/ martes 25 de diciembre de 2018

Conoce al gobernador de Puebla que sobrevivió a accidente en helicóptero

Melquiades Morales Flores recordó con profunda tristeza: "Rafael Moreno Valle fue coordinador de mi campaña para senador (...) Era un hombre muy capaz"

La mañana del 18 de diciembre del 2001 en su recámara de la Casa Puebla, residencia del gobernador del estado, Melquíades Morales Flores eligió un sombrero mientras su ayudante Domingo Becerril le informaba: "En unos minutos llegará el helicóptero, gobernador. Ya están aquí los funcionarios y reporteros que lo acompañarán a la gira. ¿Alguna orden, señor?".

Las aspas del rotor del helicóptero producían un sonido -un ruido casi- que hacía vibrar cristales, agitaba cortinas y opacaba conversaciones.

Lee también: La historia de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle en Puebla

“Iremos a las faldas del Popocatépetl”, anunció a sus acompañantes. "Ahí nos espera la señora Ángeles Espinosa Rugarcía". La hija de don Manuel Espinosa Yglesias. Ofreció donar casas a campesinos que ahí viven desde hace generaciones y hoy están en riesgo de padecer graves daños si el volcán hace erupción.

"Son -calculó el gobernador que ejercitaba su memoria llamando a cada uno de los que le rodeaban por su nombre y actividad- unas 60 familias. Lava y fuego los amenazan. Nos darán de desayunar".

Foto: @MelqMF


Tan identificado con los campesinos y con los pobres de Puebla. Melquiades disfrutaba relatar sus días de estrechez. Dura la existencia. Estudiar a luz de velas. Padre enérgico. Tierra dura. Y sociedad dada a discriminar. A ningunear.

Los lugareños ofrecieron atole blanco y tiras de carne asada. Tortillas, salsa, café. Doña Ángeles Espinosa Rugarcía, consuegra del señor Gustavo Díaz Ordaz Borja, formalizó su oferta. "No quiero que ninguno de los que aquí vive pierda vida o bienes. Les ofrezco construir sus casa lejos de la ruta del fuego del volcán".

La generosa señora y el gobernador estaban al tanto. Los campesinos estaban decididos: No dejarían sus casas. Ahí tenían sus escasas posesiones y las tumbas de sus muertos. Desconfiaban de las fuerzas del orden que pretendían ponerlos fuera del riesgo. Temían ser despojados, robados. Sopesarían la oferta de la hija del magnate dueño de casi todos los cines de México. La cadena de Oro. Con su socio Gabriel Alarcón Chargoy, el fundador del periódico El Heraldo de México.

Concluyó la reunión y la señora Ángeles Espinosa Rugarcía subió a su propio helicóptero. La siguieron ayudantes, mientras Melquiades Morales y su amplia comitiva se daban traza para ir por tierra a distintos parajes. Una gira. El gobernador entregaría obras, recibiría peticiones, acariciaría niños a los que solía dirigirse con un "¿Cómo estás, licenciado?".

Foto: Héctor González | El Sol de Puebla


El general Sergio Ayon, jefe de la Zona Militar; Pepe Yitani, líder de ricos comerciantes libaneses; Felipe Flores, jefe de prensa del gobernador Morales Flores; Carlos Ramírez, su fotógrafo; Mario Alberto Mejía, director del cotidiano In-tolerancia; Miguel Reyes Razo, reportero de El Universal. Más de una decena en el helicóptero bautizado El Serrano.

Casi al mediodía la caravana llegó a Santa Rita Tlahuapan. Dicen que aquí se filmó la película Canoa. La que dirigió Felipe Cazals. Con guión de Pérez Tourrent. Canoa. Un cura que subleva al pueblo. Acusa a un grupo de estudiantes llegados de la Ciudad de México de "comunistas", de "ateos". De ser "capaces de negar a Dios". Los lugareños enceguecen, buscan a los muchachos, los secuestran y golpean hasta darles muerte.

