/ jueves 12 de noviembre de 2015

México celebra hoy el Día del Cartero

Mérida.- Perteneciente a una generación en la quelos sentimientos, emociones, alegrías y tristezas viajan en elciberespacio y ya no en papel, Wilberth González Córdova resaltala importancia del oficio de cartero que en pleno siglo XXI, cumpleaún, contra lo que pudiera suponerse, una misión importante.

Hombre, cuya historia familiar ha girado alrededordel Servicio Postal Mexicano (Sepomex), sostiene que ni el correoelectrónico, ni redes sociales han puesto en riesgo el oficio quecomenzó a desempeñar iniciando el presente siglo 2000.

Apuntó que también le ha dejado sustos como serperseguido por canes furiosos en caminos de terracería, ysatisfacciones como su compañera de vida y sus hijos.

Pero, González Córdova, de 35 años, reconoce, enel marco del Día del Cartero que se conmemora hoy, que sí hapercibido cambios en su trabajo, sobre todo en la manera en que lagente, sobre todo los mexicanos, se comunica entre sí.

“La gente no escribe ya a mano, no se mandancartas, eso lo hemos visto en los últimos años, han perdido lacostumbre de hacerlo y sí influye el correo electrónico; tambiénvemos que llegan cartas personalizadas del extranjero, que son másfrecuentes que las que circulan dentro del país.

“El internet ha influido, es más fácil enviarmensajes por correo electrónico o por whatsaap, aunque la cartatiene implícito el factor emoción; y sí, la gente aún seemociona, sobre todo la gente mayor", explicó.

Entrevistado por Notimex en una de las alrededor de10 oficinas que el Sepomex tiene en Mérida, el atento empleadoafirma que “bendito sea Dios, nuestro oficio no se acaba, siemprehay algo qué recibir y procurar que llegue a su destino”.

Aclaró que si no se trata de cartas, tienen queentregar estados de cuenta, recibos telefónicos y paqueteríacertificada que en gran cantidad viene de China.

También agregó que las nuevas generaciones demexicanos aún se involucran con el correo convencional, incluso lanacida en el siglo XXI, pues niños, acompañados de sus padres,llegan a las oficinas del Sepomex a enviar cartas a sus propioscompañeritos de escuela como parte de tareas escolares.

Las personas adultas no olvidan al cartero del queincluso, según González Córdova, conocen sus códigos decomunicación, como un sólo silbido en bajo tono para avisarles desu llegada y de que han recibido un envío, o bien, uno intenso,por el que deben de entender que necesitan salir a recibirlopersonalmente y firmar.

Orgulloso, mas no engreído, el empleado postal diceque si bien hoy día muchas personas entregan mensajería ypaquetería, no todos pueden llamarse cartero, estatus que leotorga un plus a esta actividad, pues los integrantes de su gremioofrecen un servicio más personalizado.

“Hoy día hay, sobre todo en estas épocas en lasque existe la costumbre de gratificar al cartero al conmemorarse sudía, muchos mensajeros o empleados de empresas del ramo se dicencarteros, pero no solo no lo son, desconocen el trabajo en todossus aspectos.

“Nosotros -enfatizó-, tenemos un trato especialcon el usuario, no lanzamos la carta o el paquete al jardín, y nosvamos enseguida para seguir dejando mensajería por quizás ganarmás dinero por envío dejado”.

Aclaró que los carteros depositan la entrega en elbuzón, hay hasta la costumbre de conversar un momento con laspersonas de las que incluso se hacen amigos y hasta conocen a lassegundas generaciones de sus familias.

“La entrega de mensajes, envíos, paquetería es unbuen negocio, es una actividad muy necesaria y si no lo fuera, nohabrían tantas empresas del ramo y tampoco seguiría habiendo unservicio postal con mucho trabajo como todavía lo hay”,expresó.

Con 15 años en el servicio, González Córdova, hijode un cartero, calcula que en su ruta, la cual tiene desde hace 12años y que comprende la colonia García Ginerés, entregadiariamente entre 200 y 300 envíos postales, lo cual, por elconocimiento preciso de la zona, realiza en unas cuatro horas.

Su trabajo no termina allá, pues debe regresarinmediatamente a la oficina para entregar recibos de correocertificado, devolver paquetes no entregados y por los cuales sehizo responsable al firmar en su recepción.

Así como clasificar correspondencia para el díasiguiente, la cual deja en una “pichonera”, una especie de cajade seguridad, de la cual la saca al día siguiente para suentrega.

