/ martes 12 de junio de 2018

Después de 36 años, aún sigue vigente la deuda con los pobres

Durante el tercer debate los candidatos deberán responder cómo es que planean atender los rezagos históricos de pobreza y desigualdad

A los desposeídos y marginados, a los que hace seis años les pedí un perdón, que he venido arrastrando como responsabilidad personal, les digo que hice todo lo que pude para organizar a la sociedad y corregir el rezago, que avanzamos, que si por algo tengo tristeza es por no haber acertado a hacerlo mejor”.

El primero de septiembre de 1982 el presidente saliente José López Portillo pronunció estas palabras durante su sexto informe de gobierno mientras se secaba las lágrimas; colofón de un sexenio que observó cómo un millón de mexicanos se incorporaron a la pobreza como consecuencia de la intensa crisis por la que atravesaba el país.

Han transcurrido 36 años desde aquel discurso y el Estado mexicano aún carga con la responsabilidad de gobernar un país prioritariamente pobre y desigual, reto el cual deberá afrontar el nuevo presidente electo el próximo 1 de julio.

A pesar de tener una de las 20 economías más grandes del mundo, 43% de los mexicanos son considerados pobres al padecer al menos una carencia social, como vivienda, alimentación, servicios de salud o servicios básico. En tanto, el 17.5% no tiene los ingresos suficientes para comprar una canasta básica, es decir, viven en la pobreza extrema, según las métricas del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval).

Asimismo, mientras que México contabiliza a 16 connacionales en la lista Forbesde los más ricos del mundo, con un capital sumado por más de 141 mil millones de dólares, el 8% de la población debe acarrear agua y leña para su consumo, 12.5% no sabe leer ni escribir, 16% no tiene acceso a servicios de salud y 6% de los trabajadores no percibe un salario.

En su más reciente estudio sobre el tema, Desigualdades en México 2018, el Colegio de México refirió que la desigualdad de oportunidades que enfrentan los mexicanos refleja legados persistentes que dificultan lograr niveles de bienestar para la mayoría.

Estos legados –dice– se ubican principalmente en las disparidades de educación, ingreso, movilidad social y trabajo. Expertos y estudios sobre el tema coinciden en que la falta de oportunidades y empleo digno, el deterioro de las condiciones laborales y el encarecimiento de los insumos básicos son algunos de los principales catalizadores de la pobreza. Particularmente las mujeres y los pueblos indígenas son más vulnerables a esto.

Sólo durante los últimos 10 años la canasta básica incrementó su precio en 79% al mismo tiempo que el salario promedio se redujo en 9%. Hoy el 76% de la población ocupada no percibe más de 13 mil pesos diarios pero el costo de la canasta básica alimentaria y de servicios para un mes ronda los mil pesos, además, la proporción de trabajadores que ganan menos de un salario mínimo creció 50% desde el 2000, según datos de Coneval e INEGI.

“En México las personas nacidas en pobreza siguen teniendo posibilidades muy limitadas de ascender en la escala social. De hecho, tenemos una de las tasas de movilidad social ascendente más bajas del mundo. Los ingresos laborales de los trabajadores se han estancado desde 2007, y aun con talento y esfuerzo el panorama es muy desalentador”, refiere el documento del Colegio de México coordinado por las académicas Melina Altamirano y Laura Flamand.

Jorge Sánchez Tello, director de Investigación Aplicada de la Fundación de Estudios Financieros (Fundef), explica que el que más de la mitad de la población de un estado, como Chiapas o Guerrero, viva en pobreza, no sólo representa un problema local, sino millones de oportunidades de crecimiento para todo el país, con talento, vidas y recursos desperdiciados.

“Es un rezago histórico que traemos con 50 millones de pobres, nueve de ellos en pobreza extrema. Durante los sexenios se han logrado disminuir pero aún faltan. Somos un país de contrastes, un México donde en Nuevo León se ha logrado una intensa actividad empresarial y otro donde en Chiapas después de 30 años se continúa viviendo del asistencialismo”, dice.


Respuestas, necesarias durante el debate

Durante el último y tercer debate presidencial, a celebrarse hoy, los candidatos abordarán los temas de crecimiento económico, pobreza y desigualdad al contestar preguntas enviadas por ciudadanos a través de redes sociales.

