/ viernes 11 de junio de 2021

Pie de Nota | El enroque morenista

El partido se mantiene como la mayor fuerza política en la Cámara y junto a sus aliados del PVEM y PT tendrá la facultad de aprobar presupuestos y leyes

No se haga bolas, o mejor dicho, no deje que lo hagan bolas: Morena ganó esta elección.

Cambió unas por otras y si nos atenemos a que la pieza más importante a jugar en esta partida electoral era San Lázaro, Morena ganó.

El partido se mantiene como la mayor fuerza política en la Cámara y junto a sus aliados del PVEM y PT tendrá la facultad de aprobar presupuestos y leyes.

Y aunque tendrá que negociar para reformar la Constitución, que serán las menos, el presidente López Obrador tiene aún espacio relativamente cómodo para continuar su proyecto de nación.

Le refiero que Morena "ganó" porque amplió su influencia en varias arenas mientras que limitó su derrota en otras a pesar de una larga lista de yerros que le enlisto, no para joder, sino para dimensionar la victoria:

Obtuvo los resultados que obtuvo a pesar de las mañaneras, necedades, pandemia, crisis, violencia medieval, maniqueísmo, simulación de consultas, intromisión en el Poder Judicial, incapacidad de autocrítica, abandono del empresario, ataques a la prensa, amenazas a órganos autónomos, tacañería absurda, compra sorpresa de refinería y, en general, ejercicio de gobierno ineficiente y opaco.

Por supuesto que no fue una victoria absoluta para el morenismo, sin embargo, el resto de los resultados electorales son temas satelitales que más bien hablan de un contexto político.

Fue superado en contiendas importantes, sobretodo y de manera dolorosa en varias alcaldías de la Zona Metropolitana del Valle de México.

Al ver la demografía de éstas se puede deducir al momento que el morenismo está perdiendo fuerza entre las poblaciones de mayor ingreso y nivel educativo, sectores que apalancaron la paliza que le dio al PAN y PRI en 2018.

Sin embargo, esta deducción contrasta con el hecho de que Morena ganó 10 de 15 gubernaturas disputadas, logro inexplicable sin el soporte de las clases medias en el interior de la República.

Quienes refieren que Morena fue desterrada de la totalidad del corazón clasemediero e intelectual mexicano, o no vieron completos los resultados, o su chilangocentrismo ignora el hecho de que en las Baja Californias o Guerrero también hay familias con ingresos suficientes para mandar a sus hijos a escuelas privadas y aún así votaron por Morena.

Dicho esto, no veo cómo se puede decir con seriedad que esta jornada fue exitosa para el PAN, PRI y PRD, que se tuvieron que casar en matrimonio infeliz para cachar apenas unas migajas que caen de la mesa morenista y al mismo tiempo perder plazas importantes a pesar de ir en alianza.

Porque si bien los espacios que ganaron en la Ciudad de México mostraron los efectos claros del desgaste del morenismo en el poder, la mayoría de capitalinos seguirán siendo gobernados por el partido de Presidente.

Si acaso Jesús Zambrano y su camarilla en el PRD se pueden dar de santos porque no desapareció su empresa política.

Como nota al margen destaca la victoria de Samuel García y Mariana Rodríguez en Nuevo León, hecho que revela la potencia y vigencia de la fórmula del matrimonio de novela, inaugurada por Enrique Peña y Angélica Rivera y continuada por otros como Manuel Velasco y Anahí en Chiapas.

Ahora, ¿qué hacemos con estos resultados?

Básicamente esperar a ver qué es lo que hace el morenismo, qué proyectos lanza y decisiones impone, y cómo reacciona la oposición.

De aquí al 2024 hay buen tiempo para que PAN, PRI y PRD vuelvan a decepcionar a sus votantes y para que el Presidente cimente aún más su influencia sobre el votante mexicano.

En su facultad de alterar el rumbo del actual sexenio estas elecciones cambiaron poco, en ese sentido sus resultados dicen más sobre nosotros que algo sobre el Presidente y Morena.

Buena parte del voto de fe que se le dio al presidente López Obrador en 2018 continúa vigente a pesar de todo tres años después.

Sin embargo, esta confianza no fue cheque completamente en blanco.

