/ sábado 20 de junio de 2020

Aprendiendo a ser padres

De acuerdo con el Inegi hay casi 800 mil padres solteros en México y la mayoría de estos hombres tuvieron que aprender a serlo al quedar viudos, divorciados o separados y a cargo de los hijos

Fuerza, amor, optimismo hacia el futuro, aprender de todas las circunstancias de la vida, incluido el confinamiento por la pandemia del Covid-19, son cuestiones que tratan de influir Ernesto y Ricardo en sus hijos, de quienes esperan hombres y mujeres de bien.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en México alrededor de 796 mil hombres son papás solteros. En este caso se encuentra Ernesto, de 53 años y radicado en la Ciudad de México.

De profesión fotógrafo, lleva 13 años divorciado de su esposa, quien tiene la guarda y custodia de su hijo Emiliano, lo que no ha sido impedimento para ir a las juntas escolares, ayudarlo a hacer la tarea y hablar con él por teléfono en el día las veces que sean necesarias.

Para Ernesto, la mejor enseñanza que le puede dar a su hijo Emiliano es el amor y el respeto: “creo que la mejor enseñanza es queriéndolo, respetándolo y que respete y enseñarle que la vida son pasos, no es corriendo, como en todo cuando estamos chavos queremos correr… Creo que debe ser buen hombre, en toda la extensión de la palabra que respete, que respete a su mamá porque es una mujer al final de cuentas, que no le grite, que no alce la voz, no sé, que sea un hombre de bien, ya vendrá la escuela, creo que la educación es en la casa y la cultura en la escuela”.

Foto: Pixabay

El domingo tiene otro nombre, se llama Emiliano, y va gustoso por él a las 10 de la mañana y lo regresa a las 19:30 horas para que descanse y se prepare para ir a la escuela al día siguiente.

El proceso de divorcio fue muy difícil, pues no sólo sufrió el duelo de dejar el hogar, si no también por cuestiones de falta de trabajo tuvo que hacerse de un negocio de abarrotes al que le dedicó todo su tiempo; sin embargo, había una profunda depresión de la que salió gracias a su madre, quien le dijo: “si no haces algo por ti nadie te va a ayudar”.

En el primer año de la separación, su hijo tenía tres años y no lo pudo ver, pues en ese momento la relación con su expareja era muy mala.

Una vez que por fin pudieron ponerse de acuerdo, volvió a ver a su hijo, al principio sólo eran 10 minutos en un carro, ya después le permitieron hablarle diario por teléfono, que no siempre le contestaba.

Las cosas no han sido fáciles en este proceso de hacerse presente en las actividades de Emiliano, en las fiestas de niños y las juntas escolares ha sufrido desaires de las mamás de los niños amigos de su hijo, que tomaron partido por la mamá y decidieron ignorarlo, pero son circunstancias que no tienen importancia mientras él esté presente en la vida de su hijo.

Y su constancia tuvo frutos, ahora la relación padre-hijo es muy buena, incluso hay domingos en los que come con Emiliano y su exesposa, quien hace tiempo sufrió una enfermedad que preocupó mucho a su hijo, a tal grado que bajaron las calificaciones, reprobó una materia -que después sacó adelante- y se volvió un niño distraído que platicaba a la menor provocación en clase.

“Es un niño de ochos, no le he exigido que tenga 10, porque sería como abusar de él, yo lo dejo que estudie, que aprenda lo que tenga que aprender”.

Pero como no hay mal que dure cien años, su exesposa mejoró de salud y con ello vinieron mejores calificaciones.

De las lecciones que le deja el ser papá soltero dice: “Creo que primero debo de ver por mí, porque si yo estoy bien, Emiliano también lo estará, y son cosas que me ha enseñado la vida a no pasarme de listo con la gente, no abusar de lo que yo tengo, estoy comprometido conmigo y con Emiliano, creo que no le he fallado, al final de cuentas me siento a gusto, me siento tranquilo, no le debo nada a nadie, y duermo bien”.

RICARDO, ANA Y LEO

Con optimismo Ricardo, de profesión administrador de empresas, se encarga de sus hijos Ana, de 26 años, y Leo, de 18.

En esta pandemia la lección que les ha dejado como familia es aprender lo más que se pueda de todas las circunstancias que se presenten.

