/ domingo 23 de junio de 2019

La Marcha y el Movimiento… ahora estamos en México

El movimiento lésbico-gay en nuestro país ha recorrido un largo camino para llegar hasta el día de hoy

El objetivo del presente texto es humilde, pues sólo pretende hacer un muy resumido repaso de lo que fue el Movimiento que propició la Marcha del Orgullo que todos los años viste de colores, de formas de ser y de una inmensa y festiva diversidad a Ciudad de México, la misma que se nutre de contingentes provenientes de todas partes del país.

Desde antes de 1968, ya existían grupos muy aislados de personas que, así, justamente desde su aislamiento, reflexionaban sobre la necesidad de sacar a la luz su estilo de vida y de abordar la sexualidad humana como un tema importante para el país. Pero no fue sino en medio de una marcha ese mismo año en el entonces Distrito Federal, para protestar por la matanza estudiantil recién ocurrida, que un pequeñísimo contingente de homosexuales se atrevió a hacerse visible. Decir esto hoy en día parece una nimiedad, pero para la época no lo fue en absoluto. Todo lo contrario.

De este histórico y extremadamente valiente grupito, surgió otro grupo algo más amplio, esta vez particularmente organizado, que saldría ya en forma como marcha independiente a las calles en 1979 para gritar fuerte y claro “sí, existimos, estamos aquí, y sí, somos homosexuales”. Aquel grupo a la postre se dividiría en dos, uno llamado Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) y el otro Grupo Lambda de Liberación Homosexual.

Las lesbianas

Fue en 1975 cuando, por primera vez, la palabra lesbiana aparece en un diario de circulación nacional. El Excélsior cubría una nota a propósito de la Tribuna Internacional de la Mujer, organizada en el Distrito Federal, en donde una joven australiana había tomado la palabra proponiendo que se discutiera en la mesa “el derecho de las mujeres al lesbianismo (sic)”.

El contexto era propicio, pues ese año también se había organizado en nuestro país el 4to Congreso Mundial de Sexología y el Grupo Lambda había participado enviando un documento en donde denunciaba la represión del sistema no sólo en el sentido político, ese que institucionalizaba toda una Revolución, sino denunciando, en el mismo brutal sentido, la institucionalización de la heterosexualidad misma.

Las feministas heterosexuales no apoyaron a las homosexuales en dicho evento, así que las lesbianas reforzaron su activismo al incorporarse al Frente Nacional para la Liberación de las Mujeres y al Frente Nacional contra la Represión; desde ahí se dedicaron a abrir el debate sexual en sindicatos (SITUAM, STUNAM) y en partidos políticos (PRT y PCM). Se establecieron lazos con otros movimientos, así como ciertas relaciones con algunos medios de comunicación sin dejar de fortalecer el trabajo organizado que cada año mejoraba la logística de la Marcha del Orgullo.

En 1982 surgió un Comité de Lesbianas y Homosexuales que apoyó la candidatura de la primera mujer que compitió por la presidencia de la República. Año difícil en términos económicos y de poca apertura hacia el desarrollo y los vientos de cambio, 1982 sería el año en el cual, a pesar del gran impulso con el que había nacido, el Movimiento comenzaría a desdibujarse. Había personajes y corrientes cuya encendida confrontación comenzó a dar visos de abierta división.

No obstante, desde otras trincheras, grupos de lesbianas reforzaron la influencia de su discurso aprovechando los puentes tendidos y su contacto con feministas latinoamericanas.

Contra todo pronóstico, es tal la contundencia de su trabajo que en 1987 se realiza en México el Primer Encuentro de Lesbianas Latinoamericanas y del Caribe. ¿Resultado? Nace la Coordinadora Nacional de Lesbianas Feministas, es decir, las primeras mujeres abiertamente defensoras de la libre opción sexual en 1990.

El Movimiento Lésbico-Feminista adquiere una relevancia mundial y su eco retumbará en eventos de gran envergadura como la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en Viena en 1993, en la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo en El Cairo en 1994 y en la Conferencia Mundial sobre las Mujeres en Beijing en 1995, al poner en casi todas las discusiones los derechos sexuales como un tema fundamental.

¿Putos o Gays?

