/ viernes 1 de julio de 2022

Pie de Nota | Estados Unidos se hizo más pequeño

Se suponía que en el 2022, en un contexto democrático, los derechos no podían más que ampliarse. Estados Unidos ha demostrado que no era así.

Se suponía que en el 2022, en un contexto democrático, los derechos no podían más que ampliarse. Estados Unidos ha demostrado que no era así. Resulta que en pleno siglo XXI los derechos que aseguran las dignidades y las autonomías pueden perderse de un día para otro.

La Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos ha dado por terminada la jurisprudencia que protegía desde hace 50 años la legalidad del aborto (Roe vs Wade), en lo que representa la primera vez que ha sido eliminado un derecho considerado inherente de esta nación "moderna y democrática".

Te puede interesar: Fin del aborto en EU golpea a un país ya dividido

Ahora los estados, en su mayoría controlados por congresos republicanos conservadores, determinarán si una mujer va a la cárcel por decidir sobre su cuerpo, incluso si el embarazo es producto de una violación o pone en riesgo su vida.

En un primer nivel, este acontecimiento supone un salto hacia atrás de décadas de lucha por la paridad de género. Sus consecuencias son hondas y preocupantes. Hoy más de 60 millones de mujeres en edad reproductiva en Estados Unidos tienen menos derechos que sus madres o incluso sus abuelas.

Durante años por delante los estadounidenses tendrán que acostumbrarse a escuchar historias de encarcelamientos injustos, surgimiento de mercados negros, profundización de la inequidad racial y de ingreso así como sobre muertes que pudieron evitarse. En general, el american way of life ha perdido mucha de su calidad de vida.

Sin embargo, me detengo principalmente en lo que representa en términos de sistema político y judicial, los cuales han quedado demostrado estar rotos.

La desaparición de la jurisprudencia que protegía el aborto desde lo Federal es sólo posible luego de décadas en las que el ultraconservadurismo partidista logró colocar una mayoría de jueces a su imagen y semejanza dentro de la Suprema Corte.

El razonamiento de la Corte para dar marcha atrás al aborto estuvo fundado en un radicalismo judicial que no lo reconocía como un derecho establecido en la Constitución escrita en 1787 por un pequeño grupo de hombres blancos dueños de esclavos.

A pesar de un apoyo mayoritario por el aborto en términos absolutos entre los estadounidenses, un ultra conservadurismo cupular enquistado en lugares claves permite hoy estos hechos.

La Corte, la mayoría republicana en el Congreso, el trumpismo, el cristianismo evangélico y el extremismo político se han fundido en una sola cosa. La presidencia en las próximas elecciones puede regresar a ser parte de esta mafia que dobla la realidad y reduce derechos con tal de imponer su dogma y conservar poder.

En tanto, las alas más progresivas y racionales de la sociedad estadounidense no encuentran dentro del Partido Demócrata capacidad suficiente para hacerle frente al conservadurismo radical. No olvidemos que esto ocurre durante el mandato de Joe Biden, un demócrata tradicional de 79 años.

Como escribió The New York Times en su editorial con motivo de la remoción de la jurisprudencia Roe vs Wade, es cuestión de tiempo para que la Corte reconsidere otros derechos constitucionales que los estadounidenses han disfrutado durante décadas, incluido el derecho a usar métodos anticonceptivos, a casarse con la persona de su elección y el derecho de consentir lo que les plazca en la privacidad de sus dormitorios sin ser arrestados y acusados de delitos.

Este fallo de la Corte representa un antes y un después en la historia estadounidense. Hoy los estadounidenses están enfrentados ante el dilema de un sistema de contrapesos que ya no es efectivo.

Y ese es el mayor dilema. Si las diferencias ideológicas son tan graves, si las instituciones no operan por el bien mayoritario, si la ideología local es más importante que la Constitución, si la democracia ya no representa, entonces el país es disfuncional, está partido en dos.