Su esposa falleció hace más de cuatro años de cáncer, un proceso doloroso en el cual cada uno de los integrantes de esta familia tuvo un tiempo para entender que algún día ella partiría. Incluso cada uno tuvo un especialista que le ayudó a sobrellevar la enfermedad y después la partida.

Reconoce que antes de la enfermedad de su esposa él era un padre ausente, el proveedor de la casa, pero que tuvo que cambiar por completo pues ahora la prioridad no es sólo llevar el sustento a la casa, sino mantener la comunicación y estar pendiente de ellos las 24 horas del día.

Foto: Pixabay

Su esposa falleció una semana antes de la Navidad y la primera decisión que tomaron en conjunto fue irse de viaje para esas fechas y no estar en casa lamiéndose las heridas, situación que los ayudó a verse como la nueva familia que ahora eran.

En este proceso aprendieron a hacer equipo, aprendieron a decirse las cosas que no les gusta, aprendieron a ayudarse y a tolerarse, y en estos tiempos de Covid-19 la lección ha sido aprender que todo se puede poniendo su mejor esfuerzo.

Dicharachero como es, Ricardo platica desde la cocina mientras lava los trastes del desayuno de un domingo. “Tenemos una persona que nos ayuda con las labores domésticas, pero la tuvimos que mandar a su casa, le sigo dando su sueldo, por la antigüedad que tiene con nosotros y porque no es justo de que en estos momentos se quede sin sustento si es a lo que ella se dedica”.

Confiesa que le daba “escozor” pensar cómo le iban a hacer con el desayuno y la comida, en la cena cualquier cosa: una quesadilla o un sándwich. Sin embargo, las cosas no fueron tan difíciles como se pintaban.

Dice que al principio le hablaba por teléfono a la señora que les hace el aseo porque no tenía idea ni siquiera del jabón a utilizar en la lavadora, pero la práctica hace al maestro y ahora ya todos los integrantes de la familia saben utilizar la lavadora, la escoba, el recogedor y el trapeador.

Foto: Pixabay

“Nos repartimos las labores domésticas, mi hijo y yo nos lavamos la ropa, ya sea que yo lave su ropa o él la mía. Mi hija hace su cuarto y lava su ropa, hay veces que se anima a hacer unos huevitos y bienvenidos”.

Al principio del confinamiento causado por la propagación del coronavirus los tres estaban en casa, cada uno en su recámara haciendo home office o tareas escolares y se daban tiempo para compartir los quehaceres de la casa.

Sobre cómo son sus hijos, Ricardo los describe: “Son dos chicos, una chica de 26 años, que ya terminó la universidad y que está actualmente trabajando, es una chica muy entusiasta, muy acorde a la edad de que quiere comerse al mundo, es milenial 100%, se tituló en la carrera de comunicación y está trabajando en una agencia de publicidad, está avanzando pian pianito, obviamente piensa que debe ganar un poco más, pero está conforme con el sueldo y eso le permite darse sus tiempos y sus aires de independencia cuando le conviene, sigue viviendo con nosotros y ella lo describe así, es muy cómodo el estar aquí en casa con su hermano y conmigo, se siente arropada, protegida, acompañada, y más por la situación que estamos viviendo.

“En cuanto al chavo él está estudiando la preparatoria, muy tranquilo, muy ecuánime, muy apoyador, observador, busca la manera de ver qué aprende de la casa, qué aprende del día a día de lo que va viendo en las redes sociales, este niño no es milenials, es generación Z, entonces todo lo resuelven con la tecnología, se ayudan, se informan, se enteran, lo resuelven con tecnología y para mí que soy generación X me ayuda mucho el estarme actualizando en eso”.

Reconoce que tratar con un adolescente que recién perdió a su madre no fue fácil, hubo momentos de rebeldía, pero que han sido sólo situaciones pasajeras.

Al preguntarle si son celosos responde: “No niego que no haya salido, sí, pero no he formalizado, y no lo he hecho porque no siento la necesidad, me siento muy cómodo como estoy ahorita, no sé si esto a la larga sea bueno o sea malo, pero yo al día de hoy te quiero decir que me siento contento, me siento tranquilo, no me siento presionado con una pareja, me hace llevar la vida de otra manera y dispongo de mi tiempo como yo quiera, entonces si decido formalizar más adelante alguna cuestión pues el tiempo lo dirá, pues por el momento no. A mi hija sí le causa cierto celo que me busquen damas, que por las redes sociales me echen una flor o por el estilo, pero no pasa de una broma”.

