/ lunes 19 de agosto de 2019

Expedición de Magallanes-Elcano, la mayor gesta naval de la humanidad

Se cumplen 500 años de la primera circunnavegación de la Tierra, empresa financiada por Carlos V; unió el Atlántico y el Pacífico

La primera circunnavegación de la Tierra fue extremadamente complicada dado los escasos y precarios medios técnicos de la época, tanto cartográficos, como náuticos. Poco se sabía sobre las corrientes marinas, sobre los vientos o las distancias reales.

Aún así, la expedición Magallanes-Elcano encontró el paso marítimo entre dos océanos, el Atlántico y el Pacífico, por el estrecho que lleva el nombre del marino portugués, abriendo una ruta nueva hacia Asia, por occidente, que evitaba el Océano Índico, zona de dominio de Portugal.

A su llegada, los supervivientes fueron descritos como “cadáveres vivientes”. Y lo hicieron tras recorrer más de cien mil kilómetros y cruzar tres océanos, con tormentas, sufriendo temperaturas extremas, hambre, enfermedades, enfrentamientos, motines, venganzas y castigos.

De aquella flota compuesta por cinco naves, y 239 hombres, capitaneada por Magallanes, que partió del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519, surcando aguas del río Guadalquivir hasta Sanlúcar de Barrameda, solo regresó una, la Victoria, con 18 hombres a bordo (trece españoles, tres italianos, un alemán y un portugués).

Pero Magallanes no se encontraba entre ellos. Había muerto en Filipinas sin haber llegado siquiera a las islas Molucas, destino del viaje, también conocidas como “islas de las especies”.

Fue el español Juan Sebastián Elcano (1476-1526) quien completó la primera vuelta que se dio al mundo, regresando en una arriesgada decisión de última hora por el Océano Índico, en vez de repetir la ruta de partida: Atlántico/Pacífico.

El de Guetaria recibió una renta anual de gran valor por parte del emperador Carlos V, junto con un escudo de armas con un globo terráqueo que remataba en una cimera, donde se leía “Primus circumdedisti me” (el primero que me diste la vuelta). Elcano murió cuatro años después en una nueva expedición a las Molucas en la que invirtió gran parte de su fortuna y la de su familia.

MAGALLANES LLEGA A CASTILLA.

Magallanes, marino de sobrada experiencia y hombre de fuerte carácter, que conocía bien el Océano Índico tras haber sido soldado de la armada portuguesa, llegó a Sevilla para ofrecer al soberano español la posibilidad de llegar a Asia por occidente. El objetivo era demostrar que las disputadas islas Molucas se encontraban en la parte española, tras el reparto del mundo que supuso el Tratado de Tordesillas (1494).

Por este crucial tratado, España y Portugal se repartieron el mundo conocido a través de una línea imaginaria que atravesaría el Atlántico.

Filipinos con trajes de soldados españoles en Cebú, Filipinas. Magallanes murió ahí / EFE

La primera potencia tendría el control de las tierras situadas a 370 leguas al oeste de Cabo Verde, es decir buena parte del continente americano, además de Canarias; mientras la segunda, controlaría el este, desde África hasta el Índico y la parte occidental de Brasil.

Convencido como estaba Magallanes de que las también llamadas “islas de las especies” (Molucas) quedaban bajo la demarcación española, proponía llegar a éstas por el oeste, sin bordear la costa africana, es decir sin necesidad de entrar en el dominio luso.

España estaba muy interesada en encontrar una nueva vía marítima a Asia que evitara conflictos con el país vecino. Sin embargo, Portugal estaba satisfecha con sus posesiones.

Tenía Brasil por la ruta Atlántica y por el Índico había llegado secretamente a las Molucas, con las que mantenía ya relaciones comerciales, por lo que el proyecto de Magallanes, no sólo no le interesó en absoluto, sino que consideró una traición al ofrecérselo a su rival.

Coinciden las crónicas en resaltar como el soberano luso recibió al hasta entonces su súbdito “con destemplada indolencia y le despreció en repetidas ocasiones”.

“No le concedió absolutamente nada y la humillación que recibió no pudo ser más grave y profunda para el veterano marino que tanto hizo por su patria”, resume el escritor argentino, Gabriel Sánchez Sorondo, autor del libro: “Magallanes y Elcano: travesía al fin del mundo: La escalofriante epopeya de la primera vuelta al mundo”.

Indignado por el trato recibido y aprovechando la situación de rivalidad hispano-lusa por la explotación de las nuevas tierras descubiertas, en octubre de 1517 Magallanes llega a Sevilla y, tras una larga espera de un año, es finalmente recibido por Carlos V quien, no sólo aprueba su proyecto, sino que le nombra capitán general de la Armada y le otorga el título de Gobernador de todas las tierras que encontrara.

