/ domingo 8 de diciembre de 2019

Lenguas indígenas, en extinción

Desde la tribuna del Congreso de la Unión, los hablantes originarios dieron a conocer el drama que viven por el ancestral olvido que padecen

A pesar de ser un tesoro cultural, la voz del México originario, lenta pero inexorablemente caminan hacia la extinción.

Se trata de las lenguas de las 68 etnias indígenas de México que pertenecen a los más de 77 pueblos originarios, que representan al México profundo, que se resisten a desaparecer.

En este 2019 se celebra el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, y la LXIV Legislatura de la Cámara de Diputados, como señal de reconocimiento le dedica cinco minutos al inicio de su sesión ordinaria.

Así, en sus dulces lenguas, con la sabiduría pero también con la tristeza de estar olvidados, desde la tribuna del Congreso de la Unión, los hablantes originarios dieron a conocer a todo el país, el drama que viven por el olvido ancestral que padecen.

Doraly Velasco León, a nombre de la gente del desierto de Sonora, en su lengua originaria la Tohono o’odham, relató que su pueblo ancestral, hoy entre dos países: México y Estados Unidos, sobrevive gracias a la resistencia y voluntad férrea de sus comunidades que se niegan a ser olvidadas, enterradas en las dunas de arena blanca “donde hemos existido por cientos de años”.

“Nuestra lengua está agonizando. Solo quedamos ocho habitantes, incluida la que habla; pero no así nuestra cosmovisión ni nuestra memoria histórica, porque hemos dejado huellas perennes en nuestro andar por aquellos territorios que sostienen nuestra vida, en nuestros cantos y tradiciones”.

Denunció que la extinción de la lengua himeri Tohono o’odham, no es un hecho casual, tiene que ver con un conjunto de muros y fronteras que dividen y separan sus tierras “a las que llamamos hogar”.

“Tiene que ver con acciones físicas, sociales, simbólicas, culturales, intelectuales y políticas que se utilizan como dispositivos de control para crear dos mundos separados entre sí: el mundo desde donde hoy hablo, lejano y distante del mundo de la periferia, donde hemos sido abandonados”, afirmó la directora de la escuela-albergue Tribu Pápago, en Quitovac, Sonora.

Este mismo drama aparace en el sur, en el Istmo de Tehuantepec, en San Mateo del Mar, Oaxaca, desde donde trajo a la capital, el remanso del mar y los siete sistemas lagunares en el que viven estos mexicanos hablantes de la lengua huave.

Noé Ávalos Hinojosa relató que muchos expertos tratan de describir el mítico origen de los Ikoots y de su lengua. Algunos los relacionan con la antigua civilización Tiahuanaco del Perú y a su lengua como una variante del quechua.

Otros, dicen que su origen es de Nicaragua, en donde existen hablantes del huave. Y también se asevera que su origen es de otro continente; pero la ombeayiutus es una lengua aislada, sin familia lingüística conocida, pero tiene un valor incalculable.

“Antes, nuestros abuelos, en las noches, en la faena diaria, en las fiestas, ayudando en el tequio de la comunidad, nos enseñaban nuestra lengua. Ahora, estos conocimiento están desapareciendo en los niños y jóvenes y se llega a tener una actitud negativa respecto a la lengua originaria”, aseveró.

Con ello se desperdician sus conocimientos ancestrales.

Norma Alicia Meza Calles, hablante de kumiai, del norte de Baja California, de Tecate, se defendió y lanzó:

“No somos folklore. Somos una forma de vida que necesita ser tratada con respeto. Somos quienes cuidamos nuestro entorno, día a día, enfrentando a veces hasta el mismo gobierno que otorga permisos sin tomarnos en cuenta”.

Habló en su lengua materna, de sus carencias que son muchas. “Los servicios públicos no son parte de nuestras vidas; pero aun así defendemos nuestras tierras. Las defendemos de personas que no tienen amor a su patrimonio. Los cerros, los árboles, los animales son nuestros hermanos y los cuidamos”.

Es de la comunidad indígena de Jesús María, municipio del Nayar, de donde trajo los colores y los aromas de sus bosques, de sus cerros envueltos en nubes y de su problemática.

Abel Altamirano Ramírez, hablante de Náayeri (cora), denunció en la máxima tribuna del Congreso de la Unión: “Mi lengua está en peligro de extinción, porque no se le da la continuidad en la educación”.

Además, muchos de sus hablantes emigran a los Estados Unidos o a las ciudades en busca de empleos y mejora económica.

Refirió que las nuevas generaciones “ya no se visten como indígenas, no llevan a cabo sus rituales, que solo se celebran en las regiones donde hay personas mayores que todavía hablan Náayeri”.

