/ viernes 1 de noviembre de 2019

Muerden la mano a quien les quitó el bozal, reclama AMLO

Asegura que es tiempo de pensar en el interés general y en una ética en manejo de la información

Los reporteros empezaron a acorralar a Andrés Manuel López Obrador durante la mañanera. Se encimaban las preguntas, no esperaban el micrófono. Había muchas dudas.

Fueron 60 minutos álgidos en donde López Obrador intentaba callar con un descalificativo tras otro a la prensa. No estaban los reporteros habituales, esos que él conoce desde su precampaña; ellos están lesionados luego del accidente que tuvieron en Sonora el pasado 26 de octubre.

Todo comenzó cuando Neldy San Martín, de la revista Proceso, le cuestionó sobre la posible polarización al interior de las Fuerzas Armadas, luego de una entrevista al general Carlos Gaytán , publicada por el diario La Jornada, el pasado miércoles, y precisar en la relatoría de hechos del operativo fallido, quién dio la orden de iniciar el operativo contra Ovidio Guzmán, el hijo de Joaquín el Chapo Guzmán, en Culiacán.

“No vamos a dejar ningún cabo suelto”, decía López Obrador para no dar pie al amarillismo y evitar que “Neflic” haga un documental sobre el tema y no haya invención. La pregunta incómoda que se repitió tres veces: “creo que fue subsecretario de la Defensa con Felipe Calderón, pues no puede estar de acuerdo con la nueva estrategia”, soltó.

López Obrador recetó la letanía de descalificativos a la prensa. Y entonces exhibió la portada de La Jornada, del pasado 18 de octubre. Y reclamó que hayan publicado una fotografía en la que supuestamente se trasladaba a Ovidio Guzmán camuflajeado de militar, cuando en realidad se trataba de un militar supuestamente retenido durante el operativo por el Cártel de Sinaloa.

“(Los medios) actúan no en representación de los ciudadanos, desde luego no todos, no vamos a generalizar, sino que actúan en función de intereses creados”, dijo.

Luis Cardona, director del portal diario19.com, y acogido al mecanismo de protección de periodistas, se levantó de su asiento y sin micrófono le reviró: “fue su culpa”. Todos se envalentonaron y le reclamaron que esas imprecisiones se debieron a la falta de información clara del gobierno el día del operativo. El vocero de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, corría a callar y a sentar a Cardona.

De nueva cuenta el periodista de Chihuahua lo increpó: “A mi me llegó por redes sociales, los narcotraficantes estaban sacando esto. Ustedes no estaban dando nada de información hasta hoy. No estamos peleando contra ustedes, estamos informando porque es nuestro deber a la sociedad. Le enseño la foto, la misma foto, que nos pudo haber llegado a miles”.

López Obrador trató nuevamente de dar por terminada la conferencia de prensa. Pero el reportero de TV Azteca le preguntó, le exigió una respuesta: ¿Cuál pieza del cártel de Sinaloa negocia con las fuerzas federales?

-No, no, es que ya basta, de veras, con todo respeto, son asuntos muy serios- respondió el tabasqueño con el rostro adusto.

“Están muy excitados”, recriminó López Obrador. Y sin pudor evocó una frase con la que Gustavo, el hermano de Francisco I. Madero, describía a la prensa: ‘Le muerden la mano a quien les quitó el bozal’.

Los reporteros empezaron a acorralar a Andrés Manuel López Obrador durante la mañanera. Se encimaban las preguntas, no esperaban el micrófono. Había muchas dudas.

Fueron 60 minutos álgidos en donde López Obrador intentaba callar con un descalificativo tras otro a la prensa. No estaban los reporteros habituales, esos que él conoce desde su precampaña; ellos están lesionados luego del accidente que tuvieron en Sonora el pasado 26 de octubre.

Todo comenzó cuando Neldy San Martín, de la revista Proceso, le cuestionó sobre la posible polarización al interior de las Fuerzas Armadas, luego de una entrevista al general Carlos Gaytán , publicada por el diario La Jornada, el pasado miércoles, y precisar en la relatoría de hechos del operativo fallido, quién dio la orden de iniciar el operativo contra Ovidio Guzmán, el hijo de Joaquín el Chapo Guzmán, en Culiacán.

“No vamos a dejar ningún cabo suelto”, decía López Obrador para no dar pie al amarillismo y evitar que “Neflic” haga un documental sobre el tema y no haya invención. La pregunta incómoda que se repitió tres veces: “creo que fue subsecretario de la Defensa con Felipe Calderón, pues no puede estar de acuerdo con la nueva estrategia”, soltó.

López Obrador recetó la letanía de descalificativos a la prensa. Y entonces exhibió la portada de La Jornada, del pasado 18 de octubre. Y reclamó que hayan publicado una fotografía en la que supuestamente se trasladaba a Ovidio Guzmán camuflajeado de militar, cuando en realidad se trataba de un militar supuestamente retenido durante el operativo por el Cártel de Sinaloa.

“(Los medios) actúan no en representación de los ciudadanos, desde luego no todos, no vamos a generalizar, sino que actúan en función de intereses creados”, dijo.

Luis Cardona, director del portal diario19.com, y acogido al mecanismo de protección de periodistas, se levantó de su asiento y sin micrófono le reviró: “fue su culpa”. Todos se envalentonaron y le reclamaron que esas imprecisiones se debieron a la falta de información clara del gobierno el día del operativo. El vocero de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, corría a callar y a sentar a Cardona.

De nueva cuenta el periodista de Chihuahua lo increpó: “A mi me llegó por redes sociales, los narcotraficantes estaban sacando esto. Ustedes no estaban dando nada de información hasta hoy. No estamos peleando contra ustedes, estamos informando porque es nuestro deber a la sociedad. Le enseño la foto, la misma foto, que nos pudo haber llegado a miles”.

López Obrador trató nuevamente de dar por terminada la conferencia de prensa. Pero el reportero de TV Azteca le preguntó, le exigió una respuesta: ¿Cuál pieza del cártel de Sinaloa negocia con las fuerzas federales?

-No, no, es que ya basta, de veras, con todo respeto, son asuntos muy serios- respondió el tabasqueño con el rostro adusto.

“Están muy excitados”, recriminó López Obrador. Y sin pudor evocó una frase con la que Gustavo, el hermano de Francisco I. Madero, describía a la prensa: ‘Le muerden la mano a quien les quitó el bozal’.

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