/ miércoles 15 de marzo de 2017

Elección histórica en Holanda: a favor o en contra del populismo

PARÍS, Francia (OEM-Informex).- En las elecciones más importantes de su historia moderna, Holanda acude hoy a las urnas para decidir si se deja seducir por las sirenas de la extrema derecha populista, xenófoba y anti-islámica o prefiere mantener su tradición de país basado en el consenso, la pluralidad y la tolerancia.

Preludio a las decisivas consultas previstas para los próximos meses en Francia, Alemania y tal vez Italia, las elecciones legislativas en Holanda permitirán calibrar el nivel de descontento que reina en Europa después de los votos de protesta que conmovieron a los países industrializados en los últimos 10 meses: el referéndum sobre el Brexit, que decidió la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), y la sorpresiva victoria de Donald Trump en Estados Unidos.

La clave de la elección será el resultado que obtenga el Partido por la Libertad (PVV) del líder racista y anti-musulmán Geert Wilders. Hasta la semana pasada, los sondeos le atribuían una ajustada victoria, suficiente para proclamar el comienzo de una “revolución nacionalista y popular que transformará Europa”. Esa tendencia, sin embargo, se invirtió en los últimos días, cuando el Partido Popular y Demócrata (VVD) del primer ministro Mark Rutte pasó a encabezar los sondeos con 26 diputados contra 23 del PVV.

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Esas previsiones, sin embargo, abren numerosas incógnitas porque a comienzos de semana, 75 por ciento de los 12.9 millones de electores todavía no sabía por quién iba a votar. Esos “votantes flotantes” son la pesadilla de la clase política, sobre todo este año que estará marcado por un fuerte repliegue de los partidos tradicionales y una proliferación de pequeñas fuerzas que representan intereses específicos. “Es el síntoma de una sociedad dividida que se está desintegrando”, según el historiador René Cuperus.

En estas elecciones participarán no menos de 28 partidos, muchos de ellos recién formados. Las encuestas prevén que al menos 14 obtendrán representación parlamentaria y que ocho de ellos lograrán más de 10 escaños, lo que obligará a realizar prodigios de equilibrio para formar un Gobierno sostenido por una mayoría estable.

La pérdida de confianza de los electores en las fuerzas tradicionales explica el debilitamiento que sufrieron los tres principales partidos holandeses en las últimas dos décadas: en los años 80 representaban 80 por ciento del electorado y ahora apenas entusiasman a 40 por ciento de los volantes.

Llegar en primer lugar, en realidad, no significa obtener la victoria en un país que tiene una cámara de diputados de 150 escaños y una fuerte preferencia por la formación de gobiernos basados en un consenso con el mayor respaldo parlamentario posible. Esa tradición excluye la posibilidad de que Geert Wilders, de 53 años, pueda convertirse en el nuevo primer ministro holandés. Para formar una coalición estable es necesario el apoyo de por lo menos cuatro partidos, lo que permite crear un “cordón sanitario” de protección de la democracia. Casi todas las formaciones han anticipado que no aceptarán una cooperación con el PVV.

Más información: 

Aun así, una victoria Wilders -aunque sea pírrica- constituiría un mal augurio para Europa, capaz de impulsar a las formaciones populistas que están al acecho del poder en Francia, Alemania, Italia y otros países europeos. Ese es precisamente el objetivo que persigue Wilders.

Su mayor ambición por ahora consiste en convertirse en la segunda fuerza política del país -como el Frente Nacional (FN) de extrema derecha en Francia o el Movimiento Cinco Estrellas en Italia- y la principal fuerza de oposición.

En ese contexto, todo parece indicar que la nueva coalición se articulará en torno del VVD del primer ministro Mark Rutte

Cualquiera sea el resultado final, Wilders ya ganó la batalla de los cerebros, pues consiguió imponer sus temas no solo en la campaña electoral, sino en las entrañas del país. El resultado de hoy permitirá saber si este país de prosperidad y tolerancia pudo superar el desafío populista o si la amenaza es solo una condena en suspenso que algún día terminará por cumplirse.

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Cifras clave

Las elecciones en Holanda serán el primer test del crucial calendario electoral de 2017, que permitirá tomar la temperatura del populismo en Europa. Estos son los datos clave de esa consulta:

• Inscriptos: 12.9 millones de electores

• Segunda Cámara (diputados): 150 escaños

• Mayoría: 76. Nunca un partido alcanzó esa cifra. Desde hace más de un siglo Holanda estuvo siempre por coaliciones

• Partidos: 28 reconocidos oficialmente, cifra récord desde la Segunda Guerra Mundial.

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Las dos caras de la moneda

Holanda es uno de los países más prósperos de Europa. En 2016 tuvo un crecimiento de 2.3 por ciento, el desempleo afecta solo al 5.4 por ciento de la población, figura en el 11 por ciento puesto de los países con más alto nivel del planeta con un ingreso de 50.846 dólares anuales en 2016 (contra 29.512 en 1990) y posee un sistema jubilatorio envidiable.

Las encuestas revelan que aún hoy 90 por ciento de la población se considera feliz, aunque estima que el “país va mal”. Pese a todo, los holandeses sufren el síndrome del paraíso perdido y viven sumergidos en un pozo de pesimismo negro, y desde hace 20 años se interrogan frenéticamente sobre su identidad y su futuro.

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El ensayista Joost Niemöller afirma que la causa del “gran mal holandés” es la “inmigración masiva que cambió la composición de la población”. Sobre un total de 17 millones de habitantes, hay 2 millones de inmigrantes y refugiados, con una alta proporción de musulmanes, a los cuales Wilders llama la “escoria invasora”.

