/ domingo 23 de junio de 2019

En la Mira | Chernobyl: Las selfies incómodas

Turistas en Ucrania se están tomando selfies en la “zona de exclusión” de Chernobyl, tras el éxito de una serie en HBO

Desde 2007 cuando apareció el primer iPhone con doble cámara y pantalla digital, la selfie irrumpió entre nosotros como un acto cultural de reafirmación personal y narcisista, que se potenció con el nacimiento de las redes sociales, en especial con la creación de Instagram en 2010. La selfie representa un acto meramente lúdico. ¿Pero por qué nos molesta cuando la gente se las toma en un contexto de tragedia?

Pues porque a la sociedad le choca la combinación entre un acto superficial para presumir en Instagram, con el escenario de un desastre; entonces el resultado es confuso y repulsivo para la mayoría de las personas. ¿Y por qué? Pues porque envía un doble mensaje, alegría frente a la muerte. En resumen, se interpreta como una falta de respeto social.

Ahora que turistas en Ucrania se están tomando selfies en la “zona de exclusión” de Chernobyl, tras el éxito de una serie en HBO, sobre la peor catástrofe nuclear de la historia, estas imágenes han provocado una ola de indignación que llevó al creador de la serie a reclamar “un mayor respeto por los difuntos”.

Foto: Instagram

Según la agencia Reuters “el accidente causó la muerte instantánea de 31 personas y obligó a decenas de miles a huir. Se cree que hasta 115.000 personas han muerto de enfermedades relacionadas con la radiación, como el cáncer, aunque las estimaciones varían”.

Se acaban de cumplir 33 años de aquella tragedia y en las últimas semanas cientos de turistas han ido a tomarse selfies en una zona radioactiva, aparentemente inofensiva, si sólo se permanece ahí por unos minutos con ciertas precauciones.

Ahí están las imágenes, aquí les presento varias, niñas guapas frente a una feria abandonada, parejas besándose contra el fondo de una devastación, gente riendo en un cementerio radioactivo y así al infinito.

Foto: Instagram

Bueno, no podía faltar hasta el youtuber Luisito Comunica, quien también se hizo su serie en la zona de exclusión hace apenas un par de semanas, y así le fue en redes. Porque ya no sólo se trata de inmortalizar la postal del viaje a Nueva York o la fiesta del mejor amigo; en el fondo lo más importante es dejar constancia de que “uno” estuvo físicamente ahí, donde sea, pero ahí, y el resultado es de un narcisismo brutal.

Hoy la gente se toma selfies en un espejo, en la azotea, en el baño, en las pirámides o enmedio de un incendio; las selfies o autorretratos se han convertido en uno de los elementos omnipresentes de lo contemporáneo. Es ya un tema de identidad generacional que se consolidó en la última década.

¿Pero qué es exactamente una selfie?. Bueno, se trata de una pieza visual que constituye un exponente actual de los modos de representación de uno mismo, construye identidad, te hace parte de “algo” y compartirla en redes es clave. Pero una cosa es tomarse una selfie en la Torre Eiffel y otra muy distinta en una planta nuclear o en un campo de exterminio como Auschwitz, el famoso campo de concentración nazi.

No olvidemos que en 2016 una reportera de televisión de nombre Kinna Alouch se tomó una selfie frente a miembros de Isis caídos en combate y fue duramente criticada, básicamente por romper un código de ética aceptado entre periodistas, donde uno no debe ser el protagonista. De hecho, a ella la despidieron del canal.

Foto: Instagram

Imaginen si Nik Ut, el fotógrafo de AP que tomó en los setentas, la famosa foto de la “niña de napalm” en Vietnam, si se hubiera tomado una selfie con la niña quemada, ¿cómo le habría ido?

Así las cosas, una selfie es “un autorretrato realizado con cámara digital -generalmente incorporada en un dispositivo móvil- que tiene como objetivo ser compartido en redes sociales”. De eso está saturado internet.

Instagram tiene 1000 millones de usuarios frente a Facebook que tiene ya más del doble 2,200 millones en todo el planeta. De estos, en Instagram hay entre 250 y 300 millones en América Latina. Casi la mitad de los usuarios tienen entre 18 y 34 años de edad y la mayoría son hombres ahora. Cada día, se suben a Instagram 95 millones de fotos, que reciben 4 mil millones de "me gusta". Y cada usuario le dedica a la plataforma una media diaria de 20 minutos, ya se imaginarán el impacto global.

¿Nos estamos convirtiendo en una sociedad cínica? Seguramente sí, y adicionalmente, estas selfies tomadas en lugares históricos por sus tragedias, también revelan un tema de reto social y narcisismo colectivo que la generación millennial representa.

Foto: Instagram

Al final, no me queda claro si tomarse este tipo de selfies son pertinentes socialmente o no, tampoco sé si con ellas se rebasan ciertos límites éticos que no se debieran cruzar, el hecho es que existen y el debate está abierto. Es la furia de las selfies, pues. Por cierto, la serie de HBO sobre la tragedia de Chernobyl es altamente recomendable para este domingo de verano. No se la pierdan.


