/ sábado 1 de junio de 2019

Juventud ecologista, el futuro europeo

El voto de la gente menor a 30 años que representa 28 millones de electores, se ha convertido en pieza clave para los comicios 

PARÍS.– ¿Tendencia histórica o espejismo? La masiva movilización de los jóvenes menores de 30 años en las recientes elecciones europeas constituye un acontecimiento sin precedentes en las últimas décadas que intriga por igual a sociólogos, expertos y líderes políticos, tanto de izquierda como de derecha.

El primer aspecto sorprendente reside en el alto nivel de participación: sobre unos 200 millones de votantes, 28 millones -casi 15%- son jóvenes que votaron por primera vez. Ese interés destruyó la teoría de que los jóvenes prefieren protestar en las calles en lugar de expresarse a través de las urnas.

Todos los analistas coinciden en que se trata de un fenómeno inédito que tuvo una fuerte incidencia en los resultados, pues -en ciertos casos- llegó a modificar los tradicionales equilibrios de fuerza. En cambio, es difícil precisar su magnitud dado que tiene dimensiones diferentes en cada país.

El único punto en común de esa nueva corriente promovida por esos millones de “millennials” -también conocidos como Generación Y- es el rechazo de los partidos tradicionales en favor de formaciones emergentes: en Francia y Alemania, por ejemplo, el electorado joven definió la emergencia climática como el eje de sus preocupaciones, mientras que en otros países, como en Suecia y en las regiones flamencas de Bélgica, contribuyeron en forma masiva al crecimiento de la extrema derecha.

“No se puede decir que hay coherencia entre los jóvenes de Europa. Cada país conserva sus particularidades”, estima el politólogo Dominique Reynié, especialista en los grandes desafíos sociales y políticos de la Unión Europea (UE).

En Alemania, los ecologistas confirmaron el poder de atracción que ejercen sobre la juventud: 34% de los menores de 30 años votaron por los Grünen, lo propulsaron delante del Partido Social Demócrata (SPD) y lo consagraron como segunda fuerza política del país. Ese caudal es ampliamente superior del porcentaje de votos obtenido el domingo (20.7%), lo que prefigura un futuro promisorio para el partido dirigido por Annalena Baerbock y Robert Habeck.

Un dato particularmente significativo es que 51% de los electores del segmento 18-24 años consideran la protección del clima como tema prioritario, según una encuesta del instituto YouGov. Esa proporción es dos veces superior al interés que muestran los jóvenes de la misma edad en Italia, Suecia, España e incluso en Francia, donde el peso de la juventud tuvo una decisiva influencia en los resultados obtenidos por la coalición Europa Ecología Los Verdes (EELV).

“A diferencia de la generación de sus padres, que priorizaba la ideología, para los jóvenes actuales la ecología pasa antes que la política”, según una encuesta continental del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

Con 13.5% del total de votos, el partido EELV que dirige Yannick Jadot, se convirtió en la tercera fuerza política de Francia y en la formación preferida por los jóvenes de 18 a 34 años, un hecho inédito a escala nacional: EELV fue votado por 25% de los 18-34 años (el doble del caudal que obtuvo el domingo) y 28% del segmento 25-34 años. “Los jóvenes integraron el hecho de que son ellos los que deberán vivir con el calentamiento climático y los que sufrirán las consecuencias de ese fenómeno”, interpretó Brice Teinturier, director general del instituto Ipsos.

La juventud también tuvo un peso decisivo en el salto vertiginoso que dio el Green Party británico, cuyo caudal pasó de 4,6% a 12,5% de votos y aumentó de 3 a 7 la cantidad de eurodiputados. Como resultado de la implosión sufrida por los dos partidos tradicionales, el movimiento que dirigen Jonathan Bartley y Siân Berry capitalizó gran parte del electorado juvenil del laborismo. Ese aporte inesperado, le permitió devenir la tercera fuerza del país. Otra parte de esa franja, junto con el segmento centrista conservador, emigró hacia el partido Liberal Demócrata que lidera Vince Cable, que creció de 13% a 19,6% y se convirtió en segunda fuerza política del Reino Unido.

En España, donde no existe ningún partido ecologista, el voto juvenil se dividió entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y —en menor medida— el movimiento populista de izquierda Podemos y los centristas de Ciudadanos.

En Alemania el éxito de los Verdes en el electorado juvenil se operó en detrimento de la ultra-izquierda de Die Linke. El mismo fenómeno ocurrió en Francia, donde la juventud abandonó masivamente al movimiento populista de izquierda Francia Insumisa (LFI). Al designar al frente de la lista de candidatos a Manon Aubry, una joven de 29 años con rasgos de adolescente, el líder del partido, Jean-Luc Melenchon, probó que había percibido la tendencia de fondo, pero luego fue incapaz de cristalizar esa intuición: su caudal se desplomó de 19,6% en las presidenciales de 2017 a 6,3% el domingo pasado.

Una mirada de conjunto sobre esos países permitiría pensar que existe una “izquierdización” de la juventud europea. Pero esa conclusión sería falsa. En otros países, una parte significativa del voto de la Generación Y fue a los partidos de extrema derecha, como en Francia, donde el partido Reunificación Nacional (RN) de Marine Le Pen cosechó 30% del voto juvenil.

La fuerte movilización de los 18-34 años explica el éxito del partido flamenco de extrema derecha Vlaams Belgan.

El Suecia, el país de la joven “pasionaria” ecologista Greta Thunberg, es curiosamente el único lugar donde los ecologistas retroceden, a pesar de que en las encuestas 90% de los “millennials” ubican el cambio climático como principal preocupación.