Dentro de sus plataformas los tres principales candidatos han propuesto diferentes visiones para atacar el problema. En la de José Antonio Meade, del PRI, destaca el Programa Avanzar Contigo, el cual supondría la continuación y ampliación de los programas de inclusión social Solidaridad, Progresa, Oportunidades y Prospera del gobierno federal y que se remontan a 1988. En particular el candidato ha destacado una reingeniería en la forma en que se reparten los programas sociales así como una pensión universal para adultos mayores, becas para jóvenes y más apoyos para madres solteras.

Por su parte, Ricardo Anaya del PAN ha propuesto el establecimiento del Ingreso Básico Universal para todos los mexicanos, el cual elevaría el salario mínimo hasta 190 pesos diarios y buscará integrar los programas de transferencias de los tres niveles de gobierno hoy existentes.

Andrés Manuel López Obrador, de Morena, a su vez también ha propuesto mayores transferencias para sectores vulnerables, así como programas de capacitación y empleo dirigidos por el Estado en alianza con la iniciativa privada. De acuerdo con el análisis del Colegio de México, las propuestas de política de los candidatos para atender las desigualdades no están articuladas ni atienden las diversas dimensiones de la desigualdad o sus interacciones.

“Lamentablemente no se presentan con el detalle necesario para evaluar su pertinencia y factibilidad, independientemente del partido”, refiere. Enrique Díaz-Infante, investigador para el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), advierte que durante el debate las propuestas deben girar en torno al fomento de capacidades de los individuos para abandonar la pobreza, y no al asistencialismo mediante transferencias.

“Lo que espero de los candidatos es que pasen de los qués a los cómos. Que las propuestas giren en torno a la educación, la salud, el mercado laboral, la inclusión social y financiera como mecanismos para resolver los problemas de pobreza, (...) y es fundamental saber de dónde sacarán los recursos para hacerlo porque actualmente las finanzas públicas están seriamente presionadas”, comenta.

La movilidad social –añade– debe ser un tema fundamental en las propuestas de los partidos y en la ausencia de oportunidades para incrementar los ingresos está asociada a muchos otros males en México, como la violencia y la corrupción.

Por su parte, Sánchez Tello añade que las propuestas para el impulso a la creación de empresas y empleos tiene que ser central en el discrurso de los candidatos.

“Las capacidad del Estado debe estar dirigida a brindar igualdad de oportunidades para todos. Tenemos que tener un país más digno y no lo podemos tener hasta que no combatamos la pobreza. Se han escrito muchos libros pero tenemos que ser prácticos, la gente que menos tiene nos necesita como país”, finaliza Jorge Sánchez Tello.

A los desposeídos y marginados, a los que hace seis años les pedí un perdón, que he venido arrastrando como responsabilidad personal, les digo que hice todo lo que pude para organizar a la sociedad y corregir el rezago, que avanzamos, que si por algo tengo tristeza es por no haber acertado a hacerlo mejor”.

El primero de septiembre de 1982 el presidente saliente José López Portillo pronunció estas palabras durante su sexto informe de gobierno mientras se secaba las lágrimas; colofón de un sexenio que observó cómo un millón de mexicanos se incorporaron a la pobreza como consecuencia de la intensa crisis por la que atravesaba el país.

Han transcurrido 36 años desde aquel discurso y el Estado mexicano aún carga con la responsabilidad de gobernar un país prioritariamente pobre y desigual, reto el cual deberá afrontar el nuevo presidente electo el próximo 1 de julio.

A pesar de tener una de las 20 economías más grandes del mundo, 43% de los mexicanos son considerados pobres al padecer al menos una carencia social, como vivienda, alimentación, servicios de salud o servicios básico. En tanto, el 17.5% no tiene los ingresos suficientes para comprar una canasta básica, es decir, viven en la pobreza extrema, según las métricas del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval).

Asimismo, mientras que México contabiliza a 16 connacionales en la lista Forbesde los más ricos del mundo, con un capital sumado por más de 141 mil millones de dólares, el 8% de la población debe acarrear agua y leña para su consumo, 12.5% no sabe leer ni escribir, 16% no tiene acceso a servicios de salud y 6% de los trabajadores no percibe un salario.

En su más reciente estudio sobre el tema, Desigualdades en México 2018, el Colegio de México refirió que la desigualdad de oportunidades que enfrentan los mexicanos refleja legados persistentes que dificultan lograr niveles de bienestar para la mayoría.