Desde 2007 cuando apareció el primer iPhone con doble cámara y pantalla digital, la selfie irrumpió entre nosotros como un acto cultural de reafirmación personal y narcisista, que se potenció con el nacimiento de las redes sociales, en especial con la creación de Instagram en 2010. La selfie representa un acto meramente lúdico. ¿Pero por qué nos molesta cuando la gente se las toma en un contexto de tragedia?

Pues porque a la sociedad le choca la combinación entre un acto superficial para presumir en Instagram, con el escenario de un desastre; entonces el resultado es confuso y repulsivo para la mayoría de las personas. ¿Y por qué? Pues porque envía un doble mensaje, alegría frente a la muerte. En resumen, se interpreta como una falta de respeto social.

Ahora que turistas en Ucrania se están tomando selfies en la “zona de exclusión” de Chernobyl, tras el éxito de una serie en HBO, sobre la peor catástrofe nuclear de la historia, estas imágenes han provocado una ola de indignación que llevó al creador de la serie a reclamar “un mayor respeto por los difuntos”.

Foto: Instagram

Según la agencia Reuters “el accidente causó la muerte instantánea de 31 personas y obligó a decenas de miles a huir. Se cree que hasta 115.000 personas han muerto de enfermedades relacionadas con la radiación, como el cáncer, aunque las estimaciones varían”.

Se acaban de cumplir 33 años de aquella tragedia y en las últimas semanas cientos de turistas han ido a tomarse selfies en una zona radioactiva, aparentemente inofensiva, si sólo se permanece ahí por unos minutos con ciertas precauciones.

Ahí están las imágenes, aquí les presento varias, niñas guapas frente a una feria abandonada, parejas besándose contra el fondo de una devastación, gente riendo en un cementerio radioactivo y así al infinito.

Foto: Instagram

Bueno, no podía faltar hasta el youtuber Luisito Comunica, quien también se hizo su serie en la zona de exclusión hace apenas un par de semanas, y así le fue en redes. Porque ya no sólo se trata de inmortalizar la postal del viaje a Nueva York o la fiesta del mejor amigo; en el fondo lo más importante es dejar constancia de que “uno” estuvo físicamente ahí, donde sea, pero ahí, y el resultado es de un narcisismo brutal.

Hoy la gente se toma selfies en un espejo, en la azotea, en el baño, en las pirámides o enmedio de un incendio; las selfies o autorretratos se han convertido en uno de los elementos omnipresentes de lo contemporáneo. Es ya un tema de identidad generacional que se consolidó en la última década.

¿Pero qué es exactamente una selfie?. Bueno, se trata de una pieza visual que constituye un exponente actual de los modos de representación de uno mismo, construye identidad, te hace parte de “algo” y compartirla en redes es clave. Pero una cosa es tomarse una selfie en la Torre Eiffel y otra muy distinta en una planta nuclear o en un campo de exterminio como Auschwitz, el famoso campo de concentración nazi.

No olvidemos que en 2016 una reportera de televisión de nombre Kinna Alouch se tomó una selfie frente a miembros de Isis caídos en combate y fue duramente criticada, básicamente por romper un código de ética aceptado entre periodistas, donde uno no debe ser el protagonista. De hecho, a ella la despidieron del canal.

Foto: Instagram

Imaginen si Nik Ut, el fotógrafo de AP que tomó en los setentas, la famosa foto de la “niña de napalm” en Vietnam, si se hubiera tomado una selfie con la niña quemada, ¿cómo le habría ido?

Así las cosas, una selfie es “un autorretrato realizado con cámara digital -generalmente incorporada en un dispositivo móvil- que tiene como objetivo ser compartido en redes sociales”. De eso está saturado internet.

Instagram tiene 1000 millones de usuarios frente a Facebook que tiene ya más del doble 2,200 millones en todo el planeta. De estos, en Instagram hay entre 250 y 300 millones en América Latina. Casi la mitad de los usuarios tienen entre 18 y 34 años de edad y la mayoría son hombres ahora. Cada día, se suben a Instagram 95 millones de fotos, que reciben 4 mil millones de "me gusta". Y cada usuario le dedica a la plataforma una media diaria de 20 minutos, ya se imaginarán el impacto global.

¿Nos estamos convirtiendo en una sociedad cínica? Seguramente sí, y adicionalmente, estas selfies tomadas en lugares históricos por sus tragedias, también revelan un tema de reto social y narcisismo colectivo que la generación millennial representa.

Foto: Instagram

Al final, no me queda claro si tomarse este tipo de selfies son pertinentes socialmente o no, tampoco sé si con ellas se rebasan ciertos límites éticos que no se debieran cruzar, el hecho es que existen y el debate está abierto. Es la furia de las selfies, pues. Por cierto, la serie de HBO sobre la tragedia de Chernobyl es altamente recomendable para este domingo de verano. No se la pierdan.


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