Ve ahora: Ellos son las otras víctimas del accidente donde murieron Moreno Valle y Martha Érika

Estaba de fiesta el pueblo. Esperaba al gobernador, lo agasajaría. Le serviría gran comilona: cazuelas, peroles, platones, manteles, cubertería, vitroleros con aguas frescas. Pilas de cartones con cervezas y cajas de refrescos. Mujeres que aderezaban platillos, que torteaban masa, que alejaban a chiquillos ansiosos de probar trozos de crujiente chicharrón.

Iba Melquiades Morales de un grupo a otro. En un recodo observó que junto a su helicóptero El Serrano se hallaba otro, también propiedad del gobierno. El 5 de mayo, fue bautizado.

-¿Por qué está aquí el otro helicóptero?- preguntó.

Foto: Héctor González | El Sol de Puebla


-Es que llegó el ingeniero Alberto Cárdenas Jiménez. El secretario de la Semarnat. Que va a entregar cheques a los dueños del bosque y no lo queman para hacer carbón. Nos pidió que lo trajeramos aquí. Y para llevarlo a México. Tiene que tomar un avión a Guadalajara. Por eso, gobernador".

Cárdenas Jiménez había sido gobernador de Jalisco. Con Vicente Fox conducía la Semarnat.

Fue un acto breve. Discursos breves y desencato de los de Santa Rita Tlahuapan, porque…

"Me van a perdonar, paisanos. Pero no puedo quedarme a comer con ustedes. Les agradezco la invitación, pero tengo compromisos en Casa Puebla. Mi esposa -ustedes saben- ya me espera. Tiene invitados. Me apena pero...".

Lee también: Helicóptero accidentado pertenece a la empresa SAASA

Y se dirigió hacia su helicóptero. Cárdenas Jiménez hizo lo suyo. Melquiades observó a sus invitados. El general Sergio Ayón se colocó la funda de la pistola sobre el pecho. Vio a la chiquillería que corría hacia el terreno donde estaban los helicópteros. Los rotores levantaron gran polvareda. Terreno de labranza. Lleno de hojarasca y pedruscos. Tierra reseca.

"¡Pobre gente, se va a llenar de tierra", dijo compasivo Melquiades Morales mientras el aparato se elevaba, ascendía, provocaba un cono. Una suerte de embudo de desperdicios envolvió a la frágil nave. Repentinamente todo se oscureció.

"¡Esto no me gusta nada!", soltó el general Ayón, y súbitamente todo se aclaró. Pero el helicóptero crujió y "coleó", se jaló. Se fue directo sobre una obra en construcción, una suerte de tercer piso. Incontrolable se dirigía inexorablemente al edificio en obra negra.

Reyes Razo alcanzó a exclamar "¡Dios… Dios… Dios...".

Foto: Cuartoscuro


Ruido de coque. Silencio en el interior. Creciente temor. "Va a estallar. Vamos a quedar hechos polvo. Nos vamos a morir...".

De algún lado salió Domingo Becerril, ayudante de experiencia y valor. Años con Enrique Jackson, otros tantos con Melquiades Morales. Desde el interior de la obra lanzaba puñetazos contra el aparato, en vano.

Alguien acertó a abrir un espacio. Por ahí voló el general Ayón. Desde el borde se podían ver montículos de arena, presencia de grava. A tirarse al vacío de panza. A volar para intentar llegar al sitio de salvación. El aparato se vaciaba rápidamente. Los ayudantes del gobernador se planteaban "cachar" al jefe. Que se lanzara. Preparaban una cuna de brazos. Melquiades Morales lo pensaba.

"Salta, pero salta ya, Melquíades", le urgió Reyes Razo.

El gobernador se echó al vacío. Dio con su humanidad en tierra. Sus ayudantes lo rescataron. Sacudían el polvo.

-¿Dónde está el piloto?- preguntó Melquiades.

-Está atorado. Se lastimó una rodilla, gobernador.

-Sáquenlo rápido- ordenó. Yo no me voy de aquí mientras esté atrapado- determinó.

Reyes Razo saltó el último.

Felipe Flores lo abrazó. Se habían conocido en sus días de reporteros del noticiario 24 Horas, de Jacobo Zabludosvky. Felipe Flores se movía con Eduardo Andrade en la sección deportiva del informativo.