Ya hemos mencionado a los dos grupos más importantes que surgieron, y al igual que muchos otros grupos de activistas de otros movimientos que luchaban por temas diversos, el de liberación homosexual no estuvo exento de sufrir grandes divisiones como resultado de la inevitable influencia de la entonces llamada Guerra Fría.

Así, la vanguardia homosexual cayó en una división y en una cadena de discusiones eternas que hicieron que perdiera de vista su verdadero objetivo, realidad que sólo la llevó a profundizar las diferencias de estrategia y de planteamiento entre sus líderes más representativos.

El FHAR y Lambda sencillamente se fracturaron, se deshermanaron. El primero se colocó en el ala radical, de corte marxista, y el segundo en el ala más moderada, de corte occidental. Ambos trabajaron con células y comités que arrojaron organizaciones civiles importantes. Del FHAR salió el Colectivo Sol, grupo de lucha contra el sida.

El Condomóvil es el famoso vochito que surgió de ese Colectivo y que en la actualidad representa a una asociación que no sólo reparte condones, sino que también realiza pruebas rápidas de detección de VIH e imparte talleres de educación sexual.

Cálamo, por su parte, fue la primera asociación civil que tuvo la valentía de acudir a registrarse como una asociación abiertamente homosexual en la historia de México. En épocas institucionalmente homófobas. Y esta surgió del Grupo Lambda.

En fin, que estos grupos se fueron enfrascando cada vez más en enfrentamientos y debates que, de cualquier modo, en el fondo trataban de responder a la misma pregunta: ¿cómo debía ser la liberación homosexual mexicana? ¿Qué somos?

El FHAR decía que “las locas” debían de ser eso, unas locas (siempre hombres, acá no cabían las mujeres) cuyo aspecto de obrero feo, moreno, travesti, retador y demoledor debía ser la norma, de lo contrario, los homosexuales mexicanos se estarían avergonzando de sí mismos. Serían algo así como unos homófobos por no vestirse de mujer en plan “¡A güevo, soy puto! ¡Y qué! ¿Qué me ves? ¿Algún pedo, cabrón?”

Para Lambda, eso no se podía imponer a rajatabla, esa no era la única vía para salir del clóset, pues no existe sólo una forma de ser homosexual y la homosexualidad no sólo tenía que concebirse única y exclusivamente masculina, por lo que las manifestaciones de esa preferencia podían ser muy diversas y diferentes entre sí.

Al final, la polarización y la radicalidad hicieron que el debate bajara mucho de nivel hasta concentrarse, por ejemplo, en ver qué tan verdaderamente obrero o qué tan burgués se era. Los personajes del movimiento, intelectuales o no, se confrontaban un día sí y el otro también por el mundo de la jotería, por esa forma de abordar y de categorizar la realidad entera en femenino, todo el tiempo. Los que se quedaban en esa realidad, se radicalizaban aún más, y los que no, se invisibilizaban, todo, sin dejar de criticarse mutuamente.

La salida del clóset, bandera y objetivo vital de entonces, por ejemplo, y su gran importancia política para una verdadera liberación de la sociedad (remember Milk), quedó, así pues, a la deriva.

El VIH y el Movimiento

Una de las principales consignas callejeras de este peculiar Movimiento de Liberación de la sexualidad humana fue el inalienable derecho al placer.

A diferencia de otros movimientos de liberación homosexual en el mundo, la defensa del orgasmo como un derecho fundamental era la síntesis de todo un planteamiento político del mexicano.

Fueron innumerables las acciones que se llevaron a cabo para hablar al respecto. Ya se estaba profundizando medianamente en el tema cuando, sin mediar palabra, apareció en el panorama el Virus de Inmunodeficiencia Humana, el VIH, en 1980. Y, al igual que otras epidemias en otras épocas en el mundo entero, ésta dio pie para que los sectores más conservadores y atrasados del país condenaran esa lucha “promiscua y pecaminosa” por el mal llamado, cochino, desviado y maldito placer.