Nadie como el biógrafo austriaco, Stefan Zweig, autor del libro “Magallanes, la aventura más audaz de la humanidad’, sintetiza la personalidad y espíritu del portugués.

“Nada imprime a la figura de Magallanes una superioridad moral tan extraordinaria frente a todos los demás conquistadores de la época, como esa inflexible voluntad de proceder humanamente. Magallanes era en sí una naturaleza dura y franca. Había mantenido una férrea disciplina en su flota e ignoraba la consideración y las contemplaciones. Pero, a pesar de toda su dureza, debe reconocérsele el mérito y el honor de que nunca fue cruel. Hasta la hora de su muerte, Magallanes respetó severa y lealmente todos los pactos contraídos con los caciques. Esta honradez ha sido su mejor arma y perdura como su gloria imperecedera”.

ABORTEN LA EXPEDICIÓN.

Durante los años que duró el viaje, los portugueses se empeñaron en defender que las Molucas caían dentro de su zona, por lo que los ataques contra los expedicionarios no cesaron.

Como escribe también Stefan Zweig en su obra mencionada, “cuanto más trata España de apresurar la salida, tanto más rabiosamente procura Portugal impedirla”.

Las crónicas de la época aseguran que los portugueses enviaron buques armados contra la expedición española en repetidas ocasiones. Incluso dan cuenta de intentos de sobornar a Magallanes con enormes sumas de dinero y señalan como se planeó hasta asesinarle para abortarla, y como éste se hizo acompañar desde entonces por un gran número criados.

El propio cronista oficial del viaje, el italiano Antonio Pigafetta (1480-1534), narra en sus diarios como el rey Manuel I, doblemente irritado por esta empresa, había enviado buques al cabo de Buena Esperanza y al de Santa María, para cerrarles el paso sin conseguirlo.

Están documentados otros intentos de acabar con la expedición como el de noviembre de 1521, cuando fue enviada una flota de cinco bajeles para interceptar a los españoles durante el viaje de regreso.

Sin embargo, el mayor ataque luso fue el abordaje y captura de uno de los buques de la expedición, la Trinidad, cuando se disponían a regresar a España en junio de 1522.

“Los portugueses mantuvieron a los supervivientes en prisión durante años”, recuerda Agustín Rodríguez González, historiador español que pertenece a la Real Academia de la Historia.

Así de extrema era la situación que Elcano evitó hacer escalas en el viaje de vuelta. Más cuando se decidió a abordarla por el Océano Índico. Solo in extremis se atrevió a hacer una parada, ya en Cabo Verde, y ante la falta total de alimentos. Fue entonces cuando los portugueses encarcelaron a doce hombres de la nave Victoria, que tras ser perseguida logró escapar.

La primera circunnavegación de la Tierra fue extremadamente complicada dado los escasos y precarios medios técnicos de la época, tanto cartográficos, como náuticos. Poco se sabía sobre las corrientes marinas, sobre los vientos o las distancias reales.

Aún así, la expedición Magallanes-Elcano encontró el paso marítimo entre dos océanos, el Atlántico y el Pacífico, por el estrecho que lleva el nombre del marino portugués, abriendo una ruta nueva hacia Asia, por occidente, que evitaba el Océano Índico, zona de dominio de Portugal.

A su llegada, los supervivientes fueron descritos como “cadáveres vivientes”. Y lo hicieron tras recorrer más de cien mil kilómetros y cruzar tres océanos, con tormentas, sufriendo temperaturas extremas, hambre, enfermedades, enfrentamientos, motines, venganzas y castigos.

De aquella flota compuesta por cinco naves, y 239 hombres, capitaneada por Magallanes, que partió del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519, surcando aguas del río Guadalquivir hasta Sanlúcar de Barrameda, solo regresó una, la Victoria, con 18 hombres a bordo (trece españoles, tres italianos, un alemán y un portugués).

Pero Magallanes no se encontraba entre ellos. Había muerto en Filipinas sin haber llegado siquiera a las islas Molucas, destino del viaje, también conocidas como “islas de las especies”.

Fue el español Juan Sebastián Elcano (1476-1526) quien completó la primera vuelta que se dio al mundo, regresando en una arriesgada decisión de última hora por el Océano Índico, en vez de repetir la ruta de partida: Atlántico/Pacífico.

El de Guetaria recibió una renta anual de gran valor por parte del emperador Carlos V, junto con un escudo de armas con un globo terráqueo que remataba en una cimera, donde se leía “Primus circumdedisti me” (el primero que me diste la vuelta). Elcano murió cuatro años después en una nueva expedición a las Molucas en la que invirtió gran parte de su fortuna y la de su familia.

MAGALLANES LLEGA A CASTILLA.