Aparecieron camionetas a las órdenes del gobernador. "A Puebla", decidió.

Foto: Especial


Llegó a la residencia. Dio una conferencia de prensa. Apareció el Doctor Toxqui Fernández de Lara, exgobernador de Puebla, hombre de avanzada edad, y platicó con Melquiades.

Los noticieros ya daban la noticia. Joaquín López-Dóriga.

"Tú no te podías morir ahí, Reyes Razo. ¿Te imaginas? ¿Quién hubiera escrito la crónica?".

¡Felicidades!

Al día siguiente llegó a Casa Puebla el eminente doctor Rafael Moreno Valle. Traumatólogo y ortopedista de celebridad mundial auscultó cuidadosamente a Melquiades Morales. Lo había impulsado en los albores de su carrera. Cuando el médico era senador que daba la piel por su paisano Gustavo Díaz Ordaz.

Ve ahora: Estos son los trágicos accidentes aéreos que han conmocionado a México

"Está completamente sano. No tiene ni un rasguño", diagnosticó sonriente.

Ayer, en su casa del Club Campestre de la ciudad de Puebla, Melquiades Morales recordó con profunda tristeza:

"Rafael Moreno Valle fue coordinador de mi campaña para senador. Ganamos y se regresó a su trabajo en Estados Unidos. Años después regresó para unirse a mi equipo por la gubernatura. Ganamos y le di el cargo de secretario de Finanzas y Desarrollo Social. Eficientísimo. No dejé deuda en el gobierno. Nunca escaseó el dinero. Nosotros no enfrentamos el dolor de cabeza que significaba cada año el pago a los maestros. Fue candidato a diputado federal por el PRI. Cambió de partido. Se fue al PAN. Era un hombre muy capaz".

Foto: Cuartoscuro


Aquel 18 de diciembre del 2001, Melquiades Morales Flores -y su comitiva- pasó el susto de su vida en un helicóptero.

Este 24 de diciembre del 2018, el político poblano Rafael Moreno Valle Rosas y su esposa Martha Erika Alonso, gobernadora plena, perecieron al fallar su helicóptero.

La mañana del 18 de diciembre del 2001 en su recámara de la Casa Puebla, residencia del gobernador del estado, Melquíades Morales Flores eligió un sombrero mientras su ayudante Domingo Becerril le informaba: "En unos minutos llegará el helicóptero, gobernador. Ya están aquí los funcionarios y reporteros que lo acompañarán a la gira. ¿Alguna orden, señor?".

Las aspas del rotor del helicóptero producían un sonido -un ruido casi- que hacía vibrar cristales, agitaba cortinas y opacaba conversaciones.

Lee también: La historia de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle en Puebla

“Iremos a las faldas del Popocatépetl”, anunció a sus acompañantes. "Ahí nos espera la señora Ángeles Espinosa Rugarcía". La hija de don Manuel Espinosa Yglesias. Ofreció donar casas a campesinos que ahí viven desde hace generaciones y hoy están en riesgo de padecer graves daños si el volcán hace erupción.

"Son -calculó el gobernador que ejercitaba su memoria llamando a cada uno de los que le rodeaban por su nombre y actividad- unas 60 familias. Lava y fuego los amenazan. Nos darán de desayunar".

Foto: @MelqMF


Tan identificado con los campesinos y con los pobres de Puebla. Melquiades disfrutaba relatar sus días de estrechez. Dura la existencia. Estudiar a luz de velas. Padre enérgico. Tierra dura. Y sociedad dada a discriminar. A ningunear.

Los lugareños ofrecieron atole blanco y tiras de carne asada. Tortillas, salsa, café. Doña Ángeles Espinosa Rugarcía, consuegra del señor Gustavo Díaz Ordaz Borja, formalizó su oferta. "No quiero que ninguno de los que aquí vive pierda vida o bienes. Les ofrezco construir sus casa lejos de la ruta del fuego del volcán".

