/ viernes 23 de octubre de 2020

"Fui comandante de un cártel a los 15 años": fragmento del libro Un sicario en cada hijo te dio

Saskia Niño de Rivera comparte a El Sol de México este fragmento de su libro

Jesús es un Joven de 20 años. Tiene tez clara, altura media y aparenta mayor edad a la cronológica.

Su cara es simétrica y un poco alargada.

Sus ojos parecen cafés y sin vida, tiene una mirada perdida. Como marca distintiva lleva tatuada una cruz en la mejilla que le remite a unos “muertitos” y llama la atención de cualquiera que lo mira.

Su complexión es delgada, incluso diría que sobresalen algunos huesos. Su lenguaje corporal comunica seguridad y confianza, aunque al mismo tiempo se percibe cierto deseo por ser inofensivo y afable. Incluso llega a mostrar ligera curvatura en su andar para reforzar este mensaje.

Durante la entrevista, Jesús hablo de forma pacífica y reflexiva, respondía a lo que se le pedía y en ocasiones hacia pausas como si quisiera recordar algunos datos borrados de su memoria.

Parecía tener un ánimo desesperanzado, como si llevara tiempo sin que ocurriese algo que lo pudiera motivar o darle algún sentido a su vida.

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Loa tatuajes llenan su cuerpo: 25 en total. Uno por uno mostro los que tenía en brazos y cuello. Su favorito era “La Luz María” una representación de la madre. Nos enseñó una catrina, calaveras, un atrapasueños ( dijo “ Es el que absorbe todo lo que ya no quiero recordar”), la Santa muerte porque cree en ella, su apellido, el logo de la empresa ( el Cartel del Golfo) en el pecho y un 347 en la mano. También el nombre de una mujer, riendo dice: “Es la chava con la que andaba” Tiene tatuado cinco años “Los que me la voy aventar”, las iniciales de sus hermanos, de su abuelita. La lista continua hasta que llega a los 25 tatuajes. Pero tiene uno que le gustaría cubrir “Quiero taparme las siglas del cartel con un ojo, que sea como mi mamá que me cuida”. Al decir esto, parece conmovido al descubrir en su comentario su soledad y la añoranza del cuidado materno o algún tipo de resguardo. Cuando lo atraviesa este pensamiento… sus ojos parecen nublarse.

Me apasiona el futbol, yo era un niño normal, mi sueño era ser jugador. Recuerdo los gritos ‘¡Jesús, Jesús, pásala, pásala… aquí! ¡No para el otro lado! ¡si Goooool!’

Por supuesto chiva de corazón, por todo mi cuarto tenía posters de jugadores. Mis favoritos eran Marco Fabián y Chicharito.

Estaba convencido de que tenía las mismas habilidades que ellos a mi edad y que si le echaba ganas, lo lograría; me pasaba horas dominando la pelota y todo el tiempo jugaba retas en el terreno baldío de mi barrio.

Desde que nací, viví con mi mamá y era hijo único como ya les comenté, a mi papá nunca lo vi, sólo en fotos. Empezamos a vivir con la pareja de mi mamá, me cae bien y creo que es una buena persona, aunque no conviví mucho con él, pero veo que hace feliz a mi mamá y eso es lo que importa.

Cuando entré a primero de secundaria, ya no me llamaba tanto la atención la escuela, creo que era cosa de la edad, muchos de mis cuates empezaban a irse de pinta y a mí se me hizo fácil irme con ellos. Cuando mi mamá se dio cuenta pues me regañó y platicó conmigo… pero empecé a dejar de hacerle caso.

Un día en la esquina de la casa había unos amigos, casi todos eran más grandes que yo y pues se me hizo fácil aceptarles un churro… y esa fue la primera droga que probé. También me ofrecían tabaco, pero ese nunca me ha gustado, después empecé con la cerveza. Al principio mi mamá no se dio cuenta, pero ya después me preguntaba por qué traía así los ojos y para que necesitaba dinero.

Los compas que me iniciaron en la droga eran más grandes que yo, los típicos que andan de lacras en mi estado, Jalisco. Ellos ya tenían catorce años y los invitaron a unirse al cártel, yo nada más los veía ir y venir. A veces se iban por temporadas. Me llamaban mucho la atención los carros y las armas que traían los que los invitaban.

