/ viernes 29 de enero de 2021

En este país sí se pueden hacer conciertos

La baja prevalencia del Covid-19 en Haití permite que se realicen reuniones masivas

Es uno de los pocos lugares del planeta donde todavía se puede asistir a conciertos: la 15ª edición del Festival Internacional de Jazz de Puerto Príncipe desafía la pandemia del coronavirus y hace las delicias de artistas de renombre.

"Hace tres meses que no toco el piano". Estas palabras, las primeras que pronunció Jacky Terrasson con una gran sonrisa en el concierto inaugural del PapJazz el sábado, revelan la singularidad del momento.

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Mientras innumerables eventos culturales en todo el mundo deben ser cancelados o aplazados, la baja prevalencia de la pandemia de covid-19 en Haití permite que el país no prohíba las reuniones masivas. Y los músicos están encantados.

"Estuvimos muy contentos de volver al escenario para tocar y compartir", cuenta Terrasson un día después de su primer concierto.

"Se siente muy bien comunicar, intentar improvisar sobre Harry Potter o Michael Jackson. Tal vez hay un poco más de riesgo que el habitual porque sientes que tienes la suerte de estar ahí, así que lo das todo", explica el pianista de origen alemán, que vive en Nueva York.

"No tocar en público nos está matando"

Acostumbradas a viajar por todo el mundo para actuar, las estrellas de la docena de países que conforman el programa del PapJazz lo están pasando mal por esta privación de contacto con sus fans.

"No tocar en público nos está matando: ya no existimos", asegura Etienne Mbappé.

Mientras algunos aprendieron a hacer pan, este bajista aprovechó el confinamiento en París para montar un estudio de grabación en su casa, pero las presentaciones a través de internet no le bastan.

"Aunque la tecnología nos permite hacer espectáculos en directo desde el salón de casa, nada supera a lo real. Es como si te dijéramos que en lugar de comer, de morder tu comida, te la vamos a inyectar... Francamente no es lo mismo", dice el bajista camerunés, que toca con guantes.

Y los organizadores del festival están encantados de ver que las jam sessions, las descargas musicales improvisadas, que siguen a los conciertos terminen a primera hora de la mañana.

"Hasta ahora, nada ha detenido al PapJazz", se congratula Milena Sandler, directora de la Fundación de Jazz de Haití, que organiza el festival.

"Nos sentimos realmente privilegiados de poder recibir a músicos que no han podido trabajar desde hace un año en su país", dice.

AFP

Hasta el último momento, el avance de la epidemia de coronavirus en todo el mundo podría haber hecho que se cancelara todo.

Unas horas antes de la inauguración del festival, el ministerio de Salud haitiano recomendó, entre otras cosas, prohibir las grandes concentraciones... una precaución que el gobierno no siguió.

Reducir el número de espectadores, desinfectar los micrófonos y los instrumentos entre cada acto en el escenario: "Hacemos todo lo posible para que el festival no sea motivo de contagio de covid", asegura Sandler.

Secuestros y crisis política

Pero para los fiesteros haitianos, más que la crisis sanitaria, es sobre todo la inseguridad reinante lo que ocupa sus mentes.

"Vinimos a divertirnos porque lo necesitábamos, con todos los problemas que tenemos, los secuestros... Nos permite desahogarnos", admite Jacob, que acudió a la inauguración de PapJazz con su hijo pequeño, vestido con sus mejores galas.

Desde el otoño boreal, Haití registra un aumento de secuestros por parte de bandas armadas que piden rescate. Además, las tensiones políticas aumentan y la oposición exige la salida del presidente en dos semanas.

"Tenemos refuerzos a todos los niveles, no vamos a poner a nadie en peligro", asegura Milena Sandler.

Sin ocultar este difícil contexto, los músicos invitados al PapJazz no niegan el placer de intercambiar con sus pares haitianos.

"Vengo de África, la transmisión oral es muy importante", dice Etienne Mbappé a la treintena de jóvenes músicos que participan en un taller matutino.