Hasta el mundo nacional de la ciencia se subió al tren de la condena social llamando de botepronto a la epidemia, así, sin ninguna justificación científica concreta y seriamente reconocida, “la pandemia rosa”, pues afirmaron que todas las víctimas mortales del virus eran homosexuales. Y si esto ocurrió entre la comunidad científica…

Todos los sectores, todos los grupos, todo mundo le entró a la fiesta de la sidificación de la homosexualidad. Tal vez por eso, quien no se llamara, se identificara o se asumiera a sí mismo como homosexual se permitió sexualmente, en sus muy particulares mundos privados, todo e hizo de todo, y, así, la proliferación del VIH a partir de entonces experimentó un vertiginoso crecimiento sin precedentes… ¡brutal!

Miles de hombres homosexuales, sobre todo, sucumbieron ante la infección e irónicamente la vanguardia del Movimiento de Liberación se vio obligada a dejar a un lado sus diferencias ideológicas y de estrategia para aglutinarse en función del nuevo y peligroso enemigo. De hecho, fue así, en medio del total abandono institucional y con la discriminación más feroz y exacerbada que se recuerde, como los homosexuales mexicanos se embarcaron en una difícil y encarnizada lucha sin tregua.

Fue así que grupos como Cálamo y AVE ampliaron su visión más allá del activismo político ofreciendo los primeros talleres de sexualidad protegida. De hecho, de Cálamo surgieron los primeros trípticos mexicanos en donde se explicaba cómo ponerse correctamente un condón. ¡La primera campaña de salud para la comunidad, pues!

Revolución Cultural

En las décadas de los 80 y 90, por lo ya escrito, se dio una verdadera Revolución Cultural, pues las demandas de aquel primigenio Movimiento Lésbico-Gay, ligadas a las reflexiones de varios librepensadores, propiciaron poco a poco una apertura a varios niveles en amplios sectores de la sociedad mexicana, tan arraigada en ciertas costumbres e hipocresías propias de su también histórico conservadurismo.

El tiempo ha pasado. Hay miles de muertos por la enfermedad y asesinatos de odio de quien nadie se acuerda. Y, no obstante, se han dado grandes batallas. En la actualidad se ejercen en varias partes del país muchos derechos que escaparían al imaginario de los años 60 del siglo pasado, y con las modificaciones pertinentes al Código Civil Federal y a la Constitución, con el respaldo del poder judicial, hoy en varias partes del país ya es una realidad el matrimonio igualitario.

Ya hemos tenido representantes formales de la comunidad en el Congreso. Hoy las personas LGBTTTI pueden besarse en la calle, hoy pueden construir y constituir sus amores bajo un millón de esquemas y sin miedo, hoy pueden ser legalmente de otro género, hoy pueden conformar familias en la diversidad, hoy pueden tener o adoptar hijos, hoy pueden travestirse, hoy pueden machorrear, jotear y hablar no sólo de antros, de concursos, de disfraces, de política, de atentados en el país y en otras partes y de desmadre… Sí, hoy podemos, si eso nos place.

Y sin embargo, sí, hoy en día, 2109, paradójicamente también van en aumento los crímenes de odio, hoy continúan sin pudor los llamados a la exclusión del diferente, hoy es más descarada la estrecha relación de líderes religiosos y políticos, la inacabada discriminación, la paradójica homofobia closetera de homosexuales con poder, entre intelectuales y políticos, la eterna crítica a la Marcha por ser a veces muy antrera y desmadrosa o muy política y de hueva… un enorme olvido y, sobre todo, una renovada y absurda división que ha llegado incluso a escenarios de traición (el año pasado, un par de lesbianas intentó con uñas y dientes llegar al Senado, una desde lo público y la otra desde las cloacas, realizando pactos oscuros con personajes partidistas, pasando por encima de la candidatura de un líder del movimiento histórico), que, para el caso, nos habrá de recordar que sí, que ayer hubo y que hoy hay una Marcha, un Pride, como muchos ahora la llaman… ese eco festivo de un otrora gran y precursor Movimiento de Liberación Sexual en nuestro país.

Aún hay mucho por hacer. Hay mucho que reflexionar y aprender. Estamos en todos lados. A pesar de su conservadurismo, hasta en este nuevo gobierno federal estamos. Hemos ido acumulando demasiados errores, pero también el avance representa un gigantesco salto.

Hoy bailemos, felicitémonos, besémonos.