Me acuerdo muy bien cuando se fue el Juan, era uno de mis mejores compas. El día que aceptó, se lo llevaron en una troca muy chida y el iba todo emocionado. Lo dejé de ver un tiempo, después regresó y me invitó, me dijo: “Mira Jesús aquí puedes hacer mucha lana, ya el comandante que lleva aquí tres años y tiene su troca, sus armas, un chingo de dinero y siempre está con mujeres bien buenas”. Me dijo que lo pensara y que si quería el miércoles pasaba por mí en la esquina del Soriana.

Era lunes tenía dos días para pensar.

El martes en la noche estuve piense y piense …

Tenía que dejar a mi mamá, mis hermanitos, mi abuela y tíos, pero Juan dijo que vendría muy seguido a verlos. También pensaba en el futbol, pero lo bueno es que para entrenar sólo necesitábamos un balón y compás para jugar y de esos habría muchos por ahí. Lo que ya no haría seria la prueba del fut. Que mi padrino me había conseguido para la siguiente semana, pero pensé que seguro habría otra oportunidad ahora que ya tuviera dinero, eso me iba ayudar a cumplir mi sueño, con el dinero todo se podía, podría comprar a cualquier visor. Lo que mas pesó en mi decisión fue tener dinero para la mota. Era difícil que mi mamá tuviera dinero y pues a mí me estaban ofreciendo dinero rápido y fácil… bueno eso pensaba en ese momento, después me di cuenta que dinero rápido si era, pero fácil… definitivamente no.

Hice mi maleta y me fui. Mi mama no me vio ni sabía que decidí irme con los del Golfo, la mera verdad es que me escapé y pensaba regresar con dinero para que no se enojara tanto conmigo.

Me subieron a una camioneta que iba con otros doce chavos de mi barrio, a esos ya los conocía, pero en total éramos 60 todos más grandes que yo. Algunos tenían cara de emocionados y otros de miedo… creo que, en el fondo, todos teníamos miedo.

De esos chavos ya nada mas quedo yo, todos los demás terminaron fríos, Antes de subir se firmaba una hoja en la que decías cuánto querías durar a quién y a dónde querías que dejaran dinero si te mataban y para qué puesto querías aplicar. Los 60 aplicamos para sicarios por que es en el que ganas mas desde el principio, de entrada ganas 20,000 al mes y luego ya vas subiendo depende del trabajo y de tu desempeño.

Dude en elegir entre Alcón central o retenes, pero en esos tiempos aquellos ganaban muy mal y no me gustaban sus funciones, bajando me dieron mi primera paga de 10,000 a la quincena ya después subió a 13,000 y luego a 15,000 mas bono de lo que sacaba de diferentes trabajos.

Lo primero que hice al bajar de la sierra fue ver a mi mama estaba preocupada y molesta conmigo. Fue una batalla enorme para que recibiera el dinero; no lo quería porque decía que venía de cosas malas, que no quería que estuviera por ahí haciendo eso, que no lo iba aceptar… Al final se lo dejé en un cajón y me fui de nuevo.

Con mi primera paga vino mi primer trabajo, no se me olvida, fue una chava, trabajaba con los contras, primero la deje en el cerro y después le corte la cabeza. Así me dijeron que la tenía que matar. Tenia 17 años y era del cártel contrario. Me dijeron que no lo pensara mucho, sentí muchas ansias desde que me ordenaron hacerlo, ya cuando la maté me calmé un poco.

Pasaban los días e intentaba no pensar en eso, pero conforme pasaba el tiempo … pues si me molestaba. Esa chava me molestaba mucho, no me dejaba dormir, y cosas así, cuando intentaba conciliar el sueño, se me subía. Conocí muchas personas que ya llevan muchos muertos y dicen que si regresan por uno… si eres de cabeza fácil o así, pues te andan llevando también con ellos. Intentaba quitarme esos pensamientos y no recordarla para pasar el día.

Encontré mucha motivación para seguir en esto al ver como otros chavos (como yo) iban subiendo de puesto y cada vez, tenían más poder, armas y dinero. Desde que era chico me gustaba ver las series de narcos y como los jefes traían sus trocas y sus viejototas…

Sentía que todo estaba bien fácil, que el dinero llegaba muy rápido, pero me empecé a dar cuenta de que en esas series nada mas cuentan lo bonito … Nadie te dice que vas a extrañar a tu familia, lo que sentías después de matar a alguien, al ser perseguido por un delito o lo que vivirás en la cárcel.