Su jornada diaria, de poco más de ocho horas,comprende del lunes al el sábado cuando sólo labora cuatro horas,para después ir a su casa, no a descansar, sino a quitarse eluniforme y dirigirse a un trabajo similar, mas no igual, al que élle da un plus por su experiencia de cartero: Repartidor de comidaen un restaurante.

Su condición de padre de familia, de tres hijos,“dos varones y una nena” no le deja otra opción, pues si bienlo que gana como cartero cubre de manera digna sus necesidades ylas de su familia, una entrada económica extra nunca está demás.

Su experiencia e involucramiento con el serviciopostal le ha llevado a tener muchas experiencias desde niño,“pues nací en el correo”, hasta ya siendo un funcionariopostal, como le sucedió cuando en sus inicios debió laborar en laoriental ciudad yucateca de Tizimín, a unos 170 kilómetros de lacapital yucateca.

Allá, en una ocasión, al entregar correspondenciaen una casa adyacente a un rancho, en la localidad de ColoniaYucatán, un par de perros de raza, de buen tamaño y furiosos sebrincaron la barda y lo persiguieron.

Casi sin darle tiempo de subir a su bicicleta en laque con apuros y haciendo milagros de equilibrio en un camino deterracería, libró las fauces de los canes a los que, enojado, yade lejos, lanzó piedras.

Pero Tizimín tiene también un grato recuerdo paraél, pues fue allá donde conoció a quien sería su novia, suesposa y madre de sus hijos con la que desde hace años vive enMérida, donde piensa dedicarse el reto de su experiencia al oficiode cartero en el Sepomex, donde tres de sus hermanos tambiéntrabajan.

En entrevista aparte, el encargado del centro dereparto de la oficina postal del centro de Mérida, Juan UicabPeraza, estimó que en Mérida hay unos 90 carteros que cubren lasnecesidades de esta ciudad de alrededor de un millón depersonas.

Hay carteros también en el interior del estado enciudades como Kanasín, Valladolid y Tizimín.

En los municipios en los que no hay oficinas delSepomex, los alcaldes se hacen cargo de atender las necesidadespostales con personal de apoyo que reciben la encomienda, que gentecomo Wilberth González y muchos otros de sus colegas realizan adiario en Yucatán y en el resto de México. (Notimex)

/afa

Mérida.- Perteneciente a una generación en la quelos sentimientos, emociones, alegrías y tristezas viajan en elciberespacio y ya no en papel, Wilberth González Córdova resaltala importancia del oficio de cartero que en pleno siglo XXI, cumpleaún, contra lo que pudiera suponerse, una misión importante.

Hombre, cuya historia familiar ha girado alrededordel Servicio Postal Mexicano (Sepomex), sostiene que ni el correoelectrónico, ni redes sociales han puesto en riesgo el oficio quecomenzó a desempeñar iniciando el presente siglo 2000.

Apuntó que también le ha dejado sustos como serperseguido por canes furiosos en caminos de terracería, ysatisfacciones como su compañera de vida y sus hijos.

Pero, González Córdova, de 35 años, reconoce, enel marco del Día del Cartero que se conmemora hoy, que sí hapercibido cambios en su trabajo, sobre todo en la manera en que lagente, sobre todo los mexicanos, se comunica entre sí.

“La gente no escribe ya a mano, no se mandancartas, eso lo hemos visto en los últimos años, han perdido lacostumbre de hacerlo y sí influye el correo electrónico; tambiénvemos que llegan cartas personalizadas del extranjero, que son másfrecuentes que las que circulan dentro del país.

“El internet ha influido, es más fácil enviarmensajes por correo electrónico o por whatsaap, aunque la cartatiene implícito el factor emoción; y sí, la gente aún seemociona, sobre todo la gente mayor", explicó.

Entrevistado por Notimex en una de las alrededor de10 oficinas que el Sepomex tiene en Mérida, el atento empleadoafirma que “bendito sea Dios, nuestro oficio no se acaba, siemprehay algo qué recibir y procurar que llegue a su destino”.

Aclaró que si no se trata de cartas, tienen queentregar estados de cuenta, recibos telefónicos y paqueteríacertificada que en gran cantidad viene de China.

También agregó que las nuevas generaciones demexicanos aún se involucran con el correo convencional, incluso lanacida en el siglo XXI, pues niños, acompañados de sus padres,llegan a las oficinas del Sepomex a enviar cartas a sus propioscompañeritos de escuela como parte de tareas escolares.

