/ miércoles 20 de septiembre de 2017

Maestra heroína salva a 45 niños en medio del terremoto

Claudia Ortíz relató los momentos más críticos mientras el terremoto llenaba de angustia a los pequeños

El amor por sus “niños” convirtió la maestra de preescolar Claudia Ortiz en heroína, al armarse de valor y sacarlos del aula por una ventana, lo que ocurrió durante el terremoto de 7.1 en escala de Richter, que azotó ayer a la Ciudad de México.

Seis de estos menores quedaron en orfandad, al perder a sus papás en algunos de los edificios que se colapsaron.

El instinto de protección orilló a esta educadora a reaccionar ante esta eventualidad, para rescatar y poner a salvo a sus alumnos en la escuela particular Jean Piaget, que se encuentra en la colonia del Valle.

La maestra Ortiz que tiene a su cargo a cuarenta y cinco alumnos, relató su hazaña al periódico LA PRENSA, al decir que diez minutos antes habían terminado el simulacro por los 32 años de sismo de 1985, cuando el temblor de verdad sacudió su salón de clases.

La profesora platicó que tiene un grupo 45 alumnos de entre dos y tres años, quienes se alimentaban cuando se sintieron los primeros movimientos de este temblor, lo que tomó por sorpresa a los menores, que no sabían qué pasaba por lo que algunos asustados empezaron a llorar.

 

Claudia Ortíz, relató que intentó abrir la puerta del salón, para salir con sus pequeños, pero ésta se trabó por el movimiento telúrico, lo que le hizo gritar desde una ventana de su salón en el primer piso. Al llamar la atención de otra educadora, decidieron sacar a los alumnos desde esta ventana a la planta baja.

Sin conocer aún la tragedia y destrucción, en medio de la que se encontraban, y aunque aún sentían en los pies el movimiento telúrico como si no parara, sacaron fuerzas y mientras ella sacaba a los alumnos por la ventana, abajo el maestro de educación física y educadoras los recibían para ponerlos a salvo.

“Sé que no es la mejor manera, pero lo primero era poner a salvo a mis niños, por quienes doy la vida”, dijo la joven profesora, que aún derrama lágrimas al pensar que algunos de sus niños hubiera sufrido algún daño, pues muy cerca de ahí edificios enteros colapsaron.

“Soy madre y se lo que es de tener un hijo, por eso comprendo a los padres de familia que arribaron de inmediato para verificar que sus vástagos estuvieran y a los cuales abrazaron y colmaron de besos en cuento comprobaron que estaban completos y bien cuidados, luego de que en el recorrido hacía la escuela fueron testigos de la destrucción y muerte que dejo este sismo con el epicentro en el Estado de Morelos.

El amor por sus “niños” convirtió la maestra de preescolar Claudia Ortiz en heroína, al armarse de valor y sacarlos del aula por una ventana, lo que ocurrió durante el terremoto de 7.1 en escala de Richter, que azotó ayer a la Ciudad de México.

Seis de estos menores quedaron en orfandad, al perder a sus papás en algunos de los edificios que se colapsaron.

El instinto de protección orilló a esta educadora a reaccionar ante esta eventualidad, para rescatar y poner a salvo a sus alumnos en la escuela particular Jean Piaget, que se encuentra en la colonia del Valle.

La maestra Ortiz que tiene a su cargo a cuarenta y cinco alumnos, relató su hazaña al periódico LA PRENSA, al decir que diez minutos antes habían terminado el simulacro por los 32 años de sismo de 1985, cuando el temblor de verdad sacudió su salón de clases.

La profesora platicó que tiene un grupo 45 alumnos de entre dos y tres años, quienes se alimentaban cuando se sintieron los primeros movimientos de este temblor, lo que tomó por sorpresa a los menores, que no sabían qué pasaba por lo que algunos asustados empezaron a llorar.

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Claudia Ortíz, relató que intentó abrir la puerta del salón, para salir con sus pequeños, pero ésta se trabó por el movimiento telúrico, lo que le hizo gritar desde una ventana de su salón en el primer piso. Al llamar la atención de otra educadora, decidieron sacar a los alumnos desde esta ventana a la planta baja.

Sin conocer aún la tragedia y destrucción, en medio de la que se encontraban, y aunque aún sentían en los pies el movimiento telúrico como si no parara, sacaron fuerzas y mientras ella sacaba a los alumnos por la ventana, abajo el maestro de educación física y educadoras los recibían para ponerlos a salvo.

“Sé que no es la mejor manera, pero lo primero era poner a salvo a mis niños, por quienes doy la vida”, dijo la joven profesora, que aún derrama lágrimas al pensar que algunos de sus niños hubiera sufrido algún daño, pues muy cerca de ahí edificios enteros colapsaron.

“Soy madre y se lo que es de tener un hijo, por eso comprendo a los padres de familia que arribaron de inmediato para verificar que sus vástagos estuvieran y a los cuales abrazaron y colmaron de besos en cuento comprobaron que estaban completos y bien cuidados, luego de que en el recorrido hacía la escuela fueron testigos de la destrucción y muerte que dejo este sismo con el epicentro en el Estado de Morelos.