/ sábado 10 de octubre de 2015

Ronda a la CTM el fantasma del ocaso

Salvador Martínez Pavón / El Sol de México

(Segunda Parte)

Dividida, rebasada en tiempo y contenido en los postulados de sus principios estatutarios, y ninguneada políticamente, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) buscará el próximo 23 de octubre en su XVI Congreso Nacional subsanar las bajas en su Comité Nacional y revertir el “fantasma” galopante de su ocaso, desde la partida de su máximo líder histórico, Fidel Velázquez Sánchez.

Sin embargo, Joaquín Gamboa Pascoe, apenas su cuarto secretario general en poco más de un cuarto de siglo, llega al final de su periodo 2010-2016, como llegó: parco, soberbio, indiferente, a las críticas de quienes dudan, en caso de ser reelegido, que complete la gestión 2016- 2022.

Es señalado por sus detractores como ejemplo vivo de un anacrónico despotismo feudal. Ha sido cuestionado, provocado por sus finos trajes de casimir “slim Fit” (modernos cortes entallados al cuerpo), zapatos de pieles exóticas, automóviles de lujo —Mercedes-Benz o BMW—, y su vasta colección de relojes caros.

El escritor Francisco Cruz lo ha descrito como “político” seco y hermético, cuya vida guarda cualquier cantidad de secretos, y sobre él corren las más turbadoras historias desde las décadas de 1970 y 1980”.

A Joaquín Gamboa Pascoe se le achaca una larga lista de negocios, entre los que destaca la concesión de créditos y contratos para la construcción de más de 50 mil casas de interés social, que no es poco y, menos si se toma en cuenta que fueron construidas en terrenos de su propiedad.

Apenas egresó de la UNAM, el ahora secretario general de la CTM, se dedicó a litigar como abogado patronal, pero la vida y sus relaciones lo llevaron hasta Jesús Yurén, quien lo hizo asesor de la FTDF.

Por muchos años se le conoció como el “legislador microondas” o el “diputado de la fayuca”, por lo que en mayo de 1982, Gamboa Pascoe pasó una de sus mayores vergüenzas, al ser obligado a salir al paso para desmentir, tajantemente, que era uno de los legisladores que regresó de una Interparlamentaria en Estados Unidos, cargado de fayuca.

La humillante salida de Ramírez Gamero

Hace algunas semanas, Gamboa Pascoe, de plano rompió con su secretario de Educación y dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Industria del Autotransporte (Sitiat), José Ramírez Gamero, a quien quitó sus oficinas del cuarto piso y lo obligó a alquilar otras.

Durante el desencuentro por la venta de los terrenos de la Universidad Obrera creada por Fidel Velázquez en Morelos, Ramírez Gamero le anunció a Gamboa su decisión de marcharse por un tiempo de la Central. Pascoe fue tajante: “Si se va de manera permanente mejor”.

Días después ya no le permitió a Gamero la entrada a sus oficinas en la CTM, y el duranguense tuvo que alquilar unas en el edificio de Vallarta 1, frente a la Confederación y donde están las oficinas de su gremio.

Gamero vendió parte del campus de la Universidad Obrera, con sede en Morelos, y cuando Gamboa Pascoe se enteró reaccionó con violencia y vendió la otra parte. Y el sueño de Fidel Velázquez se truncó. La CTM ya no tiene universidad para sus afiliados ni los hijos de sus agremiados.

Ramírez Gamero, reunía todo para ser dirigente nacional de la CTM. No solo era uno de los consentidos de Fidel, sino también ha sido priísta de toda la vida, gobernador, dos veces senador y diputado federal, además de miembro del Comité Ejecutivo Nacional cetemista.

No obstante, el pasado 16 de abril, Joaquín Gamboa tomó protesta a Luis Alberto Echeverría Navarro, como secretario de Educación, en sustitución de Ramírez Gamero, quien no pertenece más a la Confederación.

Estructura y membrecía a la baja

La CTM está conformada por 31 Federaciones estatales, y la del Distrito Federal, así como federaciones locales y regionales, además de más de 100 mil sindicatos, que -a decir de propios cetemistas-, en la actualidad aglutinan a cerca de 3 millones de agremiados, aunque Gamboa Pascoe sostiene que son 4 millones, a diferencia de los 8 millones que presumía en vida Fidel Velázquez.

