/ viernes 16 de diciembre de 2022

Al ejercer el periodismo en Edomex las reglas son claras: o te vas o aquí te quedas

Desempeñar el trabajo de informar en la región sur del Estado de México es vivir constantemente con miedo

La información siempre ha sido vigilada, pero cuando la punta de una pistola se convierte en el corrector, desertar del periodismo es la única opción para un reportero que busca realizar su labor en la zona sur del Estado de México, donde el miedo y la zozobra se convierten en un acompañante diario.

“Cuando me dijeron ‘…o te vas o aquí te quedas’, no tuve otra opción y esa misma tarde conseguí una camioneta y decidí dejar Tejupilco junto con mi familia”, relata un reportero que vivió en carne propia el precio de desempeñar el trabajo de informar en la región sur.

Puedes leer también: Es ineficaz el mecanismo de Protección a Periodistas; México sólo comparable con Siria

Desde que llegas a trabajar como reportero a esta zona, asegura, las reglas son muy claras, no mencionar a ningún grupo delictivo en las notas periodísticas, sobre todo las relacionadas con el tema de seguridad y mucho menos dar a conocer los mensajes que cobijan a los cadáveres que comúnmente aparecen en la región.

“Necesariamente teníamos que cubrir la nota roja, pero la información se centraba en el hecho como tal, ni más ni menos. No podíamos manejar a ningún grupo delictivo ni mucho menos dar a conocer algún mensaje”, relata.

Por casi un año, la zozobra y el miedo de acudir a ciertas zonas se iba familiarizando con su actividad, sin embargo, detalla, llegó el momento en que ya no pudo más y después de sortear amenazas telefónicas se dio la confrontación directa y la obligación de abandonar la labor informativa.

“Recuerdo aquel día iba por mis tortillas y en la calle un hombre me paró y me dijo textual: ‘Le estas picando las costillas al diablo, no te metas con nosotros, somos muchos, así que o te vas o aquí te quedas’”, narra.

Esta amenaza fue acompañada con santo y seña de los movimientos diarios, no sólo de él, sino de su familia, por lo que al regresar a su casa y platicar lo sucedido, optó por conseguir una camioneta y esa misma tarde-noche emprender la retirada.

Esto, platica, fue desatado por la cobertura de un operativo implementado por las autoridades municipales en bares y centros de entretenimiento incluyendo billares. Y es que, agrega, en uno de tantos negocios, un hombre vinculado a un grupo delictivo les sacó un arma y amenazó a todos.

Pese a que no publicó nada en el periódico regional donde laboraba, una columna que apareció en el diario desató las amenazas que al final terminaron por la renuncia a su labor informativa.

“Tejupilco es un pueblo chico y ellos ya saben quienes viven ahí y a qué se dedican. De hecho mi nombre y mi vehículo ya eran parte de los mensajes vía radio que monitoreaban todos los movimientos de gente sospechosa de la región”, afirma el reportero.

Lo cierto, reconoce, es que vives en la zozobra y el miedo, pues “constantemente tienes que moverte a varios puntos y en cualquier momento puedes ser interceptado por ellos”.

“Nosotros ya sabíamos que si entrabamos a Amatepec teníamos que hacerlo con cuidado, porque además los levantones en aquel entonces estaban a la orden del día. En una ocasión el cristal de mi auto fue destruido por la noche y el robo fue descartado”, enfatiza el entrevistado.

-¿Volverías a trabajar como reportero en el sur?,

No, ya decidí no volver a eso. Es muy arriesgado y de héroes están llenos los panteones. Un reportero puede encontrarse muy rápido, pero mi familia no va a encontrar un padre y eso lo valoro más, por eso mi respuesta es un no rotundo.

La información siempre ha sido vigilada, pero cuando la punta de una pistola se convierte en el corrector, desertar del periodismo es la única opción para un reportero que busca realizar su labor en la zona sur del Estado de México, donde el miedo y la zozobra se convierten en un acompañante diario.

“Cuando me dijeron ‘…o te vas o aquí te quedas’, no tuve otra opción y esa misma tarde conseguí una camioneta y decidí dejar Tejupilco junto con mi familia”, relata un reportero que vivió en carne propia el precio de desempeñar el trabajo de informar en la región sur.

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Desde que llegas a trabajar como reportero a esta zona, asegura, las reglas son muy claras, no mencionar a ningún grupo delictivo en las notas periodísticas, sobre todo las relacionadas con el tema de seguridad y mucho menos dar a conocer los mensajes que cobijan a los cadáveres que comúnmente aparecen en la región.

“Necesariamente teníamos que cubrir la nota roja, pero la información se centraba en el hecho como tal, ni más ni menos. No podíamos manejar a ningún grupo delictivo ni mucho menos dar a conocer algún mensaje”, relata.

Por casi un año, la zozobra y el miedo de acudir a ciertas zonas se iba familiarizando con su actividad, sin embargo, detalla, llegó el momento en que ya no pudo más y después de sortear amenazas telefónicas se dio la confrontación directa y la obligación de abandonar la labor informativa.

“Recuerdo aquel día iba por mis tortillas y en la calle un hombre me paró y me dijo textual: ‘Le estas picando las costillas al diablo, no te metas con nosotros, somos muchos, así que o te vas o aquí te quedas’”, narra.

Esta amenaza fue acompañada con santo y seña de los movimientos diarios, no sólo de él, sino de su familia, por lo que al regresar a su casa y platicar lo sucedido, optó por conseguir una camioneta y esa misma tarde-noche emprender la retirada.

Esto, platica, fue desatado por la cobertura de un operativo implementado por las autoridades municipales en bares y centros de entretenimiento incluyendo billares. Y es que, agrega, en uno de tantos negocios, un hombre vinculado a un grupo delictivo les sacó un arma y amenazó a todos.

Pese a que no publicó nada en el periódico regional donde laboraba, una columna que apareció en el diario desató las amenazas que al final terminaron por la renuncia a su labor informativa.

“Tejupilco es un pueblo chico y ellos ya saben quienes viven ahí y a qué se dedican. De hecho mi nombre y mi vehículo ya eran parte de los mensajes vía radio que monitoreaban todos los movimientos de gente sospechosa de la región”, afirma el reportero.

Lo cierto, reconoce, es que vives en la zozobra y el miedo, pues “constantemente tienes que moverte a varios puntos y en cualquier momento puedes ser interceptado por ellos”.

“Nosotros ya sabíamos que si entrabamos a Amatepec teníamos que hacerlo con cuidado, porque además los levantones en aquel entonces estaban a la orden del día. En una ocasión el cristal de mi auto fue destruido por la noche y el robo fue descartado”, enfatiza el entrevistado.

-¿Volverías a trabajar como reportero en el sur?,

No, ya decidí no volver a eso. Es muy arriesgado y de héroes están llenos los panteones. Un reportero puede encontrarse muy rápido, pero mi familia no va a encontrar un padre y eso lo valoro más, por eso mi respuesta es un no rotundo.

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