/ domingo 28 de mayo de 2017

Cumbre del G7, sin acuerdos completos

Todo podrá decirse de la cumbre del “G7” celebrada en Taormina, menos que haya sido un éxito. Solo sobre el combate al terrorismo se logró un acuerdo completo entre los líderes de las principales potencias occidentales. Otras cuestiones de indudable importancia, en particular el medio ambiente y el comercio internacional, quedaron pendientes y sin un real acuerdo, a causa del obstruccionismo del presidente estadounidense Donald Trump, aislado en sus posiciones opuestas a las del resto de los participantes, pero que pesaron considerablemente en las conclusiones finales.

Particular y visible fue en este contexto el disenso entre Trump y la jefa del influyente gobierno alemán, Ángela Merkel. Entre los dos el hielo fue el protagonista y no solo acerca de los temas tratados durante la cumbre, en particular sobre el comercio. Es significativo el hecho de que ambos renunciaron a la acostumbrada conferencia de prensa final, probablemente para no alimentar de frente a los medios las polémicas sobre sus evidentes diferencias y en el caso de Trump, para evitar preguntas incómodas también sobre la posición de su yerno, Jared Kushner, en el contexto del llamado “Rusiagate”.

También estuvo ausente, aunque justificada, la primer ministro británica, Theresa May, quien participó solo en el primer día de trabajos de la cumbre, debido a que regreso a Londres el viernes por la tarde a causa de la emergencia creada tras el atentado en Manchester la semana pasada.

“The Donald” y Ángela Merkel tuvieron el viernes una discusión definida por la misma líder alemana “vivaz y franca”, que en el lenguaje diplomático quiere decir dureza y diversidad de opiniones, sin responder directamente a las acusaciones de Trump contra la estrategia alemana en materia de comercio internacional, en particular en el mercado automovilístico, que definió “desleal e incorrecta”.

Es cierto que el presidente de Estados Unidos dio un medio paso hacia atrás, aceptando que en el documento final sobre el comercio se incluyera la expresión “lucha contra el proteccionismo” en el contexto de la decisión de mantener abiertos los mercados internacionales, en aras de la globalización. Habrá que ver hasta qué punto, Trump renunciará efectivamente al proteccionismo, por otra parte ya puesto en práctica en su país.

Respecto al otro tema de gran relevancia, el medio ambiente, los otros seis miembros del “G7”, es decir Shinzo Abe (Japón), Theresa May (Gran Bretana), Ángela Merkel (Alemania), Justin Trudeau (Canadá), Emmanuel Macron (Francia) y Paolo Gentiloni (Italia), aceptaron “dar más tiempo” a Washington para “tomar una decisión sobre el acuerdo de París”. Una iniciativa de buena voluntad por parte de estos países hacia quien se declara generalmente contrario a las posiciones de la mayoría de sus aliados, como en este caso.

Tampoco se puede exultar por el acuerdo sobre migración, sobre todo en Europa y en Italia en particular. En el documento final se afirma que “aun sosteniendo los derechos humanos de los migrantes y refugiados”, se reafirman “los derechos soberanos de controlar las propias fronteras” y establecer límites en el número de inmigrantes que podrán ser recibidos.

Ello en el ámbito de la “seguridad y el bienestar económico nacional”.

Las fricciones entre los “7 Grandes” y en particular con Estados Unidos, fueron más evidentes también porque, por primera vez, los líderes se confrontaron en una auténtica discusión, sin tener a disposición un texto conclusivo ya preparado precedentemente. Y las distancias emergieron en el escueto documento final. (fin)

Todo podrá decirse de la cumbre del “G7” celebrada en Taormina, menos que haya sido un éxito. Solo sobre el combate al terrorismo se logró un acuerdo completo entre los líderes de las principales potencias occidentales. Otras cuestiones de indudable importancia, en particular el medio ambiente y el comercio internacional, quedaron pendientes y sin un real acuerdo, a causa del obstruccionismo del presidente estadounidense Donald Trump, aislado en sus posiciones opuestas a las del resto de los participantes, pero que pesaron considerablemente en las conclusiones finales.

Particular y visible fue en este contexto el disenso entre Trump y la jefa del influyente gobierno alemán, Ángela Merkel. Entre los dos el hielo fue el protagonista y no solo acerca de los temas tratados durante la cumbre, en particular sobre el comercio. Es significativo el hecho de que ambos renunciaron a la acostumbrada conferencia de prensa final, probablemente para no alimentar de frente a los medios las polémicas sobre sus evidentes diferencias y en el caso de Trump, para evitar preguntas incómodas también sobre la posición de su yerno, Jared Kushner, en el contexto del llamado “Rusiagate”.

También estuvo ausente, aunque justificada, la primer ministro británica, Theresa May, quien participó solo en el primer día de trabajos de la cumbre, debido a que regreso a Londres el viernes por la tarde a causa de la emergencia creada tras el atentado en Manchester la semana pasada.

“The Donald” y Ángela Merkel tuvieron el viernes una discusión definida por la misma líder alemana “vivaz y franca”, que en el lenguaje diplomático quiere decir dureza y diversidad de opiniones, sin responder directamente a las acusaciones de Trump contra la estrategia alemana en materia de comercio internacional, en particular en el mercado automovilístico, que definió “desleal e incorrecta”.

Es cierto que el presidente de Estados Unidos dio un medio paso hacia atrás, aceptando que en el documento final sobre el comercio se incluyera la expresión “lucha contra el proteccionismo” en el contexto de la decisión de mantener abiertos los mercados internacionales, en aras de la globalización. Habrá que ver hasta qué punto, Trump renunciará efectivamente al proteccionismo, por otra parte ya puesto en práctica en su país.

Respecto al otro tema de gran relevancia, el medio ambiente, los otros seis miembros del “G7”, es decir Shinzo Abe (Japón), Theresa May (Gran Bretana), Ángela Merkel (Alemania), Justin Trudeau (Canadá), Emmanuel Macron (Francia) y Paolo Gentiloni (Italia), aceptaron “dar más tiempo” a Washington para “tomar una decisión sobre el acuerdo de París”. Una iniciativa de buena voluntad por parte de estos países hacia quien se declara generalmente contrario a las posiciones de la mayoría de sus aliados, como en este caso.

Tampoco se puede exultar por el acuerdo sobre migración, sobre todo en Europa y en Italia en particular. En el documento final se afirma que “aun sosteniendo los derechos humanos de los migrantes y refugiados”, se reafirman “los derechos soberanos de controlar las propias fronteras” y establecer límites en el número de inmigrantes que podrán ser recibidos.

Ello en el ámbito de la “seguridad y el bienestar económico nacional”.

Las fricciones entre los “7 Grandes” y en particular con Estados Unidos, fueron más evidentes también porque, por primera vez, los líderes se confrontaron en una auténtica discusión, sin tener a disposición un texto conclusivo ya preparado precedentemente. Y las distancias emergieron en el escueto documento final. (fin)