/ domingo 24 de marzo de 2019

Así fue la última gira de Luis Donaldo Colosio

Vocerío. Griterío. Grito doloroso de sirenas. Urgencias. Así se abrió paso la realidad. "Le dieron un balazo en la cabeza a Colosio"

A 25 años del magnicidio, el veterano y experimentado reportero Miguel Reyes Razo presenta su visión personal y profesional, de los actos de campaña de Luis Donaldo Colosio de los que fue un testigo privilegiado desde el primero hasta el último.

¿Quieres saber? Tienes derecho; razón. Yo también. Estuve ahí. Ese día. Aquel día. Todos los días. Sin llevar puntual cuenta. Reportero urgido; apresurado. Informador gozoso. Elegido. "Cubra la gira del candidato Luis Donaldo Colosio", fue la orden. Ya el 28 de noviembre de 1993 -era día domingo- había estado al lado del "destapado" priísta precandidato a la Presidencia de la República. Los diarios del día siguiente publicarían la elocuente fotografía. El jubiloso sonorense. Junto a él, yo. Con los dos José Antonio González Fernández.

¡Qué días! ¡Vamos a Sonora! Ramiro Pineda -comunicador de Luis Donaldo Colosio- planea, guía. Reporteros que llegan al aeropuerto de Hermosillo. Multitud que es capaz de arrasar un aeropuerto. A su empuje ceden puertas, paredes, muros de macizo, grueso cristal. Filos que hieren a Samuel Ocaña García, a Félix Valdés. Sangran brazos. Surgen alaridos. La cargada. La bufalada. Empujones, alientos agrios sobre la cara. Carreras. "Perdí mis anteojos". "Me apena mucho", dijo el gobernador Manlio Fabio Beltrones. "Di que mañana", en el envío de prensa" te manden otros. Oscurecía en Hermosillo.

Llegó a su tierra Luis Donaldo Colosio. Don Pedro Trelles, padre de Luis Francisco Trelles Iruretagoyena, se las ingenió para conseguir fondos para la campaña del candidato. Don Pedro produjo cientos de gorras que -en el frontal- exhibían la silueta de la Catedral de Magdalena de Kino. Carlos Quintero Arce era el poderoso Arzobispo. ¡Amigazo de la familia Colosio Murrieta!

Foto: Ulises Castellanos

"Donaldo siempre fue muy aplicado. Mercedes Silva -la maestra Meche, le decíamos- le descubrió sensibilidad y gusto por la palabra. Declamaba. Donaldo recitaba. "La Chacha Micaila". O "El Credo" de López Méndez. Y "El brindis del Bohemio". Donaldo estremecía a Magdalena de Kino. Nos hacía llorar".

Te cuento. Anduvimos por Magdalena de Kino. En el centro, en su alameda, un kiosko. Monumento al padre Kino. El que llevó la religión por desiertos y montañas. "Ponte en una esquina de las cuatro de monumento. Habla. Y yo que me hallo en el opuesto te escucho. "Las paredes oyen", escribió un dramaturgo. Magdalena de Kino. Escenario, en el año 74 del encuentro Gerald Ford-Luis Echeverría Álvarez. "La víspera del encuentro, Don Luis no durmió. Fue a una junta a otra población. Era un "zombie" cuando platicó con el sucesor de Richard Nixon. A ese encuentro asistió Carlos Armando Biebrich. ¡Acuérdate!

"Clarito me acuerdo, caminamos por las limpias calles de Magdalena de Kino. Pocos comercios atraían. Plaza principal. Restaurantes pequeños, breves. Más abajo alguna cantina. Un bar. Urgía ver cómo recibían a Donaldo. Ya aparecían lemas. Se delineaba el COLOSIO que se imprimiría en bardas. tapias, telas, camisetas, sudaderas, corazones, cartoncillos.

Llegó Luis Donaldo Colosio a pie, por el centro de la calle Padre Kino. Zona de buenas casas. Residencias amplias, cómodas, bien ventiladas todas. Setos y arbustos bien podados. Dueño del escenario. Mostraba su carácter. Idéntico al de los suyos. Los sonorenses son así. Los sonorenses somos así. Seguros, ciertos, fuertes, macizos. E iba a la amplia casa paterna. Le aguardaba la sorpresa:

"Le preparo un gran banquete a mi hijo. En este terreno que hace mucho tiempo compré para regalárselo a Luis Donaldo. Los del Xochimilco -famoso restaurante de Hermosillo- prepararán el festejo.

Algo parecido a un violento recto de derecha pareció estremecer a Colosio apenas se aproximó a su casa. Incrédulo movió la cabeza de un lado a otro. Negaba lo que la vista le ofrecía. El bello cuidado jardín al que Doña Ofelia, su madre, dedicaba amorosos cuidados había desaparecido. Decenas de fotógrafos y camarógrafos lo arrasaron. Sus prisas y ambiciones estrujaron tallos, pisotearon pétalos, rompieron corolas y embarraron pistilos. Agonizaron flores.

"¿Qué han hecho? -planteó al aire Colosio- Los va a regañar mi mamá -les advirtió a los ciegos invasores.

CAPÍTULO II

¿Quieres saber? Fernando Ortíz Arana y José Antonio González Fernández -poderosos dirigentes del PRI- encausaban la inminente campaña. Colosio: ¡Candidatazo! Pero enturbiaba la atmósfera el berrinche -ira, rencor- de Manuel Camacho Solís. ¿Felicitar a Donaldo? ¿Propalarlo a los cuatro vientos? ¡No! ¡No! y ¡No! Brillante político. Ahijado del general Rafael Moreno Valle que le reprochó: "Te ganó el coraje y le respondiste feo -mal- al Presidente Carlos Salinas. Reconócelo, hijo. Rechazaste felicitar a Colosio. No estuvo bien...-aconsejó el sabio médico inteligente político que labró camino a la candidatura presidencial de su paisano Gustavo Díaz Ordaz. Desde su rango de Senador de la República Don Rafael Moreno Valle laboró sin pausa por su paisano. Ante la evidencia Manuel Moreno Sánchez -líder del Senado y aspirante a esa candidatura- convocó a sus pares: "Yo carezco de personalidad para felicitar a Don Gustavo Díaz Ordaz. Les ruego que acepten que el Doctor Moreno Valle los guié a Bucareli. A felicitar al Secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz..." Manuel Moreno Sánchez se encerró en su oficina de pasaje Latino en Reforma 95.

Bullía el PRI. Hervía. Ambición que estremecía. Anuncios, nombramientos, reapariciones, esperanzas y rechazos. Inquietud en redacciones. Reporteros ansiosos, ambiciosos. "¿Ir, cubrir la campaña? ¿Contar, describir la forja de un líder? ¿Quién va a ir por? ¿Quién escribirá la crónica? ¿Dónde está el que la haga, mejor que G.O.? ¡Inigualable! G.O. se las ingenió para narrar -a través de la lente de una cámara pueblerina- el inicio de una campaña presidencial en la que ve cómo roban la cartera al líder Fidel Velázquez. 40 días después regresó a su redacción. Ya era bueno. Entonces ascendió a buenísimo. "La redacción entera -tan avara, tan cerrada- recibió a G.O. con aplausos y felicitaciones.

8 de Diciembre de 1993. Luis Donaldo Colosio Murrieta convence a los sectores. "Parece Pedro Infante". "Más bien dueño de una taquería, ¡uf!". El queretano Fernando Ortíz Arana, el capitalino -hijo de migrante español- Pepe Toño González Fernández, brillante alumno de la escuela Libre de Derecho ultiman el ritual del ascenso. Que Luis Donaldo Colosio Murrieta acepte la candidatura del PRI. Que exclame "¡Sí, protesto!" y casi, casi ya sea Presidente de México. ¡De calle! Carlos Salinas de Gortari ha hecho un gobierno brillante. Y Donaldo a su lado. Un alumno brillante. Que entregaba la respuesta precisa, correcta, exacta. Y resplandecía al darla.

Foto: La Prensa

Don Emilio M. González, Don Fidel Velázquez inquietaban a la cúpula priísta. El Senador, Exgobernador de Nayarit -casado con brusca señora- caía pronto en intermitente sueño. Hombre de buen corazón. Cabeza de los Senadores de la República. A la de tres cabeceaba. Codazo oportuno lo ponía en la realidad. Trabajaba mucho. Pero al sentarse cerraba los ojos. "Dormilio, lo satirizaban editorialistas y caricaturistas. Don Dormilio. Y otro tanto le ocurría a Don Fidel Velázquez. Rondaba los 94 años. Experimentado farfullaba ininteligibles respuestas a los reporteros. Hombre poderoso. Décadas -muchas- de presencia y acción. "No se preocupe, compañero Chumacero -le había dicho en su recámara al obrerista Blas, frente al gobernador Mariano Piña Olaya- ya ve: La muerte ya se olvidó de nosotros". Y Don Blas Chumacero -protector, impulsor de Ángel Aceves Saucedo- se había carcajeado entre las cobijas de su cama frente al "Querido compañero Don Fidel". De usted.

"¿Cómo, dónde acomodarían a los respetables, veteranos líderes obreros Don Fidel Velázquez y Don Emilio M .González? Cabezas del PRI. Amos y señores del sector obrero. Imposible ¡cuidado! con desdeñar a Don Fidel. O a Don Emilio M. González. "Esos viejos pesan mucho. Don Fidel destapó a varios candidatos a la Presidencia. De Alemán a Salinas. Su privilegio. A Don Fidel le importó el poder, no la lana. Pesaba mucho. Nada se solucionaba sin él. Hasta el "preciso" -el Presidente- lo necesitaba. Don Fidel Velázquez era hombre de poder.

"Ubicaré -decidió José Antonio González Fernández- a Don Fidel y a Don Emilio en un ángulo en que ninguna cámara los observará.

"Que no aparezcan en gran siesta en la protesta de Colosio- recomendó Ortíz Arana.

Y así fue como el 8 de Diciembre de 1993, Luis Donaldo Colosio llegó a ser Candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Foto: La Prensa

CAPÍTULO III LUIS DONALDO COLOSIO

¿Quieres saber? ¿En qué íbamos? Aquel enero de 1994 tuvo una cuesta muy empinada. Con el EZLN y el Subcomandante Marcos. La aparición de Manuel Camacho Solís como mediador/pacificador. Decisión del Presidente Carlos Salinas de Gortari que desconcertó a Luis Donaldo Colosio. Persistían, crecían las versiones. "La campaña del candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, no levanta. No se le ve. Todo es anarquía. ¿Quién manda ahí?. Y para redondear la observación del Presidente de la República: "¡No se hagan bolas... el candidato es Colosio!

Los fines de semana Colosio se movía a la Ciudad de México. En poblaciones cercanas a la capital. Fue a Metepec. Allá vivía la novedad del descubrimiento de una osamenta gigantesca. Un dinosaurio. Un sábado por la tarde estuvo Colosio con los alfareros artistas que embelesaban con sus bellos "árboles de la vida". Tropezó con un borrachín. Un ebrio que, tambaleante y abusivo s le puso delante. Lo abrazó. Se le recargó. Todo ante el estupor, la parálisis de los responsables de su seguridad. Alguno justificaría: "Es que no le gusta que estemos pegados él. Quiere que la gente se le acerque. Que le hable. Ya le dijimos. Pero...".

En el alto mando de EXCELSIOR el desabrido -trivial- comentario de José Andrés Barrenechea obscurecía el panorama:

"¿Cómo que la personalidad de Colosio no crece? ¿Quieren que Camacho sea candidato suplente? ¿No saben que Manuel ha dicho que quiere intervenir el periódico? Camacho planea acabar con el periódico. Y los reporteros le hacen el juego. ¡Bah! Aquí nos la jugamos con él. ¿Entendido?

Barrenechea era así. A manotazo limpio ordenaba: "Se hace porque lo digo yo".

A principios de febrero Colosio llegó a Guadalajara. En la colonia Insurgentes -proletaria- alguien le rasguñó la cara. Un corte en la barbilla. Amaneció ahí el día 10. Su cumpleaños. Trabajó en la ciudad. Luego la comitiva lo siguió hasta Colima. Un formidable acto. Con universitarios. Con el gobernador Fernando Peña. Dueño de la Universidad de Colima. Sucesor de la gobernadora Griselda Álvarez Ponce de León. Primera mujer que gobernó en México. "Y eso que Jesús Reyes Heroles me repitió 17 veces seguidas. No, no y no", narró muchas veces la inteligente señora.

En Colima celebró su cumpleaños en una comida con el político sinaloense Heriberto Galindo Quiñones. Infatigable comunicador Heriberto -"Grilloberto lo llamó Enrique Jackson y también Enrique Rubio- lo divulgó a los cuatro vientos. En el hotel "América" -único de cierta categoría en la ciudad- ocurrió la pequeña celebración. 44 años festejó el hombre a quien sus muy íntimos llamaban "pelochino". Adalberto Villaescusa, Guillermo Hopkins. Como Colosio sonorenses los dos. Villaescusa, quien perdió un brazo en accidente automovilístico era su chofer de confianza. Hopkins estratega de sus campañas por el Poder Legislativo.