Sus documentos básicos, definen a la CTM como “nacional proletaria, autónoma, de carácter político, social, integrada por hombres y mujeres que pertenecen a las clases trabajadora, campesina y grupos sociales marginados.”

Dentro de su Capítulo II plantean que la Confederación estará estructurada por “Federaciones Locales, Regionales, de los Estados y del Distrito Federal, así como Sindicatos Regionales y Nacionales de Industria, Sindicatos Nacionales y de Empresas Federaciones Femenil y Juvenil, Organizaciones de Trabajadores del Campo y Grupos  Sociales y Marginados.

Y en su Artículo 15 agrega que los organismos que constituyen el gobierno de la CTM son: “El Congreso Nacional, como organismo supremo; en su ausencia, la soberanía de la Confederación radicará en el Comité Nacional.

En el Capítulo IV, Artículo 16, añade que en el Congreso Nacional “radica la soberanía y le corresponde modificar la Constitución, elegir a los funcionarios sindicales y dictar normas de conducta que obligan a todos los miembros de la CTM por igual.

Subraya que el Congreso se reunirá ordinariamente cada seis años y extraordinariamente, cuando lo requiera el Comité Nacional. Destaca que la Convocatoria deberá ser aprobada por el Consejo Nacional  y expedida con 60 días de anticipación por el Comité Nacional de la Confederación.

En el Capítulo VI Artículo 37, se plantea que habrá seis secretarios Generales Sustitutos que tendrán la función de realizar actividades especiales, como cubrir comisiones especificas.

En los casos de ausencia definitiva, el presidente de la Comisión Nacional de Contraloría Justicia cetemista convocará a los secretarios Generales del Comité Nacional y a los secretarios Generales sustitutos a una sesión plenaria, para la que por mayoría de votos se designe al secretario General que habrá de concluir el periodo.

La pendiente cetemista

Todavía con Fidel Velázquez anciano y enfermo, la Confederación llegó a tener hasta 55 diputados, más de una docena de senadores y seis gobernadores, así como un sin fin de alcaldías, regidurías y legisladores locales.

Ahora, ni ninguneada por su partido, su fuerza política se reduce a solo tres diputados y dos senadores en LXIII Legislatura (Romero Deschamps y Neyra Chávez), y cero gobernadores.

En la Cámara de Diputados apenas alcanzó a meter a Pedro Alberto Salazar Muciño, secretario de Organización, a Rafael Yerena Zambrano, secretario de la Federación de Trabajadores de Jalisco (FTJ) y a Georgina Zapata Lucero, hija de Doroteo Zapata, de la Federación cetemista de Chihuahua.

A esta pendiente cetemista, su suma el contraste ya existente entre la declaración de principios de sus Estatutos, que dieron sustento a sus orígenes socialistas, incluso comunistas, y la realidad imperante en el país y que enfrentan sus millones de representados.

En su documento constitutivo, la CTM se define como una organización revolucionaria nacionalista, y mayoritaria en permanente lucha por la defensa de los trabajadores y clases proletarias contra la iniquidad social y la promoción de un salario remunerador.

De acuerdo a estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los más de 52.6 millones de mexicanos que integramos la Población Económicamente Activa (PEA) del país, enfrentamos un rezago salarial  de entre 80 y 100 por ciento, desde 1987.

En otro principio se menciona que la Confederación “se opone a la guerra, al hambre, a la miseria, a la desocupación, a la explotación y a cualquier determinación que denigre la condición humana del trabajador.  De acuerdo con los últimos reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, (INEGI), perviven en el país alrededor de 2.3 millones de desempleados.

Y mientras otros 2 millones de trabajadores sobreviven con un salario mínimo de 70 pesos con 10 centavos diarios, la dirigencia nacional cetemista seguramente se ratificará en su XVI Congreso como “una central del proletariado, demandante, unida, poderosa de invariable determinación transformadora”, aunque sus enemigos de adentro y afuera, sigan apostando a su aniquilación.

El choque de los conceptos socialistas del siglo pasado en los documentos cetemistas, con la realidad de estos inicios del nuevo milenio, plantean un anacronismo que exige reformas, cambios y modernidad, pero que parece no querer ver la dirigencia nacional de la CTM.

"En la CTM vivimos con nuestros muertos, no los olvidamos”, dijo no hace mucho, Joaquín Gamboa Pascoe.

