/ lunes 19 de octubre de 2015

La risa, un antídoto pasajero para migrantes en pleno periplo por Europa

Austria.- Resguardados del frío en un paso subterráneo de la estación de tren de Viena, donde esperan seguir su periplo, los migrantes se desternillan, gracias a un grupo de payasos que les hace olvidar su sufrimiento, por un rato. Narices rojas, pantalones abombados, acordeones y una sucesión de números: el pequeño grupo es observado primero con prudencia, antes de provocar una risa general, entre pequeños y adultos. "No necesitamos hablar la misma lengua, basta reír juntos para establecer un contacto", se felicita Simone Mang, una de las organizadoras.

[caption id="attachment_46648" align="alignright" width="300"] Los miembros de los "doctores payaso de la nariz roja" realizan actividades para los migrantes. Foto: AFP[/caption]

Su asociación, Narices Rojas, forma parte de las decenas de colectivos que se movilizaron en Austria para facilitar la acogida y el tránsito hacia Alemania de más de 250.000 migrantes en los últimos meses. "Los niños necesitan un poco de tiempo para ellos, para poder jugar, reír y olvidar todo lo que les pasa", dice Mang. En el subterráneo de la estación, el objetivo parece cumplido. Decenas de niños y padres ríen, chocan de manos con los payasos, lo filman todo con sus teléfonos. Los niños bailan con cintas y panderetas, antes de ser conducidos a una sala acondicionada para que puedan dibujar y jugar. "Están felices. Al fin, hallan un poco de paz", afirma Hosam, un padre de familia palestino, que señala a sus cuatro hijos haciendo pompas de jabón y saltando sobre colchonetas. "Huí de mi país por ellos, por su futuro. Para que tengan una buena educación, una buena vida, si Dios quiere", añade. - Las risas y el sufrimiento - Para los voluntarios de las Narices Rojas - una asociación nacida en Austria en 1994 para entretener a los niños hospitalizados que se ha extendido a una decena de países -, bromear con gente que se ha jugado la vida para llegar a Europa no se puede tomar a la ligera. "Hay que prestar atención a quienes se quedan en silencio, a los seres humanos detrás de los rostros. Percibimos el viaje que han hecho, sus sufrimientos", confía Marie Miklau, una voluntaria que junto a otros 65 colegas siguió una formación de payaso. Pero vale la pena. "Las reacciones son increíbles. Hay tantos ojos magníficos, miradas claras y directas", subraya esta mujer de 37 años. Paralelamente a los esfuerzos del Estado y las colectividades locales, en Austria se multiplican las iniciativas ciudadanas para ayudar a los migrantes. Una de las principales asociaciones nacidas con esta crisis, "Tren de la esperanza", se enorgullece de haber reclutado a 3.500 voluntarios, que totalizaron casi 300.000 horas de trabajo en cinco semanas. "Empezamos con unas cuantas mesas y botellas de agua", recuerda su portavoz, Benjamin Fritz, de 26 años. "Ahora, gestionamos una pequeña ciudad", dice, en alusión a una serie de contenedores donde los migrantes pueden hallar alimentos, cuidados, consejo y apoyo psicológico. Muy activa en las redes sociales, la asociación quedó literalmente desbordada por las donaciones, sobre todo de artículos de higiene y lápices de colores. Pero la solidaridad tiende a disminuir con el paso del tiempo y con la llegada del invierno, urge hallar ropa de abrigo para todo el mundo, según Fritz.