Las personas adultas no olvidan al cartero del queincluso, según González Córdova, conocen sus códigos decomunicación, como un sólo silbido en bajo tono para avisarles desu llegada y de que han recibido un envío, o bien, uno intenso,por el que deben de entender que necesitan salir a recibirlopersonalmente y firmar.

Orgulloso, mas no engreído, el empleado postal diceque si bien hoy día muchas personas entregan mensajería ypaquetería, no todos pueden llamarse cartero, estatus que leotorga un plus a esta actividad, pues los integrantes de su gremioofrecen un servicio más personalizado.

“Hoy día hay, sobre todo en estas épocas en lasque existe la costumbre de gratificar al cartero al conmemorarse sudía, muchos mensajeros o empleados de empresas del ramo se dicencarteros, pero no solo no lo son, desconocen el trabajo en todossus aspectos.

“Nosotros -enfatizó-, tenemos un trato especialcon el usuario, no lanzamos la carta o el paquete al jardín, y nosvamos enseguida para seguir dejando mensajería por quizás ganarmás dinero por envío dejado”.

Aclaró que los carteros depositan la entrega en elbuzón, hay hasta la costumbre de conversar un momento con laspersonas de las que incluso se hacen amigos y hasta conocen a lassegundas generaciones de sus familias.

“La entrega de mensajes, envíos, paquetería es unbuen negocio, es una actividad muy necesaria y si no lo fuera, nohabrían tantas empresas del ramo y tampoco seguiría habiendo unservicio postal con mucho trabajo como todavía lo hay”,expresó.

Con 15 años en el servicio, González Córdova, hijode un cartero, calcula que en su ruta, la cual tiene desde hace 12años y que comprende la colonia García Ginerés, entregadiariamente entre 200 y 300 envíos postales, lo cual, por elconocimiento preciso de la zona, realiza en unas cuatro horas.

Su trabajo no termina allá, pues debe regresarinmediatamente a la oficina para entregar recibos de correocertificado, devolver paquetes no entregados y por los cuales sehizo responsable al firmar en su recepción.

Así como clasificar correspondencia para el díasiguiente, la cual deja en una “pichonera”, una especie de cajade seguridad, de la cual la saca al día siguiente para suentrega.

Su jornada diaria, de poco más de ocho horas,comprende del lunes al el sábado cuando sólo labora cuatro horas,para después ir a su casa, no a descansar, sino a quitarse eluniforme y dirigirse a un trabajo similar, mas no igual, al que élle da un plus por su experiencia de cartero: Repartidor de comidaen un restaurante.

Su condición de padre de familia, de tres hijos,“dos varones y una nena” no le deja otra opción, pues si bienlo que gana como cartero cubre de manera digna sus necesidades ylas de su familia, una entrada económica extra nunca está demás.

Su experiencia e involucramiento con el serviciopostal le ha llevado a tener muchas experiencias desde niño,“pues nací en el correo”, hasta ya siendo un funcionariopostal, como le sucedió cuando en sus inicios debió laborar en laoriental ciudad yucateca de Tizimín, a unos 170 kilómetros de lacapital yucateca.

Allá, en una ocasión, al entregar correspondenciaen una casa adyacente a un rancho, en la localidad de ColoniaYucatán, un par de perros de raza, de buen tamaño y furiosos sebrincaron la barda y lo persiguieron.

Casi sin darle tiempo de subir a su bicicleta en laque con apuros y haciendo milagros de equilibrio en un camino deterracería, libró las fauces de los canes a los que, enojado, yade lejos, lanzó piedras.

Pero Tizimín tiene también un grato recuerdo paraél, pues fue allá donde conoció a quien sería su novia, suesposa y madre de sus hijos con la que desde hace años vive enMérida, donde piensa dedicarse el reto de su experiencia al oficiode cartero en el Sepomex, donde tres de sus hermanos tambiéntrabajan.

En entrevista aparte, el encargado del centro dereparto de la oficina postal del centro de Mérida, Juan UicabPeraza, estimó que en Mérida hay unos 90 carteros que cubren lasnecesidades de esta ciudad de alrededor de un millón depersonas.

Hay carteros también en el interior del estado enciudades como Kanasín, Valladolid y Tizimín.

En los municipios en los que no hay oficinas delSepomex, los alcaldes se hacen cargo de atender las necesidadespostales con personal de apoyo que reciben la encomienda, que gentecomo Wilberth González y muchos otros de sus colegas realizan adiario en Yucatán y en el resto de México. (Notimex)

/afa

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