La generosa señora y el gobernador estaban al tanto. Los campesinos estaban decididos: No dejarían sus casas. Ahí tenían sus escasas posesiones y las tumbas de sus muertos. Desconfiaban de las fuerzas del orden que pretendían ponerlos fuera del riesgo. Temían ser despojados, robados. Sopesarían la oferta de la hija del magnate dueño de casi todos los cines de México. La cadena de Oro. Con su socio Gabriel Alarcón Chargoy, el fundador del periódico El Heraldo de México.

Concluyó la reunión y la señora Ángeles Espinosa Rugarcía subió a su propio helicóptero. La siguieron ayudantes, mientras Melquiades Morales y su amplia comitiva se daban traza para ir por tierra a distintos parajes. Una gira. El gobernador entregaría obras, recibiría peticiones, acariciaría niños a los que solía dirigirse con un "¿Cómo estás, licenciado?".

Foto: Héctor González | El Sol de Puebla


El general Sergio Ayon, jefe de la Zona Militar; Pepe Yitani, líder de ricos comerciantes libaneses; Felipe Flores, jefe de prensa del gobernador Morales Flores; Carlos Ramírez, su fotógrafo; Mario Alberto Mejía, director del cotidiano In-tolerancia; Miguel Reyes Razo, reportero de El Universal. Más de una decena en el helicóptero bautizado El Serrano.

Casi al mediodía la caravana llegó a Santa Rita Tlahuapan. Dicen que aquí se filmó la película Canoa. La que dirigió Felipe Cazals. Con guión de Pérez Tourrent. Canoa. Un cura que subleva al pueblo. Acusa a un grupo de estudiantes llegados de la Ciudad de México de "comunistas", de "ateos". De ser "capaces de negar a Dios". Los lugareños enceguecen, buscan a los muchachos, los secuestran y golpean hasta darles muerte.

Ve ahora: Ellos son las otras víctimas del accidente donde murieron Moreno Valle y Martha Érika

Estaba de fiesta el pueblo. Esperaba al gobernador, lo agasajaría. Le serviría gran comilona: cazuelas, peroles, platones, manteles, cubertería, vitroleros con aguas frescas. Pilas de cartones con cervezas y cajas de refrescos. Mujeres que aderezaban platillos, que torteaban masa, que alejaban a chiquillos ansiosos de probar trozos de crujiente chicharrón.

Iba Melquiades Morales de un grupo a otro. En un recodo observó que junto a su helicóptero El Serrano se hallaba otro, también propiedad del gobierno. El 5 de mayo, fue bautizado.

-¿Por qué está aquí el otro helicóptero?- preguntó.

Foto: Héctor González | El Sol de Puebla


-Es que llegó el ingeniero Alberto Cárdenas Jiménez. El secretario de la Semarnat. Que va a entregar cheques a los dueños del bosque y no lo queman para hacer carbón. Nos pidió que lo trajeramos aquí. Y para llevarlo a México. Tiene que tomar un avión a Guadalajara. Por eso, gobernador".

Cárdenas Jiménez había sido gobernador de Jalisco. Con Vicente Fox conducía la Semarnat.

Fue un acto breve. Discursos breves y desencato de los de Santa Rita Tlahuapan, porque…

"Me van a perdonar, paisanos. Pero no puedo quedarme a comer con ustedes. Les agradezco la invitación, pero tengo compromisos en Casa Puebla. Mi esposa -ustedes saben- ya me espera. Tiene invitados. Me apena pero...".

Lee también: Helicóptero accidentado pertenece a la empresa SAASA

Y se dirigió hacia su helicóptero. Cárdenas Jiménez hizo lo suyo. Melquiades observó a sus invitados. El general Sergio Ayón se colocó la funda de la pistola sobre el pecho. Vio a la chiquillería que corría hacia el terreno donde estaban los helicópteros. Los rotores levantaron gran polvareda. Terreno de labranza. Lleno de hojarasca y pedruscos. Tierra reseca.

"¡Pobre gente, se va a llenar de tierra", dijo compasivo Melquiades Morales mientras el aparato se elevaba, ascendía, provocaba un cono. Una suerte de embudo de desperdicios envolvió a la frágil nave. Repentinamente todo se oscureció.

