/ sábado 7 de septiembre de 2019

México brindará atención siquiátrica a los migrantes

El objetivo es prevenir trastornos mentales como miedo, depresión, ansiedad y adicción a sustancias tóxicas; niñas, niños y adolescentes serán prioridad en la estrategia

El estrés al que los migrantes son sometidos durante su detención y el tiempo que permanecen en las estaciones migratorias antes de ser deportados a sus países de origen, ha encendido la alerta del gobierno mexicano ante el riesgo de suicidios.

En una estrategia a cargo de la Secretaría de Salud, el gobierno federal brindará asistencia siquiátrica a los migrantes mexicanos y latinoamericanos, que puedan ser deportados. El objetivo es prevenir trastornos mentales como miedo, depresión, ansiedad y adicción a sustancias tóxicas, que pueden llevarlos incluso al suicidio.

La estrategia contará además con personal del Instituto Nacional de Siquiatría Ramón de la Fuente, el cual será desplegado a los distintos refugios y centros donde los migrantes se encuentran detenidos a la espera de recibir refugio o ser deportados a sus lugares de origen.

Allí se les brindará la terapia necesaria, pero además los medicamentos en casos de emergencia en los que los detenidos ya presenten algún padecimiento mental grave.

Las niñas, niños y adolescentes, muchos de los cuales viajan solos hacia Estados Unidos, serán prioridad en la estrategia, mientras que en el caso de los mexicanos detenidos y en proceso de deportación en la Unión Americana, el apoyo se brindará a través de personal de los 52 consulados con los que cuenta el país en esa nación del norte.

De acuerdo con los expertos, las personas indocumentadas que se encuentran en tránsito o están en riesgo de ser deportados, son más vulnerables a padecer trastornos mentales como depresión, ansiedad e impulsividad, que pueden llevar al suicidio.

“La experiencia migratoria se asocia con vicisitudes que se traducen en problemas sicosociales y en condiciones claramente estresantes que se esperaría puedan resolverse con ciertas estrategias de enfrentamiento”, afirma un documento de la cancillería en el que se da cuenta de la estrategia de salud mental para los migrantes.

Además, añade que, dependiendo de su salud mental previa, de la violencia vivida antes, durante y después de su recorrido y de los recursos personales, una porción menor de los migrantes presentará trastornos mentales (depresión, ansiedad, estrés postraumático y trastornos por abuso de sustancias) y requerirá de servicios especializados.

“Los estudios sobre salud mental y migración sugieren una alta prevalencia de trastornos en la población migrante. Las enfermedades mentales que han sido más reportadas y descritas en migrantes son: trastornos sicóticos, reacciones paranoides con tendencia a desórdenes afectivos, depresión unipolar, ansiedad, dificultades en la adaptación, alcoholismo y estrés postraumático”, subraya el informe.

También revela que los migrantes nacidos en México tienen las tasas más bajas de enfermedad mental, pero ésta se incrementa con el tiempo de vivir en Estados Unidos y con la descendencia generacional, ya que la segunda generación de mexicanos en Estados Unidos tiene tasas de trastornos mentales superiores a las observadas en la población general de aquel país.

El análisis de la SRE añade que, aunque es poco lo que se sabe sobre la salud mental de niños, niñas y adolescentes migrantes, se han descrito algunas dificultades que enfrentan antes, durante y después de migrar. Al inicio del proceso pueden presentar problemas alimentarios, problemas infecciosos, síntomas de ansiedad y de estrés post traumático, dependiendo de la causa de la migración.

También intervienen factores como la situación familiar y social previa. Según UNICEF México, durante la migración, los menores pueden presentar afectaciones físicas como deshidratación, accidentes y lesiones; ser enganchados a redes del crimen organizado; sometidos a explotación sexual o laboral; pueden experimentar problemas emocionales y conductuales, síntomas depresivos y, posterior a la migración pueden experimentar síntomas de depresión, ansiedad, separación, tener dificultades para adaptarse, trastorno por estrés post traumático y conductas suicidas.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Migración, en el primer semestre de 2019 se han presentado ante la autoridad a más de 33 mil niñas, niños y adolescentes, de los cuales 8 mil 250 viajaron sin acompañantes.

La mayoría de los menores llegan a territorio mexicano escapando de sus hogares por diversos problemas como la pobreza o abusos. Otros más, tratan de llegar a Estados Unidos, donde ya se encuentran sus padres.

Un reporte publicado hace unos días por el US Department of Health and Human Services, afirma que los niños migrantes que están siendo separados de sus padres en Estados Unidos, no sólo tienen problema de salud, también sufren de traumas, como los que sufren los soldados que vuelven de la guerra. Algunos niños creen que sus papás murieron, otros que los abandonaron o que siguieron avanzando sin ellos, no saben si van a volver a verlos o si van a salir de ahí, y eso tiene un efecto negativo enorme en su salud mental, advierte.