Tlaxcala -gobernada por José Antonio Álvarez Lima- recibió muy bien al candidato. Ahí un reportero le planteó: "Diga usted licenciado Colosio: Siente usted que su partido -el PRI- ya trabaja como una maquinaria bien aceitada y uniforme en pro de su candidatura? Y Colosio sonrió complacido. Aquel reportero se dirigió a él con corrección y cortesía. Otros le soltaban: "Oye, Donaldo...Fíjate, Donaldo... ¿Qué te parece, Donaldo?

Foto: La Prensa

Estuvo en Guelatao. Homenajeó al patricio Benito Juárez Se recreó en la leyenda. La pérdida de las ovejas. Los regaños del tío Bernardino. La marcha a Oaxaca. Seis años antes ahí mismo Carlos Salinas de Gortari -candidato- lanzó la mirada hacia la distante -inexpugnable- sierra y dijo a este reportero: "¿Te imaginas? Salir de aquí. Sin hablar ni pizca de castilla. Y echársela a pie hasta Oaxaca. Se necesitaba carácter...".

Tras la ceremonia y seguido por densa multitud Colosio dejaba Guelatao. Se vació el graderío. Y de pronto -de golpe y porrazo- detuvo su marcha. Dándose un manazo sobre la frente exclamó: "¡Mi morral! Casi se me olvida mi morral". Y echó a andar hasta el lugar en que lo había dejado. Muy satisfecho se lo echó al hombro. Sus acompañantes festejaron el gesto. Tenía la sencillez a flor de piel. No se daba aires de importancia. Distante de toda muestra de pedantería.

Años atrás, durante la campaña de su muy amigo Carlos Salinas de Gortari lo acompaño por Sonora. Quedó atrás Cananea. Cuna de Don Claudio X. González quien en aquellos años educaba en Suiza a una de sus hijas. Y de la tierra minera la comitiva se fue a Magdalena de Kino. De la aeropista el grupo se dirigió en camionetas tipo "pick-up". "Nosotros -dijo Salinas al ver la larga fila de transportes- también somos buenos para adoptar lo bueno", dijo socarrón. El candidato de Acción Nacional inauguro -implantó- el método. Era la tarde y en la misma pick-up , recargados sobre la cabina, acodados iban Salinas y Colosio:

"¿Cuántos años de amistad entre ustedes?- pregunté.

"¿Como 10? ¿Cuántos, Donaldo?

Se encendió, se incendiaba el semblante de Colosio al ser interrogado por Salinas. Tenía que lucir su saber. Mostrar su saber. Su talento. Actitud de alumno aplicado. El más. Aquella tarde replicó:

"Poco más de 10 años...

Intervine. Recordé:

"Entonces usted usaba anteojos, traía el bigote muy esposo y algo desaliñado, licenciado Salinas...

Él interrumpió:

"...Y traía patillas, Miguel. Acuérdate. Era el tiempo del "patillas". Jajaja Y ya de nueva cuenta muy serio:

"Da mucho gusto llegar a Magdalena con el hijo predilecto del pueblo. Te aplauden más. Te reciben mejor. Y además aquí hay mujeres muy bonitas. Muy atractivas. Chulas las sonorenses.

"Eso -exigió al instante- no lo vayas a escribir. Esto último no lo vayas a poner en tu nota. No sale ¿eh?

Y no lo publiqué.

Foto: La Prensa

Madrugador Colosio se levantaba para emprender una carrera. Ejercicio de casi una hora. Footing que lo mantenía en forma. La carrera disipaba tensiones. Válvula de escape a las preocupaciones. Invitaba a los reporteros. Lo rodeaban ayudantes. Despertaba la población. Lo veían los niños en viaje a la escuela. Los oficinistas. Los obreros. "Allá va Colosio. Míralo. Sí, ese es Colosio.

Raúl Sánchez Carrillo -entonces informador de Teve Azteca- compartió alguna vez ese ejercicio. Un día, en ruta a Morelos la Suburban en que íbamos sufrió un alcance. Sánchez Carrillo se quejó de una lesión en el cuello. Al mediodía, en el hotel "Las Quintas" Colosio se interesó:

"¿Qué te heriste? ¿Qué te lastimaste, Raúl?

Antes de que Sánchez Carrillo -apodado "muñeca"- se cuitara intervine:

"No le haga caso, licenciado. No tiene nada. O le va a salir a México más caro que la pierna de Danta Anna"

Colosio se echó a reír.

CAPÍTULO IV

¿Quieres saber? En los primeros días del año 1994 se decidió que la gira del candidato a la Presidencia de la República que impulsaba el PRI comenzaría en Huejutla, Hidalgo. "Feudo de la familia Austria. Temidos caciques. Exterminadores de líderes campesinos", documentaron periódicos y revistas. El Presidente Carlos Salinas sostuvo intensas discusiones con el gobernador Jesús Murillo Karam. "Nada más me recomendó que me esmerara en los preparativos de la campaña. Que facilitara el éxito sus mitines. Que estuviera muy al tanto. Y que le informara", atenuó después Murillo Karam tenido por "sofista".

Los reporteros que "cubrirían" aquel primer capítulo de la campaña de Luis Donaldo Colosio se reunieron en el aeropuerto de la Ciudad de México el día ¿8? ¿9? de Enero. Volarían a Tampico. Dormirían en el hotel Camino Real. Madrugarían. A guisa de desayuno recibieron una bolsa con algo de fruta, un sanwich y un jugo enlatado. Largo camino -muy sinuoso- el que los llevó a Huejutla. Los vericuetos marearon a alguno. El ambiente era amable. Veteranos que recordaban otras giras. "La de Echeverría duró 40 días, mi cuate. Una auténtica friega. ¡Uh!". "Cubrí la de De la Madrid. El 14 de Octubre de 1981. En Apatzingán, Michoacán. Ese día corrió a Javier García Paniagua y a Guillermo Cosío Vidaurri del PRI. Los sustituyó con Pedro Ojeda Paullada y Manuel Bartlett. "No tenía confianza en García Paniagua. Alimentó esperanzas de ser candidato. Luego odio hacia López Portillo y hacía mí. Supe de sus amenazas y bravuconadas. Lo eché. Junto con Cosío Vidaurri". Homenajeó al Generalísimo Morelos -Siervo de la Nación-, anunció la Renovación Moral de la Sociedad. Revivió el Nacionalismo Revolucionario y luego volamos a Colima. Llegó cuando caían unas gotas de tibia lluvia y declaró muy solemne: "Vine a mojarme con el agua de mi tierra". "Fue en Querétaro donde Don José López Portillo le dijo a Joaquín López-Dóriga: Todavía no integro mi gabinete, güero. Pero dime qué cartera quieres tú. Y ya "sabrás". Joaquín se fue a las nubes...".

Se dormitaba en el autobús de prensa. Omnibus para los reporteros. Otro diferente para fotógrafos y camarógrafos. Horas por laberínticos -muy angostos- caminos. Antes de las 10 de la mañana la prensa llegó a Huejutla. Pacífica, adormilada población. En la calle principal -la que recorría el convoy- la curiosidad. Y algunas mantas que en letras rojas y negras saludaban la llegada de Luis Donaldo Colosio. Grupos de campesinos. La plaza principal mostraba más lemas y consignas. La Cenecé. La de los campesinos. La ceteemé. Fuerza de los obreros. Y por doquier pequeños grupos -contingentes, los denominaban los animadores- que aguardaban la hora de ocupar su sitio. Entre más cerca del templete principal mejor. Que el candidato sintiera el calor de su gente. Y bandas de música que producían aires destinados a distraer a los participantes.

Pues -aunque parezca (como entonces pareció) increíble- el candidato no aparecía por ningún lado. ¿Cómo? Pues sí. No se ve a la gente del Estado Mayor Presidencial. A los de su avanzada. Militares que recorren minuciosamente la ruta que caminará el Hombre. El "Patrón". "El Preciso". "El youknowwho." Calentó el sol. Apareció el apetito. Ganas de desayunar n toda forma. A buscar un restaurante en Huejutla. Centro comercial. El tianguis dominical atrae a indígenas de tierras altas. Ofrecen sus productos. Les urge adquirir medicinas, manta, comida. "Tienden" sus mercancías. Y pasan horas sin que nadie les compre. Sólo a la hora del crepúsculo, cuando ya deben volver a sus distantes comunidades aparecen los que les compran - aprecio ridículo- sus productos. Explotación pura en Huejutla, Hidalgo.

"Es que la vanguardia de Colosio perdió la ruta. Se extravió. Tomó otro rumbo. Por eso llegó tan tarde. Cuando ya la gente desesperaba. Aún así hubo entusiasmo. Porras al aire. ¡Duro! ¡Duro! ¡Duro! fue el estribillo. Donaldo Colosio -enchamarrado- fresco. Vigoroso. Discurseaba. Buscaba votos. Simpatías. Atraía: "Amigos y amigas de Huejutla...Así decía. Calaba el sol. Tere Ríos -su fiel, leal, eterna secretaria- se caló una útil y vistosa cachucha-visera. Ella -sonorense como él- lo observaba y tomaba notas. Impresiones para su jefe. Mujer discreta. Muda casi. Tere Ríos.

Y ya se iba de Huejutla. Ya tomaba el camino hacia Ciudad Valles. A San Luis Potosí. Le alcanzó la noticia: "Manuel Camacho Solís mediará en el conflicto del EZLN -Subcomandante Marcos- Gobierno de la República.

Se le descompuso el rostro y el ánimo a Luis Donaldo Colosio. Pareció aturdirle la noticia. Únicamente él sabría porqué.

En ese instante se nubló el primer día de la campaña. Se alteró -enloqueció- su brújula. De inmediato empezó a decirse: "La campaña no levanta. No hay campaña. La campaña no se ve". Rumores. Conjeturas. Acto gris en San Luis Potosí. En el hotel "Mesón de El Quijote". Mañanas y mediodías perdidos.

Una de esas mañanas una madura reportera confió tras observar a Colosio:

"¡Este hombre está buenísimo!"

"¿Cómo lo sabes?"

Sin inmutarse la atractiva mujer me respondió:

"Las mujeres, como ustedes, también sabemos ver".

De paso por Querétaro apareció Ramón Aguirre Velázquez. Ex Jefe de Departamento del D.F. Exgobernador electo de Guanajuato. Amigazo de Miguel de la Madrid. Muchacho Alegre. Se emocionaba al oír "Motivos". Los transcurría con botellas de X-O.

CAPÍTULO V

"¿Quieres saber? Genaro Borrego corrió varios kilómetros poco después del amanecer el domingo 6 de marzo de 1994. El circuito Gandhi le resultaba ideal. Quedaba cerca de su casa. Y se encontraría con el grupo de aspirantes a figuras del toreo que en zapatos tennis y pantalones muy ceñidos ejecutaban impecables verónicas, chicuelinas y vistosos molinetes. Suscitaban su admiración. Renovaban su antigua afición. "¡Torero bueno!", saludaba. Y pedía prestado un acero. Trotaba con la espada en ristre. La mantenía firme. El brazo derecho tenso. Ejercicio indispensable a un matador de toros. Ahí halló a un reportero conocido suyo. "¿Irás al monumento a la Revolución? ¿Al aniversario del PRI? Pues ahí nos veremos".

En Tlacopac, en San Ángel se dieron cita algunos reporteros. Querían presenciar la salida de Luis Donaldo Colosio de su domicilio. Mirar el cariñoso adiós de su esposa. Las caricias a sus pequeños hijos. Poderoso en sus 44 años irradiaba plenitud. La gira mejoraba. Sus estrategas la pulían. Y el cumpleaños del PRI ofrecía un escenario ideal para mostrar la experiencia y conocimiento que la marcha por el país le proporcionaba. Mientras se afeitaba escuchaba obras de Mahler. Hacía funcionar sus caros aparatos de alta fidelidad. Enormes bocinas de piso a techo cuya potencia hacía vibrar ventanales y prismas de candiles. Así lo disfrutaba. A todo volumen. Paisanos muy amistosos le obsequiaban los más modernos torna-mesa. Los más finos muebles. Para su pleno placer.

Ramiro Pineda -coordinador de giras de Colosio- saludó la llegada a Tlacopac de Juan Arvizu, José Ureña y Miguel Reyes Razo. Llevaban semanas viéndose a diario. Ese trío de informadores reseñaba hasta los últimos detalles de las actividades de Colosio. Compartían alimentos. Y anécdotas personales. Ahora querían -pedían a Pineda- la oportunidad de ver al candidato al despedirse de su familia. "No quiero sacarlo de su rutina. No le gusta que le alteren costumbres. Mi jefe tiene su genio. Denme chance. Si siento que está de buenas... ¿Sale?”.