Otras cosas que me ayudaban a olvidar eran la droga y las mujeres. Casi en cuanto bajamos del adiestramiento nos llevaron me quedé… y me quedé más decidido a que todo el sufrimiento valía la pena.

Dejé de matar un poco, le bajé el ritmo, intentaba que otros hicieran el trabajo sucio y así empecé a subir de puesto… me empezaron a encomendar que yo reclutara más gente. Busqué amigos de la infancia, Tengo remordimientos de dos en particular por que eran mas grandes que yo y ahora están en la cárcel. Ellos si ya no van a salir para contarla, los atraparon ya mayores de edad A veces pienso que fue su decisión, nadie les puso una pistola en la cabeza para que dijeran que sí, fue su voluntad.

También buscaba contactos que vivían en otras ciudades para que nos mandaran gente. A los chavitos que se dedicaban a puro robo les decían: “No, pues, allá vas a trabajar de sicario”. Cuando les dicen eso sienten mucha emoción de trabajar con armas. “No pues, si te animas vas aganar mucho dinero, pero va a vivir fuera, te vamos a llevar lejos de aquí”.

Al final muchos aceptaban.

A los quince años empecé con mi equipo, raro para mi edad, pero tenía mucha agilidad mental y físicamente me veía mucho más grande, entonces me respetaban. Cuando empecé, eran diez personas a mi cargo, después de un tiempo fueron quince. Se puede decir que ya nadaba de comandante, había un jefe regional y yo estaba debajo de él. Ahí empecé a “descansar” un poco de hacer el trabajo sucio por que los tres años anteriores me tocó hacer de todo, si la sufrí.

Primero nos decían a quién teníamos que “secuestrar” a tal persona, de tal casa, en tal colonia y qué información le teníamos que sacar; por lo general eran chavas de los contras que tenían información útil. La llevábamos a la sierra, las amarrábamos a los árboles por algunos días, ya luego íbamos por ellas y las torturábamos hasta que les sacábamos toda la información, lo que mas servía de la tortura eran las orejas y los dedos.

A mí también me tocaba negociar con los policías era uno de mis trabajos en mi nuevo roll de comandante. Hablábamos con los de la estatal, les decíamos como estaba todo el rollo, cuando se tenían que hacer de la vista gorda, a que compañeros no podían tocar, cuando traíamos cargamento, cuando íbamos a dar un golpe a los contras, etcétera. La verdad sí se alineaban, pues es con dinero y con miedo al final todos terminan igual.

Ahí me ponía a pensar que el país es una mierda, a veces hasta me daba risa por que llegaban los de la estatal y nos entregaban armas de los contras, balas y pertenencias de los otros. Es muy corrupto todo, la mera verdad, es lo mismo o afuera o adentro de la cárcel, para todos lados y a donde se mire hay corrupción y violencia.

Así pasaron dos años en los que estuve de comandante. Ya no hacía trabajos sucios, me dedicaba a otras cosas como a negociar con los policías reclutar gente y checar que todos los que trabajaban para nosotros hicieran las cosas bien y que nadie intentara pasarse de listo. Seguía torturando para sacar información, pero ya no daba el tiro final.

Un día tenia dos chavos secuestrados en la casa de seguridad y me agarraron con las manos en la masa, ahora si ya venían por mí los policías. Esta vez, por más que lo intenté solucionar por otros modos ya no se pudo y me llevaron al centro de internamiento.

Menos mal que todavía tenía diecisiete años por que unos meses más y me voy pa’ la grande y no la cuento.

Ahora ya voy para 3 años de estar encerrado, me faltan dos en total me dieron cinco., la condena más alta por que me sentenciaron por dos secuestros y delincuencia organizada.

Saldré cuando tenga 22 años.

Al final serán, diez años embarrado por todo esto, los primeros cinco que estuve allá jalándole desde los doce hasta los diecisiete ahora ya llevo tres encerrado y me faltan dos. De verdad quiero acomodarme en algo diferente.

Vi que mataron a muchos compañeros míos en esta guerra y el dolor de sus familiares cuando no los encontraban o si, pero muertos. Uno también tiene sentimientos y piensa en lo que hizo… Me pongo en los zapatos de las personas, sobre todo cuando las teníamos secuestradas y las torturábamos… nos decían muchas cosas en esos momentos.