"No se desanimen, el mundo es duro. Hoy es una crisis de salud, mañana será otra cosa", pregona el músico.



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Es uno de los pocos lugares del planeta donde todavía se puede asistir a conciertos: la 15ª edición del Festival Internacional de Jazz de Puerto Príncipe desafía la pandemia del coronavirus y hace las delicias de artistas de renombre.

"Hace tres meses que no toco el piano". Estas palabras, las primeras que pronunció Jacky Terrasson con una gran sonrisa en el concierto inaugural del PapJazz el sábado, revelan la singularidad del momento.

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Mientras innumerables eventos culturales en todo el mundo deben ser cancelados o aplazados, la baja prevalencia de la pandemia de covid-19 en Haití permite que el país no prohíba las reuniones masivas. Y los músicos están encantados.

"Estuvimos muy contentos de volver al escenario para tocar y compartir", cuenta Terrasson un día después de su primer concierto.

"Se siente muy bien comunicar, intentar improvisar sobre Harry Potter o Michael Jackson. Tal vez hay un poco más de riesgo que el habitual porque sientes que tienes la suerte de estar ahí, así que lo das todo", explica el pianista de origen alemán, que vive en Nueva York.

"No tocar en público nos está matando"

Acostumbradas a viajar por todo el mundo para actuar, las estrellas de la docena de países que conforman el programa del PapJazz lo están pasando mal por esta privación de contacto con sus fans.

"No tocar en público nos está matando: ya no existimos", asegura Etienne Mbappé.

Mientras algunos aprendieron a hacer pan, este bajista aprovechó el confinamiento en París para montar un estudio de grabación en su casa, pero las presentaciones a través de internet no le bastan.

"Aunque la tecnología nos permite hacer espectáculos en directo desde el salón de casa, nada supera a lo real. Es como si te dijéramos que en lugar de comer, de morder tu comida, te la vamos a inyectar... Francamente no es lo mismo", dice el bajista camerunés, que toca con guantes.

Y los organizadores del festival están encantados de ver que las jam sessions, las descargas musicales improvisadas, que siguen a los conciertos terminen a primera hora de la mañana.

"Hasta ahora, nada ha detenido al PapJazz", se congratula Milena Sandler, directora de la Fundación de Jazz de Haití, que organiza el festival.

"Nos sentimos realmente privilegiados de poder recibir a músicos que no han podido trabajar desde hace un año en su país", dice.

AFP

Hasta el último momento, el avance de la epidemia de coronavirus en todo el mundo podría haber hecho que se cancelara todo.

Unas horas antes de la inauguración del festival, el ministerio de Salud haitiano recomendó, entre otras cosas, prohibir las grandes concentraciones... una precaución que el gobierno no siguió.

Reducir el número de espectadores, desinfectar los micrófonos y los instrumentos entre cada acto en el escenario: "Hacemos todo lo posible para que el festival no sea motivo de contagio de covid", asegura Sandler.

Secuestros y crisis política

Pero para los fiesteros haitianos, más que la crisis sanitaria, es sobre todo la inseguridad reinante lo que ocupa sus mentes.

"Vinimos a divertirnos porque lo necesitábamos, con todos los problemas que tenemos, los secuestros... Nos permite desahogarnos", admite Jacob, que acudió a la inauguración de PapJazz con su hijo pequeño, vestido con sus mejores galas.

Desde el otoño boreal, Haití registra un aumento de secuestros por parte de bandas armadas que piden rescate. Además, las tensiones políticas aumentan y la oposición exige la salida del presidente en dos semanas.

"Tenemos refuerzos a todos los niveles, no vamos a poner a nadie en peligro", asegura Milena Sandler.

Sin ocultar este difícil contexto, los músicos invitados al PapJazz no niegan el placer de intercambiar con sus pares haitianos.

"Vengo de África, la transmisión oral es muy importante", dice Etienne Mbappé a la treintena de jóvenes músicos que participan en un taller matutino.

"No se desanimen, el mundo es duro. Hoy es una crisis de salud, mañana será otra cosa", pregona el músico.



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