Refunfuñaron los reporteros. "Lo de siempre. Ramiro nos da puras largas. Le "saca" a pedirle a Colosio que nos dé unos minutos. Lo mismo. Creen que así "cuidan" la imagen de su patrón. Que no lo toquen. Que no lo inoportunen. Que los periodistas entiendan que su jefe tiene grandes cosas en la mente. Que no puede distraerse en momentos clave. ¡Uf! Lo de siempre. Acuérdense cómo era Fausto Zapata. El "güero" Landeros. O Héctor Lié con De la Madrid. No me toquen a mi jefecito. Pero cuando les "pegan" y los meten en figurillas, entonces sí. Que si no te quieres tomar un café con el "ñorse". Con el "preciso". Así son. Así son. Ni hablar. Ramiro no le va a decir nada a Colosio. Es su chamba. Ya veremos".

Enorgullecía a Luis Donaldo Colosio ser propietario -manejar- una camioneta de vivos verdes y plateados. Bonito "mueble", rebautizan los norteños. Al hijo predilecto de Magdalena de Kino le regocijaba ponerse al volante de la bonita "camiona". Otra forma de aquellos lares. Y la mañana del 6 de marzo del 1994 optó por guiar su transporte. Convidó a los reporteros. A su enlace con la prensa. Los distribuyó. Atrás Juan Arvizu con Pepe Ureña y Ramiro Pineda. A su lado, a su derecha Reyes Razo. Entre frustrados y quejumbrosos le confiaron su fracaso: "Queríamos platicar con usted...". "Me hubieran dicho. No supe. Me hubiera gustado. ¿Por qué no me dijiste nada, Ramiro?".

Guió Colosio su camioneta hacia avenida Revolución. Ahí lo esperaba una mujer que le transmitió dolores; pesares. Urgencias de su marido. Un herrero. Habitaban una casa muy humilde. Parchada. La escuchó. Le prometió solución. La abrazo. Y volvió a la camioneta. No se veía "descubierta" alguna. Ni motociclista ni automóvil. Por ningún lado la protección. Donaldo conducía con seguridad. Ni acelerones, ni rebases, ni zigzagueos. Tampoco claxonazos. Domingo 6 de marzo de 1994. A las diez y pico de la mañana. Por el circuito interior. Que abandonó a la altura de Guillermo Prieto, entrar a una lateral para desembocar en Alfonso Herrera. Y seguir hasta Serapio Rendón, pasar frente al cascarón del cine "Ópera". Dar vuelta en Ribera de San Cosme. Pasar frente a la famosa ostionería "Boca del Río". Antes de llegar a la antigua Ramón Guzmán escuchó que el reportero Reyes Razo le preguntaba:

"Tal como es nuestro sistema político veremos hoy, licenciado Colosio, cómo el candidato rompe con el Presidente de la República”.

Y su respuesta fue:

"Así será. Miguelazo. Pero será con mucho cuidado. Con mucho cuidado".

Absorto en lidiar el tráfico de la zona , serpenteó por Puente de Alvarado. Todavía pudo responder a nueva propuesta de Reyes Razo:

"¿Cómo convencer a los electores de que den una nueva oportunidad al PRI?

"Con mucho cuidado, con mucho cuidado lo haremos, Miguelazo"-respondió.

Detuvo -concluyó el viaje- en Puente de Alvarado y Ponciano Arriaga. Hervía la zona. Muchedumbres que empujaban multitudes. Miles de guerrerenses. Rubén Figueroa Figueroa mostraba su fuerza. "Chompiras" motejaban al gobernador sus muy amigos. Hijo, heredero de prestigios de los de Huitzuco. "Un Figueroa formó entre los que asesinaron a Emiliano Zapata", afirmó el estudioso Jesús Sotelo Inclán. Autor de "Raíz y Razón de Zapata", Sotelo Inclán fue guía -cicerone- de John Womack. El graduado en Harvard -muy amigo de Doctor Carlos Salinas de Gortari- reconoce que los trabajos de Sotelo Inclán -hasta su amistad- resultaron esenciales para su investigación zapatista.

Descendió Colosio de la apreciada camioneta. Se puso el saco. Surgió su espléndida figura. Elegante, ahora.

"¿Estrenando, licenciado?"- quiso saber Reyes Razo.

"No, Miguelazo. Este me lo puse por primera vez el 8 de Diciembre. Cuando protesté como candidato del PRI".

Por los pilares -cuatro patas- del Monumento a la Revolución miles de vehementes priístas aguardaban a su candidato.

CAPÍTULO VI: LUIS DONALDO COLOSIO

¿Quieres saber? La impresionante precisión del PRI. Un pasillo para un solo hombre. Y miles contando sus pasos. Así la mañana del 6 de marzo del 1994. Muy cerca de las oficinas del First National City Bank quedaron los gobernadores. Hechos en el partidazo fruncían el entrecejo. El candidato encarnaba infinidad de quejas. Reconocía pobrezas, egoísmos, indiferencias, abusos, excesos. "Veo un México con sed de justicia..." proclamó ante los mausoleos -históricos- de fundadores del partido. "Quiero un triunfo limpio. Ni un voto dudoso", desnudó. Abiertas las entendederas la cúpula priísta -los iniciados- entendieron. ¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué se trae este cuate? ¡Aguas!

Aplaudidísimo Luis Donaldo Colosio dejó el monumento y caminó por la calle Ignacio Ramírez. Reyes Razo iba a su lado. "¿Te vas a ir con él?", le preguntó el general Domiro García Reyes. "No me ha invitado", le respondió el reportero. "¡Súbete, Miguelazo!", zanjó Colosio. La camioneta rodó por Antonio Caso. Llegó a Insurgentes. Pasó por el SME y alcanzó la esquina con Violeta. El general García Reyes empleó las claves para abrir las puertas del estacionamiento subterráneo. Ahí pulsó los botones del exclusivísimo elevador.

"¿Conoces mi oficina, Miguel? ¡Ven!”, indicó Colosio quien al poner pie ahí pidió: "Un vaso de agua, por favor!". Lugar desierto. Nadie acudió a su llamado. Tuvo que servir dos. Y de inmediato preguntó:

"¿Cómo lo viste?

Foto: Cuartoscuro

"Dice Juan Ruíz de Alarcón en "La verdad sospechosa" que, "como en las acciones del agravio y del favor, reciben todo el valor, solo de las intenciones...". Así.

Estaba muy agitado. Intensa emoción lo apresaba. Sostenía las cuartillas de su discurso. Escritas, corregidas, garabateadas por él. Diagonales que describían énfasis. Profundas pausas. Intencionados silencios. Guías para una profunda exposición. Signos, marcas útiles al orador. Espacios para ventilar un periodo. Un raudal de cláusulas. Su discurso. Con ecos del que años atrás en el Obelisco a Washington había producido Martin Luther King. El célebre "I have a dream...". Pieza oratoria -la de Colosio- que provocó paternidades. "A mí me lo enseñó... A mí me consultó... Yo le sugerí...Le aconsejé...”. Llegó Alfonso Durazo. Su secretario particular. A él le preguntó lo mismo:

"¿Cómo la viste?”.

Durazo le describió personajes. "Vi a "Tongolele".

Era la hora en que el reportero tenía que marcharse. Para no ser "plagoso". Ni igualado. Tenía que ir a "teclear”.

Y continuó la gira. Con especulaciones que parecían no tener fin. "Que Manuel Alonso -Director de Lotería Nacional, ExDirector de Comunicación Social del Presidente Miguel de la Madrid -"él y Emilio Gamboa fueron artífices de la candidatura de Carlos Salinas; traían mareado al Presidente con sus hechos e ideas", se decía- soltó que Carlos Salinas no desdeña la posibilidad de mudar de candidato. Que desliza que "Camacho no está muerto...”.

El día 22 de Marzo de 1994 Luis Donaldo Colosio siguió su brújula. A Sinaloa. A Culiacán. Le gustaba la ventanilla del asiento 7. Parecía refugiarse, acomodarse ahí. Llegó a Culiacán y mientras avanzaba dos mujeres de aire ordinario y vulgar lo empujaron deliberadamente. Le golpearon -con toda intención- la zona renal. Se dolió Colosio. Este reportero les reclamó: "Oigan, qué les pasa... ¿Qué modos son estos?” y las agresivas respondieron: "¡Qué se aguante!".

Ocurrió un encuentro en un salón de grandes reuniones. "Denuncie a quien use drogas". "Avise a la autoridad si alguien le ofrece drogas!". "¡No calle!". Y una mujer con fama de muy estudiosa que se afanaba en poner al tanto de la realidad sinaloense al futuro Presidente. "Hoy es fácil hablar con usted, candidato -le dijo. Pues es usted el candidato. Y cuando sea Presidente será muy difícil hacerlo. Escuche..."Señora -sabia, conocedora, estudiosa de rasgos orientales. Acumuló títulos. Las Humanidades su materia. Después de aquel acto los reporteros sintieron apetito. Y se fueron a "Los Arcos". Andaban en el aperitivo cuando Ramiro Pineda los interrumpió:

Foto: Cuartoscuro

"Los llama mi jefe. Va a dar una conferencia en su hotel. En "El Ejecutivo". Los informadores -reporteros de prensa escrita, televisión, radio, fotógrafos, camarógrafos e informadores del PRI- salieron disparados. Junto a un espejo de agua, Reyes Razo encontró a la reporterísima Rossy Ahuatzin. Charlaba la atlética mujer con Suberza Blanco, reportero de "La Jornada". Ya en trío surgió la conjetura:

"¿Supieron que Manuel Camacho ya se disciplinó? Declaró que ya está del lado de Colosio. Y lo dice allá, en el Deefe en el hotel Presidente. Parece que anoche se reunieron Colosio y Camacho en la casa de Luis Martínez. Un oaxaqueño que fue maestro de Camacho y Salinas. Fue Senador. Secretario de Reyes Heroles en el PRI. El "colorado”, le apodan a Luis. Por el tinte que se pone en el pelo. En su departamento de Gelati, en San Miguel Chapultepec, se juntaron los dos.

Palabras. Cálculos. Intenciones. Mediodía. El estanque cantaba. Reyes Razo planteó:

"Observemos una cosa muy importante -dijo a Rossy Ahuatzin y a Suberza Blanco. Manuel Camacho, fíjense muy bien, habla en el Presidente. Y Colosio, en cambio habla en "El Ejecutivo". ¡En el Ejecutivo!”.

Lo que provocó la carcajada. Festejaba el trío cuando ¡pácatelas! apareció Luis Donaldo Colosio. Presumía, lucía, exhibía una hermosa, muy bien cortada -hecha a medida-camisa blanca. Camisa sport. Tenía dos bolsillos -con tapas- sobre los pectorales. Ante las risas del trío quiso saber:

"¿De qué se ríen, Miguelazo?

Y cuando Reyes Razo lo puso al tanto también él, Colosio se carcajeó. Con esa camisa, la que estrenaba ese mediodía acudió a otro mitin. Reunión de multitudes.

Poco después de la medianoche sus custodios lo llevaron hasta su habitación. En una del muy prestigiado -cómodo- hotel "El Ejecutivo".

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CAPÍTULO VII. LUIS DONALDO COLOSIO

"¿Quieres saber? Relato el último día de la vida de Luis Donaldo Colosio Murrieta- Despertó en el hotel "El Ejecutivo" de Culiacán, Sinaloa. De umbral histórico. Ahí mismo, el día 11 de Diciembre de 1987 -en plena campaña de Carlos Salinas- el político Rodolfo González Guevara dijo ante el candidato y cientos de partidarios: "Yo no busco ya a ningún puesto de elección. Tranquilícense los aspirantes. Frente a nuestro candidato digo: El PRI se democratizará, si el Presidente de la República así lo decide...

Se iba de la política un hombre de dilatada carrera. En la Cámara de Diputados. En la diplomacia. Embajador en España. Subsecretario de Gobernación. Secretario de Gobierno en el Departamento del Distrito Federal. Fiel priísta -Popo, líder de Juventudes Socialistas de Occidente- así dijo adiós.

Colosio se despertó y decidió ir a correr. Culiacán, a esa hora de la mañana obsequiaba un clima fresco. Brillaba el sol. Tiempo perfecto para un trote que se transformara en transpiración y fuga de tensión. Carrera por calles y avenidas. Fotógrafos de prensa lo seguirían. Quizá Ramiro Pineda sacudiría a los flojonazos, a los indolentes que anhelaban quedarse un rato más en su cama. ¡Allá ellos! Tobilleras, tennis, cachucha. "Vámonos general", dijo a Domiro García Reyes. El militar tenía que ser su sombra. Vivir pegado a él. Nada imposible. Era su especialidad. El mismísimo Papa Juan Pablo II lo reconocía. En sus viajes a México el Papa polaco dejaba la seguridad de su persona en manos del apto general mexicano. Nadie como Domiro García Reyes para ir a ritmo de papamóvil.