Recuerdo a una señora que ya estaba grande y me decía que no se quería morir, que tenía hijos, familia y que quería seguir con ellos. Es mucho sufrimiento el que vivían, sólo el estar secuestrado y no saber qué te van hacer, eso en si ya es una tortura.

Creo que lo hecho nunca se va a borrar, Una vez que matas a alguien, hay una parte del corazón que se hunde, se rompe y no se puede recuperar, pero ahora ya no me considero un asesino, creo que todos podemos cambiar y llevar una vida buena. Descubrí que, así como uno puede hacer cosas malas, también buenas y positivas, de hecho, aquí ya logré estudiar la prepa.

Estoy muy agradecido con la vida

Valoro mucho el apoyo que he tenido de mi familia, sobre todo de mi mamá que, aunque por la lejanía la veo poco, siempre está en comunicación conmigo y me ha perdonado por todo lo que hice.

Sé que cuando salga va a ser difícil no regresar a lo mismo, sobre todo porque ya estaba acostumbrado a otro tipo de vida y de lo que gané ahí ya no me queda nada. Sé que voy a agarrar un trabajo y voy a ganar muy poco comparado con lo antes, De seguro batallaré más tiempo para tener dinero, Cuando trabajaba allá afuera como un comandante llegué a ganar casi los 100 000 al mes, pero de eso ya no hay nada, Dejé 300 000 en efectivo, pero ahí los gasté en los primeros dos años que estuve en otro centro.

También dejé camionetas, pero ya no sé si estén. Casa nunca tuve, no podíamos comprar por que los soldados nos las quitaban. Sólo me queda una 9 milímetros guardada con un familiar. Todo el dinero me lo gastaba… así como llegaba rápido se me iba en ropa, mujeres, carro, armas, etcétera.

Me siento muy orgulloso de ser mexicano y no le echo la culpa al país pero pienso que debería haber más empleos, más apoyo al deporte, a mi me hubiera gustado mucho tener la oportunidad de ser futbolista, pero donde vivía sólo había un pequeño espacio para jugar y los morrillos de mi edad ya estaban en otros ambientes. Hacen falta cosas buenas, escuelas, deporte, arte, etcétera.

Los niños de doce, trece años ya están con armas y drogas en las calles. Ahora sólo se escucha muerte, muerte y muerte y a uno se le hace normal.

Si está bien canijo México.

Jesús es un Joven de 20 años. Tiene tez clara, altura media y aparenta mayor edad a la cronológica.

Su cara es simétrica y un poco alargada.

Sus ojos parecen cafés y sin vida, tiene una mirada perdida. Como marca distintiva lleva tatuada una cruz en la mejilla que le remite a unos “muertitos” y llama la atención de cualquiera que lo mira.

Su complexión es delgada, incluso diría que sobresalen algunos huesos. Su lenguaje corporal comunica seguridad y confianza, aunque al mismo tiempo se percibe cierto deseo por ser inofensivo y afable. Incluso llega a mostrar ligera curvatura en su andar para reforzar este mensaje.

Durante la entrevista, Jesús hablo de forma pacífica y reflexiva, respondía a lo que se le pedía y en ocasiones hacia pausas como si quisiera recordar algunos datos borrados de su memoria.

Parecía tener un ánimo desesperanzado, como si llevara tiempo sin que ocurriese algo que lo pudiera motivar o darle algún sentido a su vida.

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Loa tatuajes llenan su cuerpo: 25 en total. Uno por uno mostro los que tenía en brazos y cuello. Su favorito era “La Luz María” una representación de la madre. Nos enseñó una catrina, calaveras, un atrapasueños ( dijo “ Es el que absorbe todo lo que ya no quiero recordar”), la Santa muerte porque cree en ella, su apellido, el logo de la empresa ( el Cartel del Golfo) en el pecho y un 347 en la mano. También el nombre de una mujer, riendo dice: “Es la chava con la que andaba” Tiene tatuado cinco años “Los que me la voy aventar”, las iniciales de sus hermanos, de su abuelita. La lista continua hasta que llega a los 25 tatuajes. Pero tiene uno que le gustaría cubrir “Quiero taparme las siglas del cartel con un ojo, que sea como mi mamá que me cuida”. Al decir esto, parece conmovido al descubrir en su comentario su soledad y la añoranza del cuidado materno o algún tipo de resguardo. Cuando lo atraviesa este pensamiento… sus ojos parecen nublarse.