El análisis sociológico de esas tendencias generales indican que, por primera vez después de largos años de desidia, las recientes elecciones pueden marcar el comienzo de una nueva actitud de la juventud europea frente a la política. Ese comportamiento, según un sondeo del instituto Pew de investigaciones, sugiere el perfil que podría tener la Unión Europea en las próximas décadas.

PARÍS.– ¿Tendencia histórica o espejismo? La masiva movilización de los jóvenes menores de 30 años en las recientes elecciones europeas constituye un acontecimiento sin precedentes en las últimas décadas que intriga por igual a sociólogos, expertos y líderes políticos, tanto de izquierda como de derecha.

El primer aspecto sorprendente reside en el alto nivel de participación: sobre unos 200 millones de votantes, 28 millones -casi 15%- son jóvenes que votaron por primera vez. Ese interés destruyó la teoría de que los jóvenes prefieren protestar en las calles en lugar de expresarse a través de las urnas.

Todos los analistas coinciden en que se trata de un fenómeno inédito que tuvo una fuerte incidencia en los resultados, pues -en ciertos casos- llegó a modificar los tradicionales equilibrios de fuerza. En cambio, es difícil precisar su magnitud dado que tiene dimensiones diferentes en cada país.

El único punto en común de esa nueva corriente promovida por esos millones de “millennials” -también conocidos como Generación Y- es el rechazo de los partidos tradicionales en favor de formaciones emergentes: en Francia y Alemania, por ejemplo, el electorado joven definió la emergencia climática como el eje de sus preocupaciones, mientras que en otros países, como en Suecia y en las regiones flamencas de Bélgica, contribuyeron en forma masiva al crecimiento de la extrema derecha.

“No se puede decir que hay coherencia entre los jóvenes de Europa. Cada país conserva sus particularidades”, estima el politólogo Dominique Reynié, especialista en los grandes desafíos sociales y políticos de la Unión Europea (UE).

En Alemania, los ecologistas confirmaron el poder de atracción que ejercen sobre la juventud: 34% de los menores de 30 años votaron por los Grünen, lo propulsaron delante del Partido Social Demócrata (SPD) y lo consagraron como segunda fuerza política del país. Ese caudal es ampliamente superior del porcentaje de votos obtenido el domingo (20.7%), lo que prefigura un futuro promisorio para el partido dirigido por Annalena Baerbock y Robert Habeck.

Un dato particularmente significativo es que 51% de los electores del segmento 18-24 años consideran la protección del clima como tema prioritario, según una encuesta del instituto YouGov. Esa proporción es dos veces superior al interés que muestran los jóvenes de la misma edad en Italia, Suecia, España e incluso en Francia, donde el peso de la juventud tuvo una decisiva influencia en los resultados obtenidos por la coalición Europa Ecología Los Verdes (EELV).

“A diferencia de la generación de sus padres, que priorizaba la ideología, para los jóvenes actuales la ecología pasa antes que la política”, según una encuesta continental del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

Con 13.5% del total de votos, el partido EELV que dirige Yannick Jadot, se convirtió en la tercera fuerza política de Francia y en la formación preferida por los jóvenes de 18 a 34 años, un hecho inédito a escala nacional: EELV fue votado por 25% de los 18-34 años (el doble del caudal que obtuvo el domingo) y 28% del segmento 25-34 años. “Los jóvenes integraron el hecho de que son ellos los que deberán vivir con el calentamiento climático y los que sufrirán las consecuencias de ese fenómeno”, interpretó Brice Teinturier, director general del instituto Ipsos.

La juventud también tuvo un peso decisivo en el salto vertiginoso que dio el Green Party británico, cuyo caudal pasó de 4,6% a 12,5% de votos y aumentó de 3 a 7 la cantidad de eurodiputados. Como resultado de la implosión sufrida por los dos partidos tradicionales, el movimiento que dirigen Jonathan Bartley y Siân Berry capitalizó gran parte del electorado juvenil del laborismo. Ese aporte inesperado, le permitió devenir la tercera fuerza del país. Otra parte de esa franja, junto con el segmento centrista conservador, emigró hacia el partido Liberal Demócrata que lidera Vince Cable, que creció de 13% a 19,6% y se convirtió en segunda fuerza política del Reino Unido.

En España, donde no existe ningún partido ecologista, el voto juvenil se dividió entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y —en menor medida— el movimiento populista de izquierda Podemos y los centristas de Ciudadanos.

En Alemania el éxito de los Verdes en el electorado juvenil se operó en detrimento de la ultra-izquierda de Die Linke. El mismo fenómeno ocurrió en Francia, donde la juventud abandonó masivamente al movimiento populista de izquierda Francia Insumisa (LFI). Al designar al frente de la lista de candidatos a Manon Aubry, una joven de 29 años con rasgos de adolescente, el líder del partido, Jean-Luc Melenchon, probó que había percibido la tendencia de fondo, pero luego fue incapaz de cristalizar esa intuición: su caudal se desplomó de 19,6% en las presidenciales de 2017 a 6,3% el domingo pasado.

Una mirada de conjunto sobre esos países permitiría pensar que existe una “izquierdización” de la juventud europea. Pero esa conclusión sería falsa. En otros países, una parte significativa del voto de la Generación Y fue a los partidos de extrema derecha, como en Francia, donde el partido Reunificación Nacional (RN) de Marine Le Pen cosechó 30% del voto juvenil.

La fuerte movilización de los 18-34 años explica el éxito del partido flamenco de extrema derecha Vlaams Belgan.

El Suecia, el país de la joven “pasionaria” ecologista Greta Thunberg, es curiosamente el único lugar donde los ecologistas retroceden, a pesar de que en las encuestas 90% de los “millennials” ubican el cambio climático como principal preocupación.

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