Corrió con la mente puesta en su actividad. Baño, desayuno y al aeropuerto. A La Paz, Baja California. Mitin en la Plaza Fundadores. Recordar a Félix Agramont Cota. Último gobernador del territorio. Agrónomo de Chapingo que convocó al Congreso Constituyente. Concentración en la Plaza de los Fundadores. Frente a una votiva que ardía en su memoria. Auditorio amplio. Mujeres y hombres de todo el país llegaban a La Paz. Zona atractiva a compradores de ropa, zapatos, electrónicos -televisiones, cuadrafónicos- de marca extranjera. Teles "Trinitón". Con dispositivo que hacía girar el dial. Clic. Clic. Cambio de canal. Sony. A todo color.

Aterrizó en La Paz. Subió a un autobús fresco. Iba por la carretera cuando distinguió a un grupo que exigía ser escuchado. Eran transportistas que ásperos demandaban soluciones. Colosio escuchó y ofreció examinar -con los transportistas alterados- los diversos aspectos del problema. No gustó su respuesta. Encendió las demandas de hombres rudos que poco a poco elevaban la voz. Manoteaban ante el rostro del candidato que se contenía. Que aguantó hasta el momento en que determinó mostrar carácter y firmeza. Sin aspavientos, con la fuerza de sus argumentos y con gesto desafiante, recalcó a los quejosos su determinación. "Nos vemos. Nos veremos pronto, señores. Con su permiso. Muchos me esperan. Adiós".

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Lo cubrían los gritos. Lo aturdían los cordiales porristas. Mujeres muy bien arregladas lo besuqueaban. "¡Múa! ¡Múa! ¡Múa! Tronaban los labios en el aire. Rozaban las bocas las mejillas recién rasuradas. Locutores que animaban. Expertos que mezclaban frases del candidato Colosio con referencias a la Baja California Sur. Mantas que planteaban ansias y urgencias. Y por aquí y por allá las cartulinas con el perfil, con el bigotazo y la tupida melena de Luis Donaldo Colosio. ¿Qué más? Mira nada más como nos reciben, Ramiro. Bisbiseo al oído de su vocero de confianza. Ramiro Pineda le dio un informe sobre la difusión de su gira. Estaciones de radio. Noticieros. Televisión. Comentarios. Columnas políticas. Los "Frentes Políticos" de EXCELSIOR. La crónica de Reyes Razo. Tan leída. Años de trabajo la prestigiaban.

Concluyó su participación en aquel sitio circular. Reunión al aire libre. Se reuniría con mujeres. Lo recibirían bien. Colosio se sentía a gusto entre ellas. María Angélica Luna Parra las organizaba muy bien. Mujeres. También los discapacitados. En Aguascalientes se le unieron sordomudos. En Michoacán, en Charo, una semana antes curas de la región lo buscaron. Eran del Distrito 026. Su gran amigo Reyes le organizó gran mitin. Michoacán y "Chon" Orihuela. Colmilludo Orihuela. En Zitácuaro, antes de despedirse, Colosio mostró la recia amistad que lo unía a Federico Arreola. "Salúdame a tus papás, Federico", le dijo ese último sábado. Arreola volvía a Monterrey.

Los reporteros se fueron al vetusto hotel "Los Arcos". En 1994 no había grandes hoteles en La Paz. Cuartos aseados, estrictos. Estelita Vaylón inyectó Vitamina B12 a Roberto Vivanco. Bobby Vivales, le apodaban. Ramiro Pineda instruyó a su ayudante llamado Igor las tareas que debía cumplir. Él, Ramiro se iba al mitin con las mujeres. Volaría con l candidato a Tijuana. Le pondría al tanto.

"Hasta le dije que necesitaba su permiso para llevar a algunos reporteros a cenar en San Diego. No me daría tiempo de sintetizarle efecto de noticiarios nocturnos. Se dormiría sin detalles. Estuvo de acuerdo. Divierte a los muchachos. ¿Quiénes van? Nos veremos mañana".

Era frío el ambiente en el aeropuerto de Tijuana. Un si es no es de hostilidad. Hombres de negro se aferraban a delgadas tiras de triplay que remataban en óvalos de cartón. COR. Encachuchados. Mal encarados. Retadores. Braveros. Distantes. Estaban por el aeropuerto. Esperaban. Aguardaban. Sin ningún entusiasmo. Eran muchos.

Colosio llegó con cierto retraso. La multitud lo rodeó. Los reporteros fueron subidos a una flamante -muy cómoda, amplia- camioneta. Era blanca y olía a nuevo. Antes de que arrancara Ramiro Pineda volvió la cabeza para observar el comportamiento de su jefe. "Le están pegando mucho mi jefe", alarmó. El arrancón de la camioneta nos distanció.

Foto: Cuartoscuro

CAPÍTULO VIII

"¿Quieres saber? Yo también. ¡Muchos! ¿Por qué ocurrió el mitin de Lomas Taurinas? Lugar empavorecedor; amedrentador. Repulsivo. Arroyos de inmundicias lo surcaban. Lomerío de casuchas encimadas. Equilibradas una sobre otra. Casuchas adosadas a la nada. Tablones podridos, intensamente carcomidos habilitados como puentes. Rutas transitadas por millares. Caminos laberínticos; extraviados. Lomas Taurinas era un tajo que infinidad de manos rellenaron con restos de llantas, maderos podridos, cascotes; pedruscos. Terreno de difícil acceso. Hasta desalentador.

Miseria y mugre. Pobreza e incuria. Hacinamiento. Arracimamiento. Suciedad muy antigua. Bien implantada. Atmósfera siniestra. Nada invita a visitar Lomas Taurinas. A recorrerla, menos. Pero el atardecer del 23 de marzo de 1994 el candidato del PRI el candidato del PRI a la Presidencia de la República Luis Donaldo Colosio Murrieta llegó ahí. Saludó a la locutora Talina Fernández. Y con el inicio del crepúsculo cayéndole sobre su flanco izquierdo abrió su discurso con su fórmula:

"¡Amigas y amigos de Lomas Taurinas... De Tijuana...”

Plataforma de un trailer era el escenario. Potente su voz. Amplificadores bien dispuestos la esparcían. Lo mismo que los porristas. Animadores que saludaban frases felices, juicios contundentes, promesas de progreso y desarrollo. Atención a problemas fronterizos. De vecindad.

Coincidió con el final de su discurso y su descenso la sintonía del viejo bolero "La culebra". Voz de Benny Moré. "El bárbaro del ritmo". D los años 40's. Multitud que al disolverse dejaba un sitio más sucio. Restos de cartulinas, de viseras. De volantes. Envases de refrescos.

Los reporteros apresuraban el paso. La logística de cada mitin indicaba que debían anticiparse a la salida del candidato. Para recibirlo en el siguiente acto. Y así ocurría. Cuando los más aguardaban la llegada del transporte que los llevaría a la reunión con profesores, un agudo, estremecedor, impresionante aullido de sirena paralizó a todos. Transtornó -puso de cabeza- ese mundo. Arrinconada en un espacio, rodeada de pedruscos y maderos, una ambulancia pujaba por avanzar.

Surgió el grito de Estelita Vaylón:

"Le pegaron, Miguelito...Le pegaron...”

Víctor Noguez que alertaba:

"Le van arrastrando los pies...”

Era -fue- la hora del desconcierto. Todo en Lomas Taurinas quedó "patas arriba". Nadie atinaba a decir que pasaba. Se diluyó toda noción de tiempo. Vocerío. Griterío. Grito doloroso de sirenas. Urgencias. Así se abrió paso la realidad. "Le pegaron a Colosio. Hirieron a Colosio. Le dieron un balazo en la cabeza a Colosio...”.

Estelita Vaylón -durante décadas brillante reportera del periódico "El Día"-comunicó su pena a este reportero. Reyes Razo intentó seguir, comprobar la matrícula de la ambulancia. Notó que las puertas posteriores estaban manchadas de sangre. La que untaron los camilleros o auxiliares del herido al introducirlo. Un empujón, un traspie hizo que el reportero perdiera sus anteojos. Dado que en la precampaña en la visita a Sonora ocurrió lo mismo, ya cargaba con varios. Los halló en la sala de prensa. Con su equipaje.

Luego el propio Reyes Razo sabría que en ruta hacia el hospital los generales, encabezados por Domiro García Reyes, vivían la tremendez del drama y rogaban urgidos:

¡Resista, jefe...

¡No se nos muera, jefe...

¡Aguante, jefe...

Estelita Vaylón y el reportero Reyes Razo subieron -nunca supieron bien a bien como- a una camioneta que era guiada y ocupada por hombres que maldecían a diestra y siniestra. Mascullaban palabrotas. Maldecían sin cesar. Sus injurias no tenían destinatario. Barbotaban blasfemias. E imprimían intensa velocidad al transporte. Después de inicial vacilación que los hizo preguntar cuál era la mejor ruta y tras enterarse de que lo llevarían a un hospital público aceleraron y condujeron con seguridad. Llegamos en un santiamén.

El reportero telefoneó a su periódico. Localizó a José Andrés Barrenechea. Aquel casi perdió el sentido. Sentimiento de incredulidad lo invadió. "¡No la friegues! ¡No la tiznes! ¡No la amueles! ¡No me fastidies!

Luego, Barrenechea -quien se relamía con la posibilidad de convertirse en Director General de EXCELSIOR - "Colosio va a querer baraja nueva en el periódico", llegó a decir se interesó:

¿Cómo fue?...

¿Está muy grave?...

¿Tú, cómo la ves?...

El mismo José Andrés Barrenechea localizó a otro de los reporteros de EXCELSIOR destinados a informar con pelos y señales la gira de Colosio. Antonio Garza Morales. Antiguo amigazo de Regino Díaz Redondo. Lo halló -como siempre- en la sala de prensa. Garza Morales prefería instalarse ahí. Recibía el "sonido directo" del mitin. Grababan los responsables de las cadenas radiales. Fue un bombazo la noticia que Barrenechea transmitió a Garza Morales. Ni tardo ni perezoso el reportero la compartió con sus colegas. Se produjo gran alboroto. En estampida salieron todos hacia el hospital de la Secretaría de Salud.

"Tenemos neurólogo, cirujano, anestesiólogo, cardiólogo y quirófano bien equipado", había dicho a los reporteros la Doctora Aubanel (?) Directora de ese centro de salud. Su revelación atajó las versiones -salidas de nadie sabe donde- que ya ubicaban al herido Colosio en un hospital de la Base Militar de San Diego, California.

Muchedumbre que invadió aquel espacio. Todos anhelantes. Pendientes de lo que surgiera en un quirófano. Llegó el gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones. Se supo que no había "resucitador" en el sanatorio. Llegó al lugar el padre Berlié. Obispo de Tijuana. Se supo que la señora Norma Meraz -notable reportera en Canal 8 y en 24 Horas con Jacobo Zabludovsky- era ya asesora de la débil Diana Laura Riojas. La esposa de Colosio se reuniría con su marido en" cena de matrimonios" con los de Tijuana. Acto ya usual en la campaña. Trato cercano. Como lo quería el candidato.

En aquel trajín un individuo se aproximó a los reporteros:

"Que Colosio tiene una herida en el abdomen. Leve; nada grave. Que lo difícil está en la herida en la cabeza...”.

Así hasta que Liébano Sáenz -Secretario de Prensa del PRI y vocero oficial de la campaña de Luis Donaldo Colosio Murrieta- subió muy pálido a un mueble que lo elevaba por encima de todos. De esa altura se hizo oír:

Luis Donaldo Colosio ha muerto- nos dijo.

Un día, tiempo después el Doctor Misael (?) médico de Luis Donaldo Colosio y de Diana Laura narró a este reportero:

Aguardaba su descenso después del mitin en Lomas Taurinas. Aquella vez subí tres, quizá cuatro veces la cuesta. Me hallaba abajo cuando me avisaron: "Le pegaron al candidato...”

"Subí a toda prisa. Quizá le dieron una pedrada. A lo mejor lo hirieron con un garrote. Llegué donde estaba tirado. Quise levantarle la cabeza. ¡Y no había cabeza!)

Corrimos a la Sala de Prensa. En el salón de un hotel. Se trabajaba febrilmente. Ya existían fax y celular.

A toda velocidad se tecleó. 17-18 cuartillas utilizó Miguel Reyes Razo para narrar esas horas. De madrugada acomodaron en un avión especial el ataúd de Colosio. Garantizado por 100 años. Decía la etiqueta. Ahí subimos. En asientos delanteros Ramiro Pineda, Raúl Sánchez Carrillo y Miguel Reyes Razo. Comprensivas azafatas nos obsequiaron whisky. No era "Glenlivet". Ni "MacCallan". Bebida tragable. Llegamos al Distrito Federal al amanecer.

"Se quedaron miles de "coyotas" -postre sonorense muy apreciado- y se cancelaron infinidad de festejos. Era el relanzamiento de la campaña de Colosio. Iban a cesar a Zedillo. Nueva propaganda se imprimía. Fiestón después de Semana Santa. Para nada, mi hermano. Para nada". Se duele todavía el magdalenense -condiscípulo de Colosio en la escuela Fenochio- Luis Francisco Trelles Iruretagoyena. El muy famoso Paquico.