Me apasiona el futbol, yo era un niño normal, mi sueño era ser jugador. Recuerdo los gritos ‘¡Jesús, Jesús, pásala, pásala… aquí! ¡No para el otro lado! ¡si Goooool!’

Por supuesto chiva de corazón, por todo mi cuarto tenía posters de jugadores. Mis favoritos eran Marco Fabián y Chicharito.

Estaba convencido de que tenía las mismas habilidades que ellos a mi edad y que si le echaba ganas, lo lograría; me pasaba horas dominando la pelota y todo el tiempo jugaba retas en el terreno baldío de mi barrio.

Desde que nací, viví con mi mamá y era hijo único como ya les comenté, a mi papá nunca lo vi, sólo en fotos. Empezamos a vivir con la pareja de mi mamá, me cae bien y creo que es una buena persona, aunque no conviví mucho con él, pero veo que hace feliz a mi mamá y eso es lo que importa.

Cuando entré a primero de secundaria, ya no me llamaba tanto la atención la escuela, creo que era cosa de la edad, muchos de mis cuates empezaban a irse de pinta y a mí se me hizo fácil irme con ellos. Cuando mi mamá se dio cuenta pues me regañó y platicó conmigo… pero empecé a dejar de hacerle caso.

Un día en la esquina de la casa había unos amigos, casi todos eran más grandes que yo y pues se me hizo fácil aceptarles un churro… y esa fue la primera droga que probé. También me ofrecían tabaco, pero ese nunca me ha gustado, después empecé con la cerveza. Al principio mi mamá no se dio cuenta, pero ya después me preguntaba por qué traía así los ojos y para que necesitaba dinero.

Los compas que me iniciaron en la droga eran más grandes que yo, los típicos que andan de lacras en mi estado, Jalisco. Ellos ya tenían catorce años y los invitaron a unirse al cártel, yo nada más los veía ir y venir. A veces se iban por temporadas. Me llamaban mucho la atención los carros y las armas que traían los que los invitaban.

Me acuerdo muy bien cuando se fue el Juan, era uno de mis mejores compas. El día que aceptó, se lo llevaron en una troca muy chida y el iba todo emocionado. Lo dejé de ver un tiempo, después regresó y me invitó, me dijo: “Mira Jesús aquí puedes hacer mucha lana, ya el comandante que lleva aquí tres años y tiene su troca, sus armas, un chingo de dinero y siempre está con mujeres bien buenas”. Me dijo que lo pensara y que si quería el miércoles pasaba por mí en la esquina del Soriana.

Era lunes tenía dos días para pensar.

El martes en la noche estuve piense y piense …

Tenía que dejar a mi mamá, mis hermanitos, mi abuela y tíos, pero Juan dijo que vendría muy seguido a verlos. También pensaba en el futbol, pero lo bueno es que para entrenar sólo necesitábamos un balón y compás para jugar y de esos habría muchos por ahí. Lo que ya no haría seria la prueba del fut. Que mi padrino me había conseguido para la siguiente semana, pero pensé que seguro habría otra oportunidad ahora que ya tuviera dinero, eso me iba ayudar a cumplir mi sueño, con el dinero todo se podía, podría comprar a cualquier visor. Lo que mas pesó en mi decisión fue tener dinero para la mota. Era difícil que mi mamá tuviera dinero y pues a mí me estaban ofreciendo dinero rápido y fácil… bueno eso pensaba en ese momento, después me di cuenta que dinero rápido si era, pero fácil… definitivamente no.

Hice mi maleta y me fui. Mi mama no me vio ni sabía que decidí irme con los del Golfo, la mera verdad es que me escapé y pensaba regresar con dinero para que no se enojara tanto conmigo.

Me subieron a una camioneta que iba con otros doce chavos de mi barrio, a esos ya los conocía, pero en total éramos 60 todos más grandes que yo. Algunos tenían cara de emocionados y otros de miedo… creo que, en el fondo, todos teníamos miedo.

De esos chavos ya nada mas quedo yo, todos los demás terminaron fríos, Antes de subir se firmaba una hoja en la que decías cuánto querías durar a quién y a dónde querías que dejaran dinero si te mataban y para qué puesto querías aplicar. Los 60 aplicamos para sicarios por que es en el que ganas mas desde el principio, de entrada ganas 20,000 al mes y luego ya vas subiendo depende del trabajo y de tu desempeño.

