/ domingo 23 de junio de 2019

Judy Garland y el orgullo gay

Desde hace 50 años, en el mes de junio, los miembros de la comunidad LGBTTTI conmemoran (que no celebran) el aniversario de los “disturbios del Stonewall”


¿Cuándo viste a un joto (fag) que contestara los golpes…?

Ahora los tiempos estaban cambiando. La noche del martes fue la última noche para (aceptar) las pendejadas (bullshit).

El tema predominante es… “esta mierda tiene que acabarse”.

Participante anónimo de los disturbios del Stonewall

27 de junio de 1969


Desde hace 50 años, exactamente hace medio siglo, en el mes de junio, exactamente a la mitad del año, los miembros de la comunidad LGBTTTI, los cuales se encuentran todavía a medio camino entre ser aceptados y reconocidos en sus derechos humanos y civiles, conmemoran (que no celebran), el aniversario de los “disturbios del Stonewall”.

Los parroquianos del Stonewall, un notorio bar gay del barrio de Greenwich Village en la ciudad de Nueva York, resistieron por primera vez una violenta redada policial, las cuales eran rutina en esos días en los cuales la homosexualidad en lugares públicos era un delito tipificado en la urbe de hierro y en muchas partes del mundo.

Foto: AFP

OVER THE RAINBOW

Cuando hablamos del Stonewall como un bar gay, no nos referimos a los espacios actuales, que suelen ser propiedad de miembros de la propia comunidad LGBTTTI y son bonitos, lujosos o, por lo menos, cumplen con los códigos sanitarios de las ciudades donde se encuentran.

El Stonewall era propiedad de la mafia (al crimen organizado nunca le ha preocupado la orientación sexual, mientras puedan ganar dinero) y la reprimida comunidad gay de Nueva York no tenía muchas opciones para reunirse, por lo que no les importaba que el lugar fuera un tugurio mal iluminado, donde se vendía alcohol adulterado en vasos que ni siquiera se lavaban.

Quien iba al Stonewall buscaba discreción y un espacio para poder expresar su verdadera naturaleza, en un tiempo y lugar donde hacerlo era considerado un crimen.

Foto: AFP

Seguramente cada noche, más de uno de los parroquianos soñaba con poder dejar ese mundo sórdido, en el cual se le perseguía y estigmatizaba.

Ojalá llegara de pronto un ciclón que lo transportara a un mundo mágico, en el cual hubiera caminos de ladrillo amarillo, hadas, brujas y ciudades de esmeralda.

Seguramente, la noche del 27 de junio de 1969, esta ilusión estaba mucho más presente, porque muchos de los que llegaron al Stonewall (así se dice) estaban de luto por la muerte de uno de los íconos de la comunidad gay, la actriz Judy Garland, protagonista de la película El mago de Oz, quien sí había logrado llegar a ese mundo de color y libertad, saliendo de su granja en Kansas, transportada por un tornado, lejos de una malvada mujer que quería matar a su perrito Toto.

Foto: AFP

¡OH JUDY!

Garland, cuyo nombre real era Frances Ethel Gumm, había fallecido cinco días antes, el 22 de junio, en la casa que compartía en Londres con su quinto marido, el empresario Mickey Deans y sus restos embalsamados llegaron el 26 a Nueva York, donde fue despedida por miles de personas en un funeral que se prolongó hasta las primeras horas de la noche del 27.

La actriz, quien recién había cumplido 47 años el 10 de junio, era considerada un símbolo y una inspiración para los homosexuales en Estados Unidos y no llegó a serlo en todo el mundo porque todavía no existían las redes sociales como con Cher, Madonna o Lady Gaga.

Muchos medios habían explorado la afinidad de la actriz y cantante con la comunidad gay.

Entre ellos la revista Time, la cual, en 1967, publicó en un artículo que muchos de los que acudían a ver los shows de Garland en el famoso teatro Palace de Broadway eran “hombres en pantalones ajustados”, un eufemismo que se usaba para referirse a los homosexuales.

Se decía que la trágica vida de la diva, la cual incluyó múltiples matrimonios, violencia doméstica, relaciones tóxicas, adicciones y una baja autoestima (luchó toda la vida por mantener su peso), era vista por los gays como un reflejo de su propia lucha por sus derechos y libertades.