Foto: Cuartoscuro


A 25 años del magnicidio, el veterano y experimentado reportero Miguel Reyes Razo presenta su visión personal y profesional, de los actos de campaña de Luis Donaldo Colosio de los que fue un testigo privilegiado desde el primero hasta el último.

¿Quieres saber? Tienes derecho; razón. Yo también. Estuve ahí. Ese día. Aquel día. Todos los días. Sin llevar puntual cuenta. Reportero urgido; apresurado. Informador gozoso. Elegido. "Cubra la gira del candidato Luis Donaldo Colosio", fue la orden. Ya el 28 de noviembre de 1993 -era día domingo- había estado al lado del "destapado" priísta precandidato a la Presidencia de la República. Los diarios del día siguiente publicarían la elocuente fotografía. El jubiloso sonorense. Junto a él, yo. Con los dos José Antonio González Fernández.

¡Qué días! ¡Vamos a Sonora! Ramiro Pineda -comunicador de Luis Donaldo Colosio- planea, guía. Reporteros que llegan al aeropuerto de Hermosillo. Multitud que es capaz de arrasar un aeropuerto. A su empuje ceden puertas, paredes, muros de macizo, grueso cristal. Filos que hieren a Samuel Ocaña García, a Félix Valdés. Sangran brazos. Surgen alaridos. La cargada. La bufalada. Empujones, alientos agrios sobre la cara. Carreras. "Perdí mis anteojos". "Me apena mucho", dijo el gobernador Manlio Fabio Beltrones. "Di que mañana", en el envío de prensa" te manden otros. Oscurecía en Hermosillo.

Llegó a su tierra Luis Donaldo Colosio. Don Pedro Trelles, padre de Luis Francisco Trelles Iruretagoyena, se las ingenió para conseguir fondos para la campaña del candidato. Don Pedro produjo cientos de gorras que -en el frontal- exhibían la silueta de la Catedral de Magdalena de Kino. Carlos Quintero Arce era el poderoso Arzobispo. ¡Amigazo de la familia Colosio Murrieta!

Foto: Ulises Castellanos

"Donaldo siempre fue muy aplicado. Mercedes Silva -la maestra Meche, le decíamos- le descubrió sensibilidad y gusto por la palabra. Declamaba. Donaldo recitaba. "La Chacha Micaila". O "El Credo" de López Méndez. Y "El brindis del Bohemio". Donaldo estremecía a Magdalena de Kino. Nos hacía llorar".

Te cuento. Anduvimos por Magdalena de Kino. En el centro, en su alameda, un kiosko. Monumento al padre Kino. El que llevó la religión por desiertos y montañas. "Ponte en una esquina de las cuatro de monumento. Habla. Y yo que me hallo en el opuesto te escucho. "Las paredes oyen", escribió un dramaturgo. Magdalena de Kino. Escenario, en el año 74 del encuentro Gerald Ford-Luis Echeverría Álvarez. "La víspera del encuentro, Don Luis no durmió. Fue a una junta a otra población. Era un "zombie" cuando platicó con el sucesor de Richard Nixon. A ese encuentro asistió Carlos Armando Biebrich. ¡Acuérdate!

"Clarito me acuerdo, caminamos por las limpias calles de Magdalena de Kino. Pocos comercios atraían. Plaza principal. Restaurantes pequeños, breves. Más abajo alguna cantina. Un bar. Urgía ver cómo recibían a Donaldo. Ya aparecían lemas. Se delineaba el COLOSIO que se imprimiría en bardas. tapias, telas, camisetas, sudaderas, corazones, cartoncillos.

Llegó Luis Donaldo Colosio a pie, por el centro de la calle Padre Kino. Zona de buenas casas. Residencias amplias, cómodas, bien ventiladas todas. Setos y arbustos bien podados. Dueño del escenario. Mostraba su carácter. Idéntico al de los suyos. Los sonorenses son así. Los sonorenses somos así. Seguros, ciertos, fuertes, macizos. E iba a la amplia casa paterna. Le aguardaba la sorpresa:

"Le preparo un gran banquete a mi hijo. En este terreno que hace mucho tiempo compré para regalárselo a Luis Donaldo. Los del Xochimilco -famoso restaurante de Hermosillo- prepararán el festejo.

Algo parecido a un violento recto de derecha pareció estremecer a Colosio apenas se aproximó a su casa. Incrédulo movió la cabeza de un lado a otro. Negaba lo que la vista le ofrecía. El bello cuidado jardín al que Doña Ofelia, su madre, dedicaba amorosos cuidados había desaparecido. Decenas de fotógrafos y camarógrafos lo arrasaron. Sus prisas y ambiciones estrujaron tallos, pisotearon pétalos, rompieron corolas y embarraron pistilos. Agonizaron flores.

"¿Qué han hecho? -planteó al aire Colosio- Los va a regañar mi mamá -les advirtió a los ciegos invasores.

CAPÍTULO II

¿Quieres saber? Fernando Ortíz Arana y José Antonio González Fernández -poderosos dirigentes del PRI- encausaban la inminente campaña. Colosio: ¡Candidatazo! Pero enturbiaba la atmósfera el berrinche -ira, rencor- de Manuel Camacho Solís. ¿Felicitar a Donaldo? ¿Propalarlo a los cuatro vientos? ¡No! ¡No! y ¡No! Brillante político. Ahijado del general Rafael Moreno Valle que le reprochó: "Te ganó el coraje y le respondiste feo -mal- al Presidente Carlos Salinas. Reconócelo, hijo. Rechazaste felicitar a Colosio. No estuvo bien...-aconsejó el sabio médico inteligente político que labró camino a la candidatura presidencial de su paisano Gustavo Díaz Ordaz. Desde su rango de Senador de la República Don Rafael Moreno Valle laboró sin pausa por su paisano. Ante la evidencia Manuel Moreno Sánchez -líder del Senado y aspirante a esa candidatura- convocó a sus pares: "Yo carezco de personalidad para felicitar a Don Gustavo Díaz Ordaz. Les ruego que acepten que el Doctor Moreno Valle los guié a Bucareli. A felicitar al Secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz..." Manuel Moreno Sánchez se encerró en su oficina de pasaje Latino en Reforma 95.

Bullía el PRI. Hervía. Ambición que estremecía. Anuncios, nombramientos, reapariciones, esperanzas y rechazos. Inquietud en redacciones. Reporteros ansiosos, ambiciosos. "¿Ir, cubrir la campaña? ¿Contar, describir la forja de un líder? ¿Quién va a ir por? ¿Quién escribirá la crónica? ¿Dónde está el que la haga, mejor que G.O.? ¡Inigualable! G.O. se las ingenió para narrar -a través de la lente de una cámara pueblerina- el inicio de una campaña presidencial en la que ve cómo roban la cartera al líder Fidel Velázquez. 40 días después regresó a su redacción. Ya era bueno. Entonces ascendió a buenísimo. "La redacción entera -tan avara, tan cerrada- recibió a G.O. con aplausos y felicitaciones.

8 de Diciembre de 1993. Luis Donaldo Colosio Murrieta convence a los sectores. "Parece Pedro Infante". "Más bien dueño de una taquería, ¡uf!". El queretano Fernando Ortíz Arana, el capitalino -hijo de migrante español- Pepe Toño González Fernández, brillante alumno de la escuela Libre de Derecho ultiman el ritual del ascenso. Que Luis Donaldo Colosio Murrieta acepte la candidatura del PRI. Que exclame "¡Sí, protesto!" y casi, casi ya sea Presidente de México. ¡De calle! Carlos Salinas de Gortari ha hecho un gobierno brillante. Y Donaldo a su lado. Un alumno brillante. Que entregaba la respuesta precisa, correcta, exacta. Y resplandecía al darla.

Foto: La Prensa

Don Emilio M. González, Don Fidel Velázquez inquietaban a la cúpula priísta. El Senador, Exgobernador de Nayarit -casado con brusca señora- caía pronto en intermitente sueño. Hombre de buen corazón. Cabeza de los Senadores de la República. A la de tres cabeceaba. Codazo oportuno lo ponía en la realidad. Trabajaba mucho. Pero al sentarse cerraba los ojos. "Dormilio, lo satirizaban editorialistas y caricaturistas. Don Dormilio. Y otro tanto le ocurría a Don Fidel Velázquez. Rondaba los 94 años. Experimentado farfullaba ininteligibles respuestas a los reporteros. Hombre poderoso. Décadas -muchas- de presencia y acción. "No se preocupe, compañero Chumacero -le había dicho en su recámara al obrerista Blas, frente al gobernador Mariano Piña Olaya- ya ve: La muerte ya se olvidó de nosotros". Y Don Blas Chumacero -protector, impulsor de Ángel Aceves Saucedo- se había carcajeado entre las cobijas de su cama frente al "Querido compañero Don Fidel". De usted.

"¿Cómo, dónde acomodarían a los respetables, veteranos líderes obreros Don Fidel Velázquez y Don Emilio M .González? Cabezas del PRI. Amos y señores del sector obrero. Imposible ¡cuidado! con desdeñar a Don Fidel. O a Don Emilio M. González. "Esos viejos pesan mucho. Don Fidel destapó a varios candidatos a la Presidencia. De Alemán a Salinas. Su privilegio. A Don Fidel le importó el poder, no la lana. Pesaba mucho. Nada se solucionaba sin él. Hasta el "preciso" -el Presidente- lo necesitaba. Don Fidel Velázquez era hombre de poder.

"Ubicaré -decidió José Antonio González Fernández- a Don Fidel y a Don Emilio en un ángulo en que ninguna cámara los observará.

"Que no aparezcan en gran siesta en la protesta de Colosio- recomendó Ortíz Arana.

Y así fue como el 8 de Diciembre de 1993, Luis Donaldo Colosio llegó a ser Candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Foto: La Prensa

CAPÍTULO III LUIS DONALDO COLOSIO

¿Quieres saber? ¿En qué íbamos? Aquel enero de 1994 tuvo una cuesta muy empinada. Con el EZLN y el Subcomandante Marcos. La aparición de Manuel Camacho Solís como mediador/pacificador. Decisión del Presidente Carlos Salinas de Gortari que desconcertó a Luis Donaldo Colosio. Persistían, crecían las versiones. "La campaña del candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, no levanta. No se le ve. Todo es anarquía. ¿Quién manda ahí?. Y para redondear la observación del Presidente de la República: "¡No se hagan bolas... el candidato es Colosio!

Los fines de semana Colosio se movía a la Ciudad de México. En poblaciones cercanas a la capital. Fue a Metepec. Allá vivía la novedad del descubrimiento de una osamenta gigantesca. Un dinosaurio. Un sábado por la tarde estuvo Colosio con los alfareros artistas que embelesaban con sus bellos "árboles de la vida". Tropezó con un borrachín. Un ebrio que, tambaleante y abusivo s le puso delante. Lo abrazó. Se le recargó. Todo ante el estupor, la parálisis de los responsables de su seguridad. Alguno justificaría: "Es que no le gusta que estemos pegados él. Quiere que la gente se le acerque. Que le hable. Ya le dijimos. Pero...".

En el alto mando de EXCELSIOR el desabrido -trivial- comentario de José Andrés Barrenechea obscurecía el panorama:

"¿Cómo que la personalidad de Colosio no crece? ¿Quieren que Camacho sea candidato suplente? ¿No saben que Manuel ha dicho que quiere intervenir el periódico? Camacho planea acabar con el periódico. Y los reporteros le hacen el juego. ¡Bah! Aquí nos la jugamos con él. ¿Entendido?

Barrenechea era así. A manotazo limpio ordenaba: "Se hace porque lo digo yo".

A principios de febrero Colosio llegó a Guadalajara. En la colonia Insurgentes -proletaria- alguien le rasguñó la cara. Un corte en la barbilla. Amaneció ahí el día 10. Su cumpleaños. Trabajó en la ciudad. Luego la comitiva lo siguió hasta Colima. Un formidable acto. Con universitarios. Con el gobernador Fernando Peña. Dueño de la Universidad de Colima. Sucesor de la gobernadora Griselda Álvarez Ponce de León. Primera mujer que gobernó en México. "Y eso que Jesús Reyes Heroles me repitió 17 veces seguidas. No, no y no", narró muchas veces la inteligente señora.

En Colima celebró su cumpleaños en una comida con el político sinaloense Heriberto Galindo Quiñones. Infatigable comunicador Heriberto -"Grilloberto lo llamó Enrique Jackson y también Enrique Rubio- lo divulgó a los cuatro vientos. En el hotel "América" -único de cierta categoría en la ciudad- ocurrió la pequeña celebración. 44 años festejó el hombre a quien sus muy íntimos llamaban "pelochino". Adalberto Villaescusa, Guillermo Hopkins. Como Colosio sonorenses los dos. Villaescusa, quien perdió un brazo en accidente automovilístico era su chofer de confianza. Hopkins estratega de sus campañas por el Poder Legislativo.