“Un tercio del país ve el futuro con aprensión y teme el estallido de una guerra en los próximos años. Cuando más joven es la persona, más elevado es el temor a la guerra”, asegura Joost Niemöller.

Cuando la mezcla de esos sentimientos termina en el fondo de las

PARÍS, Francia (OEM-Informex).- En las elecciones más importantes de su historia moderna, Holanda acude hoy a las urnas para decidir si se deja seducir por las sirenas de la extrema derecha populista, xenófoba y anti-islámica o prefiere mantener su tradición de país basado en el consenso, la pluralidad y la tolerancia.

Preludio a las decisivas consultas previstas para los próximos meses en Francia, Alemania y tal vez Italia, las elecciones legislativas en Holanda permitirán calibrar el nivel de descontento que reina en Europa después de los votos de protesta que conmovieron a los países industrializados en los últimos 10 meses: el referéndum sobre el Brexit, que decidió la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), y la sorpresiva victoria de Donald Trump en Estados Unidos.

La clave de la elección será el resultado que obtenga el Partido por la Libertad (PVV) del líder racista y anti-musulmán Geert Wilders. Hasta la semana pasada, los sondeos le atribuían una ajustada victoria, suficiente para proclamar el comienzo de una “revolución nacionalista y popular que transformará Europa”. Esa tendencia, sin embargo, se invirtió en los últimos días, cuando el Partido Popular y Demócrata (VVD) del primer ministro Mark Rutte pasó a encabezar los sondeos con 26 diputados contra 23 del PVV.

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Esas previsiones, sin embargo, abren numerosas incógnitas porque a comienzos de semana, 75 por ciento de los 12.9 millones de electores todavía no sabía por quién iba a votar. Esos “votantes flotantes” son la pesadilla de la clase política, sobre todo este año que estará marcado por un fuerte repliegue de los partidos tradicionales y una proliferación de pequeñas fuerzas que representan intereses específicos. “Es el síntoma de una sociedad dividida que se está desintegrando”, según el historiador René Cuperus.

En estas elecciones participarán no menos de 28 partidos, muchos de ellos recién formados. Las encuestas prevén que al menos 14 obtendrán representación parlamentaria y que ocho de ellos lograrán más de 10 escaños, lo que obligará a realizar prodigios de equilibrio para formar un Gobierno sostenido por una mayoría estable.

La pérdida de confianza de los electores en las fuerzas tradicionales explica el debilitamiento que sufrieron los tres principales partidos holandeses en las últimas dos décadas: en los años 80 representaban 80 por ciento del electorado y ahora apenas entusiasman a 40 por ciento de los volantes.

Llegar en primer lugar, en realidad, no significa obtener la victoria en un país que tiene una cámara de diputados de 150 escaños y una fuerte preferencia por la formación de gobiernos basados en un consenso con el mayor respaldo parlamentario posible. Esa tradición excluye la posibilidad de que Geert Wilders, de 53 años, pueda convertirse en el nuevo primer ministro holandés. Para formar una coalición estable es necesario el apoyo de por lo menos cuatro partidos, lo que permite crear un “cordón sanitario” de protección de la democracia. Casi todas las formaciones han anticipado que no aceptarán una cooperación con el PVV.

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Aun así, una victoria Wilders -aunque sea pírrica- constituiría un mal augurio para Europa, capaz de impulsar a las formaciones populistas que están al acecho del poder en Francia, Alemania, Italia y otros países europeos. Ese es precisamente el objetivo que persigue Wilders.

Su mayor ambición por ahora consiste en convertirse en la segunda fuerza política del país -como el Frente Nacional (FN) de extrema derecha en Francia o el Movimiento Cinco Estrellas en Italia- y la principal fuerza de oposición.

En ese contexto, todo parece indicar que la nueva coalición se articulará en torno del VVD del primer ministro Mark Rutte

Cualquiera sea el resultado final, Wilders ya ganó la batalla de los cerebros, pues consiguió imponer sus temas no solo en la campaña electoral, sino en las entrañas del país. El resultado de hoy permitirá saber si este país de prosperidad y tolerancia pudo superar el desafío populista o si la amenaza es solo una condena en suspenso que algún día terminará por cumplirse.

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Cifras clave

Las elecciones en Holanda serán el primer test del crucial calendario electoral de 2017, que permitirá tomar la temperatura del populismo en Europa. Estos son los datos clave de esa consulta:

• Inscriptos: 12.9 millones de electores

• Segunda Cámara (diputados): 150 escaños

• Mayoría: 76. Nunca un partido alcanzó esa cifra. Desde hace más de un siglo Holanda estuvo siempre por coaliciones

• Partidos: 28 reconocidos oficialmente, cifra récord desde la Segunda Guerra Mundial.

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Las dos caras de la moneda

Holanda es uno de los países más prósperos de Europa. En 2016 tuvo un crecimiento de 2.3 por ciento, el desempleo afecta solo al 5.4 por ciento de la población, figura en el 11 por ciento puesto de los países con más alto nivel del planeta con un ingreso de 50.846 dólares anuales en 2016 (contra 29.512 en 1990) y posee un sistema jubilatorio envidiable.

Las encuestas revelan que aún hoy 90 por ciento de la población se considera feliz, aunque estima que el “país va mal”. Pese a todo, los holandeses sufren el síndrome del paraíso perdido y viven sumergidos en un pozo de pesimismo negro, y desde hace 20 años se interrogan frenéticamente sobre su identidad y su futuro.

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“Un tercio del país ve el futuro con aprensión y teme el estallido de una guerra en los próximos años. Cuando más joven es la persona, más elevado es el temor a la guerra”, asegura Joost Niemöller.

Cuando la mezcla de esos sentimientos termina en el fondo de las