Mientras más tiempo pasaban sin noticias de sus papás, sin poder llamarlos o verlos, el trauma, el dolor y la ansiedad aumentan, hasta volverse insoportable.

El estrés al que los migrantes son sometidos durante su detención y el tiempo que permanecen en las estaciones migratorias antes de ser deportados a sus países de origen, ha encendido la alerta del gobierno mexicano ante el riesgo de suicidios.

En una estrategia a cargo de la Secretaría de Salud, el gobierno federal brindará asistencia siquiátrica a los migrantes mexicanos y latinoamericanos, que puedan ser deportados. El objetivo es prevenir trastornos mentales como miedo, depresión, ansiedad y adicción a sustancias tóxicas, que pueden llevarlos incluso al suicidio.

La estrategia contará además con personal del Instituto Nacional de Siquiatría Ramón de la Fuente, el cual será desplegado a los distintos refugios y centros donde los migrantes se encuentran detenidos a la espera de recibir refugio o ser deportados a sus lugares de origen.

Allí se les brindará la terapia necesaria, pero además los medicamentos en casos de emergencia en los que los detenidos ya presenten algún padecimiento mental grave.

Las niñas, niños y adolescentes, muchos de los cuales viajan solos hacia Estados Unidos, serán prioridad en la estrategia, mientras que en el caso de los mexicanos detenidos y en proceso de deportación en la Unión Americana, el apoyo se brindará a través de personal de los 52 consulados con los que cuenta el país en esa nación del norte.

De acuerdo con los expertos, las personas indocumentadas que se encuentran en tránsito o están en riesgo de ser deportados, son más vulnerables a padecer trastornos mentales como depresión, ansiedad e impulsividad, que pueden llevar al suicidio.

“La experiencia migratoria se asocia con vicisitudes que se traducen en problemas sicosociales y en condiciones claramente estresantes que se esperaría puedan resolverse con ciertas estrategias de enfrentamiento”, afirma un documento de la cancillería en el que se da cuenta de la estrategia de salud mental para los migrantes.

Además, añade que, dependiendo de su salud mental previa, de la violencia vivida antes, durante y después de su recorrido y de los recursos personales, una porción menor de los migrantes presentará trastornos mentales (depresión, ansiedad, estrés postraumático y trastornos por abuso de sustancias) y requerirá de servicios especializados.

“Los estudios sobre salud mental y migración sugieren una alta prevalencia de trastornos en la población migrante. Las enfermedades mentales que han sido más reportadas y descritas en migrantes son: trastornos sicóticos, reacciones paranoides con tendencia a desórdenes afectivos, depresión unipolar, ansiedad, dificultades en la adaptación, alcoholismo y estrés postraumático”, subraya el informe.

También revela que los migrantes nacidos en México tienen las tasas más bajas de enfermedad mental, pero ésta se incrementa con el tiempo de vivir en Estados Unidos y con la descendencia generacional, ya que la segunda generación de mexicanos en Estados Unidos tiene tasas de trastornos mentales superiores a las observadas en la población general de aquel país.

El análisis de la SRE añade que, aunque es poco lo que se sabe sobre la salud mental de niños, niñas y adolescentes migrantes, se han descrito algunas dificultades que enfrentan antes, durante y después de migrar. Al inicio del proceso pueden presentar problemas alimentarios, problemas infecciosos, síntomas de ansiedad y de estrés post traumático, dependiendo de la causa de la migración.

También intervienen factores como la situación familiar y social previa. Según UNICEF México, durante la migración, los menores pueden presentar afectaciones físicas como deshidratación, accidentes y lesiones; ser enganchados a redes del crimen organizado; sometidos a explotación sexual o laboral; pueden experimentar problemas emocionales y conductuales, síntomas depresivos y, posterior a la migración pueden experimentar síntomas de depresión, ansiedad, separación, tener dificultades para adaptarse, trastorno por estrés post traumático y conductas suicidas.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Migración, en el primer semestre de 2019 se han presentado ante la autoridad a más de 33 mil niñas, niños y adolescentes, de los cuales 8 mil 250 viajaron sin acompañantes.

La mayoría de los menores llegan a territorio mexicano escapando de sus hogares por diversos problemas como la pobreza o abusos. Otros más, tratan de llegar a Estados Unidos, donde ya se encuentran sus padres.

Un reporte publicado hace unos días por el US Department of Health and Human Services, afirma que los niños migrantes que están siendo separados de sus padres en Estados Unidos, no sólo tienen problema de salud, también sufren de traumas, como los que sufren los soldados que vuelven de la guerra. Algunos niños creen que sus papás murieron, otros que los abandonaron o que siguieron avanzando sin ellos, no saben si van a volver a verlos o si van a salir de ahí, y eso tiene un efecto negativo enorme en su salud mental, advierte.

Mientras más tiempo pasaban sin noticias de sus papás, sin poder llamarlos o verlos, el trauma, el dolor y la ansiedad aumentan, hasta volverse insoportable.

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