Magallanes, marino de sobrada experiencia y hombre de fuerte carácter, que conocía bien el Océano Índico tras haber sido soldado de la armada portuguesa, llegó a Sevilla para ofrecer al soberano español la posibilidad de llegar a Asia por occidente. El objetivo era demostrar que las disputadas islas Molucas se encontraban en la parte española, tras el reparto del mundo que supuso el Tratado de Tordesillas (1494).

Por este crucial tratado, España y Portugal se repartieron el mundo conocido a través de una línea imaginaria que atravesaría el Atlántico.

Filipinos con trajes de soldados españoles en Cebú, Filipinas. Magallanes murió ahí / EFE

La primera potencia tendría el control de las tierras situadas a 370 leguas al oeste de Cabo Verde, es decir buena parte del continente americano, además de Canarias; mientras la segunda, controlaría el este, desde África hasta el Índico y la parte occidental de Brasil.

Convencido como estaba Magallanes de que las también llamadas “islas de las especies” (Molucas) quedaban bajo la demarcación española, proponía llegar a éstas por el oeste, sin bordear la costa africana, es decir sin necesidad de entrar en el dominio luso.

España estaba muy interesada en encontrar una nueva vía marítima a Asia que evitara conflictos con el país vecino. Sin embargo, Portugal estaba satisfecha con sus posesiones.

Tenía Brasil por la ruta Atlántica y por el Índico había llegado secretamente a las Molucas, con las que mantenía ya relaciones comerciales, por lo que el proyecto de Magallanes, no sólo no le interesó en absoluto, sino que consideró una traición al ofrecérselo a su rival.

Coinciden las crónicas en resaltar como el soberano luso recibió al hasta entonces su súbdito “con destemplada indolencia y le despreció en repetidas ocasiones”.

“No le concedió absolutamente nada y la humillación que recibió no pudo ser más grave y profunda para el veterano marino que tanto hizo por su patria”, resume el escritor argentino, Gabriel Sánchez Sorondo, autor del libro: “Magallanes y Elcano: travesía al fin del mundo: La escalofriante epopeya de la primera vuelta al mundo”.

Indignado por el trato recibido y aprovechando la situación de rivalidad hispano-lusa por la explotación de las nuevas tierras descubiertas, en octubre de 1517 Magallanes llega a Sevilla y, tras una larga espera de un año, es finalmente recibido por Carlos V quien, no sólo aprueba su proyecto, sino que le nombra capitán general de la Armada y le otorga el título de Gobernador de todas las tierras que encontrara.

Nadie como el biógrafo austriaco, Stefan Zweig, autor del libro “Magallanes, la aventura más audaz de la humanidad’, sintetiza la personalidad y espíritu del portugués.

“Nada imprime a la figura de Magallanes una superioridad moral tan extraordinaria frente a todos los demás conquistadores de la época, como esa inflexible voluntad de proceder humanamente. Magallanes era en sí una naturaleza dura y franca. Había mantenido una férrea disciplina en su flota e ignoraba la consideración y las contemplaciones. Pero, a pesar de toda su dureza, debe reconocérsele el mérito y el honor de que nunca fue cruel. Hasta la hora de su muerte, Magallanes respetó severa y lealmente todos los pactos contraídos con los caciques. Esta honradez ha sido su mejor arma y perdura como su gloria imperecedera”.

ABORTEN LA EXPEDICIÓN.

Durante los años que duró el viaje, los portugueses se empeñaron en defender que las Molucas caían dentro de su zona, por lo que los ataques contra los expedicionarios no cesaron.

Como escribe también Stefan Zweig en su obra mencionada, “cuanto más trata España de apresurar la salida, tanto más rabiosamente procura Portugal impedirla”.

Las crónicas de la época aseguran que los portugueses enviaron buques armados contra la expedición española en repetidas ocasiones. Incluso dan cuenta de intentos de sobornar a Magallanes con enormes sumas de dinero y señalan como se planeó hasta asesinarle para abortarla, y como éste se hizo acompañar desde entonces por un gran número criados.

El propio cronista oficial del viaje, el italiano Antonio Pigafetta (1480-1534), narra en sus diarios como el rey Manuel I, doblemente irritado por esta empresa, había enviado buques al cabo de Buena Esperanza y al de Santa María, para cerrarles el paso sin conseguirlo.

Están documentados otros intentos de acabar con la expedición como el de noviembre de 1521, cuando fue enviada una flota de cinco bajeles para interceptar a los españoles durante el viaje de regreso.

Sin embargo, el mayor ataque luso fue el abordaje y captura de uno de los buques de la expedición, la Trinidad, cuando se disponían a regresar a España en junio de 1522.

“Los portugueses mantuvieron a los supervivientes en prisión durante años”, recuerda Agustín Rodríguez González, historiador español que pertenece a la Real Academia de la Historia.

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