Dude en elegir entre Alcón central o retenes, pero en esos tiempos aquellos ganaban muy mal y no me gustaban sus funciones, bajando me dieron mi primera paga de 10,000 a la quincena ya después subió a 13,000 y luego a 15,000 mas bono de lo que sacaba de diferentes trabajos.

Lo primero que hice al bajar de la sierra fue ver a mi mama estaba preocupada y molesta conmigo. Fue una batalla enorme para que recibiera el dinero; no lo quería porque decía que venía de cosas malas, que no quería que estuviera por ahí haciendo eso, que no lo iba aceptar… Al final se lo dejé en un cajón y me fui de nuevo.

Con mi primera paga vino mi primer trabajo, no se me olvida, fue una chava, trabajaba con los contras, primero la deje en el cerro y después le corte la cabeza. Así me dijeron que la tenía que matar. Tenia 17 años y era del cártel contrario. Me dijeron que no lo pensara mucho, sentí muchas ansias desde que me ordenaron hacerlo, ya cuando la maté me calmé un poco.

Pasaban los días e intentaba no pensar en eso, pero conforme pasaba el tiempo … pues si me molestaba. Esa chava me molestaba mucho, no me dejaba dormir, y cosas así, cuando intentaba conciliar el sueño, se me subía. Conocí muchas personas que ya llevan muchos muertos y dicen que si regresan por uno… si eres de cabeza fácil o así, pues te andan llevando también con ellos. Intentaba quitarme esos pensamientos y no recordarla para pasar el día.

Encontré mucha motivación para seguir en esto al ver como otros chavos (como yo) iban subiendo de puesto y cada vez, tenían más poder, armas y dinero. Desde que era chico me gustaba ver las series de narcos y como los jefes traían sus trocas y sus viejototas…

Sentía que todo estaba bien fácil, que el dinero llegaba muy rápido, pero me empecé a dar cuenta de que en esas series nada mas cuentan lo bonito … Nadie te dice que vas a extrañar a tu familia, lo que sentías después de matar a alguien, al ser perseguido por un delito o lo que vivirás en la cárcel.

Otras cosas que me ayudaban a olvidar eran la droga y las mujeres. Casi en cuanto bajamos del adiestramiento nos llevaron me quedé… y me quedé más decidido a que todo el sufrimiento valía la pena.

Dejé de matar un poco, le bajé el ritmo, intentaba que otros hicieran el trabajo sucio y así empecé a subir de puesto… me empezaron a encomendar que yo reclutara más gente. Busqué amigos de la infancia, Tengo remordimientos de dos en particular por que eran mas grandes que yo y ahora están en la cárcel. Ellos si ya no van a salir para contarla, los atraparon ya mayores de edad A veces pienso que fue su decisión, nadie les puso una pistola en la cabeza para que dijeran que sí, fue su voluntad.

También buscaba contactos que vivían en otras ciudades para que nos mandaran gente. A los chavitos que se dedicaban a puro robo les decían: “No, pues, allá vas a trabajar de sicario”. Cuando les dicen eso sienten mucha emoción de trabajar con armas. “No pues, si te animas vas aganar mucho dinero, pero va a vivir fuera, te vamos a llevar lejos de aquí”.

Al final muchos aceptaban.

A los quince años empecé con mi equipo, raro para mi edad, pero tenía mucha agilidad mental y físicamente me veía mucho más grande, entonces me respetaban. Cuando empecé, eran diez personas a mi cargo, después de un tiempo fueron quince. Se puede decir que ya nadaba de comandante, había un jefe regional y yo estaba debajo de él. Ahí empecé a “descansar” un poco de hacer el trabajo sucio por que los tres años anteriores me tocó hacer de todo, si la sufrí.

Primero nos decían a quién teníamos que “secuestrar” a tal persona, de tal casa, en tal colonia y qué información le teníamos que sacar; por lo general eran chavas de los contras que tenían información útil. La llevábamos a la sierra, las amarrábamos a los árboles por algunos días, ya luego íbamos por ellas y las torturábamos hasta que les sacábamos toda la información, lo que mas servía de la tortura eran las orejas y los dedos.

A mí también me tocaba negociar con los policías era uno de mis trabajos en mi nuevo roll de comandante. Hablábamos con los de la estatal, les decíamos como estaba todo el rollo, cuando se tenían que hacer de la vista gorda, a que compañeros no podían tocar, cuando traíamos cargamento, cuando íbamos a dar un golpe a los contras, etcétera. La verdad sí se alineaban, pues es con dinero y con miedo al final todos terminan igual.