Cerremos junio, pues, llevando el Orgullo de lo que somos bien en alto.

El objetivo del presente texto es humilde, pues sólo pretende hacer un muy resumido repaso de lo que fue el Movimiento que propició la Marcha del Orgullo que todos los años viste de colores, de formas de ser y de una inmensa y festiva diversidad a Ciudad de México, la misma que se nutre de contingentes provenientes de todas partes del país.

Desde antes de 1968, ya existían grupos muy aislados de personas que, así, justamente desde su aislamiento, reflexionaban sobre la necesidad de sacar a la luz su estilo de vida y de abordar la sexualidad humana como un tema importante para el país. Pero no fue sino en medio de una marcha ese mismo año en el entonces Distrito Federal, para protestar por la matanza estudiantil recién ocurrida, que un pequeñísimo contingente de homosexuales se atrevió a hacerse visible. Decir esto hoy en día parece una nimiedad, pero para la época no lo fue en absoluto. Todo lo contrario.

De este histórico y extremadamente valiente grupito, surgió otro grupo algo más amplio, esta vez particularmente organizado, que saldría ya en forma como marcha independiente a las calles en 1979 para gritar fuerte y claro “sí, existimos, estamos aquí, y sí, somos homosexuales”. Aquel grupo a la postre se dividiría en dos, uno llamado Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) y el otro Grupo Lambda de Liberación Homosexual.

Las lesbianas

Fue en 1975 cuando, por primera vez, la palabra lesbiana aparece en un diario de circulación nacional. El Excélsior cubría una nota a propósito de la Tribuna Internacional de la Mujer, organizada en el Distrito Federal, en donde una joven australiana había tomado la palabra proponiendo que se discutiera en la mesa “el derecho de las mujeres al lesbianismo (sic)”.

El contexto era propicio, pues ese año también se había organizado en nuestro país el 4to Congreso Mundial de Sexología y el Grupo Lambda había participado enviando un documento en donde denunciaba la represión del sistema no sólo en el sentido político, ese que institucionalizaba toda una Revolución, sino denunciando, en el mismo brutal sentido, la institucionalización de la heterosexualidad misma.

Las feministas heterosexuales no apoyaron a las homosexuales en dicho evento, así que las lesbianas reforzaron su activismo al incorporarse al Frente Nacional para la Liberación de las Mujeres y al Frente Nacional contra la Represión; desde ahí se dedicaron a abrir el debate sexual en sindicatos (SITUAM, STUNAM) y en partidos políticos (PRT y PCM). Se establecieron lazos con otros movimientos, así como ciertas relaciones con algunos medios de comunicación sin dejar de fortalecer el trabajo organizado que cada año mejoraba la logística de la Marcha del Orgullo.

En 1982 surgió un Comité de Lesbianas y Homosexuales que apoyó la candidatura de la primera mujer que compitió por la presidencia de la República. Año difícil en términos económicos y de poca apertura hacia el desarrollo y los vientos de cambio, 1982 sería el año en el cual, a pesar del gran impulso con el que había nacido, el Movimiento comenzaría a desdibujarse. Había personajes y corrientes cuya encendida confrontación comenzó a dar visos de abierta división.

No obstante, desde otras trincheras, grupos de lesbianas reforzaron la influencia de su discurso aprovechando los puentes tendidos y su contacto con feministas latinoamericanas.

Contra todo pronóstico, es tal la contundencia de su trabajo que en 1987 se realiza en México el Primer Encuentro de Lesbianas Latinoamericanas y del Caribe. ¿Resultado? Nace la Coordinadora Nacional de Lesbianas Feministas, es decir, las primeras mujeres abiertamente defensoras de la libre opción sexual en 1990.

El Movimiento Lésbico-Feminista adquiere una relevancia mundial y su eco retumbará en eventos de gran envergadura como la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en Viena en 1993, en la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo en El Cairo en 1994 y en la Conferencia Mundial sobre las Mujeres en Beijing en 1995, al poner en casi todas las discusiones los derechos sexuales como un tema fundamental.

¿Putos o Gays?

