/ lunes 25 de junio de 2018

Minicumbre fracasa: Europa sigue dividida por crisis de refugiados

La canciller alemana Angela Merkel se pronunció a favor de “acuerdos bilaterales y trilaterales en beneficio de todos”

PARÍS, Francia. La minicumbre de Bruselas, que reunió a ayer a los 16 países de la Unión Europea (UE) más expuestos a la inmigración, fracasó en sus esfuerzos por encontrar una solución común para controlar el flujo de refugiados.

Convencida de que la cumbre del jueves y viernes próximos “no podrá aportar una solución global al problema migratorio”, la canciller alemana Angela Merkel se pronunció a favor de “acuerdos bilaterales y trilaterales en beneficio de todos”.

De acuerdo sobre la necesidad de reforzar las fronteras exteriores de la UE, los miembros del bloque siguen enfrentados sobre la responsabilidad de cada uno acerca de la forma de acoger a los miles de migrantes que intentan llegar a Europa como a quienes ya se encuentran en el continente.

“La situación es peligrosa porque, si se cierran las fronteras nacionales, será la desaparición de facto del espacio Schengen y, por lo tanto, de la UE”, advirtió una fuente diplomática francesa. Schengen es el acuerdo vigente desde 1999 que permite la libre circulación de personas, capitales y mercancías por 22 países de la UE y cuatro asociados.

Líderes del bloque moderado, Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron lanzaron ayer un llamado a superar la ausencia de consenso. El primer ministro italiano, Giuseppe Conti, se mostró más optimista al afirmar que había presentado un nuevo plan para abordar el problema, que incluye la creación de “centros de control” de migrantes en los países de llegada para decidir quiénes tienen derecho al asilo en Europa. Pero, al término de la reunión, Macron volvió a reclamar medidas que coherentes con “los valores de Europa” como los derechos humanos, el respeto y la solidaridad entre Estados miembros.

La Comisión Europea (CE) había convocado la minicumbre para evitar una multiplicación de decisiones unilaterales, como las adoptadas por el gobierno italiano, que cerró sus puertos al buque humanitario Aquarius la semana pasada. Otro barco, el Lifeline, está ahora inmovilizado en aguas internacionales del Meditarráneo con 239 migrantes a bordo a la espera de una solución.

Varios actores principales de la crisis no estuvieron presentes ayer en Bruselas. Se trata de los cuatro dirigentes que forman el llamado Grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia), países de Europa central que rechazan toda idea de solidaridad en ese terreno.

El húngaro Viktor Orban, líder de ese grupo intransigente, acusa a la CE de ser “pro-inmigración” y “pro-migrantes”. Su ofensiva contra Bruselas se acentuó después que, en su proyecto para el próximo periodo, el órgano ejecutivo de la UE propuso que los fondos para elevar el nivel económico de los países del Este sean utilizados para aumentar la protección de las fronteras del sur del bloque. En ese caso, Hungría perderá unos 15.000 millones de euros, mientras Italia saldría ganando, lo que explica mejor la ira de Orban.

En las actuales condiciones, es difícil imaginar cómo hará la UE para hallar respuestas consensuales en la cumbre del próximo fin de semana.

Uno de los desafíos de esa reunión será evitar que Merkel se debilite aun más frente a la presión que sufre dentro de su propio gobierno. El ministro de Interior y líder de la Unión Social Cristiana (CSU), Horst Seehofer, emplazó a la canciller hasta la próxima cumbre para lograr una solución europea y gestionar la llegada de refugiados a Alemania. En caso contrario, Seehofer decidirá en forma unilateral rechazar en las fronteras de todos los refugiados previamente registrados en otros países.

Esa posición, contraria a la voluntad de Merkel, podría precipitar una ruptura de la alianza conservadora y, en consecuencia, el estallido de la coalición de gobierno formada hace 100 días después de lograr formar una alianza tras las elecciones generales de fines de septiembre pasado.

Más de 300 inmigrantes esperan en el Mediterráneo en dos barcos a que algún país de la Unión Europea (UE) los acoja, mientras que Italia sigue insistiendo en que no permitirá desembarcar a naves de ONG y hoy delegó en los guardacostas de Libia el rescate de un millar de personas.

PARÍS, Francia. La minicumbre de Bruselas, que reunió a ayer a los 16 países de la Unión Europea (UE) más expuestos a la inmigración, fracasó en sus esfuerzos por encontrar una solución común para controlar el flujo de refugiados.

Convencida de que la cumbre del jueves y viernes próximos “no podrá aportar una solución global al problema migratorio”, la canciller alemana Angela Merkel se pronunció a favor de “acuerdos bilaterales y trilaterales en beneficio de todos”.

De acuerdo sobre la necesidad de reforzar las fronteras exteriores de la UE, los miembros del bloque siguen enfrentados sobre la responsabilidad de cada uno acerca de la forma de acoger a los miles de migrantes que intentan llegar a Europa como a quienes ya se encuentran en el continente.

“La situación es peligrosa porque, si se cierran las fronteras nacionales, será la desaparición de facto del espacio Schengen y, por lo tanto, de la UE”, advirtió una fuente diplomática francesa. Schengen es el acuerdo vigente desde 1999 que permite la libre circulación de personas, capitales y mercancías por 22 países de la UE y cuatro asociados.

Líderes del bloque moderado, Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron lanzaron ayer un llamado a superar la ausencia de consenso. El primer ministro italiano, Giuseppe Conti, se mostró más optimista al afirmar que había presentado un nuevo plan para abordar el problema, que incluye la creación de “centros de control” de migrantes en los países de llegada para decidir quiénes tienen derecho al asilo en Europa. Pero, al término de la reunión, Macron volvió a reclamar medidas que coherentes con “los valores de Europa” como los derechos humanos, el respeto y la solidaridad entre Estados miembros.

La Comisión Europea (CE) había convocado la minicumbre para evitar una multiplicación de decisiones unilaterales, como las adoptadas por el gobierno italiano, que cerró sus puertos al buque humanitario Aquarius la semana pasada. Otro barco, el Lifeline, está ahora inmovilizado en aguas internacionales del Meditarráneo con 239 migrantes a bordo a la espera de una solución.

Varios actores principales de la crisis no estuvieron presentes ayer en Bruselas. Se trata de los cuatro dirigentes que forman el llamado Grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia), países de Europa central que rechazan toda idea de solidaridad en ese terreno.

El húngaro Viktor Orban, líder de ese grupo intransigente, acusa a la CE de ser “pro-inmigración” y “pro-migrantes”. Su ofensiva contra Bruselas se acentuó después que, en su proyecto para el próximo periodo, el órgano ejecutivo de la UE propuso que los fondos para elevar el nivel económico de los países del Este sean utilizados para aumentar la protección de las fronteras del sur del bloque. En ese caso, Hungría perderá unos 15.000 millones de euros, mientras Italia saldría ganando, lo que explica mejor la ira de Orban.

En las actuales condiciones, es difícil imaginar cómo hará la UE para hallar respuestas consensuales en la cumbre del próximo fin de semana.

Uno de los desafíos de esa reunión será evitar que Merkel se debilite aun más frente a la presión que sufre dentro de su propio gobierno. El ministro de Interior y líder de la Unión Social Cristiana (CSU), Horst Seehofer, emplazó a la canciller hasta la próxima cumbre para lograr una solución europea y gestionar la llegada de refugiados a Alemania. En caso contrario, Seehofer decidirá en forma unilateral rechazar en las fronteras de todos los refugiados previamente registrados en otros países.

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