue el camino seguido por la última guerrilla del continente americano, la de Colombia. El voto es el objeto del deseo.

Con ello, en la realidad, los conflictos regionales empiezan a alcanzar solución, esperamos que duradera en el caso de las FARC. Ayer se firmaron los acuerdos de paz, que no son otra cosa que una amnistía a través de la cual los antiguos guerrilleros abandonan las armas y pueden participar en política electoral.

Ocurre cuando en este 2016 se cumplen 39 años de la Reforma Política de 1977 en México, estructurada por Jesús Reyes Heroles, en busca de una alternativa político-electoral para los guerrilleros y para revitalizar el sistema de partidos.

Eran aquellos los tiempos en que por vez primera unas botas guerrilleras ingresaban al Palacio Nacional mexicano. Tomás Borge y el poeta Jaime Wheelock, entre otros. Sí, los sandinistas fueron los pioneros en 1979, después de la caída del dictador Anastasio Somoza y del triunfo de la Revolución con el Frente Sandinista de Liberación Nacional por delante.

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En México, la reforma, además, permitió una mejor participación política que se cumplió en ese 1979, al realizarse elecciones para diputados. Fue cuando los partidos de izquierda ingresaron a la legalidad, como el Partido Comunista Mexicano y el Partido Socialista de los Trabajadores. Después competiría un mayor número de organizaciones de izquierda hasta abarcar a marxista-leninistas, trotskistas, socialdemócratas, oposicionistas y colaboracionistas.

En agosto de 1979, se instaló la histórica LI Legislatura del Congreso de la Unión, en la que fueron incorporados diputados opositores de la izquierda. Con ello la pluralidad de la Cámara de Diputados se vio incrementada de manera significativa, aunque en términos reales la oposición no tuviera el número suficiente de representantes para crear un congreso equilibrado.

Guatemala es otra historia. Los acuerdos de Paz iniciaron en 1987 y concluyeron en 1996. Fueron doce y principiaron en México. El último se denominó Acuerdo de Paz Firme y Duradera, tras el cual la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (que agrupaba a varias organizaciones guerrilleras) ingresó a la legalidad en condiciones de seguridad y dignidad, lo que evidentemente se tradujo en una conciliación y en el perfeccionamiento de un sistema democrático sin exclusiones, aseguran los estudiosos.

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En el caso de los Acuerdos de Paz firmados entre el Gobierno de El Salvador y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), fueron signados el 16 de enero de 1992 en el Castillo de Chapultepec, México. Con la firma concluyeron 12 años de guerra civil en El Salvador, de 1980 hasta 1992.

En Uruguay durante la primera presidencia de José María Sanguinetti (1985-1989), se buscó la respectiva inserción en la legalidad de los guerrilleros del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Sería hasta la segunda presidencia de este hombre y una vez que falleció el líder de la guerrilla Raúl Sendic, cuando se presentó la denominada “seducción de las urnas” e inició el ingreso a la legalidad, de tal manera que dos hombres de izquierda han llegado a la presidencia: el exguerrillero tupamaro José Mujica y Tabaré Vázquez.

En Brasil la docena de organizaciones guerrilleras de los setentas con Carlos Marighella, como uno de sus líderes más visibles, aseguran los estudiosos fueron derrotadas y en 1979 inició la primera Amnistía. En Venezuela fue el presidente Rafael Caldera quien la decretó también por aquellos años, mientras que en Argentina los Montoneros fueron indultados (también los militares) por el peronista Juan Carlos Menem.

Son solamente unos ejemplos en América Latina, de quienes han abandonado las armas para participar en política electoral con respeto a las instituciones.

En diciembre de 2014, cuando fueron anunciadas las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba escribimos:

“¡Vaya campanazo como obsequio! Sus posibilidades para el cambio geopolítico, para la modificación de posiciones globales y para acabar con los conflictos regionales son enormes”.

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Está ocurriendo. Ayer se firmó la paz en Colombia entre las FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos y Cuba estuvo presente para impulsar la voluntad de participación política y abandono de las armas y la violencia de los grupos guerrilleros.

Pero falta su alejamiento del narcotráfico, ya que desde hace varios años se sabía de los vínculos de la FARC con narcotraficantes. Esto también ocurrirá, por lo menos así lo dio a conocer el presidente Juan Manuel Santos en las Naciones Unidas, donde anunció la disposición de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia de romper cualquier vínculo con el narcotráfico, lo cual quedó asentado en los acuerdos de paz.

“Cuando firmemos, las FARC van a comenzar a ayudar al Estado en lugar de combatirlo, en la sustitución de cultivos ilícitos por cultivos lícitos y en la eliminación de los corredores y del narcotráfico propiamente dicho”, dijo durante la inauguración del foro sobre los nuevos retos de la política antinarcóticos.

Además, señaló que a partir de la firma, la guerrilla se tornará en aliada; un cambio de 180 grados que tal como señaló abre a los colombianos una inmensa oportunidad de ser efectivos en ese frente.

¡Ojalá!