Fuerza, amor, optimismo hacia el futuro, aprender de todas las circunstancias de la vida, incluido el confinamiento por la pandemia del Covid-19, son cuestiones que tratan de influir Ernesto y Ricardo en sus hijos, de quienes esperan hombres y mujeres de bien.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en México alrededor de 796 mil hombres son papás solteros. En este caso se encuentra Ernesto, de 53 años y radicado en la Ciudad de México.

De profesión fotógrafo, lleva 13 años divorciado de su esposa, quien tiene la guarda y custodia de su hijo Emiliano, lo que no ha sido impedimento para ir a las juntas escolares, ayudarlo a hacer la tarea y hablar con él por teléfono en el día las veces que sean necesarias.

Para Ernesto, la mejor enseñanza que le puede dar a su hijo Emiliano es el amor y el respeto: “creo que la mejor enseñanza es queriéndolo, respetándolo y que respete y enseñarle que la vida son pasos, no es corriendo, como en todo cuando estamos chavos queremos correr… Creo que debe ser buen hombre, en toda la extensión de la palabra que respete, que respete a su mamá porque es una mujer al final de cuentas, que no le grite, que no alce la voz, no sé, que sea un hombre de bien, ya vendrá la escuela, creo que la educación es en la casa y la cultura en la escuela”.

Foto: Pixabay

El domingo tiene otro nombre, se llama Emiliano, y va gustoso por él a las 10 de la mañana y lo regresa a las 19:30 horas para que descanse y se prepare para ir a la escuela al día siguiente.

El proceso de divorcio fue muy difícil, pues no sólo sufrió el duelo de dejar el hogar, si no también por cuestiones de falta de trabajo tuvo que hacerse de un negocio de abarrotes al que le dedicó todo su tiempo; sin embargo, había una profunda depresión de la que salió gracias a su madre, quien le dijo: “si no haces algo por ti nadie te va a ayudar”.

En el primer año de la separación, su hijo tenía tres años y no lo pudo ver, pues en ese momento la relación con su expareja era muy mala.

Una vez que por fin pudieron ponerse de acuerdo, volvió a ver a su hijo, al principio sólo eran 10 minutos en un carro, ya después le permitieron hablarle diario por teléfono, que no siempre le contestaba.

Las cosas no han sido fáciles en este proceso de hacerse presente en las actividades de Emiliano, en las fiestas de niños y las juntas escolares ha sufrido desaires de las mamás de los niños amigos de su hijo, que tomaron partido por la mamá y decidieron ignorarlo, pero son circunstancias que no tienen importancia mientras él esté presente en la vida de su hijo.

Y su constancia tuvo frutos, ahora la relación padre-hijo es muy buena, incluso hay domingos en los que come con Emiliano y su exesposa, quien hace tiempo sufrió una enfermedad que preocupó mucho a su hijo, a tal grado que bajaron las calificaciones, reprobó una materia -que después sacó adelante- y se volvió un niño distraído que platicaba a la menor provocación en clase.

“Es un niño de ochos, no le he exigido que tenga 10, porque sería como abusar de él, yo lo dejo que estudie, que aprenda lo que tenga que aprender”.

Pero como no hay mal que dure cien años, su exesposa mejoró de salud y con ello vinieron mejores calificaciones.

De las lecciones que le deja el ser papá soltero dice: “Creo que primero debo de ver por mí, porque si yo estoy bien, Emiliano también lo estará, y son cosas que me ha enseñado la vida a no pasarme de listo con la gente, no abusar de lo que yo tengo, estoy comprometido conmigo y con Emiliano, creo que no le he fallado, al final de cuentas me siento a gusto, me siento tranquilo, no le debo nada a nadie, y duermo bien”.

RICARDO, ANA Y LEO

Con optimismo Ricardo, de profesión administrador de empresas, se encarga de sus hijos Ana, de 26 años, y Leo, de 18.

En esta pandemia la lección que les ha dejado como familia es aprender lo más que se pueda de todas las circunstancias que se presenten.

Su esposa falleció hace más de cuatro años de cáncer, un proceso doloroso en el cual cada uno de los integrantes de esta familia tuvo un tiempo para entender que algún día ella partiría. Incluso cada uno tuvo un especialista que le ayudó a sobrellevar la enfermedad y después la partida.

