/ lunes 29 de noviembre de 2021

Envenenan al Río Bravo con aguas negras

El derrame continuará hasta fin de año, cuando se reparen las tuberías, indicó El Paso Water, la empresa responsable del incidente

Las dos principales tuberías de aguas residuales en el oeste de El Paso, Texas, conocidas como Frontera Force Main, sufrieron roturas que han provocado que 10 millones de galones de agua contaminada se viertan cada día al Río Bravo desde el pasado 10 de agosto.

La fuga de aguas negras –principalmente proveniente de inodoros y desagües– pone en riesgo la salud de las personas y la fauna en ambos lados de la frontera.

➡️ Emisiones de metano superan estimaciones

El punto de la liberación se encuentra en el lecho del río, cerca de Paisano Drive y Racetrack Drive, en la frontera con Ciudad Juárez, Chihuahua, donde los habitantes han tenido que lidiar con un olor cada vez más insoportable.

El Paso Water, empresa responsable de las tuberías, aseguró a El Sol de México que será hasta fin de año cuando espera dejar de verter al lecho del río las aguas residuales, cuando prevé que concluya el reemplazo de una de las tuberías dañadas. Mientras eso sucede, ha advertido a la población evitar acercarse a la zona por “riesgos a la salud”.

Incluso, la sección estadounidense de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), una agencia binacional que supervisa los tratados sobre agua entre Estados Unidos y México, decidió modificar su trabajo a lo largo del río debido al peligro que representan las aguas residuales para la salud humana.

“Nuestra División de Contabilidad del Agua ha restringido a nuestros empleados ir al río para hacer mediciones de arroyos. Nuestro Programa de Ríos Limpios ha modificado sus métodos de recolección de muestras de agua mediante el uso de un balde de muestreo o postes de muestreo en lugar de vadear en el agua”, se lee en su página en internet.

Las familias que esperaban reencontrar a sus seres queridos en el tradicional evento “Abrazos, no Muros”, que se celebra cada año en la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez, también tendrán que esperar hasta el siguiente año debido al derrame, informó el jueves pasado Fernando García, director de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos (BNHR).

A través de un comunicado, García aseguró que el evento que se tenía planeado para diciembre fue cancelado debido a las condiciones en las que se encuentra el río y los riesgos de salud que podría representar para las familias.

“La razón principal es el desvío de aguas residuales al río. Este proceso de contaminación nos preocupa y no podemos arriesgar a las familias”, dijo el director de BNHR.

Del lado mexicano, este diario consultó a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) del estado de Chihuahua, que respondió que aún “espera información de sus oficinas centrales para poder dar a conocer posibles afectaciones ambientales”.

Si bien las pruebas preliminares muestran que el agua no contiene derrames químicos, la empresa de servicios públicos dijo que está esperando pruebas adicionales para ver el contenido de patógenos y bacterias del río.

Por su parte, El Paso Water explicó que el accidente se produjo después de que lluvias intensas provocaron inundaciones en toda la ciudad estadounidense. Las tuberías de alcantarillado de acero cerca de una estación de bombeo, que ayuda a trasladar las aguas residuales a las plantas de tratamiento, no soportaron la cantidad de agua y se rompieron al mismo tiempo.

El sistema, con 25 años de funcionamiento, era único, según la empresa, porque cada tubería podía transportar toda la carga de aguas residuales de 17 mil 500 hogares para evitar fallas en el sistema.

Además, las tuberías estaban envueltas en un revestimiento para protegerlas del suelo y tratadas por dentro para evitar daños por los ácidos y gases en las aguas residuales. Sin embargo, la carga de agua no aguantó y rompió los tubos, por lo que, para evitar más inundaciones, el líquido “tuvo que ser arrojado, y el único lugar que podría manejar esa cantidad era el Río Bravo”, agregó la compañía de servicios públicos.

“Las cuadrillas han estado trabajando las veinticuatro horas del día y, a veces, hasta las rodillas en las aguas residuales para hacer reparaciones y remediar la situación. Con flujos continuos de aguas residuales, terrenos difíciles y tuberías enterradas hasta 20 pies de profundidad, han enfrentado tremendos desafíos y complicaciones durante las reparaciones”, señaló.

Estela Fonseca, de 72 años, vive en Socorro, a casi 90 kilómetros río abajo del derrame y todos los días tiene que lidiar con el olor. El río corre a menos de dos kilómetros de su casa, lo que significa que, dependiendo de la dirección en que soplen los vientos, el olor impregna su hogar.

A Fonseca Padilla, quien comenzó a caminar junto al río durante la pandemia, le entristece ver bandadas de palomas bebiendo del río.

