/ sábado 27 de mayo de 2017

Cumbre de los “7 Grandes”, en medio de un sombrío y complejo panorama internacional

Más allá de las habituales declaraciones de buena voluntad, la Cumbre de los “7 Grandes” (G-7) del planeta que se celebra en Taormina, inició en medio no solo de imponentes medidas de seguridad, sino de un sombrío y complejo panorama internacional, ante el cual los líderes reunidos en la atractiva localidad siciliana, no parecen  encontrar recetas eficaces y sobre todo comunes, a causa de sus evidentes divisiones. Una especie de preocupante incapacidad para afrontar eficazmente los grandes retos de hoy.

Retos globales, que sin embargo, como se está confirmando también en esta ocasión, chocan con los inevitables intereses nacionales, una actitud que a lo largo de los años ha impedido la realización de una estrategia común acerca de varios temas. Como subrayó el jefe del gobierno italiano, Paolo Gentiloni, anfitrión de la reunión: “De esta Cumbre –anticipó- esperamos resultados, si bien estamos conscientes que no será algo simple”.

Un acuerdo se alcanzó sobre la “prioridad” que representa la lucha al terrorismo, estimulado también después del atentado de Manchester y de la noticia que llegó al inicio de la Cumbre del ulterior ataque en Egipto contra cristianos coptos.

Los  “7” decidieron involucrar en el combate contra este fenómeno a los colosos del “web”, considerando que a menudo internet  “se convierte en una especie de antesala de actos terroristas”. El llamado por lo tanto está dirigido a los proveedores y  servidores de la red para que multipliquen sus esfuerzos en “la localización de material de índole terrorista”.

Un acuerdo, o más bien un compromiso, se logró en tema de migración, fijando sin límites precisos.  Efectivamente, en el borrador del documento final (este como otros argumentos serán definidos hoy en la segunda y última jornada de la Cumbre), se lee que “aun sosteniendo los derechos humanos de los migrantes y refugiados”, los siete “grandes” del planeta “reafirman los derechos soberanos de controlar las propias fronteras y establecer límites claros” al número de inmigrantes por recibir, considerando estas medidas elementos clave para su seguridad nacional y su bienestar económico.

Tal vez por primera vez, los “7 grandes” se encontraron sin tener en la mesa las conclusiones prácticamente definitivas, lo que da una idea de las dificultades para encontrar un real acuerdo para afrontar, unidos y con una sola voz, los grandes problemas del mundo de hoy.

Pendientes  quedaron los  importantes temas del medio ambiente y del comercio, a causa sobre todo de la posición del gobierno de Donald Trump, contrariamente a la mayoría de los demás países. Los acuerdos de París sobre el clima, como se preveía, no encontraron el consenso del actual ejecutivo de Washington, que decidió realizar sobre el tema una “reflexión interna”, antes de tomar una decisión definitiva.

Sobre el comercio, Washington  privilegia el retorno al proteccionismo, diversamente a los demás socios y será difícil que se llegue a un acuerdo común. Estados Unidos habría aceptado incluir solamente un lenguaje genérico en el documento final, que no define claramente las posiciones, como “promover la prosperidad económica y el crecimiento global”. Un posible aliado, inesperado, Trump pareció haberlo encontrado en el nuevo presidente de Francia, Emanuel Macrom, quien pronuncio algunas críticas hacia la globalización.

Sin contar con las diversas  posiciones entre Europa y Estados Unidos acerca de las relaciones con la Rusia de Vladmir Putin. La Unión Europea (UE) quiere mantener las sanciones hacia Rusia a causa del “caso Ucrania”, contrariamente a la administración de Donad Trump.

Se  podría  anticipar que el “G-7” de Taormina terminará con un comunicado final “ligero” de solo 7 péginas, contra las 30-40 que han caracterizado la conclusión de las Cumbres precedentes.  En verdad, más que un documento final se tratará  de una Declaración de intentos.

Más allá de las habituales declaraciones de buena voluntad, la Cumbre de los “7 Grandes” (G-7) del planeta que se celebra en Taormina, inició en medio no solo de imponentes medidas de seguridad, sino de un sombrío y complejo panorama internacional, ante el cual los líderes reunidos en la atractiva localidad siciliana, no parecen  encontrar recetas eficaces y sobre todo comunes, a causa de sus evidentes divisiones. Una especie de preocupante incapacidad para afrontar eficazmente los grandes retos de hoy.

Retos globales, que sin embargo, como se está confirmando también en esta ocasión, chocan con los inevitables intereses nacionales, una actitud que a lo largo de los años ha impedido la realización de una estrategia común acerca de varios temas. Como subrayó el jefe del gobierno italiano, Paolo Gentiloni, anfitrión de la reunión: “De esta Cumbre –anticipó- esperamos resultados, si bien estamos conscientes que no será algo simple”.

Un acuerdo se alcanzó sobre la “prioridad” que representa la lucha al terrorismo, estimulado también después del atentado de Manchester y de la noticia que llegó al inicio de la Cumbre del ulterior ataque en Egipto contra cristianos coptos.

Los  “7” decidieron involucrar en el combate contra este fenómeno a los colosos del “web”, considerando que a menudo internet  “se convierte en una especie de antesala de actos terroristas”. El llamado por lo tanto está dirigido a los proveedores y  servidores de la red para que multipliquen sus esfuerzos en “la localización de material de índole terrorista”.

Un acuerdo, o más bien un compromiso, se logró en tema de migración, fijando sin límites precisos.  Efectivamente, en el borrador del documento final (este como otros argumentos serán definidos hoy en la segunda y última jornada de la Cumbre), se lee que “aun sosteniendo los derechos humanos de los migrantes y refugiados”, los siete “grandes” del planeta “reafirman los derechos soberanos de controlar las propias fronteras y establecer límites claros” al número de inmigrantes por recibir, considerando estas medidas elementos clave para su seguridad nacional y su bienestar económico.

Tal vez por primera vez, los “7 grandes” se encontraron sin tener en la mesa las conclusiones prácticamente definitivas, lo que da una idea de las dificultades para encontrar un real acuerdo para afrontar, unidos y con una sola voz, los grandes problemas del mundo de hoy.

Pendientes  quedaron los  importantes temas del medio ambiente y del comercio, a causa sobre todo de la posición del gobierno de Donald Trump, contrariamente a la mayoría de los demás países. Los acuerdos de París sobre el clima, como se preveía, no encontraron el consenso del actual ejecutivo de Washington, que decidió realizar sobre el tema una “reflexión interna”, antes de tomar una decisión definitiva.

Sobre el comercio, Washington  privilegia el retorno al proteccionismo, diversamente a los demás socios y será difícil que se llegue a un acuerdo común. Estados Unidos habría aceptado incluir solamente un lenguaje genérico en el documento final, que no define claramente las posiciones, como “promover la prosperidad económica y el crecimiento global”. Un posible aliado, inesperado, Trump pareció haberlo encontrado en el nuevo presidente de Francia, Emanuel Macrom, quien pronuncio algunas críticas hacia la globalización.

Sin contar con las diversas  posiciones entre Europa y Estados Unidos acerca de las relaciones con la Rusia de Vladmir Putin. La Unión Europea (UE) quiere mantener las sanciones hacia Rusia a causa del “caso Ucrania”, contrariamente a la administración de Donad Trump.

Se  podría  anticipar que el “G-7” de Taormina terminará con un comunicado final “ligero” de solo 7 péginas, contra las 30-40 que han caracterizado la conclusión de las Cumbres precedentes.  En verdad, más que un documento final se tratará  de una Declaración de intentos.