Asimismo, Judy Garland siempre fue prisionera de sus propios y exitosos personajes. El público quería mantenerla siempre como Dorothy, la niña que se fue al mundo de Oz, sin importar cuánto tiempo pasara y, por ello, existe la teoría de que muchos homosexuales, que tenían miedo de envejecer, veían en ella la juventud que se mantenía por siempre.

Es también un hecho comprobado que, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando cualquier tipo de actividad homosexual (pública o privada) era considerada un delito en Estados Unidos, los gays utilizaban el término Friend of Dorothy (Amigo de Dorothy), como una clave para reconocerse entre ellos.

Otra referencia es la bandera gay, con sus colores inspirados en el arcoiris, los cuales recuerdan la canción Over the Rainbow (Más allá del Arcoiris), principal tema musical del Mago de Oz, que Garland interpretaba en el filme.

Si a todo esto añadimos que Judy Garland realmente simpatizaba con la comunidad LGBTTTI, ya que tenía muchos amigos abiertamente homosexuales y acudía a eventos con ellos, provocando la desesperación de sus patrones en la Metro Goldwyn Mayer, que querían cultivarle una imagen de “niña buena”, se comprende lo que su muerte y funeral representaban en ese momento.

Foto: AFP

Y, aunque no puede probarse la conexión entre los dos hechos, además de que hay quien, entre los propios miembros de la comunidad gay, dicen que los clientes del sórdido Stonewallno tenían el perfil de alguien que escuchara discos de películas infantiles o fuera a shows en el Carnegie Hall y el Palace, lo cierto es que ese día, los miembros de la comunidad gay dijeron por primera vez “basta” y resistieron el abuso y el maltrato haciéndose visibles ante una sociedad que quería dejarlos en el clóset a punta de macanazos.

Ese día, 27 de junio de 1969, cansados de esperar que llegara el ciclón para sacarlos de esa simbólica Kansas, en la que se les condenaba a vivir ocultos y perseguidos, decidieron crear su propio tornado y comenzar el viaje hacia ese mundo de libertad, igualdad y respeto (que no tolerancia), al cual todavía, como sociedad, no hemos llegado.

Y Judy Garland, desde la Ciudad Esmeralda en el cielo, seguramente los vio y, golpeando los talones de sus zapatillas de rubí, los animó y aún lo hace diciendo “no hay lugar como el hogar”.

Foto: Cuartoscuro



¿Cuándo viste a un joto (fag) que contestara los golpes…?

Ahora los tiempos estaban cambiando. La noche del martes fue la última noche para (aceptar) las pendejadas (bullshit).

El tema predominante es… “esta mierda tiene que acabarse”.

Participante anónimo de los disturbios del Stonewall

27 de junio de 1969


Desde hace 50 años, exactamente hace medio siglo, en el mes de junio, exactamente a la mitad del año, los miembros de la comunidad LGBTTTI, los cuales se encuentran todavía a medio camino entre ser aceptados y reconocidos en sus derechos humanos y civiles, conmemoran (que no celebran), el aniversario de los “disturbios del Stonewall”.

Los parroquianos del Stonewall, un notorio bar gay del barrio de Greenwich Village en la ciudad de Nueva York, resistieron por primera vez una violenta redada policial, las cuales eran rutina en esos días en los cuales la homosexualidad en lugares públicos era un delito tipificado en la urbe de hierro y en muchas partes del mundo.

Foto: AFP

OVER THE RAINBOW

Cuando hablamos del Stonewall como un bar gay, no nos referimos a los espacios actuales, que suelen ser propiedad de miembros de la propia comunidad LGBTTTI y son bonitos, lujosos o, por lo menos, cumplen con los códigos sanitarios de las ciudades donde se encuentran.

El Stonewall era propiedad de la mafia (al crimen organizado nunca le ha preocupado la orientación sexual, mientras puedan ganar dinero) y la reprimida comunidad gay de Nueva York no tenía muchas opciones para reunirse, por lo que no les importaba que el lugar fuera un tugurio mal iluminado, donde se vendía alcohol adulterado en vasos que ni siquiera se lavaban.

Quien iba al Stonewall buscaba discreción y un espacio para poder expresar su verdadera naturaleza, en un tiempo y lugar donde hacerlo era considerado un crimen.