Salvador Martínez Pavón / El Sol de México

(Segunda Parte)

Dividida, rebasada en tiempo y contenido en los postulados de sus principios estatutarios, y ninguneada políticamente, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) buscará el próximo 23 de octubre en su XVI Congreso Nacional subsanar las bajas en su Comité Nacional y revertir el “fantasma” galopante de su ocaso, desde la partida de su máximo líder histórico, Fidel Velázquez Sánchez.

Sin embargo, Joaquín Gamboa Pascoe, apenas su cuarto secretario general en poco más de un cuarto de siglo, llega al final de su periodo 2010-2016, como llegó: parco, soberbio, indiferente, a las críticas de quienes dudan, en caso de ser reelegido, que complete la gestión 2016- 2022.

Es señalado por sus detractores como ejemplo vivo de un anacrónico despotismo feudal. Ha sido cuestionado, provocado por sus finos trajes de casimir “slim Fit” (modernos cortes entallados al cuerpo), zapatos de pieles exóticas, automóviles de lujo —Mercedes-Benz o BMW—, y su vasta colección de relojes caros.

El escritor Francisco Cruz lo ha descrito como “político” seco y hermético, cuya vida guarda cualquier cantidad de secretos, y sobre él corren las más turbadoras historias desde las décadas de 1970 y 1980”.

A Joaquín Gamboa Pascoe se le achaca una larga lista de negocios, entre los que destaca la concesión de créditos y contratos para la construcción de más de 50 mil casas de interés social, que no es poco y, menos si se toma en cuenta que fueron construidas en terrenos de su propiedad.

Apenas egresó de la UNAM, el ahora secretario general de la CTM, se dedicó a litigar como abogado patronal, pero la vida y sus relaciones lo llevaron hasta Jesús Yurén, quien lo hizo asesor de la FTDF.

Por muchos años se le conoció como el “legislador microondas” o el “diputado de la fayuca”, por lo que en mayo de 1982, Gamboa Pascoe pasó una de sus mayores vergüenzas, al ser obligado a salir al paso para desmentir, tajantemente, que era uno de los legisladores que regresó de una Interparlamentaria en Estados Unidos, cargado de fayuca.

La humillante salida de Ramírez Gamero

Hace algunas semanas, Gamboa Pascoe, de plano rompió con su secretario de Educación y dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Industria del Autotransporte (Sitiat), José Ramírez Gamero, a quien quitó sus oficinas del cuarto piso y lo obligó a alquilar otras.

Durante el desencuentro por la venta de los terrenos de la Universidad Obrera creada por Fidel Velázquez en Morelos, Ramírez Gamero le anunció a Gamboa su decisión de marcharse por un tiempo de la Central. Pascoe fue tajante: “Si se va de manera permanente mejor”.

Días después ya no le permitió a Gamero la entrada a sus oficinas en la CTM, y el duranguense tuvo que alquilar unas en el edificio de Vallarta 1, frente a la Confederación y donde están las oficinas de su gremio.

Gamero vendió parte del campus de la Universidad Obrera, con sede en Morelos, y cuando Gamboa Pascoe se enteró reaccionó con violencia y vendió la otra parte. Y el sueño de Fidel Velázquez se truncó. La CTM ya no tiene universidad para sus afiliados ni los hijos de sus agremiados.

Ramírez Gamero, reunía todo para ser dirigente nacional de la CTM. No solo era uno de los consentidos de Fidel, sino también ha sido priísta de toda la vida, gobernador, dos veces senador y diputado federal, además de miembro del Comité Ejecutivo Nacional cetemista.

No obstante, el pasado 16 de abril, Joaquín Gamboa tomó protesta a Luis Alberto Echeverría Navarro, como secretario de Educación, en sustitución de Ramírez Gamero, quien no pertenece más a la Confederación.

Estructura y membrecía a la baja

La CTM está conformada por 31 Federaciones estatales, y la del Distrito Federal, así como federaciones locales y regionales, además de más de 100 mil sindicatos, que -a decir de propios cetemistas-, en la actualidad aglutinan a cerca de 3 millones de agremiados, aunque Gamboa Pascoe sostiene que son 4 millones, a diferencia de los 8 millones que presumía en vida Fidel Velázquez.

