/ domingo 1 de marzo de 2020

Afromexicanos ya serán visibles en Censo 2020

La senadora Susana Harp advierte que sólo si defienden su cultura, en el censo 2020, podrán exigir políticas públicas y el respeto a sus derechos en el país

Las comunidades afrodescendientes mexicanas tienen el reto de hacerse visibles en el Censo Nacional de Población que comienza este lunes 2 de marzo, siempre y cuando se identifiquen como tales y no sólo aludan a su estado de residencia, asegura la senadora Susana Harp, quien encabeza la cruzada por hacer visible a la tercera raíz cultural de México.

Tras el reconocimiento constitucional de lo afromexicano como cultura nacional, que se concretó en agosto del año pasado, ahora el reto es, a decir de la legisladora, que se hagan presentes en el censo y se puedan contar con más precisión.

Que cuando los encuestadores del INEGI les cuestionen si pertenecen a alguna etnia no digan que no se sienten representados en esa pregunta. Tienen que visibilizarse.

“Que en la zona de Sotavento no digan yo soy jarocho sino que se asuman como negros. Que si son mascodos, del norte del país, se asuman como afromexicanos. Si no, luego cómo van a exigir políticas públicas para su comunidad si siguen sin estar presentes. Cómo vamos a pedir respeto a sus tradiciones como un derecho cultural si ni siquiera dijeron que son afrodescendientes y sólo pasaron como un mexicano más”, advierte.

La senadora por Oaxaca lanza un llamado a esas comunidades: “defiende tu cultura y a partir de ahí nos das herramientas a los legisladores, a los trabadores públicos, para estar trabajando por tus derechos culturales”.

MARGINADOS

Y es que se tiene detectado que las comunidades de afrodescendientes son las más marginadas del país; las más pobres y sin servicios, sobre todo en los estados de Guerrero, Oaxaca y Veracruz, donde existe una mayor concentración de negros.

Como ejemplo pone algunas regiones del país. “Existe una comunidad como Collantes, Oaxaca, donde si te hubieran llevado con los ojos vendados asegurarías estar en cualquier lugar de África, porque la comunidad entera es visiblemente de rasgos afromexicanos. Y la otra región es la Costa Chica, que va desde Guerrero hasta Huatulco”.

UNA CULTURA COMÚN

Menciona a Valerio Trujano, también municipio oaxaqueño, que está en la zona de la Cañada, que es totalmente negro. Y el Sotavento, que empieza en Oaxaca y termina en Tabasco.

Incluso en el norte del país, concretamente en Muzquiz, Coahuila, hay una zona de concentración de afromexicanos, cuyos antecesores vinieron de Estados Unidos huyendo del esclavismo, pues México abolió antes esa práctica y acá eran libres.

Más aún, refiere Harp que existe una diáspora que extiende su presencia a todo el país y es la que se tiene que registrar. “Por ejemplo en Tijuana hay muchísimos africanos que tratan de emigrar a Estados Unidos, no pueden y se quedan a vivir en México. La gente está contenta, porque todos ellos se han sabido incorporar a la vida social. Son personas que están ayudando a la economía porque son muy trabajadores, no delincuentes”, afirma.

Habla por ejemplo de los haitianos, que llegaron hace varios años y que asimismo están haciendo una gran comunidad en la zona de la frontera norte del país.

Asegura que a estas personas, más que su lengua, que es el castellano, les une su cosmovisión, su cultura, heredada de muchos siglos de África, que se transmite de generación en generación, aun incluso si la tonalidad de la piel negra se va perdiendo. Basta con que se asuman afrodescendientes para serlo.

USOS Y COSTUMBRES

“Tienen una manera única de comer, una manera de casarse, una manera de bailar, una manera de creer. Las parteras tradicionales en ocasiones lo que hacen es poner arenita afuera de la casa en donde van a apoyar en el parto, y cuando salen miran que huellas de que animal paso por ahí porque ése será su ser protector”.

La senadora Harp niega que decirles “negros” sea despectivo en nuestro país. Y para probarlo se remite a las expresiones populares de cariño de los mexicanos donde se dice “mi negrita o negrito”; a las canciones como “Negra consentida”, de Joaquín Pardavé.

También menciona que en la antropología mexicana existe una larga tradición de estudio de esas comunidades, desde hace más de 60 años que Gonzalo Aguirre Beltrán escribió de ellas originalmente, pero que con el paso del tiempo todo lo que se ha escrito y documentado ha quedado en los archivos académicos, lo que ha ayudado a invisibilizar a los afromexicanos, que hoy tienen la oportunidad de salir y manifestarse.