Ahí me ponía a pensar que el país es una mierda, a veces hasta me daba risa por que llegaban los de la estatal y nos entregaban armas de los contras, balas y pertenencias de los otros. Es muy corrupto todo, la mera verdad, es lo mismo o afuera o adentro de la cárcel, para todos lados y a donde se mire hay corrupción y violencia.

Así pasaron dos años en los que estuve de comandante. Ya no hacía trabajos sucios, me dedicaba a otras cosas como a negociar con los policías reclutar gente y checar que todos los que trabajaban para nosotros hicieran las cosas bien y que nadie intentara pasarse de listo. Seguía torturando para sacar información, pero ya no daba el tiro final.

Un día tenia dos chavos secuestrados en la casa de seguridad y me agarraron con las manos en la masa, ahora si ya venían por mí los policías. Esta vez, por más que lo intenté solucionar por otros modos ya no se pudo y me llevaron al centro de internamiento.

Menos mal que todavía tenía diecisiete años por que unos meses más y me voy pa’ la grande y no la cuento.

Ahora ya voy para 3 años de estar encerrado, me faltan dos en total me dieron cinco., la condena más alta por que me sentenciaron por dos secuestros y delincuencia organizada.

Saldré cuando tenga 22 años.

Al final serán, diez años embarrado por todo esto, los primeros cinco que estuve allá jalándole desde los doce hasta los diecisiete ahora ya llevo tres encerrado y me faltan dos. De verdad quiero acomodarme en algo diferente.

Vi que mataron a muchos compañeros míos en esta guerra y el dolor de sus familiares cuando no los encontraban o si, pero muertos. Uno también tiene sentimientos y piensa en lo que hizo… Me pongo en los zapatos de las personas, sobre todo cuando las teníamos secuestradas y las torturábamos… nos decían muchas cosas en esos momentos.

Recuerdo a una señora que ya estaba grande y me decía que no se quería morir, que tenía hijos, familia y que quería seguir con ellos. Es mucho sufrimiento el que vivían, sólo el estar secuestrado y no saber qué te van hacer, eso en si ya es una tortura.

Creo que lo hecho nunca se va a borrar, Una vez que matas a alguien, hay una parte del corazón que se hunde, se rompe y no se puede recuperar, pero ahora ya no me considero un asesino, creo que todos podemos cambiar y llevar una vida buena. Descubrí que, así como uno puede hacer cosas malas, también buenas y positivas, de hecho, aquí ya logré estudiar la prepa.

Estoy muy agradecido con la vida

Valoro mucho el apoyo que he tenido de mi familia, sobre todo de mi mamá que, aunque por la lejanía la veo poco, siempre está en comunicación conmigo y me ha perdonado por todo lo que hice.

Sé que cuando salga va a ser difícil no regresar a lo mismo, sobre todo porque ya estaba acostumbrado a otro tipo de vida y de lo que gané ahí ya no me queda nada. Sé que voy a agarrar un trabajo y voy a ganar muy poco comparado con lo antes, De seguro batallaré más tiempo para tener dinero, Cuando trabajaba allá afuera como un comandante llegué a ganar casi los 100 000 al mes, pero de eso ya no hay nada, Dejé 300 000 en efectivo, pero ahí los gasté en los primeros dos años que estuve en otro centro.

También dejé camionetas, pero ya no sé si estén. Casa nunca tuve, no podíamos comprar por que los soldados nos las quitaban. Sólo me queda una 9 milímetros guardada con un familiar. Todo el dinero me lo gastaba… así como llegaba rápido se me iba en ropa, mujeres, carro, armas, etcétera.

Me siento muy orgulloso de ser mexicano y no le echo la culpa al país pero pienso que debería haber más empleos, más apoyo al deporte, a mi me hubiera gustado mucho tener la oportunidad de ser futbolista, pero donde vivía sólo había un pequeño espacio para jugar y los morrillos de mi edad ya estaban en otros ambientes. Hacen falta cosas buenas, escuelas, deporte, arte, etcétera.

Los niños de doce, trece años ya están con armas y drogas en las calles. Ahora sólo se escucha muerte, muerte y muerte y a uno se le hace normal.

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