Sus documentos básicos, definen a la CTM como “nacional proletaria, autónoma, de carácter político, social, integrada por hombres y mujeres que pertenecen a las clases trabajadora, campesina y grupos sociales marginados.”

Dentro de su Capítulo II plantean que la Confederación estará estructurada por “Federaciones Locales, Regionales, de los Estados y del Distrito Federal, así como Sindicatos Regionales y Nacionales de Industria, Sindicatos Nacionales y de Empresas Federaciones Femenil y Juvenil, Organizaciones de Trabajadores del Campo y Grupos  Sociales y Marginados.

Y en su Artículo 15 agrega que los organismos que constituyen el gobierno de la CTM son: “El Congreso Nacional, como organismo supremo; en su ausencia, la soberanía de la Confederación radicará en el Comité Nacional.

En el Capítulo IV, Artículo 16, añade que en el Congreso Nacional “radica la soberanía y le corresponde modificar la Constitución, elegir a los funcionarios sindicales y dictar normas de conducta que obligan a todos los miembros de la CTM por igual.

Subraya que el Congreso se reunirá ordinariamente cada seis años y extraordinariamente, cuando lo requiera el Comité Nacional. Destaca que la Convocatoria deberá ser aprobada por el Consejo Nacional  y expedida con 60 días de anticipación por el Comité Nacional de la Confederación.

En el Capítulo VI Artículo 37, se plantea que habrá seis secretarios Generales Sustitutos que tendrán la función de realizar actividades especiales, como cubrir comisiones especificas.

En los casos de ausencia definitiva, el presidente de la Comisión Nacional de Contraloría Justicia cetemista convocará a los secretarios Generales del Comité Nacional y a los secretarios Generales sustitutos a una sesión plenaria, para la que por mayoría de votos se designe al secretario General que habrá de concluir el periodo.

La pendiente cetemista

Todavía con Fidel Velázquez anciano y enfermo, la Confederación llegó a tener hasta 55 diputados, más de una docena de senadores y seis gobernadores, así como un sin fin de alcaldías, regidurías y legisladores locales.

Ahora, ni ninguneada por su partido, su fuerza política se reduce a solo tres diputados y dos senadores en LXIII Legislatura (Romero Deschamps y Neyra Chávez), y cero gobernadores.

En la Cámara de Diputados apenas alcanzó a meter a Pedro Alberto Salazar Muciño, secretario de Organización, a Rafael Yerena Zambrano, secretario de la Federación de Trabajadores de Jalisco (FTJ) y a Georgina Zapata Lucero, hija de Doroteo Zapata, de la Federación cetemista de Chihuahua.

A esta pendiente cetemista, su suma el contraste ya existente entre la declaración de principios de sus Estatutos, que dieron sustento a sus orígenes socialistas, incluso comunistas, y la realidad imperante en el país y que enfrentan sus millones de representados.

En su documento constitutivo, la CTM se define como una organización revolucionaria nacionalista, y mayoritaria en permanente lucha por la defensa de los trabajadores y clases proletarias contra la iniquidad social y la promoción de un salario remunerador.

De acuerdo a estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los más de 52.6 millones de mexicanos que integramos la Población Económicamente Activa (PEA) del país, enfrentamos un rezago salarial  de entre 80 y 100 por ciento, desde 1987.

En otro principio se menciona que la Confederación “se opone a la guerra, al hambre, a la miseria, a la desocupación, a la explotación y a cualquier determinación que denigre la condición humana del trabajador.  De acuerdo con los últimos reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, (INEGI), perviven en el país alrededor de 2.3 millones de desempleados.

Y mientras otros 2 millones de trabajadores sobreviven con un salario mínimo de 70 pesos con 10 centavos diarios, la dirigencia nacional cetemista seguramente se ratificará en su XVI Congreso como “una central del proletariado, demandante, unida, poderosa de invariable determinación transformadora”, aunque sus enemigos de adentro y afuera, sigan apostando a su aniquilación.

El choque de los conceptos socialistas del siglo pasado en los documentos cetemistas, con la realidad de estos inicios del nuevo milenio, plantean un anacronismo que exige reformas, cambios y modernidad, pero que parece no querer ver la dirigencia nacional de la CTM.

"En la CTM vivimos con nuestros muertos, no los olvidamos”, dijo no hace mucho, Joaquín Gamboa Pascoe.