Con esperanza, refirió: “Si en los planteles de secundaria y preparatoria hubiera docentes bilingües, hablantes de la lengua Náayeri, se le daría continuidad a su uso, no se perdería”.

A pesar de ser un tesoro cultural, la voz del México originario, lenta pero inexorablemente caminan hacia la extinción.

Se trata de las lenguas de las 68 etnias indígenas de México que pertenecen a los más de 77 pueblos originarios, que representan al México profundo, que se resisten a desaparecer.

En este 2019 se celebra el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, y la LXIV Legislatura de la Cámara de Diputados, como señal de reconocimiento le dedica cinco minutos al inicio de su sesión ordinaria.

Así, en sus dulces lenguas, con la sabiduría pero también con la tristeza de estar olvidados, desde la tribuna del Congreso de la Unión, los hablantes originarios dieron a conocer a todo el país, el drama que viven por el olvido ancestral que padecen.

Doraly Velasco León, a nombre de la gente del desierto de Sonora, en su lengua originaria la Tohono o’odham, relató que su pueblo ancestral, hoy entre dos países: México y Estados Unidos, sobrevive gracias a la resistencia y voluntad férrea de sus comunidades que se niegan a ser olvidadas, enterradas en las dunas de arena blanca “donde hemos existido por cientos de años”.

“Nuestra lengua está agonizando. Solo quedamos ocho habitantes, incluida la que habla; pero no así nuestra cosmovisión ni nuestra memoria histórica, porque hemos dejado huellas perennes en nuestro andar por aquellos territorios que sostienen nuestra vida, en nuestros cantos y tradiciones”.

Denunció que la extinción de la lengua himeri Tohono o’odham, no es un hecho casual, tiene que ver con un conjunto de muros y fronteras que dividen y separan sus tierras “a las que llamamos hogar”.

“Tiene que ver con acciones físicas, sociales, simbólicas, culturales, intelectuales y políticas que se utilizan como dispositivos de control para crear dos mundos separados entre sí: el mundo desde donde hoy hablo, lejano y distante del mundo de la periferia, donde hemos sido abandonados”, afirmó la directora de la escuela-albergue Tribu Pápago, en Quitovac, Sonora.

Este mismo drama aparace en el sur, en el Istmo de Tehuantepec, en San Mateo del Mar, Oaxaca, desde donde trajo a la capital, el remanso del mar y los siete sistemas lagunares en el que viven estos mexicanos hablantes de la lengua huave.

Noé Ávalos Hinojosa relató que muchos expertos tratan de describir el mítico origen de los Ikoots y de su lengua. Algunos los relacionan con la antigua civilización Tiahuanaco del Perú y a su lengua como una variante del quechua.

Otros, dicen que su origen es de Nicaragua, en donde existen hablantes del huave. Y también se asevera que su origen es de otro continente; pero la ombeayiutus es una lengua aislada, sin familia lingüística conocida, pero tiene un valor incalculable.

“Antes, nuestros abuelos, en las noches, en la faena diaria, en las fiestas, ayudando en el tequio de la comunidad, nos enseñaban nuestra lengua. Ahora, estos conocimiento están desapareciendo en los niños y jóvenes y se llega a tener una actitud negativa respecto a la lengua originaria”, aseveró.

Con ello se desperdician sus conocimientos ancestrales.

Norma Alicia Meza Calles, hablante de kumiai, del norte de Baja California, de Tecate, se defendió y lanzó:

“No somos folklore. Somos una forma de vida que necesita ser tratada con respeto. Somos quienes cuidamos nuestro entorno, día a día, enfrentando a veces hasta el mismo gobierno que otorga permisos sin tomarnos en cuenta”.

Habló en su lengua materna, de sus carencias que son muchas. “Los servicios públicos no son parte de nuestras vidas; pero aun así defendemos nuestras tierras. Las defendemos de personas que no tienen amor a su patrimonio. Los cerros, los árboles, los animales son nuestros hermanos y los cuidamos”.

Es de la comunidad indígena de Jesús María, municipio del Nayar, de donde trajo los colores y los aromas de sus bosques, de sus cerros envueltos en nubes y de su problemática.

Abel Altamirano Ramírez, hablante de Náayeri (cora), denunció en la máxima tribuna del Congreso de la Unión: “Mi lengua está en peligro de extinción, porque no se le da la continuidad en la educación”.

Además, muchos de sus hablantes emigran a los Estados Unidos o a las ciudades en busca de empleos y mejora económica.

Refirió que las nuevas generaciones “ya no se visten como indígenas, no llevan a cabo sus rituales, que solo se celebran en las regiones donde hay personas mayores que todavía hablan Náayeri”.

Con esperanza, refirió: “Si en los planteles de secundaria y preparatoria hubiera docentes bilingües, hablantes de la lengua Náayeri, se le daría continuidad a su uso, no se perdería”.

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