Las comunidades afrodescendientes mexicanas tienen el reto de hacerse visibles en el Censo Nacional de Población que comienza este lunes 2 de marzo, siempre y cuando se identifiquen como tales y no sólo aludan a su estado de residencia, asegura la senadora Susana Harp, quien encabeza la cruzada por hacer visible a la tercera raíz cultural de México.

Tras el reconocimiento constitucional de lo afromexicano como cultura nacional, que se concretó en agosto del año pasado, ahora el reto es, a decir de la legisladora, que se hagan presentes en el censo y se puedan contar con más precisión.

Que cuando los encuestadores del INEGI les cuestionen si pertenecen a alguna etnia no digan que no se sienten representados en esa pregunta. Tienen que visibilizarse.

“Que en la zona de Sotavento no digan yo soy jarocho sino que se asuman como negros. Que si son mascodos, del norte del país, se asuman como afromexicanos. Si no, luego cómo van a exigir políticas públicas para su comunidad si siguen sin estar presentes. Cómo vamos a pedir respeto a sus tradiciones como un derecho cultural si ni siquiera dijeron que son afrodescendientes y sólo pasaron como un mexicano más”, advierte.

La senadora por Oaxaca lanza un llamado a esas comunidades: “defiende tu cultura y a partir de ahí nos das herramientas a los legisladores, a los trabadores públicos, para estar trabajando por tus derechos culturales”.

MARGINADOS

Y es que se tiene detectado que las comunidades de afrodescendientes son las más marginadas del país; las más pobres y sin servicios, sobre todo en los estados de Guerrero, Oaxaca y Veracruz, donde existe una mayor concentración de negros.

Como ejemplo pone algunas regiones del país. “Existe una comunidad como Collantes, Oaxaca, donde si te hubieran llevado con los ojos vendados asegurarías estar en cualquier lugar de África, porque la comunidad entera es visiblemente de rasgos afromexicanos. Y la otra región es la Costa Chica, que va desde Guerrero hasta Huatulco”.

UNA CULTURA COMÚN

Menciona a Valerio Trujano, también municipio oaxaqueño, que está en la zona de la Cañada, que es totalmente negro. Y el Sotavento, que empieza en Oaxaca y termina en Tabasco.

Incluso en el norte del país, concretamente en Muzquiz, Coahuila, hay una zona de concentración de afromexicanos, cuyos antecesores vinieron de Estados Unidos huyendo del esclavismo, pues México abolió antes esa práctica y acá eran libres.

Más aún, refiere Harp que existe una diáspora que extiende su presencia a todo el país y es la que se tiene que registrar. “Por ejemplo en Tijuana hay muchísimos africanos que tratan de emigrar a Estados Unidos, no pueden y se quedan a vivir en México. La gente está contenta, porque todos ellos se han sabido incorporar a la vida social. Son personas que están ayudando a la economía porque son muy trabajadores, no delincuentes”, afirma.

Habla por ejemplo de los haitianos, que llegaron hace varios años y que asimismo están haciendo una gran comunidad en la zona de la frontera norte del país.

Asegura que a estas personas, más que su lengua, que es el castellano, les une su cosmovisión, su cultura, heredada de muchos siglos de África, que se transmite de generación en generación, aun incluso si la tonalidad de la piel negra se va perdiendo. Basta con que se asuman afrodescendientes para serlo.

USOS Y COSTUMBRES

“Tienen una manera única de comer, una manera de casarse, una manera de bailar, una manera de creer. Las parteras tradicionales en ocasiones lo que hacen es poner arenita afuera de la casa en donde van a apoyar en el parto, y cuando salen miran que huellas de que animal paso por ahí porque ése será su ser protector”.

La senadora Harp niega que decirles “negros” sea despectivo en nuestro país. Y para probarlo se remite a las expresiones populares de cariño de los mexicanos donde se dice “mi negrita o negrito”; a las canciones como “Negra consentida”, de Joaquín Pardavé.

También menciona que en la antropología mexicana existe una larga tradición de estudio de esas comunidades, desde hace más de 60 años que Gonzalo Aguirre Beltrán escribió de ellas originalmente, pero que con el paso del tiempo todo lo que se ha escrito y documentado ha quedado en los archivos académicos, lo que ha ayudado a invisibilizar a los afromexicanos, que hoy tienen la oportunidad de salir y manifestarse.

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