[caption id="attachment_46649" align="alignleft" width="300"] La "Red de Emergencia Narices Sonrisa Austria" es un proyecto de 66 payasos para dar alegría a miles de migrantes. Foto: AFP[/caption]

"Si mañana nieva, tendremos un problema. Pero hemos tenido problemas todos los días y los hemos superado", afirma, sonriendo. Con 85.000 demandas de asilo esperadas este año, es decir, 1% de su población, Austria es uno de los países de Europa que proporcionalmente acoge a más refugiados.(AFP) /rpe

Austria.- Resguardados del frío en un paso subterráneo de la estación de tren de Viena, donde esperan seguir su periplo, los migrantes se desternillan, gracias a un grupo de payasos que les hace olvidar su sufrimiento, por un rato. Narices rojas, pantalones abombados, acordeones y una sucesión de números: el pequeño grupo es observado primero con prudencia, antes de provocar una risa general, entre pequeños y adultos. "No necesitamos hablar la misma lengua, basta reír juntos para establecer un contacto", se felicita Simone Mang, una de las organizadoras.

[caption id="attachment_46648" align="alignright" width="300"] Los miembros de los "doctores payaso de la nariz roja" realizan actividades para los migrantes. Foto: AFP[/caption]

Su asociación, Narices Rojas, forma parte de las decenas de colectivos que se movilizaron en Austria para facilitar la acogida y el tránsito hacia Alemania de más de 250.000 migrantes en los últimos meses. "Los niños necesitan un poco de tiempo para ellos, para poder jugar, reír y olvidar todo lo que les pasa", dice Mang. En el subterráneo de la estación, el objetivo parece cumplido. Decenas de niños y padres ríen, chocan de manos con los payasos, lo filman todo con sus teléfonos. Los niños bailan con cintas y panderetas, antes de ser conducidos a una sala acondicionada para que puedan dibujar y jugar. "Están felices. Al fin, hallan un poco de paz", afirma Hosam, un padre de familia palestino, que señala a sus cuatro hijos haciendo pompas de jabón y saltando sobre colchonetas. "Huí de mi país por ellos, por su futuro. Para que tengan una buena educación, una buena vida, si Dios quiere", añade. - Las risas y el sufrimiento - Para los voluntarios de las Narices Rojas - una asociación nacida en Austria en 1994 para entretener a los niños hospitalizados que se ha extendido a una decena de países -, bromear con gente que se ha jugado la vida para llegar a Europa no se puede tomar a la ligera. "Hay que prestar atención a quienes se quedan en silencio, a los seres humanos detrás de los rostros. Percibimos el viaje que han hecho, sus sufrimientos", confía Marie Miklau, una voluntaria que junto a otros 65 colegas siguió una formación de payaso. Pero vale la pena. "Las reacciones son increíbles. Hay tantos ojos magníficos, miradas claras y directas", subraya esta mujer de 37 años. Paralelamente a los esfuerzos del Estado y las colectividades locales, en Austria se multiplican las iniciativas ciudadanas para ayudar a los migrantes. Una de las principales asociaciones nacidas con esta crisis, "Tren de la esperanza", se enorgullece de haber reclutado a 3.500 voluntarios, que totalizaron casi 300.000 horas de trabajo en cinco semanas. "Empezamos con unas cuantas mesas y botellas de agua", recuerda su portavoz, Benjamin Fritz, de 26 años. "Ahora, gestionamos una pequeña ciudad", dice, en alusión a una serie de contenedores donde los migrantes pueden hallar alimentos, cuidados, consejo y apoyo psicológico. Muy activa en las redes sociales, la asociación quedó literalmente desbordada por las donaciones, sobre todo de artículos de higiene y lápices de colores. Pero la solidaridad tiende a disminuir con el paso del tiempo y con la llegada del invierno, urge hallar ropa de abrigo para todo el mundo, según Fritz.

[caption id="attachment_46649" align="alignleft" width="300"] La "Red de Emergencia Narices Sonrisa Austria" es un proyecto de 66 payasos para dar alegría a miles de migrantes. Foto: AFP[/caption]

"Si mañana nieva, tendremos un problema. Pero hemos tenido problemas todos los días y los hemos superado", afirma, sonriendo. Con 85.000 demandas de asilo esperadas este año, es decir, 1% de su población, Austria es uno de los países de Europa que proporcionalmente acoge a más refugiados.(AFP) /rpe