Ya hemos mencionado a los dos grupos más importantes que surgieron, y al igual que muchos otros grupos de activistas de otros movimientos que luchaban por temas diversos, el de liberación homosexual no estuvo exento de sufrir grandes divisiones como resultado de la inevitable influencia de la entonces llamada Guerra Fría.

Así, la vanguardia homosexual cayó en una división y en una cadena de discusiones eternas que hicieron que perdiera de vista su verdadero objetivo, realidad que sólo la llevó a profundizar las diferencias de estrategia y de planteamiento entre sus líderes más representativos.

El FHAR y Lambda sencillamente se fracturaron, se deshermanaron. El primero se colocó en el ala radical, de corte marxista, y el segundo en el ala más moderada, de corte occidental. Ambos trabajaron con células y comités que arrojaron organizaciones civiles importantes. Del FHAR salió el Colectivo Sol, grupo de lucha contra el sida.

El Condomóvil es el famoso vochito que surgió de ese Colectivo y que en la actualidad representa a una asociación que no sólo reparte condones, sino que también realiza pruebas rápidas de detección de VIH e imparte talleres de educación sexual.

Cálamo, por su parte, fue la primera asociación civil que tuvo la valentía de acudir a registrarse como una asociación abiertamente homosexual en la historia de México. En épocas institucionalmente homófobas. Y esta surgió del Grupo Lambda.

En fin, que estos grupos se fueron enfrascando cada vez más en enfrentamientos y debates que, de cualquier modo, en el fondo trataban de responder a la misma pregunta: ¿cómo debía ser la liberación homosexual mexicana? ¿Qué somos?

El FHAR decía que “las locas” debían de ser eso, unas locas (siempre hombres, acá no cabían las mujeres) cuyo aspecto de obrero feo, moreno, travesti, retador y demoledor debía ser la norma, de lo contrario, los homosexuales mexicanos se estarían avergonzando de sí mismos. Serían algo así como unos homófobos por no vestirse de mujer en plan “¡A güevo, soy puto! ¡Y qué! ¿Qué me ves? ¿Algún pedo, cabrón?”

Para Lambda, eso no se podía imponer a rajatabla, esa no era la única vía para salir del clóset, pues no existe sólo una forma de ser homosexual y la homosexualidad no sólo tenía que concebirse única y exclusivamente masculina, por lo que las manifestaciones de esa preferencia podían ser muy diversas y diferentes entre sí.

Al final, la polarización y la radicalidad hicieron que el debate bajara mucho de nivel hasta concentrarse, por ejemplo, en ver qué tan verdaderamente obrero o qué tan burgués se era. Los personajes del movimiento, intelectuales o no, se confrontaban un día sí y el otro también por el mundo de la jotería, por esa forma de abordar y de categorizar la realidad entera en femenino, todo el tiempo. Los que se quedaban en esa realidad, se radicalizaban aún más, y los que no, se invisibilizaban, todo, sin dejar de criticarse mutuamente.

La salida del clóset, bandera y objetivo vital de entonces, por ejemplo, y su gran importancia política para una verdadera liberación de la sociedad (remember Milk), quedó, así pues, a la deriva.

El VIH y el Movimiento

Una de las principales consignas callejeras de este peculiar Movimiento de Liberación de la sexualidad humana fue el inalienable derecho al placer.

A diferencia de otros movimientos de liberación homosexual en el mundo, la defensa del orgasmo como un derecho fundamental era la síntesis de todo un planteamiento político del mexicano.

Fueron innumerables las acciones que se llevaron a cabo para hablar al respecto. Ya se estaba profundizando medianamente en el tema cuando, sin mediar palabra, apareció en el panorama el Virus de Inmunodeficiencia Humana, el VIH, en 1980. Y, al igual que otras epidemias en otras épocas en el mundo entero, ésta dio pie para que los sectores más conservadores y atrasados del país condenaran esa lucha “promiscua y pecaminosa” por el mal llamado, cochino, desviado y maldito placer.