Reconoce que antes de la enfermedad de su esposa él era un padre ausente, el proveedor de la casa, pero que tuvo que cambiar por completo pues ahora la prioridad no es sólo llevar el sustento a la casa, sino mantener la comunicación y estar pendiente de ellos las 24 horas del día.

Foto: Pixabay

Su esposa falleció una semana antes de la Navidad y la primera decisión que tomaron en conjunto fue irse de viaje para esas fechas y no estar en casa lamiéndose las heridas, situación que los ayudó a verse como la nueva familia que ahora eran.

En este proceso aprendieron a hacer equipo, aprendieron a decirse las cosas que no les gusta, aprendieron a ayudarse y a tolerarse, y en estos tiempos de Covid-19 la lección ha sido aprender que todo se puede poniendo su mejor esfuerzo.

Dicharachero como es, Ricardo platica desde la cocina mientras lava los trastes del desayuno de un domingo. “Tenemos una persona que nos ayuda con las labores domésticas, pero la tuvimos que mandar a su casa, le sigo dando su sueldo, por la antigüedad que tiene con nosotros y porque no es justo de que en estos momentos se quede sin sustento si es a lo que ella se dedica”.

Confiesa que le daba “escozor” pensar cómo le iban a hacer con el desayuno y la comida, en la cena cualquier cosa: una quesadilla o un sándwich. Sin embargo, las cosas no fueron tan difíciles como se pintaban.

Dice que al principio le hablaba por teléfono a la señora que les hace el aseo porque no tenía idea ni siquiera del jabón a utilizar en la lavadora, pero la práctica hace al maestro y ahora ya todos los integrantes de la familia saben utilizar la lavadora, la escoba, el recogedor y el trapeador.

Foto: Pixabay

“Nos repartimos las labores domésticas, mi hijo y yo nos lavamos la ropa, ya sea que yo lave su ropa o él la mía. Mi hija hace su cuarto y lava su ropa, hay veces que se anima a hacer unos huevitos y bienvenidos”.

Al principio del confinamiento causado por la propagación del coronavirus los tres estaban en casa, cada uno en su recámara haciendo home office o tareas escolares y se daban tiempo para compartir los quehaceres de la casa.

Sobre cómo son sus hijos, Ricardo los describe: “Son dos chicos, una chica de 26 años, que ya terminó la universidad y que está actualmente trabajando, es una chica muy entusiasta, muy acorde a la edad de que quiere comerse al mundo, es milenial 100%, se tituló en la carrera de comunicación y está trabajando en una agencia de publicidad, está avanzando pian pianito, obviamente piensa que debe ganar un poco más, pero está conforme con el sueldo y eso le permite darse sus tiempos y sus aires de independencia cuando le conviene, sigue viviendo con nosotros y ella lo describe así, es muy cómodo el estar aquí en casa con su hermano y conmigo, se siente arropada, protegida, acompañada, y más por la situación que estamos viviendo.

“En cuanto al chavo él está estudiando la preparatoria, muy tranquilo, muy ecuánime, muy apoyador, observador, busca la manera de ver qué aprende de la casa, qué aprende del día a día de lo que va viendo en las redes sociales, este niño no es milenials, es generación Z, entonces todo lo resuelven con la tecnología, se ayudan, se informan, se enteran, lo resuelven con tecnología y para mí que soy generación X me ayuda mucho el estarme actualizando en eso”.

Reconoce que tratar con un adolescente que recién perdió a su madre no fue fácil, hubo momentos de rebeldía, pero que han sido sólo situaciones pasajeras.

Al preguntarle si son celosos responde: “No niego que no haya salido, sí, pero no he formalizado, y no lo he hecho porque no siento la necesidad, me siento muy cómodo como estoy ahorita, no sé si esto a la larga sea bueno o sea malo, pero yo al día de hoy te quiero decir que me siento contento, me siento tranquilo, no me siento presionado con una pareja, me hace llevar la vida de otra manera y dispongo de mi tiempo como yo quiera, entonces si decido formalizar más adelante alguna cuestión pues el tiempo lo dirá, pues por el momento no. A mi hija sí le causa cierto celo que me busquen damas, que por las redes sociales me echen una flor o por el estilo, pero no pasa de una broma”.

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