/ domingo 11 de junio de 2017

Francia termina renovación histórica de su paisaje político

El paisaje político francés, que comenzó a transformarse con la elección presidencial de Emmanuel Macron el 7 de mayo, terminará de cambiar radicalmente a partir de hoy con la consulta legislativa que debe elegir a los 577 diputados que integrarán la Asamblea Nacional en los próximos cinco años.

Los institutos de sondeo, que pronostican una abrumadora mayoría del partido macronista La República en Marcha (LREM), prevén igualmente una recomposición de los equilibrios políticos que existían en el país hasta la llegada del nuevo presidente al Palacio del Elíseo.

Hasta la primera vuelta de la elección presidencial, el 23 de abril último, 80% del electorado se dividía en cuatro bloques relativamente idénticos representados por la derecha conservadores de Los Republicanos (LR), el Partido Socialista (PS), el Frente Nacional (FN) de extrema derecha y la extrema izquierda del movimiento Francia Insumisa que lidera Jean-Luc Melenchon. Pero esas certidumbres volaron en pedazos con el derrumbe del PS y su reemplazo por el partido de Macron, que surgió vertiginosamente en el centro del tablero político con un signo ideológico social-liberal.

Las previsiones de los institutos de encuestas permiten pensar que el movimiento de placas tectónicas iniciado hace cinco semanas terminará su obra en las dos vueltas de las elecciones legislativas, previstas para hoy y para el próximo domingo 18 de junio.

Impulsado por la macromanía que invadió el país hace cinco semanas, su partido La República En Marcha (LREM) podría obtener, según todos los pronósticos, entre 370 y 400 bancas en el Parlamento, cifra netamente superior a los 290 escaños necesarios para tener el control absoluto de la Cámara de Diputados. La derecha conservadora de LR ocuparía el segundo lugar con 120 a 150 curules, los socialistas quedarían reducidos a un bloque de 15 a 25, Izquierda Insumisa de Jean-Luc Melenchon reuniría entre 12 y 22, mientras que el FN de Marine Le Pen -que hace apenas un mes parecía encontrarse en las puertas del poder- quedaría reducido a la posición de un partido ultra minoritario con 8 a 18 escaños.

Esos resultados, si se confirman las previsiones, constituirían el mayor terremoto político registrado en Francia desde la creación de la Quinta República, en 1958. Por lo pronto, la llegada de Macron al poder puso término a más de medio siglo de alternancia entre la izquierda y la derecha. La renovación tendrá una amplitud sin precedentes, pues 216 diputados salientes no postularán para renovar su mandato. Por otro lado, 130 candidatos a la reelección tienen otro cargo y, por lo tanto, deberán renunciar a uno de los mandatos. En total se calcula que aproximadamente la mitad de la Cámara de Diputados estará integrada por novicios.

Los vientos de renovación que soplan sobre Francia podrían incluso tener consecuencias devastadoras en las cúspides de los partidos. Con la lógica excepción de Macron, todos los líderes de los grandes partidos serán candidatos, al igual que numerosos dirigentes de dimensión nacional, lo que puede provocar una limpieza de gigantescas proporciones.

Esa renovación puede ser insignificante en comparación con la otra gran incógnita que plantea esta elección, según advirtió Nicolas Roussellier, historiador de las transformaciones institucionales de Francia desde el siglo XIX: “La cuestión clave consiste en saber si la renovación aritmética suscita una renovación de fondo en materia de ideas, proyectos y comportamientos nuevos”.

El paisaje político francés, que comenzó a transformarse con la elección presidencial de Emmanuel Macron el 7 de mayo, terminará de cambiar radicalmente a partir de hoy con la consulta legislativa que debe elegir a los 577 diputados que integrarán la Asamblea Nacional en los próximos cinco años.

Los institutos de sondeo, que pronostican una abrumadora mayoría del partido macronista La República en Marcha (LREM), prevén igualmente una recomposición de los equilibrios políticos que existían en el país hasta la llegada del nuevo presidente al Palacio del Elíseo.

Hasta la primera vuelta de la elección presidencial, el 23 de abril último, 80% del electorado se dividía en cuatro bloques relativamente idénticos representados por la derecha conservadores de Los Republicanos (LR), el Partido Socialista (PS), el Frente Nacional (FN) de extrema derecha y la extrema izquierda del movimiento Francia Insumisa que lidera Jean-Luc Melenchon. Pero esas certidumbres volaron en pedazos con el derrumbe del PS y su reemplazo por el partido de Macron, que surgió vertiginosamente en el centro del tablero político con un signo ideológico social-liberal.

Las previsiones de los institutos de encuestas permiten pensar que el movimiento de placas tectónicas iniciado hace cinco semanas terminará su obra en las dos vueltas de las elecciones legislativas, previstas para hoy y para el próximo domingo 18 de junio.

Impulsado por la macromanía que invadió el país hace cinco semanas, su partido La República En Marcha (LREM) podría obtener, según todos los pronósticos, entre 370 y 400 bancas en el Parlamento, cifra netamente superior a los 290 escaños necesarios para tener el control absoluto de la Cámara de Diputados. La derecha conservadora de LR ocuparía el segundo lugar con 120 a 150 curules, los socialistas quedarían reducidos a un bloque de 15 a 25, Izquierda Insumisa de Jean-Luc Melenchon reuniría entre 12 y 22, mientras que el FN de Marine Le Pen -que hace apenas un mes parecía encontrarse en las puertas del poder- quedaría reducido a la posición de un partido ultra minoritario con 8 a 18 escaños.

Esos resultados, si se confirman las previsiones, constituirían el mayor terremoto político registrado en Francia desde la creación de la Quinta República, en 1958. Por lo pronto, la llegada de Macron al poder puso término a más de medio siglo de alternancia entre la izquierda y la derecha. La renovación tendrá una amplitud sin precedentes, pues 216 diputados salientes no postularán para renovar su mandato. Por otro lado, 130 candidatos a la reelección tienen otro cargo y, por lo tanto, deberán renunciar a uno de los mandatos. En total se calcula que aproximadamente la mitad de la Cámara de Diputados estará integrada por novicios.

Los vientos de renovación que soplan sobre Francia podrían incluso tener consecuencias devastadoras en las cúspides de los partidos. Con la lógica excepción de Macron, todos los líderes de los grandes partidos serán candidatos, al igual que numerosos dirigentes de dimensión nacional, lo que puede provocar una limpieza de gigantescas proporciones.

Esa renovación puede ser insignificante en comparación con la otra gran incógnita que plantea esta elección, según advirtió Nicolas Roussellier, historiador de las transformaciones institucionales de Francia desde el siglo XIX: “La cuestión clave consiste en saber si la renovación aritmética suscita una renovación de fondo en materia de ideas, proyectos y comportamientos nuevos”.