Tlaxcala -gobernada por José Antonio Álvarez Lima- recibió muy bien al candidato. Ahí un reportero le planteó: "Diga usted licenciado Colosio: Siente usted que su partido -el PRI- ya trabaja como una maquinaria bien aceitada y uniforme en pro de su candidatura? Y Colosio sonrió complacido. Aquel reportero se dirigió a él con corrección y cortesía. Otros le soltaban: "Oye, Donaldo...Fíjate, Donaldo... ¿Qué te parece, Donaldo?

Foto: La Prensa

Estuvo en Guelatao. Homenajeó al patricio Benito Juárez Se recreó en la leyenda. La pérdida de las ovejas. Los regaños del tío Bernardino. La marcha a Oaxaca. Seis años antes ahí mismo Carlos Salinas de Gortari -candidato- lanzó la mirada hacia la distante -inexpugnable- sierra y dijo a este reportero: "¿Te imaginas? Salir de aquí. Sin hablar ni pizca de castilla. Y echársela a pie hasta Oaxaca. Se necesitaba carácter...".

Tras la ceremonia y seguido por densa multitud Colosio dejaba Guelatao. Se vació el graderío. Y de pronto -de golpe y porrazo- detuvo su marcha. Dándose un manazo sobre la frente exclamó: "¡Mi morral! Casi se me olvida mi morral". Y echó a andar hasta el lugar en que lo había dejado. Muy satisfecho se lo echó al hombro. Sus acompañantes festejaron el gesto. Tenía la sencillez a flor de piel. No se daba aires de importancia. Distante de toda muestra de pedantería.

Años atrás, durante la campaña de su muy amigo Carlos Salinas de Gortari lo acompaño por Sonora. Quedó atrás Cananea. Cuna de Don Claudio X. González quien en aquellos años educaba en Suiza a una de sus hijas. Y de la tierra minera la comitiva se fue a Magdalena de Kino. De la aeropista el grupo se dirigió en camionetas tipo "pick-up". "Nosotros -dijo Salinas al ver la larga fila de transportes- también somos buenos para adoptar lo bueno", dijo socarrón. El candidato de Acción Nacional inauguro -implantó- el método. Era la tarde y en la misma pick-up , recargados sobre la cabina, acodados iban Salinas y Colosio:

"¿Cuántos años de amistad entre ustedes?- pregunté.

"¿Como 10? ¿Cuántos, Donaldo?

Se encendió, se incendiaba el semblante de Colosio al ser interrogado por Salinas. Tenía que lucir su saber. Mostrar su saber. Su talento. Actitud de alumno aplicado. El más. Aquella tarde replicó:

"Poco más de 10 años...

Intervine. Recordé:

"Entonces usted usaba anteojos, traía el bigote muy esposo y algo desaliñado, licenciado Salinas...

Él interrumpió:

"...Y traía patillas, Miguel. Acuérdate. Era el tiempo del "patillas". Jajaja Y ya de nueva cuenta muy serio:

"Da mucho gusto llegar a Magdalena con el hijo predilecto del pueblo. Te aplauden más. Te reciben mejor. Y además aquí hay mujeres muy bonitas. Muy atractivas. Chulas las sonorenses.

"Eso -exigió al instante- no lo vayas a escribir. Esto último no lo vayas a poner en tu nota. No sale ¿eh?

Y no lo publiqué.

Foto: La Prensa

Madrugador Colosio se levantaba para emprender una carrera. Ejercicio de casi una hora. Footing que lo mantenía en forma. La carrera disipaba tensiones. Válvula de escape a las preocupaciones. Invitaba a los reporteros. Lo rodeaban ayudantes. Despertaba la población. Lo veían los niños en viaje a la escuela. Los oficinistas. Los obreros. "Allá va Colosio. Míralo. Sí, ese es Colosio.

Raúl Sánchez Carrillo -entonces informador de Teve Azteca- compartió alguna vez ese ejercicio. Un día, en ruta a Morelos la Suburban en que íbamos sufrió un alcance. Sánchez Carrillo se quejó de una lesión en el cuello. Al mediodía, en el hotel "Las Quintas" Colosio se interesó:

"¿Qué te heriste? ¿Qué te lastimaste, Raúl?

Antes de que Sánchez Carrillo -apodado "muñeca"- se cuitara intervine:

"No le haga caso, licenciado. No tiene nada. O le va a salir a México más caro que la pierna de Danta Anna"

Colosio se echó a reír.

CAPÍTULO IV

¿Quieres saber? En los primeros días del año 1994 se decidió que la gira del candidato a la Presidencia de la República que impulsaba el PRI comenzaría en Huejutla, Hidalgo. "Feudo de la familia Austria. Temidos caciques. Exterminadores de líderes campesinos", documentaron periódicos y revistas. El Presidente Carlos Salinas sostuvo intensas discusiones con el gobernador Jesús Murillo Karam. "Nada más me recomendó que me esmerara en los preparativos de la campaña. Que facilitara el éxito sus mitines. Que estuviera muy al tanto. Y que le informara", atenuó después Murillo Karam tenido por "sofista".

Los reporteros que "cubrirían" aquel primer capítulo de la campaña de Luis Donaldo Colosio se reunieron en el aeropuerto de la Ciudad de México el día ¿8? ¿9? de Enero. Volarían a Tampico. Dormirían en el hotel Camino Real. Madrugarían. A guisa de desayuno recibieron una bolsa con algo de fruta, un sanwich y un jugo enlatado. Largo camino -muy sinuoso- el que los llevó a Huejutla. Los vericuetos marearon a alguno. El ambiente era amable. Veteranos que recordaban otras giras. "La de Echeverría duró 40 días, mi cuate. Una auténtica friega. ¡Uh!". "Cubrí la de De la Madrid. El 14 de Octubre de 1981. En Apatzingán, Michoacán. Ese día corrió a Javier García Paniagua y a Guillermo Cosío Vidaurri del PRI. Los sustituyó con Pedro Ojeda Paullada y Manuel Bartlett. "No tenía confianza en García Paniagua. Alimentó esperanzas de ser candidato. Luego odio hacia López Portillo y hacía mí. Supe de sus amenazas y bravuconadas. Lo eché. Junto con Cosío Vidaurri". Homenajeó al Generalísimo Morelos -Siervo de la Nación-, anunció la Renovación Moral de la Sociedad. Revivió el Nacionalismo Revolucionario y luego volamos a Colima. Llegó cuando caían unas gotas de tibia lluvia y declaró muy solemne: "Vine a mojarme con el agua de mi tierra". "Fue en Querétaro donde Don José López Portillo le dijo a Joaquín López-Dóriga: Todavía no integro mi gabinete, güero. Pero dime qué cartera quieres tú. Y ya "sabrás". Joaquín se fue a las nubes...".

Se dormitaba en el autobús de prensa. Omnibus para los reporteros. Otro diferente para fotógrafos y camarógrafos. Horas por laberínticos -muy angostos- caminos. Antes de las 10 de la mañana la prensa llegó a Huejutla. Pacífica, adormilada población. En la calle principal -la que recorría el convoy- la curiosidad. Y algunas mantas que en letras rojas y negras saludaban la llegada de Luis Donaldo Colosio. Grupos de campesinos. La plaza principal mostraba más lemas y consignas. La Cenecé. La de los campesinos. La ceteemé. Fuerza de los obreros. Y por doquier pequeños grupos -contingentes, los denominaban los animadores- que aguardaban la hora de ocupar su sitio. Entre más cerca del templete principal mejor. Que el candidato sintiera el calor de su gente. Y bandas de música que producían aires destinados a distraer a los participantes.

Pues -aunque parezca (como entonces pareció) increíble- el candidato no aparecía por ningún lado. ¿Cómo? Pues sí. No se ve a la gente del Estado Mayor Presidencial. A los de su avanzada. Militares que recorren minuciosamente la ruta que caminará el Hombre. El "Patrón". "El Preciso". "El youknowwho." Calentó el sol. Apareció el apetito. Ganas de desayunar n toda forma. A buscar un restaurante en Huejutla. Centro comercial. El tianguis dominical atrae a indígenas de tierras altas. Ofrecen sus productos. Les urge adquirir medicinas, manta, comida. "Tienden" sus mercancías. Y pasan horas sin que nadie les compre. Sólo a la hora del crepúsculo, cuando ya deben volver a sus distantes comunidades aparecen los que les compran - aprecio ridículo- sus productos. Explotación pura en Huejutla, Hidalgo.

"Es que la vanguardia de Colosio perdió la ruta. Se extravió. Tomó otro rumbo. Por eso llegó tan tarde. Cuando ya la gente desesperaba. Aún así hubo entusiasmo. Porras al aire. ¡Duro! ¡Duro! ¡Duro! fue el estribillo. Donaldo Colosio -enchamarrado- fresco. Vigoroso. Discurseaba. Buscaba votos. Simpatías. Atraía: "Amigos y amigas de Huejutla...Así decía. Calaba el sol. Tere Ríos -su fiel, leal, eterna secretaria- se caló una útil y vistosa cachucha-visera. Ella -sonorense como él- lo observaba y tomaba notas. Impresiones para su jefe. Mujer discreta. Muda casi. Tere Ríos.

Y ya se iba de Huejutla. Ya tomaba el camino hacia Ciudad Valles. A San Luis Potosí. Le alcanzó la noticia: "Manuel Camacho Solís mediará en el conflicto del EZLN -Subcomandante Marcos- Gobierno de la República.

Se le descompuso el rostro y el ánimo a Luis Donaldo Colosio. Pareció aturdirle la noticia. Únicamente él sabría porqué.

En ese instante se nubló el primer día de la campaña. Se alteró -enloqueció- su brújula. De inmediato empezó a decirse: "La campaña no levanta. No hay campaña. La campaña no se ve". Rumores. Conjeturas. Acto gris en San Luis Potosí. En el hotel "Mesón de El Quijote". Mañanas y mediodías perdidos.

Una de esas mañanas una madura reportera confió tras observar a Colosio:

"¡Este hombre está buenísimo!"

"¿Cómo lo sabes?"

Sin inmutarse la atractiva mujer me respondió:

"Las mujeres, como ustedes, también sabemos ver".

De paso por Querétaro apareció Ramón Aguirre Velázquez. Ex Jefe de Departamento del D.F. Exgobernador electo de Guanajuato. Amigazo de Miguel de la Madrid. Muchacho Alegre. Se emocionaba al oír "Motivos". Los transcurría con botellas de X-O.

CAPÍTULO V

"¿Quieres saber? Genaro Borrego corrió varios kilómetros poco después del amanecer el domingo 6 de marzo de 1994. El circuito Gandhi le resultaba ideal. Quedaba cerca de su casa. Y se encontraría con el grupo de aspirantes a figuras del toreo que en zapatos tennis y pantalones muy ceñidos ejecutaban impecables verónicas, chicuelinas y vistosos molinetes. Suscitaban su admiración. Renovaban su antigua afición. "¡Torero bueno!", saludaba. Y pedía prestado un acero. Trotaba con la espada en ristre. La mantenía firme. El brazo derecho tenso. Ejercicio indispensable a un matador de toros. Ahí halló a un reportero conocido suyo. "¿Irás al monumento a la Revolución? ¿Al aniversario del PRI? Pues ahí nos veremos".

En Tlacopac, en San Ángel se dieron cita algunos reporteros. Querían presenciar la salida de Luis Donaldo Colosio de su domicilio. Mirar el cariñoso adiós de su esposa. Las caricias a sus pequeños hijos. Poderoso en sus 44 años irradiaba plenitud. La gira mejoraba. Sus estrategas la pulían. Y el cumpleaños del PRI ofrecía un escenario ideal para mostrar la experiencia y conocimiento que la marcha por el país le proporcionaba. Mientras se afeitaba escuchaba obras de Mahler. Hacía funcionar sus caros aparatos de alta fidelidad. Enormes bocinas de piso a techo cuya potencia hacía vibrar ventanales y prismas de candiles. Así lo disfrutaba. A todo volumen. Paisanos muy amistosos le obsequiaban los más modernos torna-mesa. Los más finos muebles. Para su pleno placer.

Ramiro Pineda -coordinador de giras de Colosio- saludó la llegada a Tlacopac de Juan Arvizu, José Ureña y Miguel Reyes Razo. Llevaban semanas viéndose a diario. Ese trío de informadores reseñaba hasta los últimos detalles de las actividades de Colosio. Compartían alimentos. Y anécdotas personales. Ahora querían -pedían a Pineda- la oportunidad de ver al candidato al despedirse de su familia. "No quiero sacarlo de su rutina. No le gusta que le alteren costumbres. Mi jefe tiene su genio. Denme chance. Si siento que está de buenas... ¿Sale?”.

