/ sábado 15 de octubre de 2016

Padre venezolano, nuevo “Papa negro”; fue elegido líder de los jesuitas

CIUDAD DEL VATICANO. (OEM-Informex).- Se completó el liderazgo eclesiástico de América Latina. Al Papa argentino jesuita se agregó, también por primera vez en la historia, la elección del venezolano Arturo Sosa Abascal como nuevo superior general de la Compañía de Jesús, la orden religiosa más grande del mundo. Se trata sin duda alguna de la confirmación de un viraje del clero mundial hacia el que Juan Pablo II definió el “Continente de la esperanza”, y al mismo tiempo de un significativo mensaje acerca de la difícil situación política y social que afronta, no solo Venezuela, sino la región entera.

Es decir, la Iglesia quiere comunicar que todavía  está presente en Latinoamérica, donde quiere recobrar una influencia que en los últimos tiempos ha sufrido duros golpes que han cimbrado sus cimientos y por lo tanto su imagen.

El nuevo “Papa negro”, llamado así por la importancia e influencia de los jesuitas en el planeta, por el cargo vitalicio y por el color de su traje, nació en Caracas el 12 de noviembre de 1948, ha sido asesor del Superior de su orden y delegado para las casas (incluyendo dos universidades) y las obras interprovinciales de la Compañía de Jesús en Roma. Además de sus estudios en economía, en la Universidad Central de Venezuela, obtuvo el doctorado en Ciencias Políticas y tiene una amplia experiencia a nivel social.

El 30º sucesor de San Ignacio de Loyola (fundador de la Compañía de Jesús en 1540) fue elegido después de cuatro días de “murmuratio” (murmuraciones), es decir, un intercambio de informaciones y opiniones a nivel personal entre los electores para definir la figura del nuevo superior general; una práctica instituida por el mismo San Ignacio.

Padre Sosa  Abascal ocupa el lugar dejado vacante por el padre español Adolfo Nicolás, por muchos años misionero en Japón y docente de teología en Tokio, superior de los jesuitas durante ocho años, el cual, con una carta enviada a la Compañía en mayo de 2014, había anunciado su intención de dimitir una vez cumplidos los 80 años de edad, es decir, este año.

La elección del “Papa negro” es de por vida y precedentemente solo en dos ocasiones un superior había dimitido antes de su muerte. El primer caso fue cuando el padre Pedro Arrupe, en 1980, en un momento de tensión con la Santa Sede, presentó sus dimisiones a Juan Pablo II, quien las rechazó. Sin embargo, un año más tarde, Arrupe sufrió un derrame cerebral y Karol Wojtyla, a través de un delegado, tomó las riendas de la Compañía. De todos modos, el verdadero precedente, es decir no obligado, fue el del padre holandés Peter-Hans Kolvenbach, elegido en 1983 y que decidió renunciar cuando cumplió 80 años en 2008.

Se podría decir que, de hecho, la renuncia del “Papa negro” en 2008 anticipó las motivaciones del Papa propiamente dicho, Benedicto XVI, cinco años más tarde, para explicar su renuncia.

“El nuevo padre general tiene una larga experiencia, también en los aspectos sociales y en la relaciones humanas; sabe negociar y dialogar”, afirmó el padre Federico Lombardi, exvocero del papa Francisco.

El primero en ser informado de la elección del nuevo superior de los jesuitas fue comprensiblemente el Pontífice argentino, de quien Sosa Abascal es amigo personal. Bergoglio manifestó su satisfacción y envió sus bendiciones al elegido y a todos los casi 17 mil miembros de la Compañía de Jesús en el mundo.

Los jesuitas no lo dicen (sus elecciones son autónomas y no subordinadas oficialmente al jefe de la Iglesia católica), pero no son pocas las indiscreciones en base a las cuales, el Pontífice argentino “aconsejó o sugirió” a los electores del nuevo superior, el nombre del padre venezolano, no solo en aras de la “universalidad” de la Iglesia, sino también considerando la actual, difícil, situación política y social en varios países de América Latina y en particular de Venezuela.