Foto: AFP

Seguramente cada noche, más de uno de los parroquianos soñaba con poder dejar ese mundo sórdido, en el cual se le perseguía y estigmatizaba.

Ojalá llegara de pronto un ciclón que lo transportara a un mundo mágico, en el cual hubiera caminos de ladrillo amarillo, hadas, brujas y ciudades de esmeralda.

Seguramente, la noche del 27 de junio de 1969, esta ilusión estaba mucho más presente, porque muchos de los que llegaron al Stonewall (así se dice) estaban de luto por la muerte de uno de los íconos de la comunidad gay, la actriz Judy Garland, protagonista de la película El mago de Oz, quien sí había logrado llegar a ese mundo de color y libertad, saliendo de su granja en Kansas, transportada por un tornado, lejos de una malvada mujer que quería matar a su perrito Toto.

Foto: AFP

¡OH JUDY!

Garland, cuyo nombre real era Frances Ethel Gumm, había fallecido cinco días antes, el 22 de junio, en la casa que compartía en Londres con su quinto marido, el empresario Mickey Deans y sus restos embalsamados llegaron el 26 a Nueva York, donde fue despedida por miles de personas en un funeral que se prolongó hasta las primeras horas de la noche del 27.

La actriz, quien recién había cumplido 47 años el 10 de junio, era considerada un símbolo y una inspiración para los homosexuales en Estados Unidos y no llegó a serlo en todo el mundo porque todavía no existían las redes sociales como con Cher, Madonna o Lady Gaga.

Muchos medios habían explorado la afinidad de la actriz y cantante con la comunidad gay.

Entre ellos la revista Time, la cual, en 1967, publicó en un artículo que muchos de los que acudían a ver los shows de Garland en el famoso teatro Palace de Broadway eran “hombres en pantalones ajustados”, un eufemismo que se usaba para referirse a los homosexuales.

Se decía que la trágica vida de la diva, la cual incluyó múltiples matrimonios, violencia doméstica, relaciones tóxicas, adicciones y una baja autoestima (luchó toda la vida por mantener su peso), era vista por los gays como un reflejo de su propia lucha por sus derechos y libertades.

Asimismo, Judy Garland siempre fue prisionera de sus propios y exitosos personajes. El público quería mantenerla siempre como Dorothy, la niña que se fue al mundo de Oz, sin importar cuánto tiempo pasara y, por ello, existe la teoría de que muchos homosexuales, que tenían miedo de envejecer, veían en ella la juventud que se mantenía por siempre.

Es también un hecho comprobado que, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando cualquier tipo de actividad homosexual (pública o privada) era considerada un delito en Estados Unidos, los gays utilizaban el término Friend of Dorothy (Amigo de Dorothy), como una clave para reconocerse entre ellos.

Otra referencia es la bandera gay, con sus colores inspirados en el arcoiris, los cuales recuerdan la canción Over the Rainbow (Más allá del Arcoiris), principal tema musical del Mago de Oz, que Garland interpretaba en el filme.

Si a todo esto añadimos que Judy Garland realmente simpatizaba con la comunidad LGBTTTI, ya que tenía muchos amigos abiertamente homosexuales y acudía a eventos con ellos, provocando la desesperación de sus patrones en la Metro Goldwyn Mayer, que querían cultivarle una imagen de “niña buena”, se comprende lo que su muerte y funeral representaban en ese momento.

Foto: AFP

Y, aunque no puede probarse la conexión entre los dos hechos, además de que hay quien, entre los propios miembros de la comunidad gay, dicen que los clientes del sórdido Stonewallno tenían el perfil de alguien que escuchara discos de películas infantiles o fuera a shows en el Carnegie Hall y el Palace, lo cierto es que ese día, los miembros de la comunidad gay dijeron por primera vez “basta” y resistieron el abuso y el maltrato haciéndose visibles ante una sociedad que quería dejarlos en el clóset a punta de macanazos.

Ese día, 27 de junio de 1969, cansados de esperar que llegara el ciclón para sacarlos de esa simbólica Kansas, en la que se les condenaba a vivir ocultos y perseguidos, decidieron crear su propio tornado y comenzar el viaje hacia ese mundo de libertad, igualdad y respeto (que no tolerancia), al cual todavía, como sociedad, no hemos llegado.

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Foto: Cuartoscuro


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