Refunfuñaron los reporteros. "Lo de siempre. Ramiro nos da puras largas. Le "saca" a pedirle a Colosio que nos dé unos minutos. Lo mismo. Creen que así "cuidan" la imagen de su patrón. Que no lo toquen. Que no lo inoportunen. Que los periodistas entiendan que su jefe tiene grandes cosas en la mente. Que no puede distraerse en momentos clave. ¡Uf! Lo de siempre. Acuérdense cómo era Fausto Zapata. El "güero" Landeros. O Héctor Lié con De la Madrid. No me toquen a mi jefecito. Pero cuando les "pegan" y los meten en figurillas, entonces sí. Que si no te quieres tomar un café con el "ñorse". Con el "preciso". Así son. Así son. Ni hablar. Ramiro no le va a decir nada a Colosio. Es su chamba. Ya veremos".

Enorgullecía a Luis Donaldo Colosio ser propietario -manejar- una camioneta de vivos verdes y plateados. Bonito "mueble", rebautizan los norteños. Al hijo predilecto de Magdalena de Kino le regocijaba ponerse al volante de la bonita "camiona". Otra forma de aquellos lares. Y la mañana del 6 de marzo del 1994 optó por guiar su transporte. Convidó a los reporteros. A su enlace con la prensa. Los distribuyó. Atrás Juan Arvizu con Pepe Ureña y Ramiro Pineda. A su lado, a su derecha Reyes Razo. Entre frustrados y quejumbrosos le confiaron su fracaso: "Queríamos platicar con usted...". "Me hubieran dicho. No supe. Me hubiera gustado. ¿Por qué no me dijiste nada, Ramiro?".

Guió Colosio su camioneta hacia avenida Revolución. Ahí lo esperaba una mujer que le transmitió dolores; pesares. Urgencias de su marido. Un herrero. Habitaban una casa muy humilde. Parchada. La escuchó. Le prometió solución. La abrazo. Y volvió a la camioneta. No se veía "descubierta" alguna. Ni motociclista ni automóvil. Por ningún lado la protección. Donaldo conducía con seguridad. Ni acelerones, ni rebases, ni zigzagueos. Tampoco claxonazos. Domingo 6 de marzo de 1994. A las diez y pico de la mañana. Por el circuito interior. Que abandonó a la altura de Guillermo Prieto, entrar a una lateral para desembocar en Alfonso Herrera. Y seguir hasta Serapio Rendón, pasar frente al cascarón del cine "Ópera". Dar vuelta en Ribera de San Cosme. Pasar frente a la famosa ostionería "Boca del Río". Antes de llegar a la antigua Ramón Guzmán escuchó que el reportero Reyes Razo le preguntaba:

"Tal como es nuestro sistema político veremos hoy, licenciado Colosio, cómo el candidato rompe con el Presidente de la República”.

Y su respuesta fue:

"Así será. Miguelazo. Pero será con mucho cuidado. Con mucho cuidado".

Absorto en lidiar el tráfico de la zona , serpenteó por Puente de Alvarado. Todavía pudo responder a nueva propuesta de Reyes Razo:

"¿Cómo convencer a los electores de que den una nueva oportunidad al PRI?

"Con mucho cuidado, con mucho cuidado lo haremos, Miguelazo"-respondió.

Detuvo -concluyó el viaje- en Puente de Alvarado y Ponciano Arriaga. Hervía la zona. Muchedumbres que empujaban multitudes. Miles de guerrerenses. Rubén Figueroa Figueroa mostraba su fuerza. "Chompiras" motejaban al gobernador sus muy amigos. Hijo, heredero de prestigios de los de Huitzuco. "Un Figueroa formó entre los que asesinaron a Emiliano Zapata", afirmó el estudioso Jesús Sotelo Inclán. Autor de "Raíz y Razón de Zapata", Sotelo Inclán fue guía -cicerone- de John Womack. El graduado en Harvard -muy amigo de Doctor Carlos Salinas de Gortari- reconoce que los trabajos de Sotelo Inclán -hasta su amistad- resultaron esenciales para su investigación zapatista.

Descendió Colosio de la apreciada camioneta. Se puso el saco. Surgió su espléndida figura. Elegante, ahora.

"¿Estrenando, licenciado?"- quiso saber Reyes Razo.

"No, Miguelazo. Este me lo puse por primera vez el 8 de Diciembre. Cuando protesté como candidato del PRI".

Por los pilares -cuatro patas- del Monumento a la Revolución miles de vehementes priístas aguardaban a su candidato.

CAPÍTULO VI: LUIS DONALDO COLOSIO

¿Quieres saber? La impresionante precisión del PRI. Un pasillo para un solo hombre. Y miles contando sus pasos. Así la mañana del 6 de marzo del 1994. Muy cerca de las oficinas del First National City Bank quedaron los gobernadores. Hechos en el partidazo fruncían el entrecejo. El candidato encarnaba infinidad de quejas. Reconocía pobrezas, egoísmos, indiferencias, abusos, excesos. "Veo un México con sed de justicia..." proclamó ante los mausoleos -históricos- de fundadores del partido. "Quiero un triunfo limpio. Ni un voto dudoso", desnudó. Abiertas las entendederas la cúpula priísta -los iniciados- entendieron. ¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué se trae este cuate? ¡Aguas!

Aplaudidísimo Luis Donaldo Colosio dejó el monumento y caminó por la calle Ignacio Ramírez. Reyes Razo iba a su lado. "¿Te vas a ir con él?", le preguntó el general Domiro García Reyes. "No me ha invitado", le respondió el reportero. "¡Súbete, Miguelazo!", zanjó Colosio. La camioneta rodó por Antonio Caso. Llegó a Insurgentes. Pasó por el SME y alcanzó la esquina con Violeta. El general García Reyes empleó las claves para abrir las puertas del estacionamiento subterráneo. Ahí pulsó los botones del exclusivísimo elevador.

"¿Conoces mi oficina, Miguel? ¡Ven!”, indicó Colosio quien al poner pie ahí pidió: "Un vaso de agua, por favor!". Lugar desierto. Nadie acudió a su llamado. Tuvo que servir dos. Y de inmediato preguntó:

"¿Cómo lo viste?

Foto: Cuartoscuro

"Dice Juan Ruíz de Alarcón en "La verdad sospechosa" que, "como en las acciones del agravio y del favor, reciben todo el valor, solo de las intenciones...". Así.

Estaba muy agitado. Intensa emoción lo apresaba. Sostenía las cuartillas de su discurso. Escritas, corregidas, garabateadas por él. Diagonales que describían énfasis. Profundas pausas. Intencionados silencios. Guías para una profunda exposición. Signos, marcas útiles al orador. Espacios para ventilar un periodo. Un raudal de cláusulas. Su discurso. Con ecos del que años atrás en el Obelisco a Washington había producido Martin Luther King. El célebre "I have a dream...". Pieza oratoria -la de Colosio- que provocó paternidades. "A mí me lo enseñó... A mí me consultó... Yo le sugerí...Le aconsejé...”. Llegó Alfonso Durazo. Su secretario particular. A él le preguntó lo mismo:

"¿Cómo la viste?”.

Durazo le describió personajes. "Vi a "Tongolele".

Era la hora en que el reportero tenía que marcharse. Para no ser "plagoso". Ni igualado. Tenía que ir a "teclear”.

Y continuó la gira. Con especulaciones que parecían no tener fin. "Que Manuel Alonso -Director de Lotería Nacional, ExDirector de Comunicación Social del Presidente Miguel de la Madrid -"él y Emilio Gamboa fueron artífices de la candidatura de Carlos Salinas; traían mareado al Presidente con sus hechos e ideas", se decía- soltó que Carlos Salinas no desdeña la posibilidad de mudar de candidato. Que desliza que "Camacho no está muerto...”.

El día 22 de Marzo de 1994 Luis Donaldo Colosio siguió su brújula. A Sinaloa. A Culiacán. Le gustaba la ventanilla del asiento 7. Parecía refugiarse, acomodarse ahí. Llegó a Culiacán y mientras avanzaba dos mujeres de aire ordinario y vulgar lo empujaron deliberadamente. Le golpearon -con toda intención- la zona renal. Se dolió Colosio. Este reportero les reclamó: "Oigan, qué les pasa... ¿Qué modos son estos?” y las agresivas respondieron: "¡Qué se aguante!".

Ocurrió un encuentro en un salón de grandes reuniones. "Denuncie a quien use drogas". "Avise a la autoridad si alguien le ofrece drogas!". "¡No calle!". Y una mujer con fama de muy estudiosa que se afanaba en poner al tanto de la realidad sinaloense al futuro Presidente. "Hoy es fácil hablar con usted, candidato -le dijo. Pues es usted el candidato. Y cuando sea Presidente será muy difícil hacerlo. Escuche..."Señora -sabia, conocedora, estudiosa de rasgos orientales. Acumuló títulos. Las Humanidades su materia. Después de aquel acto los reporteros sintieron apetito. Y se fueron a "Los Arcos". Andaban en el aperitivo cuando Ramiro Pineda los interrumpió:

Foto: Cuartoscuro

"Los llama mi jefe. Va a dar una conferencia en su hotel. En "El Ejecutivo". Los informadores -reporteros de prensa escrita, televisión, radio, fotógrafos, camarógrafos e informadores del PRI- salieron disparados. Junto a un espejo de agua, Reyes Razo encontró a la reporterísima Rossy Ahuatzin. Charlaba la atlética mujer con Suberza Blanco, reportero de "La Jornada". Ya en trío surgió la conjetura:

"¿Supieron que Manuel Camacho ya se disciplinó? Declaró que ya está del lado de Colosio. Y lo dice allá, en el Deefe en el hotel Presidente. Parece que anoche se reunieron Colosio y Camacho en la casa de Luis Martínez. Un oaxaqueño que fue maestro de Camacho y Salinas. Fue Senador. Secretario de Reyes Heroles en el PRI. El "colorado”, le apodan a Luis. Por el tinte que se pone en el pelo. En su departamento de Gelati, en San Miguel Chapultepec, se juntaron los dos.

Palabras. Cálculos. Intenciones. Mediodía. El estanque cantaba. Reyes Razo planteó:

"Observemos una cosa muy importante -dijo a Rossy Ahuatzin y a Suberza Blanco. Manuel Camacho, fíjense muy bien, habla en el Presidente. Y Colosio, en cambio habla en "El Ejecutivo". ¡En el Ejecutivo!”.

Lo que provocó la carcajada. Festejaba el trío cuando ¡pácatelas! apareció Luis Donaldo Colosio. Presumía, lucía, exhibía una hermosa, muy bien cortada -hecha a medida-camisa blanca. Camisa sport. Tenía dos bolsillos -con tapas- sobre los pectorales. Ante las risas del trío quiso saber:

"¿De qué se ríen, Miguelazo?

Y cuando Reyes Razo lo puso al tanto también él, Colosio se carcajeó. Con esa camisa, la que estrenaba ese mediodía acudió a otro mitin. Reunión de multitudes.

Poco después de la medianoche sus custodios lo llevaron hasta su habitación. En una del muy prestigiado -cómodo- hotel "El Ejecutivo".

Foto: Cuartoscuro

CAPÍTULO VII. LUIS DONALDO COLOSIO

"¿Quieres saber? Relato el último día de la vida de Luis Donaldo Colosio Murrieta- Despertó en el hotel "El Ejecutivo" de Culiacán, Sinaloa. De umbral histórico. Ahí mismo, el día 11 de Diciembre de 1987 -en plena campaña de Carlos Salinas- el político Rodolfo González Guevara dijo ante el candidato y cientos de partidarios: "Yo no busco ya a ningún puesto de elección. Tranquilícense los aspirantes. Frente a nuestro candidato digo: El PRI se democratizará, si el Presidente de la República así lo decide...

Se iba de la política un hombre de dilatada carrera. En la Cámara de Diputados. En la diplomacia. Embajador en España. Subsecretario de Gobernación. Secretario de Gobierno en el Departamento del Distrito Federal. Fiel priísta -Popo, líder de Juventudes Socialistas de Occidente- así dijo adiós.

Colosio se despertó y decidió ir a correr. Culiacán, a esa hora de la mañana obsequiaba un clima fresco. Brillaba el sol. Tiempo perfecto para un trote que se transformara en transpiración y fuga de tensión. Carrera por calles y avenidas. Fotógrafos de prensa lo seguirían. Quizá Ramiro Pineda sacudiría a los flojonazos, a los indolentes que anhelaban quedarse un rato más en su cama. ¡Allá ellos! Tobilleras, tennis, cachucha. "Vámonos general", dijo a Domiro García Reyes. El militar tenía que ser su sombra. Vivir pegado a él. Nada imposible. Era su especialidad. El mismísimo Papa Juan Pablo II lo reconocía. En sus viajes a México el Papa polaco dejaba la seguridad de su persona en manos del apto general mexicano. Nadie como Domiro García Reyes para ir a ritmo de papamóvil.