CIUDAD DEL VATICANO. (OEM-Informex).- Se completó el liderazgo eclesiástico de América Latina. Al Papa argentino jesuita se agregó, también por primera vez en la historia, la elección del venezolano Arturo Sosa Abascal como nuevo superior general de la Compañía de Jesús, la orden religiosa más grande del mundo. Se trata sin duda alguna de la confirmación de un viraje del clero mundial hacia el que Juan Pablo II definió el “Continente de la esperanza”, y al mismo tiempo de un significativo mensaje acerca de la difícil situación política y social que afronta, no solo Venezuela, sino la región entera.

Es decir, la Iglesia quiere comunicar que todavía  está presente en Latinoamérica, donde quiere recobrar una influencia que en los últimos tiempos ha sufrido duros golpes que han cimbrado sus cimientos y por lo tanto su imagen.

El nuevo “Papa negro”, llamado así por la importancia e influencia de los jesuitas en el planeta, por el cargo vitalicio y por el color de su traje, nació en Caracas el 12 de noviembre de 1948, ha sido asesor del Superior de su orden y delegado para las casas (incluyendo dos universidades) y las obras interprovinciales de la Compañía de Jesús en Roma. Además de sus estudios en economía, en la Universidad Central de Venezuela, obtuvo el doctorado en Ciencias Políticas y tiene una amplia experiencia a nivel social.

El 30º sucesor de San Ignacio de Loyola (fundador de la Compañía de Jesús en 1540) fue elegido después de cuatro días de “murmuratio” (murmuraciones), es decir, un intercambio de informaciones y opiniones a nivel personal entre los electores para definir la figura del nuevo superior general; una práctica instituida por el mismo San Ignacio.

Padre Sosa  Abascal ocupa el lugar dejado vacante por el padre español Adolfo Nicolás, por muchos años misionero en Japón y docente de teología en Tokio, superior de los jesuitas durante ocho años, el cual, con una carta enviada a la Compañía en mayo de 2014, había anunciado su intención de dimitir una vez cumplidos los 80 años de edad, es decir, este año.

La elección del “Papa negro” es de por vida y precedentemente solo en dos ocasiones un superior había dimitido antes de su muerte. El primer caso fue cuando el padre Pedro Arrupe, en 1980, en un momento de tensión con la Santa Sede, presentó sus dimisiones a Juan Pablo II, quien las rechazó. Sin embargo, un año más tarde, Arrupe sufrió un derrame cerebral y Karol Wojtyla, a través de un delegado, tomó las riendas de la Compañía. De todos modos, el verdadero precedente, es decir no obligado, fue el del padre holandés Peter-Hans Kolvenbach, elegido en 1983 y que decidió renunciar cuando cumplió 80 años en 2008.

Se podría decir que, de hecho, la renuncia del “Papa negro” en 2008 anticipó las motivaciones del Papa propiamente dicho, Benedicto XVI, cinco años más tarde, para explicar su renuncia.

“El nuevo padre general tiene una larga experiencia, también en los aspectos sociales y en la relaciones humanas; sabe negociar y dialogar”, afirmó el padre Federico Lombardi, exvocero del papa Francisco.

El primero en ser informado de la elección del nuevo superior de los jesuitas fue comprensiblemente el Pontífice argentino, de quien Sosa Abascal es amigo personal. Bergoglio manifestó su satisfacción y envió sus bendiciones al elegido y a todos los casi 17 mil miembros de la Compañía de Jesús en el mundo.

Los jesuitas no lo dicen (sus elecciones son autónomas y no subordinadas oficialmente al jefe de la Iglesia católica), pero no son pocas las indiscreciones en base a las cuales, el Pontífice argentino “aconsejó o sugirió” a los electores del nuevo superior, el nombre del padre venezolano, no solo en aras de la “universalidad” de la Iglesia, sino también considerando la actual, difícil, situación política y social en varios países de América Latina y en particular de Venezuela.