Hasta el mundo nacional de la ciencia se subió al tren de la condena social llamando de botepronto a la epidemia, así, sin ninguna justificación científica concreta y seriamente reconocida, “la pandemia rosa”, pues afirmaron que todas las víctimas mortales del virus eran homosexuales. Y si esto ocurrió entre la comunidad científica…

Todos los sectores, todos los grupos, todo mundo le entró a la fiesta de la sidificación de la homosexualidad. Tal vez por eso, quien no se llamara, se identificara o se asumiera a sí mismo como homosexual se permitió sexualmente, en sus muy particulares mundos privados, todo e hizo de todo, y, así, la proliferación del VIH a partir de entonces experimentó un vertiginoso crecimiento sin precedentes… ¡brutal!

Miles de hombres homosexuales, sobre todo, sucumbieron ante la infección e irónicamente la vanguardia del Movimiento de Liberación se vio obligada a dejar a un lado sus diferencias ideológicas y de estrategia para aglutinarse en función del nuevo y peligroso enemigo. De hecho, fue así, en medio del total abandono institucional y con la discriminación más feroz y exacerbada que se recuerde, como los homosexuales mexicanos se embarcaron en una difícil y encarnizada lucha sin tregua.

Fue así que grupos como Cálamo y AVE ampliaron su visión más allá del activismo político ofreciendo los primeros talleres de sexualidad protegida. De hecho, de Cálamo surgieron los primeros trípticos mexicanos en donde se explicaba cómo ponerse correctamente un condón. ¡La primera campaña de salud para la comunidad, pues!

Revolución Cultural

En las décadas de los 80 y 90, por lo ya escrito, se dio una verdadera Revolución Cultural, pues las demandas de aquel primigenio Movimiento Lésbico-Gay, ligadas a las reflexiones de varios librepensadores, propiciaron poco a poco una apertura a varios niveles en amplios sectores de la sociedad mexicana, tan arraigada en ciertas costumbres e hipocresías propias de su también histórico conservadurismo.

El tiempo ha pasado. Hay miles de muertos por la enfermedad y asesinatos de odio de quien nadie se acuerda. Y, no obstante, se han dado grandes batallas. En la actualidad se ejercen en varias partes del país muchos derechos que escaparían al imaginario de los años 60 del siglo pasado, y con las modificaciones pertinentes al Código Civil Federal y a la Constitución, con el respaldo del poder judicial, hoy en varias partes del país ya es una realidad el matrimonio igualitario.

Ya hemos tenido representantes formales de la comunidad en el Congreso. Hoy las personas LGBTTTI pueden besarse en la calle, hoy pueden construir y constituir sus amores bajo un millón de esquemas y sin miedo, hoy pueden ser legalmente de otro género, hoy pueden conformar familias en la diversidad, hoy pueden tener o adoptar hijos, hoy pueden travestirse, hoy pueden machorrear, jotear y hablar no sólo de antros, de concursos, de disfraces, de política, de atentados en el país y en otras partes y de desmadre… Sí, hoy podemos, si eso nos place.

Y sin embargo, sí, hoy en día, 2109, paradójicamente también van en aumento los crímenes de odio, hoy continúan sin pudor los llamados a la exclusión del diferente, hoy es más descarada la estrecha relación de líderes religiosos y políticos, la inacabada discriminación, la paradójica homofobia closetera de homosexuales con poder, entre intelectuales y políticos, la eterna crítica a la Marcha por ser a veces muy antrera y desmadrosa o muy política y de hueva… un enorme olvido y, sobre todo, una renovada y absurda división que ha llegado incluso a escenarios de traición (el año pasado, un par de lesbianas intentó con uñas y dientes llegar al Senado, una desde lo público y la otra desde las cloacas, realizando pactos oscuros con personajes partidistas, pasando por encima de la candidatura de un líder del movimiento histórico), que, para el caso, nos habrá de recordar que sí, que ayer hubo y que hoy hay una Marcha, un Pride, como muchos ahora la llaman… ese eco festivo de un otrora gran y precursor Movimiento de Liberación Sexual en nuestro país.

Aún hay mucho por hacer. Hay mucho que reflexionar y aprender. Estamos en todos lados. A pesar de su conservadurismo, hasta en este nuevo gobierno federal estamos. Hemos ido acumulando demasiados errores, pero también el avance representa un gigantesco salto.

Hoy bailemos, felicitémonos, besémonos.

Cerremos junio, pues, llevando el Orgullo de lo que somos bien en alto.

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