/ domingo 2 de agosto de 2020

El Marro pasó de vivir en la opulencia a salto de mata

Tras convertirse en uno de los criminales más buscados del centro el país, El Marro llegó a dormir en cuevas

Llegó a vivir en una finca de aproximadamente mil 300 metros cuadrados que podía verse no sólo desde la autopista Querétaro-Salamanca, sino desde el satélite Google Maps, José Antonio Yépez Ortiz, alias El Marro pasó de vivir en la opulencia al salto de mata.

La última finca en donde vivió El Marro y la cual fue cateada alrededor de las tres de la madrugada del domingo, no tenía los lujos que un día presumió el presunto líder del Cártel de Santa Rosa de Lima.

Se trata de una finca modesta, ubicada a pie de carretera, y que como vecinos tenía a un costado un negocio de carnitas y por el otro a la Telesecundaria número 104 de Juventino Rosas; sin embargo, desde hace cuatro meses, el plantel está deshabitado debido a la pandemia y por las medidas sanitarias, el negocio de carnitas tuvo que cerrar; por eso nadie vio que quien entraba y salía de esa finca de los gallos en la reja de acceso era el líder del Cártel Santa Rosa de Lima.

Tras convertirse en uno de los criminales más buscados del centro el país, El Marro llegó a dormir en cuevas de la zona serrana de Juventino Rosas, muy diferente al resort que tenía en su casa que le fue asegurada durante las primeras acciones del operativo Golpe de Timón de marzo de 2019.

El Marro llegó a convertir en el triángulo Celaya-Villagrán-Juventino Rosas una red de escape que le permitían tomar por lo menos 15 caminos diferentes para perderse de las autoridades, mientras éstas eran detenidas por habitantes de poblados cercanos, los cuales quemaban vehículos como distractor, para que el líder del Cártel de Santa Rosa de Lima pudiera escapar.

Foto: FGR

El andar a salto de mata le impidió vivir en los lujos que un día tuvo. La finca de los gallos, como la conocen en la zona, tiene dos puertas: la reja negra con los gallos como adornos y una más al interior, la cual está cubierta para que no se viera para adentro.

De acuerdo con fuentes que participaron en el cateo, dentro había varios criaderos de gallos, tal vez porque podía ser el nuevo giro al que se dedicaría el líder del Cártel Santa Rosa de Lima o bien, para que nadie sospechara que ahí es donde ahora recibía a los pocos operadores que le quedaban.

La finca no tenía las albercas o palmeras que tenía su otra residencia. Tampoco tenía los alones de reuniones que sí tenía su finca que le quitaron en 2019.

Apenas si había unos cuartos modestos y la señal telefónica es deficiente.

En esa finca, El Marro grabó varios de sus últimos videos que publicó en redes sociales, donde lanzaba amenazas a diestra y siniestra.

Ahí también tenía secuestrada a la empresaria de Apaseo El Alto, por la cual pedían una fuerte suma de dinero para poder seguir pagando la nómina del grupo delictivo.

El mismo Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, dijo que El Marro atravesaba por problemas financieros. Y no era para menos, pues la Unidad de Inteligencia Financiera le había congelado 35 millones de pesos al líder huachicolero.

De la opulencia a la modestia. Así fueron los últimos días de El Marro en libertad.



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Llegó a vivir en una finca de aproximadamente mil 300 metros cuadrados que podía verse no sólo desde la autopista Querétaro-Salamanca, sino desde el satélite Google Maps, José Antonio Yépez Ortiz, alias El Marro pasó de vivir en la opulencia al salto de mata.

La última finca en donde vivió El Marro y la cual fue cateada alrededor de las tres de la madrugada del domingo, no tenía los lujos que un día presumió el presunto líder del Cártel de Santa Rosa de Lima.

Se trata de una finca modesta, ubicada a pie de carretera, y que como vecinos tenía a un costado un negocio de carnitas y por el otro a la Telesecundaria número 104 de Juventino Rosas; sin embargo, desde hace cuatro meses, el plantel está deshabitado debido a la pandemia y por las medidas sanitarias, el negocio de carnitas tuvo que cerrar; por eso nadie vio que quien entraba y salía de esa finca de los gallos en la reja de acceso era el líder del Cártel Santa Rosa de Lima.

Tras convertirse en uno de los criminales más buscados del centro el país, El Marro llegó a dormir en cuevas de la zona serrana de Juventino Rosas, muy diferente al resort que tenía en su casa que le fue asegurada durante las primeras acciones del operativo Golpe de Timón de marzo de 2019.

El Marro llegó a convertir en el triángulo Celaya-Villagrán-Juventino Rosas una red de escape que le permitían tomar por lo menos 15 caminos diferentes para perderse de las autoridades, mientras éstas eran detenidas por habitantes de poblados cercanos, los cuales quemaban vehículos como distractor, para que el líder del Cártel de Santa Rosa de Lima pudiera escapar.

Foto: FGR

El andar a salto de mata le impidió vivir en los lujos que un día tuvo. La finca de los gallos, como la conocen en la zona, tiene dos puertas: la reja negra con los gallos como adornos y una más al interior, la cual está cubierta para que no se viera para adentro.

De acuerdo con fuentes que participaron en el cateo, dentro había varios criaderos de gallos, tal vez porque podía ser el nuevo giro al que se dedicaría el líder del Cártel Santa Rosa de Lima o bien, para que nadie sospechara que ahí es donde ahora recibía a los pocos operadores que le quedaban.

La finca no tenía las albercas o palmeras que tenía su otra residencia. Tampoco tenía los alones de reuniones que sí tenía su finca que le quitaron en 2019.

Apenas si había unos cuartos modestos y la señal telefónica es deficiente.

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