“Se siente como si nos hubiéramos convertido en un vertedero de aguas residuales y es desgarrador que la vida silvestre esté bebiendo agua de allí, pero más preocupante que nos vayamos a enfermar”, lamentó.



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Las dos principales tuberías de aguas residuales en el oeste de El Paso, Texas, conocidas como Frontera Force Main, sufrieron roturas que han provocado que 10 millones de galones de agua contaminada se viertan cada día al Río Bravo desde el pasado 10 de agosto.

La fuga de aguas negras –principalmente proveniente de inodoros y desagües– pone en riesgo la salud de las personas y la fauna en ambos lados de la frontera.

➡️ Emisiones de metano superan estimaciones

El punto de la liberación se encuentra en el lecho del río, cerca de Paisano Drive y Racetrack Drive, en la frontera con Ciudad Juárez, Chihuahua, donde los habitantes han tenido que lidiar con un olor cada vez más insoportable.

El Paso Water, empresa responsable de las tuberías, aseguró a El Sol de México que será hasta fin de año cuando espera dejar de verter al lecho del río las aguas residuales, cuando prevé que concluya el reemplazo de una de las tuberías dañadas. Mientras eso sucede, ha advertido a la población evitar acercarse a la zona por “riesgos a la salud”.

Incluso, la sección estadounidense de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), una agencia binacional que supervisa los tratados sobre agua entre Estados Unidos y México, decidió modificar su trabajo a lo largo del río debido al peligro que representan las aguas residuales para la salud humana.

“Nuestra División de Contabilidad del Agua ha restringido a nuestros empleados ir al río para hacer mediciones de arroyos. Nuestro Programa de Ríos Limpios ha modificado sus métodos de recolección de muestras de agua mediante el uso de un balde de muestreo o postes de muestreo en lugar de vadear en el agua”, se lee en su página en internet.

Las familias que esperaban reencontrar a sus seres queridos en el tradicional evento “Abrazos, no Muros”, que se celebra cada año en la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez, también tendrán que esperar hasta el siguiente año debido al derrame, informó el jueves pasado Fernando García, director de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos (BNHR).

A través de un comunicado, García aseguró que el evento que se tenía planeado para diciembre fue cancelado debido a las condiciones en las que se encuentra el río y los riesgos de salud que podría representar para las familias.

“La razón principal es el desvío de aguas residuales al río. Este proceso de contaminación nos preocupa y no podemos arriesgar a las familias”, dijo el director de BNHR.

Del lado mexicano, este diario consultó a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) del estado de Chihuahua, que respondió que aún “espera información de sus oficinas centrales para poder dar a conocer posibles afectaciones ambientales”.

Si bien las pruebas preliminares muestran que el agua no contiene derrames químicos, la empresa de servicios públicos dijo que está esperando pruebas adicionales para ver el contenido de patógenos y bacterias del río.

Por su parte, El Paso Water explicó que el accidente se produjo después de que lluvias intensas provocaron inundaciones en toda la ciudad estadounidense. Las tuberías de alcantarillado de acero cerca de una estación de bombeo, que ayuda a trasladar las aguas residuales a las plantas de tratamiento, no soportaron la cantidad de agua y se rompieron al mismo tiempo.

El sistema, con 25 años de funcionamiento, era único, según la empresa, porque cada tubería podía transportar toda la carga de aguas residuales de 17 mil 500 hogares para evitar fallas en el sistema.

Además, las tuberías estaban envueltas en un revestimiento para protegerlas del suelo y tratadas por dentro para evitar daños por los ácidos y gases en las aguas residuales. Sin embargo, la carga de agua no aguantó y rompió los tubos, por lo que, para evitar más inundaciones, el líquido “tuvo que ser arrojado, y el único lugar que podría manejar esa cantidad era el Río Bravo”, agregó la compañía de servicios públicos.

“Las cuadrillas han estado trabajando las veinticuatro horas del día y, a veces, hasta las rodillas en las aguas residuales para hacer reparaciones y remediar la situación. Con flujos continuos de aguas residuales, terrenos difíciles y tuberías enterradas hasta 20 pies de profundidad, han enfrentado tremendos desafíos y complicaciones durante las reparaciones”, señaló.

Estela Fonseca, de 72 años, vive en Socorro, a casi 90 kilómetros río abajo del derrame y todos los días tiene que lidiar con el olor. El río corre a menos de dos kilómetros de su casa, lo que significa que, dependiendo de la dirección en que soplen los vientos, el olor impregna su hogar.

A Fonseca Padilla, quien comenzó a caminar junto al río durante la pandemia, le entristece ver bandadas de palomas bebiendo del río.

“Se siente como si nos hubiéramos convertido en un vertedero de aguas residuales y es desgarrador que la vida silvestre esté bebiendo agua de allí, pero más preocupante que nos vayamos a enfermar”, lamentó.



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