Estos legados –dice– se ubican principalmente en las disparidades de educación, ingreso, movilidad social y trabajo. Expertos y estudios sobre el tema coinciden en que la falta de oportunidades y empleo digno, el deterioro de las condiciones laborales y el encarecimiento de los insumos básicos son algunos de los principales catalizadores de la pobreza. Particularmente las mujeres y los pueblos indígenas son más vulnerables a esto.

Sólo durante los últimos 10 años la canasta básica incrementó su precio en 79% al mismo tiempo que el salario promedio se redujo en 9%. Hoy el 76% de la población ocupada no percibe más de 13 mil pesos diarios pero el costo de la canasta básica alimentaria y de servicios para un mes ronda los mil pesos, además, la proporción de trabajadores que ganan menos de un salario mínimo creció 50% desde el 2000, según datos de Coneval e INEGI.

“En México las personas nacidas en pobreza siguen teniendo posibilidades muy limitadas de ascender en la escala social. De hecho, tenemos una de las tasas de movilidad social ascendente más bajas del mundo. Los ingresos laborales de los trabajadores se han estancado desde 2007, y aun con talento y esfuerzo el panorama es muy desalentador”, refiere el documento del Colegio de México coordinado por las académicas Melina Altamirano y Laura Flamand.

Jorge Sánchez Tello, director de Investigación Aplicada de la Fundación de Estudios Financieros (Fundef), explica que el que más de la mitad de la población de un estado, como Chiapas o Guerrero, viva en pobreza, no sólo representa un problema local, sino millones de oportunidades de crecimiento para todo el país, con talento, vidas y recursos desperdiciados.

“Es un rezago histórico que traemos con 50 millones de pobres, nueve de ellos en pobreza extrema. Durante los sexenios se han logrado disminuir pero aún faltan. Somos un país de contrastes, un México donde en Nuevo León se ha logrado una intensa actividad empresarial y otro donde en Chiapas después de 30 años se continúa viviendo del asistencialismo”, dice.


Respuestas, necesarias durante el debate

Durante el último y tercer debate presidencial, a celebrarse hoy, los candidatos abordarán los temas de crecimiento económico, pobreza y desigualdad al contestar preguntas enviadas por ciudadanos a través de redes sociales.

Dentro de sus plataformas los tres principales candidatos han propuesto diferentes visiones para atacar el problema. En la de José Antonio Meade, del PRI, destaca el Programa Avanzar Contigo, el cual supondría la continuación y ampliación de los programas de inclusión social Solidaridad, Progresa, Oportunidades y Prospera del gobierno federal y que se remontan a 1988. En particular el candidato ha destacado una reingeniería en la forma en que se reparten los programas sociales así como una pensión universal para adultos mayores, becas para jóvenes y más apoyos para madres solteras.

Por su parte, Ricardo Anaya del PAN ha propuesto el establecimiento del Ingreso Básico Universal para todos los mexicanos, el cual elevaría el salario mínimo hasta 190 pesos diarios y buscará integrar los programas de transferencias de los tres niveles de gobierno hoy existentes.

Andrés Manuel López Obrador, de Morena, a su vez también ha propuesto mayores transferencias para sectores vulnerables, así como programas de capacitación y empleo dirigidos por el Estado en alianza con la iniciativa privada. De acuerdo con el análisis del Colegio de México, las propuestas de política de los candidatos para atender las desigualdades no están articuladas ni atienden las diversas dimensiones de la desigualdad o sus interacciones.

“Lamentablemente no se presentan con el detalle necesario para evaluar su pertinencia y factibilidad, independientemente del partido”, refiere. Enrique Díaz-Infante, investigador para el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), advierte que durante el debate las propuestas deben girar en torno al fomento de capacidades de los individuos para abandonar la pobreza, y no al asistencialismo mediante transferencias.

“Lo que espero de los candidatos es que pasen de los qués a los cómos. Que las propuestas giren en torno a la educación, la salud, el mercado laboral, la inclusión social y financiera como mecanismos para resolver los problemas de pobreza, (...) y es fundamental saber de dónde sacarán los recursos para hacerlo porque actualmente las finanzas públicas están seriamente presionadas”, comenta.

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