Los estadounidenses no han perdido sólo el derecho a decidir sobre sí mismos, están perdiendo las razones para permanecer "unidos" bajo una misma bandera nacional.


Se suponía que en el 2022, en un contexto democrático, los derechos no podían más que ampliarse. Estados Unidos ha demostrado que no era así. Resulta que en pleno siglo XXI los derechos que aseguran las dignidades y las autonomías pueden perderse de un día para otro.

La Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos ha dado por terminada la jurisprudencia que protegía desde hace 50 años la legalidad del aborto (Roe vs Wade), en lo que representa la primera vez que ha sido eliminado un derecho considerado inherente de esta nación "moderna y democrática".

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Ahora los estados, en su mayoría controlados por congresos republicanos conservadores, determinarán si una mujer va a la cárcel por decidir sobre su cuerpo, incluso si el embarazo es producto de una violación o pone en riesgo su vida.

En un primer nivel, este acontecimiento supone un salto hacia atrás de décadas de lucha por la paridad de género. Sus consecuencias son hondas y preocupantes. Hoy más de 60 millones de mujeres en edad reproductiva en Estados Unidos tienen menos derechos que sus madres o incluso sus abuelas.

Durante años por delante los estadounidenses tendrán que acostumbrarse a escuchar historias de encarcelamientos injustos, surgimiento de mercados negros, profundización de la inequidad racial y de ingreso así como sobre muertes que pudieron evitarse. En general, el american way of life ha perdido mucha de su calidad de vida.

Sin embargo, me detengo principalmente en lo que representa en términos de sistema político y judicial, los cuales han quedado demostrado estar rotos.

La desaparición de la jurisprudencia que protegía el aborto desde lo Federal es sólo posible luego de décadas en las que el ultraconservadurismo partidista logró colocar una mayoría de jueces a su imagen y semejanza dentro de la Suprema Corte.

El razonamiento de la Corte para dar marcha atrás al aborto estuvo fundado en un radicalismo judicial que no lo reconocía como un derecho establecido en la Constitución escrita en 1787 por un pequeño grupo de hombres blancos dueños de esclavos.

A pesar de un apoyo mayoritario por el aborto en términos absolutos entre los estadounidenses, un ultra conservadurismo cupular enquistado en lugares claves permite hoy estos hechos.

La Corte, la mayoría republicana en el Congreso, el trumpismo, el cristianismo evangélico y el extremismo político se han fundido en una sola cosa. La presidencia en las próximas elecciones puede regresar a ser parte de esta mafia que dobla la realidad y reduce derechos con tal de imponer su dogma y conservar poder.

En tanto, las alas más progresivas y racionales de la sociedad estadounidense no encuentran dentro del Partido Demócrata capacidad suficiente para hacerle frente al conservadurismo radical. No olvidemos que esto ocurre durante el mandato de Joe Biden, un demócrata tradicional de 79 años.

Como escribió The New York Times en su editorial con motivo de la remoción de la jurisprudencia Roe vs Wade, es cuestión de tiempo para que la Corte reconsidere otros derechos constitucionales que los estadounidenses han disfrutado durante décadas, incluido el derecho a usar métodos anticonceptivos, a casarse con la persona de su elección y el derecho de consentir lo que les plazca en la privacidad de sus dormitorios sin ser arrestados y acusados de delitos.

Este fallo de la Corte representa un antes y un después en la historia estadounidense. Hoy los estadounidenses están enfrentados ante el dilema de un sistema de contrapesos que ya no es efectivo.

Y ese es el mayor dilema. Si las diferencias ideológicas son tan graves, si las instituciones no operan por el bien mayoritario, si la ideología local es más importante que la Constitución, si la democracia ya no representa, entonces el país es disfuncional, está partido en dos.

Los estadounidenses no han perdido sólo el derecho a decidir sobre sí mismos, están perdiendo las razones para permanecer "unidos" bajo una misma bandera nacional.


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