Siendo una democracia las piezas del tablero mexicano se están moviendo. Lento, pero se mueven.



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No se haga bolas, o mejor dicho, no deje que lo hagan bolas: Morena ganó esta elección.

Cambió unas por otras y si nos atenemos a que la pieza más importante a jugar en esta partida electoral era San Lázaro, Morena ganó.

El partido se mantiene como la mayor fuerza política en la Cámara y junto a sus aliados del PVEM y PT tendrá la facultad de aprobar presupuestos y leyes.

Y aunque tendrá que negociar para reformar la Constitución, que serán las menos, el presidente López Obrador tiene aún espacio relativamente cómodo para continuar su proyecto de nación.

Le refiero que Morena "ganó" porque amplió su influencia en varias arenas mientras que limitó su derrota en otras a pesar de una larga lista de yerros que le enlisto, no para joder, sino para dimensionar la victoria:

Obtuvo los resultados que obtuvo a pesar de las mañaneras, necedades, pandemia, crisis, violencia medieval, maniqueísmo, simulación de consultas, intromisión en el Poder Judicial, incapacidad de autocrítica, abandono del empresario, ataques a la prensa, amenazas a órganos autónomos, tacañería absurda, compra sorpresa de refinería y, en general, ejercicio de gobierno ineficiente y opaco.

Por supuesto que no fue una victoria absoluta para el morenismo, sin embargo, el resto de los resultados electorales son temas satelitales que más bien hablan de un contexto político.

Fue superado en contiendas importantes, sobretodo y de manera dolorosa en varias alcaldías de la Zona Metropolitana del Valle de México.

Al ver la demografía de éstas se puede deducir al momento que el morenismo está perdiendo fuerza entre las poblaciones de mayor ingreso y nivel educativo, sectores que apalancaron la paliza que le dio al PAN y PRI en 2018.

Sin embargo, esta deducción contrasta con el hecho de que Morena ganó 10 de 15 gubernaturas disputadas, logro inexplicable sin el soporte de las clases medias en el interior de la República.

Quienes refieren que Morena fue desterrada de la totalidad del corazón clasemediero e intelectual mexicano, o no vieron completos los resultados, o su chilangocentrismo ignora el hecho de que en las Baja Californias o Guerrero también hay familias con ingresos suficientes para mandar a sus hijos a escuelas privadas y aún así votaron por Morena.

Dicho esto, no veo cómo se puede decir con seriedad que esta jornada fue exitosa para el PAN, PRI y PRD, que se tuvieron que casar en matrimonio infeliz para cachar apenas unas migajas que caen de la mesa morenista y al mismo tiempo perder plazas importantes a pesar de ir en alianza.

Porque si bien los espacios que ganaron en la Ciudad de México mostraron los efectos claros del desgaste del morenismo en el poder, la mayoría de capitalinos seguirán siendo gobernados por el partido de Presidente.

Si acaso Jesús Zambrano y su camarilla en el PRD se pueden dar de santos porque no desapareció su empresa política.

Como nota al margen destaca la victoria de Samuel García y Mariana Rodríguez en Nuevo León, hecho que revela la potencia y vigencia de la fórmula del matrimonio de novela, inaugurada por Enrique Peña y Angélica Rivera y continuada por otros como Manuel Velasco y Anahí en Chiapas.

Ahora, ¿qué hacemos con estos resultados?

Básicamente esperar a ver qué es lo que hace el morenismo, qué proyectos lanza y decisiones impone, y cómo reacciona la oposición.

De aquí al 2024 hay buen tiempo para que PAN, PRI y PRD vuelvan a decepcionar a sus votantes y para que el Presidente cimente aún más su influencia sobre el votante mexicano.

En su facultad de alterar el rumbo del actual sexenio estas elecciones cambiaron poco, en ese sentido sus resultados dicen más sobre nosotros que algo sobre el Presidente y Morena.

Buena parte del voto de fe que se le dio al presidente López Obrador en 2018 continúa vigente a pesar de todo tres años después.

Sin embargo, esta confianza no fue cheque completamente en blanco.

Siendo una democracia las piezas del tablero mexicano se están moviendo. Lento, pero se mueven.



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