Corrió con la mente puesta en su actividad. Baño, desayuno y al aeropuerto. A La Paz, Baja California. Mitin en la Plaza Fundadores. Recordar a Félix Agramont Cota. Último gobernador del territorio. Agrónomo de Chapingo que convocó al Congreso Constituyente. Concentración en la Plaza de los Fundadores. Frente a una votiva que ardía en su memoria. Auditorio amplio. Mujeres y hombres de todo el país llegaban a La Paz. Zona atractiva a compradores de ropa, zapatos, electrónicos -televisiones, cuadrafónicos- de marca extranjera. Teles "Trinitón". Con dispositivo que hacía girar el dial. Clic. Clic. Cambio de canal. Sony. A todo color.

Aterrizó en La Paz. Subió a un autobús fresco. Iba por la carretera cuando distinguió a un grupo que exigía ser escuchado. Eran transportistas que ásperos demandaban soluciones. Colosio escuchó y ofreció examinar -con los transportistas alterados- los diversos aspectos del problema. No gustó su respuesta. Encendió las demandas de hombres rudos que poco a poco elevaban la voz. Manoteaban ante el rostro del candidato que se contenía. Que aguantó hasta el momento en que determinó mostrar carácter y firmeza. Sin aspavientos, con la fuerza de sus argumentos y con gesto desafiante, recalcó a los quejosos su determinación. "Nos vemos. Nos veremos pronto, señores. Con su permiso. Muchos me esperan. Adiós".

Foto: Cuartoscuro

Lo cubrían los gritos. Lo aturdían los cordiales porristas. Mujeres muy bien arregladas lo besuqueaban. "¡Múa! ¡Múa! ¡Múa! Tronaban los labios en el aire. Rozaban las bocas las mejillas recién rasuradas. Locutores que animaban. Expertos que mezclaban frases del candidato Colosio con referencias a la Baja California Sur. Mantas que planteaban ansias y urgencias. Y por aquí y por allá las cartulinas con el perfil, con el bigotazo y la tupida melena de Luis Donaldo Colosio. ¿Qué más? Mira nada más como nos reciben, Ramiro. Bisbiseo al oído de su vocero de confianza. Ramiro Pineda le dio un informe sobre la difusión de su gira. Estaciones de radio. Noticieros. Televisión. Comentarios. Columnas políticas. Los "Frentes Políticos" de EXCELSIOR. La crónica de Reyes Razo. Tan leída. Años de trabajo la prestigiaban.

Concluyó su participación en aquel sitio circular. Reunión al aire libre. Se reuniría con mujeres. Lo recibirían bien. Colosio se sentía a gusto entre ellas. María Angélica Luna Parra las organizaba muy bien. Mujeres. También los discapacitados. En Aguascalientes se le unieron sordomudos. En Michoacán, en Charo, una semana antes curas de la región lo buscaron. Eran del Distrito 026. Su gran amigo Reyes le organizó gran mitin. Michoacán y "Chon" Orihuela. Colmilludo Orihuela. En Zitácuaro, antes de despedirse, Colosio mostró la recia amistad que lo unía a Federico Arreola. "Salúdame a tus papás, Federico", le dijo ese último sábado. Arreola volvía a Monterrey.

Los reporteros se fueron al vetusto hotel "Los Arcos". En 1994 no había grandes hoteles en La Paz. Cuartos aseados, estrictos. Estelita Vaylón inyectó Vitamina B12 a Roberto Vivanco. Bobby Vivales, le apodaban. Ramiro Pineda instruyó a su ayudante llamado Igor las tareas que debía cumplir. Él, Ramiro se iba al mitin con las mujeres. Volaría con l candidato a Tijuana. Le pondría al tanto.

"Hasta le dije que necesitaba su permiso para llevar a algunos reporteros a cenar en San Diego. No me daría tiempo de sintetizarle efecto de noticiarios nocturnos. Se dormiría sin detalles. Estuvo de acuerdo. Divierte a los muchachos. ¿Quiénes van? Nos veremos mañana".

Era frío el ambiente en el aeropuerto de Tijuana. Un si es no es de hostilidad. Hombres de negro se aferraban a delgadas tiras de triplay que remataban en óvalos de cartón. COR. Encachuchados. Mal encarados. Retadores. Braveros. Distantes. Estaban por el aeropuerto. Esperaban. Aguardaban. Sin ningún entusiasmo. Eran muchos.

Colosio llegó con cierto retraso. La multitud lo rodeó. Los reporteros fueron subidos a una flamante -muy cómoda, amplia- camioneta. Era blanca y olía a nuevo. Antes de que arrancara Ramiro Pineda volvió la cabeza para observar el comportamiento de su jefe. "Le están pegando mucho mi jefe", alarmó. El arrancón de la camioneta nos distanció.

Foto: Cuartoscuro

CAPÍTULO VIII

"¿Quieres saber? Yo también. ¡Muchos! ¿Por qué ocurrió el mitin de Lomas Taurinas? Lugar empavorecedor; amedrentador. Repulsivo. Arroyos de inmundicias lo surcaban. Lomerío de casuchas encimadas. Equilibradas una sobre otra. Casuchas adosadas a la nada. Tablones podridos, intensamente carcomidos habilitados como puentes. Rutas transitadas por millares. Caminos laberínticos; extraviados. Lomas Taurinas era un tajo que infinidad de manos rellenaron con restos de llantas, maderos podridos, cascotes; pedruscos. Terreno de difícil acceso. Hasta desalentador.

Miseria y mugre. Pobreza e incuria. Hacinamiento. Arracimamiento. Suciedad muy antigua. Bien implantada. Atmósfera siniestra. Nada invita a visitar Lomas Taurinas. A recorrerla, menos. Pero el atardecer del 23 de marzo de 1994 el candidato del PRI el candidato del PRI a la Presidencia de la República Luis Donaldo Colosio Murrieta llegó ahí. Saludó a la locutora Talina Fernández. Y con el inicio del crepúsculo cayéndole sobre su flanco izquierdo abrió su discurso con su fórmula:

"¡Amigas y amigos de Lomas Taurinas... De Tijuana...”

Plataforma de un trailer era el escenario. Potente su voz. Amplificadores bien dispuestos la esparcían. Lo mismo que los porristas. Animadores que saludaban frases felices, juicios contundentes, promesas de progreso y desarrollo. Atención a problemas fronterizos. De vecindad.

Coincidió con el final de su discurso y su descenso la sintonía del viejo bolero "La culebra". Voz de Benny Moré. "El bárbaro del ritmo". D los años 40's. Multitud que al disolverse dejaba un sitio más sucio. Restos de cartulinas, de viseras. De volantes. Envases de refrescos.

Los reporteros apresuraban el paso. La logística de cada mitin indicaba que debían anticiparse a la salida del candidato. Para recibirlo en el siguiente acto. Y así ocurría. Cuando los más aguardaban la llegada del transporte que los llevaría a la reunión con profesores, un agudo, estremecedor, impresionante aullido de sirena paralizó a todos. Transtornó -puso de cabeza- ese mundo. Arrinconada en un espacio, rodeada de pedruscos y maderos, una ambulancia pujaba por avanzar.

Surgió el grito de Estelita Vaylón:

"Le pegaron, Miguelito...Le pegaron...”

Víctor Noguez que alertaba:

"Le van arrastrando los pies...”

Era -fue- la hora del desconcierto. Todo en Lomas Taurinas quedó "patas arriba". Nadie atinaba a decir que pasaba. Se diluyó toda noción de tiempo. Vocerío. Griterío. Grito doloroso de sirenas. Urgencias. Así se abrió paso la realidad. "Le pegaron a Colosio. Hirieron a Colosio. Le dieron un balazo en la cabeza a Colosio...”.

Estelita Vaylón -durante décadas brillante reportera del periódico "El Día"-comunicó su pena a este reportero. Reyes Razo intentó seguir, comprobar la matrícula de la ambulancia. Notó que las puertas posteriores estaban manchadas de sangre. La que untaron los camilleros o auxiliares del herido al introducirlo. Un empujón, un traspie hizo que el reportero perdiera sus anteojos. Dado que en la precampaña en la visita a Sonora ocurrió lo mismo, ya cargaba con varios. Los halló en la sala de prensa. Con su equipaje.

Luego el propio Reyes Razo sabría que en ruta hacia el hospital los generales, encabezados por Domiro García Reyes, vivían la tremendez del drama y rogaban urgidos:

¡Resista, jefe...

¡No se nos muera, jefe...

¡Aguante, jefe...

Estelita Vaylón y el reportero Reyes Razo subieron -nunca supieron bien a bien como- a una camioneta que era guiada y ocupada por hombres que maldecían a diestra y siniestra. Mascullaban palabrotas. Maldecían sin cesar. Sus injurias no tenían destinatario. Barbotaban blasfemias. E imprimían intensa velocidad al transporte. Después de inicial vacilación que los hizo preguntar cuál era la mejor ruta y tras enterarse de que lo llevarían a un hospital público aceleraron y condujeron con seguridad. Llegamos en un santiamén.

El reportero telefoneó a su periódico. Localizó a José Andrés Barrenechea. Aquel casi perdió el sentido. Sentimiento de incredulidad lo invadió. "¡No la friegues! ¡No la tiznes! ¡No la amueles! ¡No me fastidies!

Luego, Barrenechea -quien se relamía con la posibilidad de convertirse en Director General de EXCELSIOR - "Colosio va a querer baraja nueva en el periódico", llegó a decir se interesó:

¿Cómo fue?...

¿Está muy grave?...

¿Tú, cómo la ves?...

El mismo José Andrés Barrenechea localizó a otro de los reporteros de EXCELSIOR destinados a informar con pelos y señales la gira de Colosio. Antonio Garza Morales. Antiguo amigazo de Regino Díaz Redondo. Lo halló -como siempre- en la sala de prensa. Garza Morales prefería instalarse ahí. Recibía el "sonido directo" del mitin. Grababan los responsables de las cadenas radiales. Fue un bombazo la noticia que Barrenechea transmitió a Garza Morales. Ni tardo ni perezoso el reportero la compartió con sus colegas. Se produjo gran alboroto. En estampida salieron todos hacia el hospital de la Secretaría de Salud.

"Tenemos neurólogo, cirujano, anestesiólogo, cardiólogo y quirófano bien equipado", había dicho a los reporteros la Doctora Aubanel (?) Directora de ese centro de salud. Su revelación atajó las versiones -salidas de nadie sabe donde- que ya ubicaban al herido Colosio en un hospital de la Base Militar de San Diego, California.

Muchedumbre que invadió aquel espacio. Todos anhelantes. Pendientes de lo que surgiera en un quirófano. Llegó el gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones. Se supo que no había "resucitador" en el sanatorio. Llegó al lugar el padre Berlié. Obispo de Tijuana. Se supo que la señora Norma Meraz -notable reportera en Canal 8 y en 24 Horas con Jacobo Zabludovsky- era ya asesora de la débil Diana Laura Riojas. La esposa de Colosio se reuniría con su marido en" cena de matrimonios" con los de Tijuana. Acto ya usual en la campaña. Trato cercano. Como lo quería el candidato.

En aquel trajín un individuo se aproximó a los reporteros:

"Que Colosio tiene una herida en el abdomen. Leve; nada grave. Que lo difícil está en la herida en la cabeza...”.

Así hasta que Liébano Sáenz -Secretario de Prensa del PRI y vocero oficial de la campaña de Luis Donaldo Colosio Murrieta- subió muy pálido a un mueble que lo elevaba por encima de todos. De esa altura se hizo oír:

Luis Donaldo Colosio ha muerto- nos dijo.

Un día, tiempo después el Doctor Misael (?) médico de Luis Donaldo Colosio y de Diana Laura narró a este reportero:

Aguardaba su descenso después del mitin en Lomas Taurinas. Aquella vez subí tres, quizá cuatro veces la cuesta. Me hallaba abajo cuando me avisaron: "Le pegaron al candidato...”

"Subí a toda prisa. Quizá le dieron una pedrada. A lo mejor lo hirieron con un garrote. Llegué donde estaba tirado. Quise levantarle la cabeza. ¡Y no había cabeza!)

Corrimos a la Sala de Prensa. En el salón de un hotel. Se trabajaba febrilmente. Ya existían fax y celular.

A toda velocidad se tecleó. 17-18 cuartillas utilizó Miguel Reyes Razo para narrar esas horas. De madrugada acomodaron en un avión especial el ataúd de Colosio. Garantizado por 100 años. Decía la etiqueta. Ahí subimos. En asientos delanteros Ramiro Pineda, Raúl Sánchez Carrillo y Miguel Reyes Razo. Comprensivas azafatas nos obsequiaron whisky. No era "Glenlivet". Ni "MacCallan". Bebida tragable. Llegamos al Distrito Federal al amanecer.

"Se quedaron miles de "coyotas" -postre sonorense muy apreciado- y se cancelaron infinidad de festejos. Era el relanzamiento de la campaña de Colosio. Iban a cesar a Zedillo. Nueva propaganda se imprimía. Fiestón después de Semana Santa. Para nada, mi hermano. Para nada". Se duele todavía el magdalenense -condiscípulo de Colosio en la escuela Fenochio- Luis Francisco Trelles Iruretagoyena. El muy famoso Paquico.

Foto: Cuartoscuro


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