"¡Esto no me gusta nada!", soltó el general Ayón, y súbitamente todo se aclaró. Pero el helicóptero crujió y "coleó", se jaló. Se fue directo sobre una obra en construcción, una suerte de tercer piso. Incontrolable se dirigía inexorablemente al edificio en obra negra.

Reyes Razo alcanzó a exclamar "¡Dios… Dios… Dios...".

Foto: Cuartoscuro


Ruido de coque. Silencio en el interior. Creciente temor. "Va a estallar. Vamos a quedar hechos polvo. Nos vamos a morir...".

De algún lado salió Domingo Becerril, ayudante de experiencia y valor. Años con Enrique Jackson, otros tantos con Melquiades Morales. Desde el interior de la obra lanzaba puñetazos contra el aparato, en vano.

Alguien acertó a abrir un espacio. Por ahí voló el general Ayón. Desde el borde se podían ver montículos de arena, presencia de grava. A tirarse al vacío de panza. A volar para intentar llegar al sitio de salvación. El aparato se vaciaba rápidamente. Los ayudantes del gobernador se planteaban "cachar" al jefe. Que se lanzara. Preparaban una cuna de brazos. Melquiades Morales lo pensaba.

"Salta, pero salta ya, Melquíades", le urgió Reyes Razo.

El gobernador se echó al vacío. Dio con su humanidad en tierra. Sus ayudantes lo rescataron. Sacudían el polvo.

-¿Dónde está el piloto?- preguntó Melquiades.

-Está atorado. Se lastimó una rodilla, gobernador.

-Sáquenlo rápido- ordenó. Yo no me voy de aquí mientras esté atrapado- determinó.

Reyes Razo saltó el último.

Felipe Flores lo abrazó. Se habían conocido en sus días de reporteros del noticiario 24 Horas, de Jacobo Zabludosvky. Felipe Flores se movía con Eduardo Andrade en la sección deportiva del informativo.

Aparecieron camionetas a las órdenes del gobernador. "A Puebla", decidió.

Foto: Especial


Llegó a la residencia. Dio una conferencia de prensa. Apareció el Doctor Toxqui Fernández de Lara, exgobernador de Puebla, hombre de avanzada edad, y platicó con Melquiades.

Los noticieros ya daban la noticia. Joaquín López-Dóriga.

"Tú no te podías morir ahí, Reyes Razo. ¿Te imaginas? ¿Quién hubiera escrito la crónica?".

¡Felicidades!

Al día siguiente llegó a Casa Puebla el eminente doctor Rafael Moreno Valle. Traumatólogo y ortopedista de celebridad mundial auscultó cuidadosamente a Melquiades Morales. Lo había impulsado en los albores de su carrera. Cuando el médico era senador que daba la piel por su paisano Gustavo Díaz Ordaz.

Ve ahora: Estos son los trágicos accidentes aéreos que han conmocionado a México

"Está completamente sano. No tiene ni un rasguño", diagnosticó sonriente.

Ayer, en su casa del Club Campestre de la ciudad de Puebla, Melquiades Morales recordó con profunda tristeza:

"Rafael Moreno Valle fue coordinador de mi campaña para senador. Ganamos y se regresó a su trabajo en Estados Unidos. Años después regresó para unirse a mi equipo por la gubernatura. Ganamos y le di el cargo de secretario de Finanzas y Desarrollo Social. Eficientísimo. No dejé deuda en el gobierno. Nunca escaseó el dinero. Nosotros no enfrentamos el dolor de cabeza que significaba cada año el pago a los maestros. Fue candidato a diputado federal por el PRI. Cambió de partido. Se fue al PAN. Era un hombre muy capaz".

Foto: Cuartoscuro


Aquel 18 de diciembre del 2001, Melquiades Morales Flores -y su comitiva- pasó el susto de su vida en un helicóptero.

Este 24 de diciembre del 2018, el político poblano Rafael Moreno Valle Rosas y su esposa Martha Erika Alonso, gobernadora plena, perecieron al fallar su helicóptero.

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