Ayer concluyó una era en América Latina, la de las guerrillas. Permaneció desde finales de los años cincuenta hasta nuestros días. Y aunque aún existen acelerados, aquellas formaciones político-militares llegan a su fin. La seducción de las urnas fue el camino seguido por la última guerrilla del continente americano, la de Colombia. El voto es el objeto del deseo.

Con ello, en la realidad, los conflictos regionales empiezan a alcanzar solución, esperamos que duradera en el caso de las FARC. Ayer se firmaron los acuerdos de paz, que no son otra cosa que una amnistía a través de la cual los antiguos guerrilleros abandonan las armas y pueden participar en política electoral.

Ocurre cuando en este 2016 se cumplen 39 años de la Reforma Política de 1977 en México, estructurada por Jesús Reyes Heroles, en busca de una alternativa político-electoral para los guerrilleros y para revitalizar el sistema de partidos.

Eran aquellos los tiempos en que por vez primera unas botas guerrilleras ingresaban al Palacio Nacional mexicano. Tomás Borge y el poeta Jaime Wheelock, entre otros. Sí, los sandinistas fueron los pioneros en 1979, después de la caída del dictador Anastasio Somoza y del triunfo de la Revolución con el Frente Sandinista de Liberación Nacional por delante.

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En México, la reforma, además, permitió una mejor participación política que se cumplió en ese 1979, al realizarse elecciones para diputados. Fue cuando los partidos de izquierda ingresaron a la legalidad, como el Partido Comunista Mexicano y el Partido Socialista de los Trabajadores. Después competiría un mayor número de organizaciones de izquierda hasta abarcar a marxista-leninistas, trotskistas, socialdemócratas, oposicionistas y colaboracionistas.

En agosto de 1979, se instaló la histórica LI Legislatura del Congreso de la Unión, en la que fueron incorporados diputados opositores de la izquierda. Con ello la pluralidad de la Cámara de Diputados se vio incrementada de manera significativa, aunque en términos reales la oposición no tuviera el número suficiente de representantes para crear un congreso equilibrado.

Guatemala es otra historia. Los acuerdos de Paz iniciaron en 1987 y concluyeron en 1996. Fueron doce y principiaron en México. El último se denominó Acuerdo de Paz Firme y Duradera, tras el cual la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (que agrupaba a varias organizaciones guerrilleras) ingresó a la legalidad en condiciones de seguridad y dignidad, lo que evidentemente se tradujo en una conciliación y en el perfeccionamiento de un sistema democrático sin exclusiones, aseguran los estudiosos.

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En el caso de los Acuerdos de Paz firmados entre el Gobierno de El Salvador y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), fueron signados el 16 de enero de 1992 en el Castillo de Chapultepec, México. Con la firma concluyeron 12 años de guerra civil en El Salvador, de 1980 hasta 1992.

En Uruguay durante la primera presidencia de José María Sanguinetti (1985-1989), se buscó la respectiva inserción en la legalidad de los guerrilleros del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Sería hasta la segunda presidencia de este hombre y una vez que falleció el líder de la guerrilla Raúl Sendic, cuando se presentó la denominada “seducción de las urnas” e inició el ingreso a la legalidad, de tal manera que dos hombres de izquierda han llegado a la presidencia: el exguerrillero tupamaro José Mujica y Tabaré Vázquez.

En Brasil la docena de organizaciones guerrilleras de los setentas con Carlos Marighella, como uno de sus líderes más visibles, aseguran los estudiosos fueron derrotadas y en 1979 inició la primera Amnistía. En Venezuela fue el presidente Rafael Caldera quien la decretó también por aquellos años, mientras que en Argentina los Montoneros fueron indultados (también los militares) por el peronista Juan Carlos Menem.

Son solamente unos ejemplos en América Latina, de quienes han abandonado las armas para participar en política electoral con respeto a las instituciones.

En diciembre de 2014, cuando fueron anunciadas las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba escribimos:

“¡Vaya campanazo como obsequio! Sus posibilidades para el cambio geopolítico, para la modificación de posiciones globales y para acabar con los conflictos regionales son enormes”.

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Está ocurriendo. Ayer se firmó la paz en Colombia entre las FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos y Cuba estuvo presente para impulsar la voluntad de participación política y abandono de las armas y la violencia de los grupos guerrilleros.

Pero falta su alejamiento del narcotráfico, ya que desde hace varios años se sabía de los vínculos de la FARC con narcotraficantes. Esto también ocurrirá, por lo menos así lo dio a conocer el presidente Juan Manuel Santos en las Naciones Unidas, donde anunció la disposición de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia de romper cualquier vínculo con el narcotráfico, lo cual quedó asentado en los acuerdos de paz.

“Cuando firmemos, las FARC van a comenzar a ayudar al Estado en lugar de combatirlo, en la sustitución de cultivos ilícitos por cultivos lícitos y en la eliminación de los corredores y del narcotráfico propiamente dicho”, dijo durante la inauguración del foro sobre los nuevos retos de la política antinarcóticos.

Además, señaló que a partir de la firma, la guerrilla se tornará en aliada; un cambio de 180 grados que tal como señaló abre a los colombianos una inmensa oportunidad de ser efectivos en ese frente.

¡Ojalá!